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viernes, 10 de marzo de 2017

SAQUEO SANITARIO


Cuando esta mañana he escuchado que la sanidad madrileña, la que pagamos todos, está "haciendo precio" a las mutualidades y las aseguradoras en los tratamientos que se aplican a sus "clientes" en los centros públicos dependientes de la misma, como al personaje del anuncio televisivo, se me llevaban los demonios. Nada menos que quince millones de euros dejados de cobrar en tres años, porque, al parecer y según datos de la propia consejería, las aseguradoras pagan, por tratamientos similares, diez veces menos a la sanidad pública de lo que pagan a las clínicas privadas. Y no es, por increíble que nos pueda parecer, una invención ni un rumor. Son datos proporcionados por la propia consejería, a petición del grupo socialista de la Asamblea de Madrid.
Que esto ocurra mientras se fiscalizan y recorta el material que llega a los centros de salud, mientras la calidad de ese material deja mucho que desear, mientras se expulsa del sistema cada vez a más ciudadanos, por su origen o por su situación laboral, mientras se obliga a los pacientes, también a los pensionistas a pagar una parte de sus medicinas, mientras los grandes hospitales se caen “a trozos" por falta de mantenimiento, mientras vemos cómo se van recortando el personal y las camas de nuestros hospitales, pone los pelos de punta y siembra dudas sobre la bondad el propio sistema. 
Efectivamente, no es la primera vez que en la sanidad pública madrileña se revela como la gran teta a la que se agarran, como lechones glotones, esos tipos listos y sin escrúpulos, gracias a que sus amigos al otro lado de la puerta giratoria pecan demasiado a menudo de falta de celo "in vigilando" o dicho de otro modo,  hacen vista gorda ante el saqueo de lo que todos, desde el más modesto jubilado hasta el último inmigrante contratado, además de quienes cumplimos con nuestros impuestos pagamos o estamos  pagando.
Más allá de la picaresca de quienes sustraen material de los centros públicos, de quienes se escaquean y remolonean en su puesto de trabajo, están los otros, los que "cosen para afuera", colando entre las pruebas demandadas por el hospital, las de sus pacientes de "la privada", obteniendo "por la cara" los resultados que luego cobrarán a precio de oro a sus distinguidos "clientes". Algo que, aunque no es excepcional, tampoco es anecdótico, pero que tiene la compensación tiene también la compensación de quienes dedican más tiempo del que les retribuyen por su trabajo o que, incluso, aportan su propio instrumental a la consulta.
Sin embargo y aunque los buitres que revolotean sobre nuestros hospitales sean una minoría, algo de lo que estoy convencido, creo que ya va siendo hora de poner coto a todas estas prácticas deleznables que deterioran gravemente la imagen de nuestra sanidad. Va a ser difícil, porque, desde que Gallardón llegó a la Puerta del Sol, por la Consejería de Sanidad han pasado demasiados consejeros y casi todos con sus propios intereses. El peor de todos, sin duda, Juan José Güemes, ya en la etapa de Esperanza Aguirre, porque fue el que oficializó a "barra libre" para los buitres, cuando dijo en una reunión de empresarios aquello de que la sanidad madrileña estaba llena de "oportunidades de negocio" para ellos. 
Eran los tiempos en lo que se pretendía desde el Partido Popular era arrebatarnos la joya de la corona que era nuestra sanidad, despedazándola en sucesivas privatizaciones o externalizaciones, como ellos prefieren llamarlas. Los tiempos del siniestro Manuel Lamela que, sin pruebas ni la menor vergüenza. se permitió acusar al doctor Montes, jefe del Servicio de Urgencias del hospital de Getafe, poco menos que de exterminar a sus pacientes. Todo, para desprestigiar la sanidad pública, como hacen con la enseñanza pública, para saldarla y dejar "el negocio" en manos de sus amiguetes, los mismos que les esperan al otro lado de la puerta giratoria, con un sillón para ellos en cualquier consejo de administración.
Aquella ofensiva la paramos entre todos, tomando las calles como nunca hasta entonces. Tuvieron que echarse atrás, pero, en las elecciones, el miedo pudo más y ahí siguen, aunque la batalla no está perdida. Detrás del PP de Aguirre, corrupto hasta la raíz, no hay más que codicia y propaganda. Por eso, ahora más que nunca, nuestra obligación es saber, denunciar y difundir, porque, ya pudimos comprobarlo, no son intocables, como tampoco es comparable su saqueo a nuestra sanidad.

martes, 7 de octubre de 2014

FIEBRE



Cuando en la tarde de ayer saltó la noticia, a mí, como imagino que a la mayoría de los ciudadanos, se me vinieron a la cabeza infinidad de preguntas, pero, sobre todo una, qué se ha hecho mal, porque esa es la única certeza, la de que algo se ha hecho mal, porque, en teoría o al menos eso se nos dijo cuando se repatrió al primer misionero infectado, el riesgo de contagio era nulo.
Eso está claro, si la auxiliar d enfermería se ha contagiado es porque, pese a lo que nos han contado, estuvo en contacto con el virus. Ahora queda por saber si ese contacto tuvo su origen en una mala práctica, un fallo humano, personal o colectivo, o, si por el contrario, el error estuvo en el empleo de medios de aislamiento inadecuado. Lo más urgente es, por tanto, investigar minuciosamente todos y cada uno de los pasos dados por la enferma en su contacto con los pacientes repatriados desde África o con todo aquello que estuvo en contacto con ellos, además de revisar minuciosamente todo el material estéril que se empleado en la atención de los religiosos.
Es obvio que algo o alguien no estuvo a la altura de lo exigido para un riesgo tan grande o que alguno de los pasos dados para deshacerse de la vestimenta o el material empleados por el personal sanitario se ha roto la barrera estéril y ojalá no descubramos que también en esto, como en casi todo, tenemos fama de ello, hemos hecho un "apaño" con un poco de esparadrapo o una pinza de la ropa.
Eso es primordial. Sobre todo, para no repetir los posibles errores cometidos, pero más crucial aun debe ser modificar el protocolo a que se someterá personal encargado del tratamiento de los futuros infectados. No puede ser que alguien que haya corrido el riesgo de resultar contaminado por el virus quede fuera de control, salvo las ya sabidas tomas de temperatura dos veces al día, y con libertad de movimiento para, incluso, como es el caso de la auxiliar contagiada, irse de vacaciones. Sé que ella, como sus compañeros era voluntaria, pero está claro que el riesgo que asumían no es sólo personal sino que afecta y compromete al resto de la comunidad.
Está claro, porque  la historia de la medicina y del mundo así lo atestiguan, que pocos procedimientos resultan tan eficaces para el control d epidemias como la cuarentena, ese aislamiento a que se sometía a los viajeros sospechosos de estar enfermos y a quienes con ellos habían compartido el viaje, hasta haber comprobado que no habían contraído el mal, fuese cual fuese. Y son famosas, por ejemplo, las ciudadelas, como la que hay en la isla situada frente al puerto de Mahón, en las que se recluía a todos estos viajeros hasta estar seguros de que no representaban un riesgo para el resto de la población
No entiendo. pues, que, a menos de dos semanas, de la muerte del último paciente traído a España, esta trabajadora sanitaria y sus compañero que estuvieron en contacto con los enfermos hayan gozado de libertad de movimientos, quedando al arbitrio, únicamente, de su sentido común y responsabilidad.
Sé que es duro plantear el establecimiento de una cuarentena para quienes voluntariamente se han puesto a disposición de la comunidad para trabajar en unas condiciones de riesgo como esas. Pero eso es algo que debería estar previsto y recompensado. Lo tengo tan claro como que ahora va a resultar mucho más difícil encontrar voluntarios para tan necesaria labor. Y eso no es lo más grave, porque la ahora oficialmente enferma, pese a estar sometida a tan somera vigilancia fue atendida en un centro convencional como lo es el Hospital de Alcorcón, en cuyas urgencias fue atendida y donde estuvo en contacto con sanitarios y, es de suponer, con otros pacientes, además de todos los familiares y vecinos con los que ha estado en contacto.
Ahora toca reconstruir los últimos movimientos de esta auxiliar sanitaria para determinar quienes han estado en riesgo de haber contraído el mal, hacerles el seguimiento y aislarlos para evitar que ocurra con ellos lo mismo que inexplicablemente ha ocurrido con ella. Sobre esto, cuando menos, habrá que exigir responsabilidades a la ministra o los responsables de la sanidad madrileña. Lo han hecho muy mal, rematadamente mal, tanto que ahora, después de sus evidentes fallos, los ciudadanos españoles, especialmente los madrileños, estamos más en riesgo que antes, ojo, no de que se atendiese a los religiosos repatriados, sino de que se desmantelase sin las precauciones debidas el dispositivo que les atendió. Algo que, espero, no tenga que ver con el rácano concepto de la gestión que continuamente exhiben los gestores de la Sanidad del PP.
La fiebre ha cruzado el Estrecho y ya está entre nosotros. Sólo espero que, haciendo de la necesidad virtud, entendamos que no somos inmunes y pongamos los medios para tratar el ébola allá donde está la enfermedad, aplicando el sentido común y no el heroísmo o la suerte y el cálculo de probabilidades.


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