Mostrando entradas con la etiqueta Ébola. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ébola. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de octubre de 2014

UNA ALEGRÍA



Por fin, ayer, los dioses de los telediarios fueron generosos conmigo. Por fin, por un momento, llegué a creer que vivía en el país que siempre había soñado, cuando aparecieron en la pantalla de mi televisor cuatro profesionales con bata blanca, dos hombres y dos mujeres, anunciando satisfechos que su compañera Teresa Romero ya estaba libre de Ébola. Y lo hicieron sin alardes, como quien está satisfecho de haber cumplido con su obligación, pese a lo complicado de su éxito y el evidente riesgo con el que han vivido estos días.
Y, si las noticias que traían eran magníficas, más lo fue la forma en que lo hicieron, con humildad y sin rencor, sin el más mínimo resentimiento hacia quienes, con su torpeza, pusieron en riesgo a todo un país con su improvisación y sus torpes decisiones. Especialmente hermosa fue la manera en que manifestaron su agradecimiento cariñoso a todos los que formaron parte del equipo que ha atendido a lo largo de estos angustiosos quince días a la compañera enferma, un agradecimiento que se extendió, comenzó por ellos, al servicio de limpieza y a los celadores, sin alcanzar a ningún cargo político, y eso, quizá, porque no lo merecían.
Habrá quien pueda decirme que en los últimos días la gestión de la crisis se ha llevado con exquisita eficacia y que pusieron a disposición de Teresa los antivirales y el suero de la hermana Paciencia que, sin que sepamos en qué medida cada uno, han contribuido a la sanación de la auxiliar. Qué otra cosa se podía esperar, les contesto, de un país civilizado que recauda impuestos a sus ciudadanos y tiene o debería tener un sistema de salud eficaz y universal.
Fue una hermosa noticia, porque, con la labor de todos estos profesionales, no sólo han demostrado el nivel de nuestra sanidad, sino que habrán contribuido a tranquilizar a una población aturdida por todo ese tremendismo que, sin importarle las consecuencias, ha llenado horas y horas, especialmente de televisión, sembrando un pánico injustificado entre la ciudadanía y disponiendo los mimbres para que los más ignorantes tejiesen sus muros de desconfianza y marginación hacia quienes habían estado en contacto, por remoto que fuese, con Teresa o los sospechosos de contagio.
El equipo que ha atendido a Teresa Romero en el Carlos III ha demostrado que el Ébola, pese a su gravedad y enorme mortandad se cura, y más en un país del primer mundo. También que nada debe dejarse a la improvisación ni mucho menos ponerse en manos de quienes, armados de tijeras, están desmantelando uno de los mayores tesoros que tenía este país y que espero que siga teniendo, como es su Sanidad.
Ahora sólo cabe esperar que los verdaderos culpables de la crisis, la ministra y el consejero, se vayan y que lo hagan discretamente, en silencio, ahorrándonos cualquier intento de excusa, porque no las hay. Y harían muy bien Rajoy y González en no conservar esos cadáveres políticos en el escaparate de sus gobiernos, porque la gente ya ha perdido la paciencia y hace tiempo que está más que harta del zafio dontancredismo de quienes les gobierna.
Sí, la de ayer fue una muy buena noticia, en primer lugar porque Teresa está curada y a salvo y podrá, no ya quitarse de encima toda la basura que arrojaron sobre ella, sino que podrá exigir a quienes mancharon su nombre todas las responsabilidades a que hubiera lugar, pero también esa rueda de prensa fue, en sí misma, una muy buena noticia para un país demasiado acostumbrado a que quienes se sientan ante los micrófonos y las cámaras lo hagan a la defensiva. La rueda de prensa de ayer en el Carlos III fue como un esperado oasis en el desierto, quizá por eso, los periodistas presentes en ella, muchos de ellos extranjeros, despidieron a los cuatro médicos con aplausos. Ojalá tengamos pronto nuevas alegrías y escuchemos otros aplausos para los autores de la vacuna que libre a África de ésta y para quienes les libren las otras tragedias que vive.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

lunes, 20 de octubre de 2014

HILITOS DE PLASTILINA



Ahora que Teresa Romero parece salir del peligro en que la sumió la improvisación chapucera t torpe de una administración insensata que antepone el ahorro y su política de comunicación a la salud y la tranquilidad de todos los ciudadanos, incluso en situaciones tan críticas como la que ha provocado el contagio de esta trabajadora, es el momento de exigir todas las responsabilidades a que haya lugar la nefasta gestión de este asunto.
Que es ahora el momento de exigir responsabilidades y no cuando se hizo evidente la inutilidad y la falta de sensatez de la ministra Mato y el consejero Rodríguez es algo que aún no acabo de entender y que el PSOE tendrá que explicarme, porque eso de solucionar primero la crisis y después exigiremos dimisiones y ceses no se sostiene, entre otras cosas porque ministra  y consejero han seguido, sobre el papel, al frente de las estructuras que han hecho fracasar y que, una vez puenteados, funcionaron de nuevo.
Quizá todo se deba a esa tolerancia hacia los errores de la derecha que está demostrando este nuevo PSOE, que, como su secretario general, no ve más enemigo que Podemos porque valora únicamente los riesgos para el mismo partido y termina por despreciar el que supone para la ciudadanía que el PP se mantenga en el poder. Quizá todo se deba a que, entre acercarse a la derecha o a la izquierda, han optado por arrimarse a aquellos con los que, desde hace tres décadas, se ha alternado en el poder y no por arriesgarse a un enfrentamiento contra el único poder fáctico vigente, el capital especulativo, eso que eufemísticamente llaman "los mercados".
Por todo lo anterior, lo único que tengo claro es que la vía para exigir responsabilidades no es otra que la judicial, porque, por desgracia, los parlamentos se han convertido en enormes ollas de marear perdices, en las que las comisiones de investigación, cuyo resultado se conoce de antemano, acaban por convertirse en inútiles esfuerzos que conducen a la melancolía y a un descrédito aún mayor si cabe de la política y los políticos.
No hace falta recordar que, si de una comisión parlamentaria, que la hubo,  nada hubiésemos sabido de las tarjetas fantasma de Caja Madrid y Bankia, porque unos y otros estaban enfangados en ellas, y de no haber sido por la iniciativa ciudadana, otra vez el 15-M, y un juez no sé si más imprudente que valiente, Elpidio Silva, seguirían sangrándonos a todos desde los bolsillos de ocho decenas de tipejos escogidos en aplicación de una particular regla de D'Hont,
Yo confío en que Teresa y su compañero, Javier, emprendan, con el apoyo económico y moral de la ciudadanía, cuantas acciones legales sean precisas para desenmascarar a los verdaderos culpables del contagio que pido haberle costado la vida a la auxiliar, para dejar al descubierto una política suicida que lleva al desmantelamiento del único hospital español especializado en enfermedades tropicales y a la disgregación de los equipos que en él trabajaban, en un momento en el que crece la inmigración procedente de África, no siempre en las mejores condiciones sanitarias y que, por si fuera poco, han sido expulsados del sistema por quienes tan nefastamente han gestionado esta que, por ahora, ha sido la última crisis.
Estos señores que ahora ocupan el poder creen que no importa cómo sean las cosas sino como nos las cuentan, Esta gente es capaz de ver hilitos de plastilina allá donde lo que hay es un petrolero hundido, lo mismo que ve raíces vigorosas donde hay millones de parados y hogares empobrecidos, con niños mal alimentados y jóvenes sin esperanza y son capaces de mantener al frente de la sanidad española a una mujer siempre al borde del llanto porque ella misma es la primera que sabe que no sería capaz de gestionar siquiera una mercería o de dejar en su despacho a un tipo indecente en las formas y en la gestión, sólo para que acabemos creyendo que tenemos verdaderos políticos, entregados al servicio de la sociedad, en lugar de los pringosos hilitos de plastilina que asoman del barco hundido de nuestra política. 
Y una cosa más. Yo también dirigiría la exigencia de responsabilidades a Germán Ramírez, el médico que, en contra de la confidencialidad a la que obliga la deontología que exige su profesión, se encargó de difundir a los cuatro vientos la "autoinculpación" arrancada a una mujer en estado febril tras un insistente interrogatorio, autoinculpación que sirvió al interrogador para afianzarse en el protocolo que, en contra de la opinión de la mayoría de los sanitarios, defendió en agosto y al consejero Javier Rodríguez para, después de un vergonzante silencio, presentarse ante los medios con la pieza cobrada por el doctor Ramírez, verdadero origen de la crucifixión de Teresa.



Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

lunes, 13 de octubre de 2014

EL SUEÑO DE LA RAZÓN, LA PRENSA Y EL ÉBOLA


Nada como una crisis para poner a prueba a toda una sociedad, por más democrática y civilizada que ésta se crea. Nada como una catástrofe natural o como las consecuencias de una gestión desastrosa para medir las virtudes y defectos de un país y de sus habitantes. Lo comprobamos con la terrible crisis económica que aún padecemos, que nos permitió comprobar la solidaridad de nuestra gente y la falta de ella de nuestro gobierno.
Del desastre organizativo y de la poca autoridad de este gobierno que padecemos ya escribí la pasada semana y creo que poco queda por hacer, salvo echar en cara a Mariano Rajoy su falta de autoridad, su incapacidad para entender el mundo como algo más que una encuesta o un telediario, su cobardía y su inmoralidad. Eso, y no cesar en la denuncia de lo inmoral y peligroso que resulta que personajes sin preparación técnica o política ocupen puestos tan cruciales de la administración como los que ocupan la ministra Ana Mato o el consejero Javier Rodríguez, encargados de decidir sobre asuntos tan graves y vitales como los que afectan a nuestra salud.
No me cansaré nunca de hacerlo, pero creo que ha llegado el momento de denunciar que, en este, al igual que en otros asuntos que afectan al poder, político o económico, el comportamiento de nuestros medios de comunicación no es el que cabría esperar en una sociedad adulta y que, ante la criminal falta de información por parte de quien debería tenerla y administrarla, el gobierno, algunos de ellos tiraron por la calle de en medio y se echaron al monte más amarillo y sensacionalista que su escasa ética y sentido común les dieron a entender.
Hace ya tiempo que los responsables de las televisiones tomaron la decisión de borrar la frontera que debería borrar la opinión y las variedades de lo que realmente es información. Siendo esto cierto, no nos haríamos ningún bien si comenzáramos a disparar únicamente sobre las marilós, terelus, teresas y los josejavieres que, al menor descuido, se meten en nuestras casas, bares y cafeterías para convertir en chascarrillo nada inocente todo aquello que cae en manos de sus guionistas. Y digo que haríamos mal en limitar sólo a ellos nuestra crítica, porque otros personajes, algunos ya en los altares de la gloria periodística, tienden a relajar esa frontera que debería permitir a los receptores de su trabajo los hechos de las opiniones y la verdad de las patrañas.
Estoy seguro de que si os aclaro que, efectivamente me refiero a Jordi Évole, Antonio García Ferreras o Iñaki López, casualmente todos en la Sexta, algunos de vosotros torceréis el gesto y os sintáis quizá ofendidos, pero os aseguro que soy sincero cuando lo escribo y que sólo trato de despertar las alarmas respecto a una forma de hacer periodismo que busca más la espectacularidad y los picos de audiencia que la realidad, trivializando en el lenguaje y en la misma información contenidos que merecerían ser tratados con más sobriedad y equilibrio,
No es la primera vez que digo esto o cosas parecidas, pero es que el desastre de gestión e informativo al que hemos asistido ha desatado todos los demonios del infierno de la información, Y todo porque, ante la falta de una información seria y contrastada y creciendo como estaba creciendo la inquietud en la ciudadanía cada uno hizo de su capa un sayo y se llevó el ébola a su terreno y algunos de esos terrenos os aseguro que eran demasiado resbaladizos y tenían la costalada garantizada.
Algunas de esas incursiones fueron simplemente torpes. Otras perseguían el reforzamiento de las excusas con las que personajes como el consejero Rodríguez pretendieron cubrir sus bien comidas espaldas de médico zafio e irrespetuoso, pero otras perseguían, simplemente, subir la audiencia y rellenar espacios de la parrilla explotando el miedo y la preocupación ajenos.
Capítulo aparte merecen todos esos que, siguiendo las consignas e instrucciones de sus padrinos y pagadores, han insultado, ridiculizado y desprestigiado a una trabajadora que tuvo el coraje del que todos esos paniaguados carecen y por un salario que, probablemente, no alcanza en un mes lo que un tipejo como Alfonso Rojo se lleva en un día. Ya lo dijo y lo dejó claro el genial Goya en sus grabados "el sueño de la razón" produce monstruos". Llevamos demasiados años dormidos y estos son nuestros muertos. Espero que, después de lo visto y oído estos días, la sociedad despierte y, cuando todo haya acabado, alguien tome la iniciativa de llevar ante los tribunales a cuantos han salpicado con su baba hedionda el prestigio de una mujer y una profesión que se mueve en el más trivial de los heroísmos sin que seamos capaces de reconocérselo.



Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

jueves, 9 de octubre de 2014

SALIÓ LA RATA



Definitivamente, los madrileños no tenemos suerte con los consejeros de Sanidad. Al menos con los del PP. Por el despacho correspondiente han pasado personajes tan lamentables como Juan José Güemes, yernísimo de Carlos Fabra, y organizador de aquellas jornadas en las que se ofrecía la salud de los madrileños a las multinacionales del sector como una oportunidad de negocio para ellas. Le siguió Manuel Lamela, aquel señor que, para minar el prestigio del hospital público de Getafe y abrir el camino a sus amigos empresarios, no dudó en acusar al doctor Montes, responsable de las urgencias del mismo, poco menos que de ser el Mengele de la eutanasia. Y a éste le sucedió Javier Fernández Lasquetty, brezo ejecutor del copago farmacéutico y de las frustradas operaciones del euro por receta y la privatización de media docena de hospitales públicos madrileños.
Quienes vivimos la sanidad desde fuera, como pacientes o, simplemente, como pacientes, aunque, al menos yo, no las tenía todas conmigo, pensábamos que la epidemia de tan nefastos consejeros había cesado con el nombramiento de Javier Rodríguez, que inauguró su mandato dando carpetazo a casi todos los despropósitos de su antecesor Lasquetty, aunque pronto se mostró como un terminator listo para cortar las cabezas de quienes, como el equipo responsable del combativo centro de salud de General Ricardos, habían destacado en la lucha de la marea blanca contra las privatizaciones, o la del presidente de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública, Marciano Sánchez Bayle, al que no se permitió prolongar su vida laboral en la sanidad pública.
Expongo toda esta cadena de humanos errores, que no errores humanos, para desembocar en Javier Rodríguez, el último de los consejeros, aún en su puesto, que ha estado escondido en su agujero, sin asomar siquiera su hocico, mientras se le venía encima toda una cadena de chapuzas organizativas que ponían en peligro no sólo el prestigio de la sanidad madrileña, sino la salud de los madrileños. Este señor que, aunque por su actitud no lo parezca, es efectivamente médico, ha hecho también su carrera política y la ha hecho en el PP, ocupando un escaño en la Asamblea de Madrid y una silla en el consejo de Administración de Telemadrid, la televisión autonómica madrileña, que agoniza tras haberle sido amputado todo lo que tenía de profesional.
Un político médico, que no un médico político, que ayer mostró la más nauseabunda de sus caras al aparecer, por fin, ante los medios, una vez que el responsable del Carlos III obtuvo de la auxiliar de enfermería infectada la confesión de que había cometido al quitarse uno de los guantes de protección después de haber estado en contacto con el virus. Salió ufano de su agujero, sacando pecho y con su presa entre los dientes, porque, en lugar de mostrar la menor preocupación por todos los errores que  se han cometido en esta crisis, dejo claro su alivio por tener ya un chivo expiatorio, porque, como se dice por aquí, lo importante no es no tener la culpa sino tener a quien echársela. Y él tenía a Teresa Romero, a la que, sin piedad, acusó de mentir, reconociendo, incluso, que lo hacía "de su cosecha", sin pruebas.
La falta de humanidad de este señor, al que -aún siento náuseas- acabo de escuchar como balbuceaba miserables excusas para su miserable comportamiento, es de proporciones bíblicas, Supongo que, para él, un médico de la vieja escuela, una auxiliar de clínica es poco menos que una limpiadora que no merece ni siquiera una mirada ni mucho menos la más mínima compasión. El chulesco "bastante tiene ya con lo que tiene", con que hirió ayer nuestros oídos, dice mucho de quién es este zafio señor que, con su falta de profesionalidad y sentido común ha echado por tierra gran parte del prestigio que merecidamente tenía la sanidad española.
Este tipejo no sabe si se cumplieron los protocolos, no sabe por qué no se atendió debidamente a la paciente, no sabe si los centros de salud disponen de la información, el material y el entrenamiento adecuados para actuar ante casos sospechosos. No sabe si, como es obligatorio, se supervisaron las operaciones de colocarse y quitarse las protecciones, no sabe por qué se autorizó el uso de la misma ambulancia con que se trasladó a Teresa, sin desinfección alguna, para el traslado de otros pacientes y tampoco conoce la carta del médico que la atendió en las urgencias de Alcorcón, durante seis horas, sin ayuda y con un traje de protección que le venía pequeño y que tuvo que quitarse y ponerse hasta trece veces. No sabe por qué Teresa ha estado haciendo vida normal cuando ya se sabía o al menos debía saberse que podía estar infectada por el ébola, puesto que había estado en contacto con el virus.
No sabe nada, pero no parece que le importe, porque sabe que la culpa es de Teresa "que bastante tiene con lo que tiene" y, "de su cosecha", que no dijo la verdad a los médicos.
La echábamos en falta, pero, por fin, salió la rata.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

martes, 7 de octubre de 2014

FIEBRE



Cuando en la tarde de ayer saltó la noticia, a mí, como imagino que a la mayoría de los ciudadanos, se me vinieron a la cabeza infinidad de preguntas, pero, sobre todo una, qué se ha hecho mal, porque esa es la única certeza, la de que algo se ha hecho mal, porque, en teoría o al menos eso se nos dijo cuando se repatrió al primer misionero infectado, el riesgo de contagio era nulo.
Eso está claro, si la auxiliar d enfermería se ha contagiado es porque, pese a lo que nos han contado, estuvo en contacto con el virus. Ahora queda por saber si ese contacto tuvo su origen en una mala práctica, un fallo humano, personal o colectivo, o, si por el contrario, el error estuvo en el empleo de medios de aislamiento inadecuado. Lo más urgente es, por tanto, investigar minuciosamente todos y cada uno de los pasos dados por la enferma en su contacto con los pacientes repatriados desde África o con todo aquello que estuvo en contacto con ellos, además de revisar minuciosamente todo el material estéril que se empleado en la atención de los religiosos.
Es obvio que algo o alguien no estuvo a la altura de lo exigido para un riesgo tan grande o que alguno de los pasos dados para deshacerse de la vestimenta o el material empleados por el personal sanitario se ha roto la barrera estéril y ojalá no descubramos que también en esto, como en casi todo, tenemos fama de ello, hemos hecho un "apaño" con un poco de esparadrapo o una pinza de la ropa.
Eso es primordial. Sobre todo, para no repetir los posibles errores cometidos, pero más crucial aun debe ser modificar el protocolo a que se someterá personal encargado del tratamiento de los futuros infectados. No puede ser que alguien que haya corrido el riesgo de resultar contaminado por el virus quede fuera de control, salvo las ya sabidas tomas de temperatura dos veces al día, y con libertad de movimiento para, incluso, como es el caso de la auxiliar contagiada, irse de vacaciones. Sé que ella, como sus compañeros era voluntaria, pero está claro que el riesgo que asumían no es sólo personal sino que afecta y compromete al resto de la comunidad.
Está claro, porque  la historia de la medicina y del mundo así lo atestiguan, que pocos procedimientos resultan tan eficaces para el control d epidemias como la cuarentena, ese aislamiento a que se sometía a los viajeros sospechosos de estar enfermos y a quienes con ellos habían compartido el viaje, hasta haber comprobado que no habían contraído el mal, fuese cual fuese. Y son famosas, por ejemplo, las ciudadelas, como la que hay en la isla situada frente al puerto de Mahón, en las que se recluía a todos estos viajeros hasta estar seguros de que no representaban un riesgo para el resto de la población
No entiendo. pues, que, a menos de dos semanas, de la muerte del último paciente traído a España, esta trabajadora sanitaria y sus compañero que estuvieron en contacto con los enfermos hayan gozado de libertad de movimientos, quedando al arbitrio, únicamente, de su sentido común y responsabilidad.
Sé que es duro plantear el establecimiento de una cuarentena para quienes voluntariamente se han puesto a disposición de la comunidad para trabajar en unas condiciones de riesgo como esas. Pero eso es algo que debería estar previsto y recompensado. Lo tengo tan claro como que ahora va a resultar mucho más difícil encontrar voluntarios para tan necesaria labor. Y eso no es lo más grave, porque la ahora oficialmente enferma, pese a estar sometida a tan somera vigilancia fue atendida en un centro convencional como lo es el Hospital de Alcorcón, en cuyas urgencias fue atendida y donde estuvo en contacto con sanitarios y, es de suponer, con otros pacientes, además de todos los familiares y vecinos con los que ha estado en contacto.
Ahora toca reconstruir los últimos movimientos de esta auxiliar sanitaria para determinar quienes han estado en riesgo de haber contraído el mal, hacerles el seguimiento y aislarlos para evitar que ocurra con ellos lo mismo que inexplicablemente ha ocurrido con ella. Sobre esto, cuando menos, habrá que exigir responsabilidades a la ministra o los responsables de la sanidad madrileña. Lo han hecho muy mal, rematadamente mal, tanto que ahora, después de sus evidentes fallos, los ciudadanos españoles, especialmente los madrileños, estamos más en riesgo que antes, ojo, no de que se atendiese a los religiosos repatriados, sino de que se desmantelase sin las precauciones debidas el dispositivo que les atendió. Algo que, espero, no tenga que ver con el rácano concepto de la gestión que continuamente exhiben los gestores de la Sanidad del PP.
La fiebre ha cruzado el Estrecho y ya está entre nosotros. Sólo espero que, haciendo de la necesidad virtud, entendamos que no somos inmunes y pongamos los medios para tratar el ébola allá donde está la enfermedad, aplicando el sentido común y no el heroísmo o la suerte y el cálculo de probabilidades.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/