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viernes, 26 de septiembre de 2014

Y RAJOY EN LA CHINA



Ahí le tenéis, haciendo lo que mejor sabe hacer: disimular y fingir. Porque que yo sepa Mariano no habla mandarín y Li Keqiang, su interlocutor, que sepamos, no habla gallego ni español. Pero el gran actor que es el gallego impasible es capaz de hacer playback con soltura con Angela Merkel o cualquier chino que le pongan, siempre, eso sí, que no haya periodistas españoles cerca, que todo lo cuentan y con mala leche. Entonces, este señor que se esconde en el palacio de La Moncloa o se transmuta en pantalla de plasma o cinta de video, con su cara de susto y su poca habilidad para leer el telepronter que algún "negro" le ha escrito.
A este tipo, con tal de que le pasen el MARCA, le da igual donde le lleven y lo que pase en España. Tanto es así, que cuando se subió al avión camino de China, dejó un ministro dimitido, la crisis más grave que nunca se ha abierto con Cataluña, y una bomba a punto de estallar en la radiotelevisión pública. Pero ahí le tenéis, impasible e inmutable, capaz de hablar de dar una conferencia sobre la liga de fútbol china, antes que hablar de lo que realmente interesa a los españoles y siempre calla.
Lo último que dijo en España antes de partir fue en in "canutazo “a la prensa, perfectamente previsto y consentido, en el que verbalizó por primera y hasta ahora única vez que prescindía del proyecto de ley de reforma del aborto que había dejado en manos de Gallardón y que, por tanto, volvía sobre sus pasos en lo que hasta ahora su partido y su gobierno, al menos formalmente y salvo excepciones, habían defendido como una cuestión de principios. Todavía haciendo la maleta, el más ambicioso de los ministros de su gobierno, o al menos el que menos ha disimulado su ambición, le dimitió en plena cara, dejándole alguna que otra esquirla en las narices.
Menudo papelón el suyo, con horas y horas de avión para dar vueltas al asunto y esbozar una mínima explicación ante los periodistas que le esperaban en China, a los que dejó con dos palmos de narices, recurriendo otra vez al cansancio del viaje, lo que me lleva a pensar que este señor que no aguanta una jornada laboral de presidente o está enfermo o es un vago redomado.
Nada, ni una palabra. Como tampoco la dirá de otra descomunal crisis, la abierta en RTVE con la dimisión del gestor que había nombrado como salvador de "la casa", que sin dinero para salvarla y sin la falta de vergüenza necesaria para hacer un segundo ERE sobre el que ya dejo más que diezmada la plantilla del ente y que, probablemente, no ha querido jugar a dejar morir la televisión de todos los españoles, como ya han dejado caer Telemadrid y Canal Nou. Y menos aún hablará de la "rebelión a bordo" que se produjo en la redacción de los informativos cuando la guardia pretoriana del PP, con Somoano al frente, pretendió dejar reducida a veinte segundos la mayor crisis vivida en el ente. Tan grande fue la asonada que la dirección de los Informativos, tras fracasar en su intento cuartelero de acallar las protestas de los redactores puestos en pie y pidiendo la dimisión de sus superiores, aceptó dar cuenta, como por otro lado está obligada TVE como medio público, a recoger las reacciones de las fuerzas políticas, 
Otro papelón para el presidente, del que tampoco escucharemos nada al respecto. Supongo que, dada su flojera antropológica, la explicación a esta actitud de Rajoy, habitual por otra parte, lo que hace el presidente es reservar sus escasas fuerzas para hacer frente a la entrada en vigor de la ley de consultas de Cataluña, que Más piensa firmar el sábado, con Rajoy en el are, camino de regreso a España. Lo lógico y lo anunciado sería la convocatoria de un consejo de ministros extraordinario, pero dudo yo que el presidente lo convoque habiendo una interesantísima jornada de liga de por medio.
Rajoy está en Chin y no nos caerá la breva de que se quede. Pero de lo que sí estoy seguro es de que no le echaríamos en falta, porque, si no habla de Gallardón, de RTVE, de Cataluña, cuando y como hay que hacerlo, y ahora también del cerco judicial, cada vez más estrecho, a las oscuras finanzas de su partido, del que, ahora que se ha probadoq ue la caja B del partido no la manejaba sólo Bárcenas y que éste no fue más que un peón díscolo, si va a mantener ese exasperante silencio, más vale que se quede en China. Aquí no le vamos a echar en falta.


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domingo, 9 de diciembre de 2012

TOROS SIN PAN

 

Erase que se era un país que una vez fue rico o, al menos, se sintió rico porque le hicieron creer que era rico, Un país que cruzaban líneas de ferrocarril de alta velocidad con estaciones en las que apenas subían y bajaban viajeros. Un país con aeropuertos sin aviones, con bancos que regalaban televisores de plasma o vajillas por domiciliar nóminas y pensiones. Un país de grandes temporadas de ópera en las que o había demasiadas butacas vacías en la platea, las ocupaban horteras aburridos y bostezantes o las dos cosas a un tiempo. Un país lleno de audis, la mayor parte coches oficiales. Un país en cuya liga juegan los futbolistas más caros del mundo, con contratos mareantes que hoy resultan ofensivos para la mayoría de sus ciudadanos, en el que, pese a todo, se pagan centenares de euros por ocupar una localidad, cuando no miles por codearse con el poder en los palcos. Un país, en suma, al que le hicieron creerse Jauja, porque a unos cuantos, incluidos sus gobernantes, les fue muy bien mientras la fantasía fue verosímil, hasta se bajaron del barco sin advertirnos de que se había abierto una vía de agua.

Y, no tan de repente como cabía esperar, porque hubo quien interesadamente tardó demasiado en cerrar el chiringuito por ver si recolocaba sus pérdidas, la fiesta se acabó. La fiesta que algunos, especialmente algunos, habían vivido se acabó y nos quedó la resaca que, esa sí, fue, está siendo, para todos. Menos mal que también hubo unas elecciones en las que los políticos que se presentaban como "los buenos" arrojaron a los que, al final, habían quedado como malos a las tinieblas exteriores.

Llegó entonces una moratoria en la que, para capear el temporal, al gobierno entrante le bastaba con culpar al saliente de todos los males, hasta que esa viaja y castiza filosofía de vivir de los padres hasta que te mantengan los hijos que, que yo sepa, sólo le ha dado resultado a Carlos de Inglaterra, dejó de surtir efecto y se hizo necesario coger el toro por los cuernos.

Se hizo necesario, lo que no quiere decir que se hiciese, porque no ha sido este gobierno muy dado a coger nada por donde quema, ni siquiera el famoso clavo ardiendo. Y es que no cabía esperar otra cosa de un gobierno presidido por Don Tancredo Rajoy, un ser convencido de que, quedándose quieto y de perfil, los problemas, como el toro en la conocida suerte, pasarán de largo sin reparar en él. Pero, como toda una corrida con Don Tancredo puede resultar aburrida en exceso, el gobierno se encargó de transformarse el mismo en la cuadrilla del Bombero Torero para amenizarnos con sus charlotadas lo que dura la legislatura. Y a fe que lo están consiguiendo, porque no recuerdo ministros más dignos de caricatura, más cercanos a la máscara, que De Guindos y Montoro, a veces en dúo, a veces cantando cada uno su aria. O qué decir de la inefabilidad de Fátima Báñez y su acólita Marina del Corral, tratando de negar la triste verdad del paro o inventándose el impulso aventurero para rebautizar la fuga de los valiosos jóvenes profesionales que tan caro nos ha salido formar. Está también Ana Mato, la ministra de sanidad que asiste impasible al castigo cruel de las banderillas de fuego de los recortes en sanidad o el otro banderillero, José Manuel Soria, que hace otro tanto con la subida de gasolinas, electricidad y cualquier otra forma de energía.

Aún así, la mayoría de los miembros del gabinete han optado por quedarse tras la barrera del silencio, salvo el ministro de Exteriores al que le pone sobremanera el toreo de salón y, desde que se ha descubierto y se gusta, siempre que puede, sale a los medios y se recrea en su verbo solemne.

Tampoco falta el alguacilillo, encarnado por ese verso suelto de nuestra democracia -encajaría mejor en cualquier dictadura- que es Gallardón, ministro de Justicia, que ha elegido cortarnos las orejas y el rabo de nuestros derechos y libertades para entregárselos como trofeo a Don Tancredo.

Lo que no sabíamos es que el peor de los ministros que han pasado por un gobierno de España, al menso en democracia, el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, no era en sí mismo el Bombero Torero de la cuadrilla, sino el toro, el toro bravo que se crece en el castigo y que cuanto más le escarban el solomillo con la puya más se crece, porque lo suyo es eso, crecerse en el castigo.

La verdad es que podían habérmelo dicho antes porque, como casi todos sabéis, no me gustan los toros y podía haberme ahorrado el desagradable espectáculo de esta corrida sin merienda y sin pan.
 
 

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