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lunes, 14 de octubre de 2013

ESPAÑA TELEOPERADA

 

Pido perdón de antemano a quienes puedan sentirse ofendidos por ello, pero tengo la sensación de que para la derecha España es una especie de empresa, de sociedad anónima, de cuyo consejo de administración forman parta cada cierto tiempo para gestionarla como tal, como una empresa, pensando en balances y beneficios y poco o nada en los ciudadanos que, al final, somos quienes realmente configuran el Estado.

Convencidos de ello, tratan de administrar el país como han venido administrando las fincas y las empresas de papá, recortando gastos y despidiendo al personal superfluo y, en su opinión, costoso e innecesario. Raro es que, hasta el momento, no hayan caído en la cuenta de que los ministerios y cualquier otra administración pueden, si es que ya no lo están, dejarse en manos de teleoperadores estratégicamente situados en países donde los salarios son más bajos que en España.

Hoy me ha parecido escuchar que la nueva Ley de Régimen Local, la misma que, al igual que ocurrió la semana pasada con la maldita ley Wert, el gobierno se propone aprobar en solitario y me extraña que, salvo honrosas excepciones, las calles de toda España no se vean salpicadas por las protestas y manifestaciones que merecen el alejamiento, cuando no la desaparición, de ventanillas y servicios de los ayuntamientos, ventanillas y servicios que se trasladarán a las capitales o a municipios  más grandes.

No me extraña que a la derecha, y por desgracia no sólo a la derecha, ahora que el pinchazo de la burbuja inmobiliaria les priva de la suculenta fuente de ingresos de las recalificaciones, les convenga que los ayuntamientos se alejen lo más posible de los ciudadanos y, de paso, vaciarlos de contenido, porque de alguna manera intuyen que cualquier cambio que se produzca en el mapa político español surgirá, al igual que en la Transición, desde el ámbito de la política municipal.

No deben gustarles a quienes desde hace años se dedican profesionalmente a gestionar el país los resultados de las últimas elecciones municipales en Portugal, donde los partidos "tradicionales" se han visto, otra vez salvo honrosas excepciones, superados claramente por independientes surgidos del descontento por los recortes y el empobrecimiento por las medidas anti crisis del gobierno de Passos Coelho. Aunque otros resultados, los de ayer en Francia, les vendrán muy bien para agitar el fantasma del populismo ultra y devolver asó a las ovejas del descontento a los rebaños del orden.

Pero, al margen de este interés en desactivar cualquier renovación de la política en España, que, pese a que no seamos conscientes de ello, a todos nos perjudica, lo grave de esta nueva ley es que alejará de los ciudadanos, especialmente de los más desprotegidos, ancianos aislados en pueblos pequeños o vecinos que, por falta de recursos o de habilidades técnicas carezcan de acceso a las redes, la solución a sus problemas.

No conozco en profundidad la nueva ley, pero todos los comentarios a la misma que escucho o leo van en el mismo sentido y me recuerdan a esas empresas, especialmente las del sector bancario que, una vez captados los clientes cierra sus sucursales, obligando a hacer grandes desplazamientos para cualquier gestión que, antes, se resolvía en la plaza del pueblo. La banca ya lo está haciendo y, si esta ley entra en vigor sin correcciones importantes, España pasará de ser un país a ser, España S.A., una empresa fría y teleoperada.

lunes, 11 de julio de 2011

SOBRE CÓDICES Y ERMITAS


Me revienta sobremanera observar con qué naturalidad asume la iglesia católica la propiedad de todos los bienes materiales de los que se han servido a lo largo de los siglos para, a cuenta de la parcelita en el cielo de poderosos y no tan poderosos, engrandecer su magisterio y, sobre todo, su patrimonio. Y si me revienta es porque lo hace con tanta avidez y codicia como miserablemente actúa luego con ellos. La iglesia católica ha buscado siempre tener y tener. No hay más que tomar conciencia de cuántas escrituras de propiedad han pasado por el lecho de moribundos a los que en tal trance todo les sobra y eligen emprender el viaje ligeros de equipaje, pero con las llaves del cielo en el bolsillo. Pues bien. A la iglesia católica no sólo le basta con acaparar todas esas riquezas terrenales. También quiere que su mantenimiento le salga gratis.
¿Cuántas iglesias, ermitas o viviendas para los sacerdotes se habrán construido y se mantienen siglo tras siglo con las aportaciones más o menos obligadas? No hay que olvidar que la presión y el control social siempre han pesado mucho en este país y que el primer consejo que da una madre a sus hijos es el de no señalarse, aunque el de la mía, como podéis ver, haya caído en barbecho.
Todo esto viene a cuento del reportaje que hoy firma en las páginas de Sociedad de EL PAÍS Carmen Morán. Un reportaje en el que se da cuenta del proceso emprendido por las autoridades eclesiásticas españolas para escriturar a su nombre -inmatricular en lenguaje legal, que no justo- todos los edificios y terrenos de los que ha estado haciendo uso, la mayoría cedidos por los municipios, en silencio y de una manera taimada, porque, señores, en este estado aconfesional que dicen que es España, se confiere a los curas una calidad de funcionarios que para sí quisieran algunos funcionarios de carrera.
Lo más grave del asunto es que en la mayoría de los pueblos se están pagando las reparaciones y los servicios, agua y luz, de esos edificios creyendo que son propiedad del municipio, cuando, en realidad, llevan años escriturados a nombre de la iglesia católica.
Es el viejo conflicto entre el poder terrenal y el espiritual. Es el Señor Don Santiago asomándose al lecho de Carlomagno que aparece en el vergonzantemente desaparecido Códice Calixtino. Por cierto ¿dónde están todos aquellos que reclamaron y obtuvieron la dimisión de Rosa Regás por el robo de grabados de la Biblioteca Nacional? ¿No van a pedir la del deán o la del arzobispo de Santiago? Ya están tardando.
Por cierto, ya queda menso para la llegada a España de quien yo creía monarca vaticano y resulta ser el casero que viene a España a pasar revista y con los gastos pagados.