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miércoles, 13 de junio de 2018

REALEZA Y REALIDAD


Iñaki Urdangarín, el coprotagonista de la "historia de amor" vivida por la hija menor del rey Juan Carlos está solo a horas de ingresar en prisión, otra cosa sería un escándalo insoportable, y mucho me temo que, quienes se llevaron millones a espuertas de las arcas de Valencia y Baleares aún siguen considerándose víctimas de una injusta cacería.
Urdangarín, hijo de un empresario vasco, parecía ese cromo buscado para completar el álbum de cromos de la familia real española: la misma talla, el mismo pelo rubio, el mismo perfil deportivo que el resto de la familia, en resumen, un padre perfecto para los nietos de un rey, de no ser porque nunca pareció muy despierto ni muy trabajador, salvo para pretender vivir como un rey sin serlo y apuntarse a un tren de vida escandaloso, incluso, para el yerno de un rey con trono.
Ahora, después de agotar todas las instancias legales, con la única posibilidad abierta aún de recurrir al Tribunal Constitucional, como si la discriminación de que fueron víctimas él y su esposa Cristina hubiese sido negativa y no el trato de favor del que a todas luces disfrutaron. Piénsese que el cuñado del rey lleva ya más años en los tribunales que los que le esperarían en prisión y que, si eso ha sido posible es porque el matrimonio ha contado con la asistencia legal de los mejores abogados y con los recursos económicos que para sí quisiera cualquier imputado.
Piénsese también que la primera sentencia, afortunadamente corregida ayer por el Supremo, castigaba con mayor rigor al socio de Urdangarín que al propio ex duque, como queriendo atribuir a Torres la iniciativa de la gran estafa que urdieron contra diversas administraciones. Se sienten discriminados y víctimas cuando, a estas alturas, cualquier otro mortal con sus delitos a cuestas llevaría años en prisión y se sienten acosados y yo diría que asqueados por tener que vivir en un país que, eso lo callan, lleva años pagando sus cuentas.
Lo peor de todo es que este personaje y por extensión su ignorante e irresponsable esposa, eso alegó en el juicio para no ser condenada, no tienen conciencia de haber delinquido. No tienen conciencia de que "poner el cazo" y que te lo llenen por tu cara bonita no le pasa a casi nadie. No tienen conciencia de que bastante es vivir a cuerpo de rey o de infanta, vivir en un cuento de príncipes y princesas es la excepción y debería bastarles, más en un país que ya las estaba pasando canutas. Claro que ellos, a las orillas del lago Leman o en la costa mallorquina es difícil acordarse de los ancianos mal cuidados, de los niños mal alimentados o de la gente que lleva años buscando trabajo.
Sin embargo y frente a esa terrible realidad, nos hablan de crucifixión, de sufrimiento o de esos cuatro niños guapos y rubios que van a dejar de ver a su padre durante una temporada o de esa hija de rey que tendrá que conformarse con visitar a su amado esposo sólo cuando lo permita su régimen penitenciario, como la mujer de cualquier recluso, aunque, claro, sin colas ni prisas y probablemente de una manera discreta. 
Va a ser un viaje largo y difícil, para el que, supongo, les habrán preparado todos esos psicólogos que la prensa especializada en sacar brillo a la familia dice que han visitado, un viaje de la realeza a la dura realidad. Bienvenidos a ella, señores.

martes, 17 de mayo de 2016

ESTE TÍO NO ES IDIOTA


No hace ni una semana que, de él, el abogado de Diego Torres, el socio de Iñaki Urdangarín, dijo entre dientes el ya famoso "este tío es idiota". Lo dijo tras escuchar de su boca y ante el tribunal que no sabía nada de Noos, el chiringuito de cuñado del rey y su socio para sangrar los presupuestos de ayuntamientos y comunidades autónomas, mediante su presunto asesoramiento en la organización de acontecimientos deportivos a cambio de nada o de casi nada. Lo dijo porque él y su representado sabían de sobra que el entonces alcalde de Madrid, el mismo que había dado el visto bueno para el nombramiento de Mercedes Coghen como consejera delegada de ese carísimoviaje a ninguna parte que por dos veces ha sido la candidatura para los juegos de 2020, prácticamente su único asunto como alcalde de Madrid amén de la carísima Calle 30, otro de sus  dispendios que aún pagamos y pagaremos los madrileños y los hijos de los madrileños en los muchos años por venir, el mismo de los ojitos brillantes en los cócteles, no podía saber de dónde le venían los folletos y libros que inundaban su carísimo, faraónico y desproporcionado despacho.
Sería muy fácil dar la razón al letrado, demasiado fácil. Pero no, este tío, Gallardón, es cualquier cosa menos idiota todo lo que hace, todo lo que ha hecho desde que se puso a la sombra de Manuel Fraga tiene, ha tenido un sentido. Llegó a aquel ominoso acuerdo para poner a los pies de PRISA el Círculo de Bellas Artes, porque así se garantizaba la "canonización" en las páginas de EL PAÍS, desde las que se le defendió hasta el paroxismo. Dejó la Casa del Correo de la Puerta del Sol a Esperanza Aguirre, elecciones mediante, porque tenía claro que en el Ayuntamiento su ego brillaría más y porque, no me cabe ninguna duda, tenía ya en la cabeza los megalómanos proyectos que dispararían hasta el infinito la deuda del ayuntamiento madrileño.
Y siendo ya alcalde, permitió que le colaran en su lista, como número dos y sucesora en ciernes, a la esposa de José María Aznar, Ana Botella, que, sin nada a su favor más que su ultra conservadurismo moral y religioso y su falta de empatía con los ciudadanos que no toman el té en Embassy, asumió el regalo que la hacía el partido de su marido, envuelto en los empalagosos y falsos elogios del alcalde, que veía en el regalo envenenado su pasaporte al gobierno en cuanto el PP ganase las elecciones.
Y no se equivocó, porque Gallardón no tardó en convertirse en el peor y más retrógrado ministro de Justicia de la democracia, mientras Ana Botella le igualaba en desastres al frente del Ayuntamiento de Madrid, pasando "olímpicamente" del dolor de las familias de las cinco jóvenes muertas en el Madrid Arena y supervisando los servicios mínimos de la huelga en empleados de limpieza que anegó esta ciudad de basura a cumulada, en tacones y con abrigo de piel. Tan mal lo hizo, "la Botella" que no se atrevió a intentar repetir, aunque, todo hay que decirlo, aguantó más en el despecho que se preparó Gallardón que él como ministro.
Sí, porque "este tío" en su fugaz paso por el ministerio puso patas arriba la justicia y los valores de los españoles, empezando por un amplio sector de su partido que se sintió avergonzado por el paso dado atrás por el misógino ministro en el respeto a la mujer y sus derechos. Además y ese es el motivo de estas líneas, cambió de un plumazo las reglas de juego procesales, fijando el pago de unas tasas desorbitadas que dejaban la justicia fuera del alcance de la mayoría de los ciudadanos. Unas tasas que su sucesor, a los pocos meses de sucederle tras sus "espantada" tuvo que suprimir, aunque no haya hecho otro tanto con el malicioso sistema de plazos de instrucción, por el que se fija un máximo de seis meses para la calificación, tiempo en el que, tal y como denuncian hoy los fiscales progresistas, es imposible instruir cualquier causa y más con los medios de que disponen. 
Una "cagada" más de "este tío", que puede acabar de golpe con la instrucción de decenas de miles de casos que bloquean hoy los juzgados, una medida tomada para impedir que madurasen los muchos y largos asuntos en los que está inmerso su partido, pero que se ha vuelto contra el derecho a alcanzar justicia de la mayoría de los españoles.
Este tío, en contra de lo dicho por el abogado del duque felón, no es idiota. Sabía muy bien lo que se hace y, si alguna vez da un traspiés, lo da cegado por su ambición que es mucha, aunque sabe ponerse pronto a salvo. Este tío es listísimo y habrá que esperar meses o quizá años para ver en qué manera se le recompensarán las muchas trampas que, a favor de las constructoras, se han hecho en todos esos megalómanos proyectos en que se ha embarcado a cuenta de la deuda de los madrileños.
Este tío no es idiota y lo estamos sabiendo gracias a que los suyos ya no ocupan su despacho en Cibeles, pero es y ha sido del PP, a pesar de que durante años vivió disfrazado de "verso suelto" entre cultura y canapés. Pero, como, a propósito de él, me dijo en una ocasión don Santiago Carrillo "no conozco en el PP a nadie que no sea del PP". Que no, que este tío no es idiota.

jueves, 4 de abril de 2013

LA SORPRESA DEL REY

 
 
Entiendo el cariño que el rey debe tener por su hija del mismo modo que entiendo el agradecimiento y el cariño que los españoles tienen o han tenido, yo mismo entre ellos, por el rey. Sin embargo, ni lo uno ni lo otro justificarían que, ante hechos tan escandalosamente relevantes como los que rodean a la infanta Cristina y su marido, la justicia, además de ciega, se volviese sorda. Por eso soy de los que piensan que es, no sólo acertada, sino, además, inevitable, la decisión tomada por el juez Castro, una vez que ha comprobado el papel de la infanta en las empresas a través de las cuales su marido, Iñaki Urdangarín,  y su socio Diego Torres recibían dinero público de diversas administraciones, a cambio de unos dudosos servicios y, lo que es peor, para unas presuntas actividades filantrópicas que nunca existieron. 
También, y por ello, soy de los que no alcanzan a entender que el PP y PSOE se preocupen por el perjuicio que pueda causar a la imagen de España la imputación de la hija del rey y pienso que mucho más hubiera debido preocuparle que, sabiendo lo que sabemos, la justicia, el juez Castro, mirase para otro lado. Sólo una imagen de España como país consentidor con la corrupción gracias a una justicia dócil, sería peor que la que ahora mismo tenemos, ganada a pulso, por cierto, de país cuyo partido de gobierno lleva meses en entredicho, con su presidente chantajeado y mudo por lo que pueda contar un tesorero nombrado por él mismo y pillado con firma en cuantas que alcanzan los cuarenta millones de euros en Suiza y en los Estados Unidos.
Por si fuera poco, en este país, la gente sufre y sufre mucho. Hay un millón largo de familias en las que, desde hace meses, no entra un sueldo, mientras se recortan sueldos y servicios, mientas todo se deteriora, los jóvenes mejor preparados tienen que marcharse a ganarse el pan y la dignidad fuera, como hicieron sus abuelos y mientras algunos hacen negocios, y qué negocios, en los despachos de amigos colocados en los despachos adecuados. Por eso a este país, no a su clase política, no a los que le gobiernan o han gobernado, no le extraña que, si la fiscalía no lo remedia, que esa es otra, la hija del rey tenga que bajar la famosa rampa que da acceso a los juzgados de Palma, verdadera pasarela de la vergüenza para quienes están acostumbrados a rojas alfombras y flashes amigos.
Este país no se sorprenderá si la escena se presenta ante sus ojos, porque este país ha visto mucho y malo. Ha visto a su rey jugando al escondite en un matadero de elefantes y pagándolo con una cadera rota que, por cierto, nos costó una pasta reparar. Ha visto al presidente gallego que se subió en el yate y en el todo terreno de un sospechoso de narcotráfico y contrabandista conocido, decir que no sabía nada de las actividades de su amigo y mintiendo cuando asegura que, en cuanto tuvo sospechas, dejó de vele, aunque hay pruebas de que seguían telefoneándose. Ha visto a partidos y sindicatos mirar a otro lado en cajas y bancos públicos y ponían el cazo para recibir suculentas las dietas, mientras otros los saqueaban y expoliaban los ahorros de centenares de miles de españoles. Ha visto muchas cosas y se las ha tragado como sapos, porque ha visto cómo se las tragaban, con bastante menos asco, por cierto, porque previamente se las tragaban aquellos que elegía para que le representasen.
Pero el sistema inmunológico de los españoles, tan habituado a procesar basura, como cualquier otro organismo, ha generado anticuerpos, tantos y tan virulentos que reaccionan ya ante la más ´mínima agresión. Por eso, no se asombran porque la hija menor del rey tenga que bajar al infierno de los juzgados y elevarán al juez Castro al altar de sus héroes más queridos, y sólo por haber cumplido con su obligación, a pesar de la que le ha caído, la que le está cayendo y la que le caerá por hacerlo. No sólo no se asombran, sino que lo agradecen, porque de no ser así, el daño sería peor que la arcada.
Quienes rigen los destinos de este país se asombran de lo que no se asombran sus ciudadanos y esto es así porque desde hace tiempo viven en peceras de cristal y pixeles que les separan de lo que siente el pueblo y no les permiten otra cosa que mirarse el ombligo y el bolsillo. Pero la decepción y el dolor enseñan y enseñan mucho, Tanto como para no sorprendente siquiera por la tan irrespetuosa e insinuante sorpresa del rey.
 
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