jueves, 1 de septiembre de 2016

DE OTRO SIGLO

Se me llevan los demonios cada vez que escucho, y, por desgracia, lo escucho demasiado, que Rajoy es un buen parlamentario, incluso brillante. La verdad, no lo entiendo ¿Acaso lo es porque de vez en cuando arranca carcajadas a sus hooligans, porque introduce, las más de las veces con calzador, citas presuntamente cultas en su discurso?
Más bien, Mariano Rajoy me parece un parlamentario de otro siglo, no precisamente del XX, sino del XIX, y me lo parece, porque, en mi opinión y siendo generoso, no ve más allá del hemiciclo. Incluso, me atrevería a decir que no ve más allá de las bancadas de los suyos de los que espera la aprobación y las carcajadas que, como las risas enlatadas de las series televisivas, contribuyan a darle a su discurso el brillo y el ritmo de los que carece.
Para Rajoy el alcance de lo que dice no va más allá del salón de plenos, el sesgo de los telediarios de la Primera o las portadas de dos o tres diarios amigos, convenientemente retorcidas y consensuadas. A Rajoy, la realidad se la trae al fresco. A Rajoy, en absoluto le importa mentir cuantas veces lo crea conveniente. Lo ha venido demostrando una y otra vez, aunque su galleguismo le lleve a rematar sus mentiras con la ambigüedad de un "o no" o un "salvo algunas cosas" o su torpeza congénita le empuje a revelar, como ayer hizo con la fecha de la firma del esperado acuerdo de paz en Colombia, secretos y confidencias.
Rajoy es un político del XIX, quizá por haberse criado en el ambiente provinciano de Pontevedra, en el que su padre era toda una autoridad, como lo es el presidente de su Audiencia. Rajoy, registrador de la propiedad por oposición, es un personaje de otro siglo que parece no haber entendido que, hoy, la realidad no se puede ahogar en la tinta de los titulares de un periódico, que parece no enterarse de que, si la mentira ha tenido siempre las patas muy cortas, hoy apenas se arrastra unos metros antes de ser pisoteada por la contumacia de réplicas y desmentidos en las redes. No lo entiende ni le importa, porque a quien busca es a la gente de un solo telediario, a los asustadizos pensionistas y rentistas de esa mitad de España que se recuesta sobre la otra. No le importa, porque no necesita más para seguir donde está.
La verdad, es muy triste tener que decirlo, tener que reconocer que el político más votado en este país parece sacado de una novela de Galdós. Es muy triste, pero es así y, si esa es la realidad que tenemos, es porque nos la merecemos, porque también los españoles somos un poco del XIX, hijos de la prensa del XIX que conforma nuestras ideas, esclavos del egoísmo decimonónico, corto de miras y fatalista, egoísmo que no es muy distinto del de quienes nos representan, ávidos de nuestros votos no para resolver nuestros problemas, sino para perpetuarse con ellos en el poder y, desde allí, esforzarse, no en cubrir nuestras necesidades, sino en cubrir lo que creen que son nuestras necesidades, pero a mayor gloria, siempre, de sí mismos.
Tenemos al frente del gobierno a un personaje decimonónico del que dicen que un puro y el MARCA le bastan para ser feliz. Pero no. No nos dejemos engañar. Rajoy es uno de los personajes más ambiciosos que han pasado por la política española. Más ambicioso aún que Aznar, para el que fue imprescindible organizando y costeando sus campañas electorales y financiando, a base de sobres marrones y cajas de puros, al partido y a sus líderes.
Rajoy, insisto, es un político de otro siglo, un usurero de Dickens que, como su personaje, míster Scrooge, no cree en la Navidad y está dispuesto a amargársela y amargárnosla, aunque quien sabe si sus retorcidos planes contemplan una victoria por mayoría absoluta con una abstención descomunal, forzada por el tedio o los compromisos familiares o por el nefasto funcionamiento del voto por correo.

miércoles, 31 de agosto de 2016

¡BENDITA MEMORIA!


Escuchando ayer a Rajoy su discurso de investidura, tedioso y el peor de su historia, según gran parte de la prensa, no pude por menos que recordar a mi padre, noventa y dos años, y a otras personas como mi padre, a las que la memoria comienza ya a descarrilarles. Y si recordé a mi padre, es porque oyendo a ese muñeco vestido de azul que pretende gobernarnos otros cuatro años, me preguntaba cuál podría ser la reacción de quién carece de memoria o está empezando a perderla ante tal ristra de promesas incumplidas e imposibles de cumplir o ante esa colección de logros que, de serlo, no lo han sido gracias a su gestión, sino a la situación internacional y, sobre todo, al sacrificio de millones de españoles a los que ha robado el futuro y difícilmente se lo devolverá.
Por eso agradecí esta bendita memoria que nos permite discernir entra las palabras y los hechos, la misma que permite confrontar, ahora con la cruda herramienta de fonotecas y hemerotecas, lo que se dijo o se hizo con lo que se dice que se dijo o se hizo. La misma memoria que, ante la imagen de ese señor del traje azul con su raída corbata fetiche, dispara todas nuestras alarmas y nos alerta de que quien dice ahora todos esos "diegos" en campaña es el mismo que en el consejo de ministros dictaba y firmaba los "digos" que todos hemos sufrido.
Gracias también a la memoria me parecieron un suspiro los apenas dos minutos que este dragón de Komodo de la política española, tan lento de movimientos como resulta ponzoñoso su contacto, dedicó a la corrupción o a su poco o nada creíble propósito de enmienda. Esos escasos dos minutos dedicados a ese epígrafe no bastaron, al menos a mí no me bastaron, para hacer desfilar por mi memoria los rostros y las caras de los Camps, Granados, Gómez de la Serna, Pujalte, Rita Barberá, Bárcenas, Esperanza Aguirre y su entorno de ranas, los Fabra y las oportunidades de negocio y toda una lista de indeseables condenados o no que, con la excusa de la eficacia han utilizado lo público para llenarse los bolsillos y engrasar la máquina electoral de su partidos, perpetuándolo en el poder y la rapiña.
La memoria que no le faltó a ese señor empeñado en comerse las eñes de señorías y en llenar el aire de eses líquidas para anunciar el apocalipsis alternativo a su gobierno, como tampoco le abandonó a la hora de parapetarse tras la bandera del peor españolismo, echando abajo imprudentemente, los puentes por los que podrían llegarle en caso de necesidad los votos de la derecha nacionalista, a la que ofendió y cabreó innecesariamente.
Está claro que la memoria, nuestra memoria, a Rajoy "se le ¡importa una figa", `porque la única que le preocupa es la de los votantes que imagina, todos, en el barrio de Salamanca, el único lugar en el que he visto, dos veces, billetes de 500 euros, esos señores de cafetería fina, tortitas con nata y pastas para el té a los que el portero les sube el ABC desde hace décadas, los que tan bien quedan retratados en "Renacimiento", la novela de Manuel Longares, a los que no les duelen prendas a la hora de mantener al partido que desmantela una sanidad y una educación públicas que ellos no necesitan.
Seguro que pensaba en ellos y en el Colegio del Pilar, cuando habló de negociar un gran pacto por la Educación, sin que se le escapara la risa recordando a Wert, su ministro "destroyer", hoy jardinero enamorado en París.
Menos mal que tenemos memoria, esa bendita memoria que nos llena de arañas el estómago cuando escuchamos algunas cosas, esa bendita memoria que nos pone en guardia ante quienes una y otra vez nos hacen "pedorretas" con el BOE y nos arruinan la vida. Menos mal que la tenemos y ojalá la tengan otros a los que, después de quitarles la honra en el huerto del pacto, ninguneó en su discurso.
Rajoy, como cualquier gerifalte de la derecha de este país, va sobrado. Pretende el apoyo de todos a cambio de nada, porque cree que el poder es su lugar natural y que el país se lo debe. Menos mal que algunos aún tenemos memoria ¡Bendita memoria que nos permite recordar quién es quién y lo que cuesta dejar de serlo!

martes, 30 de agosto de 2016

ACABAR CON EL CORSÉ


De repente, se acabó el verano. Un verano extraño, un verano de mal estudiante, de estudiante desganado y aburrido, al que junio no le fue propicio y ni julio ni agosto le han servido para poner las materias "cateadas" al día. Un estudiante que se enfrenta a los exámenes como un mal trago, un trámite por el que hay que pasar sin la más mínima esperanza de superarlo para seguir adelante.
Bien es verdad que, a ese estudiante, después de tantas horas perdidas ante los apuntes, después de tantas ilusiones, angustias y fracasos, le han crecido espolones y se le ha retorcido el colmillo, para bien y para mal. Bien es verdad que ya no es el mismo, porque conoce as dificultades y los tics de quienes le han de tomar la lección.
La sensación que tengo al enfrentarme a este nuevo curso político, con las mismas materias, los mismos profesores y los mismos compañeros del que acabó en fracaso hace apenas tres meses, es la misma sensación que tuve cuando, aquel septiembre ya lejano, cuando equivocadamente estudiaba Veterinaria, me vi incapaz de superar los exámenes de septiembre, con las mismas asignaturas que ya no me ilusionaban, con el hastío acumulado en los meses perdidos. Bien es verdad que fui capaz de armarme del valor suficiente para reconocer que así no podía seguir, primero ante mí mismo y después ante mis padres, comprometiéndome en un giro de ciento ochenta grados que, para mi fortuna, acabó resultando positivo.
Creo que el país, y me refiero a España, porque al otro país, EL PAÍS, lo doy ya por perdido, está ante una encrucijada como la que yo viví. Lo que le ocurre a España, a los españoles, es que la carrera que estudia ya no les satisface, en una facultad y con unas normas que no le sirven. España ha demostrad, y por dos veces, que no quiere estudiar bipartidismo. Lo malo es que aún sigue matriculada en esa carrera en la que, por desgracia, no está contemplado que los partidos con capacidad de decidir y proponer leyes sean más de dos, porque, por mucho que se ganen elecciones, esas victorias no bastan para formar las mayorías precisas para gobernar.
Lo malo, lo peor de todo, es que el parlamento, el terreno de juego, en el que han de confrontarse unos y otros sólo está pensado para dos, porque en él se pintaron las rayas que marcan sus límites y se dictaron las normas para que los contendientes fuesen sólo dos y, de haber un tercero, se le pudiese ir arrinconando hasta sacarle fuera por las buenas o por las malas.
La ley electoral y los reglamentos de las cámaras en las que ha de hacerse la política están diseñadas para que, en España, haya sólo dos partidos. Pero no sólo eso, el sistema, y no me refiero al político, más bien hablo de las grandes corporaciones, las que estrangulan al poder para debilitarlo y hacerlo dócil y manipulable, se maneja mejor con dos partidos, dos voluntades a los que engatusar, manejar o, por qué no, sobornar, para pagar impuestos ridículos mientras el país, muy especialmente, nuestra Seguridad Social, se asfixia. Por eso presiona y presiona hasta alinear al PSOE junto al PP versión A y el PP versión B, aún a costa de su ruptura y la desafección de sus votantes,
Al IBEX 35 no le gusta que sus asuntos dependan de la decisión de tres o más partidos, porque es más fácil "llevarse al huerto" a un diputado "de los de toda la vida" que a un "rasta", aunque nunca se sabe. Por eso, el IBEX 35 y su acorazada de opinar, desde el ya decadente t desacreditado Juan Luis Cebrián al Financial Times, tratan de quebrarle la cintura a Pedro Sánchez, para que el "Pacto de los toros de Guisando" sea a tres y no sólo a dos, porque Coalición Canaria es ahora más simbólica que necesaria.
Por eso, en este curso que comienza, alguien tiene que atreverse, alguien tiene que desatar el corsé que comprime la voluntad de los ciudadanos, para esconder los michelines de su diversidad y convertirla en una imposible cintura de avisa que, antes o después, en lo general y en lo particular, acabará doliéndonos.
No sé cómo ni sé quién lo va a lograr, pero alguien tiene que acabar, no con el bipartidismo, que de eso nos encargamos los ciudadanos, sino con el corsé legislativo que se encarga de modelar nuestra voluntad.

viernes, 15 de julio de 2016

INJUSTICIA Y TERROR


Cuando ayer me fui a la cama, aún no sabía nada de la tragedia que acababa de ocurrir en Niza. Me acosté y, de hecho, hoy me he levantado pensando en escribir sobre lo lejos que están los gobiernos de nosotros, los ciudadanos. Pensaba en que hace ya años, décadas, que estos gobiernos tienen poco o nada que ver con quienes les votan, que le único que esperan de aquellos para quienes dicen gobernar es que les voten una y otra vez y, para ello, trampean con los presupuestos, las obras públicas y los impuestos para que un puente, una carretera o unos pocos euros en el bolsillo de casi todos, que se convierten en bastantes más en los de unos pocos, bastan para tapar todos los desmanes anteriores y hacer creíbles promesas inverosímiles.
Pensaba, por ejemplo, en lo que le cuesta a una izquierda que hace demasiado tiempo no se comporta como tal, unirse al resto de la izquierda, ahora que puede, para formar un gobierno que subvierta este estado de cosas tan injusto que ha devuelto a nuestro país, el hambre y la desigualdad. Pensaba en qué es lo que les ha llevado a dejarse acunar en los brazos del capital más salvaje, uno que ni siquiera Marx y Engels llegaron a imaginar, para, engatusados por los halagos y las migajas de la mesa de los poderosos, dejarles hacer y deshacer a su antojo leyes que, luego, ni siquiera respetan.
Me fui a la cama pensando que quien debía haber velado para que los europeos todos, también los griegos, también los portugueses, también nosotros, viviésemos en la mejor Europa posible, a salvo de los vaivenes de la política y la economía, el miserable, ya puedo decirlo, anfitrión del aquelarre de las Azores, el amoral José Manuel Durao Barroso, era, en realidad, un tapado de la banca que trajo la desgracia al mundo, con la basura tóxica de sus hipotecas-basura, de la banca que maquilló las muy oscuras cuentas griegas, empujando al país mediterráneo y al resto de la Europa mediterránea hacia el abismo de la crisis y la miseria, el ex presidente de la comisión, se marchaba, no a casa, sino al lujo de un despacho, desde el que seguir trabajando contra quienes debería haber defendido, cobrando de esos a los que ha engañado y pretende seguir engañando, una pensión mensual que supere lo que reciben muchos europeos después de toda una vida de trabajo.
Me fui a la cama pensando que esto no puede durar mucho más y que, si no es desde la política, será desde otro ámbito como se cambiará o se intentará cambiar este estado de cosas, este mundo desigual que se parece demasiad a una olla a punto de reventar.
Me acosté pensando en todo eso y me he levantado con el sobresalto provocado por quienes también creen que este mundo no es posible, con un ejemplo de hasta dónde puede llegar la desesperación humana o el uso que algunos pueden hacer de ella, hasta donde llega la codiciosa ceguera de unos que provoca la rabia ciega de otros, llevándose por delante la vida y la felicidad de quienes, quizá, no tienen nada que ver con una ni con otra.
Barbaridades como la de anoche llevan a gobernantes poco inteligentes y demasiado comprometidos con oscuros intereses a responder al terror con más terror, a responder a las bombas y los asesinatos con bombardeos y asesinatos indiscriminados, daños colaterales les llaman, que volverán  alimentar la espiral del odio y la violencia indiscriminada, una espiral en la que sólo ganan las petroleras, las grandes constructoras, las empresas que venden falsa seguridad y, sobre todo, quienes amasan fortunas con la sangre de las víctimas de las armas que fabrican. Y ganan, también, quienes sólo saben responder con venganzas y odio a quienes odian también a quienes dicen defender, porque les convierten en rehenes de la desconfianza y la marginación de sus vecinos.
Unos y otros saben muy bien lo que hacen. Unos y otros saben de sobra que no es con dolor como se combate el dolor, que no es con odio que se acaba con el odio. Saben muy bien cuantos más desheredados haya en la tierra más gente habrá que, sin armas, sin bombas, con un camión, un coche, una motocicleta o un cuchillo de cocina tratarán de acabar con su rabia. Saben de sobra que, si siguen sembrando injusticia, no tardarán en aparecer nuevos mártires capaces de sembrar de sangre y dolor el escenario de lo que debería haber sido una fiesta. Saben de sobra que recluyendo a los jóvenes hijos de inmigrantes, jóvenes sin futuro, en guetos desolados y desoladores, cuando se les niega la esperanza, se les pone en la vía del martirio criel. Saben de sobra que, antes o después, la injusticia acaba convirtiéndose en terror.

jueves, 14 de julio de 2016

DANDO PALMAS Y SILBANDO


Recuerdo de mis tiempos del colegio que cuando alguien hacía una trastada, por ejemplo, la de esconder la cartera, porque entonces había carteras, no mochilas, se decía eso de "dando palmas y silbando", para garantizar que nadie movía nada ni conspiraba con el compañero.  Esa era en aquellos tiempos de pícara inocencia la expresión máxima del disimulo, porque batiendo palmas o silbando era imposible hacer otra cosa.
Con el tiempo, acabaría aprendiendo que, también dando palmas y silbando, no como se dan en un concierto o un partido de fútbol, se puede conspirar y se conspira. Pero quedémonos con el recuerdo infantil y su significado. para describir gráficamente lo que nuestros líderes políticos llevan días haciendo: dar palmas y silbar, para no decir claramente lo que desde hace días tienen decidido hacer.
Tengo más que claro que Rajoy no tiene pensado tirarse a la piscina de una nueva investidura, sin haber comprobado que en ella hay suficientes abstenciones para que, en el peor de los casos -desde su punto de vista, claro- puede salir a flote el encargo de formar gobierno. Pero tengo, también, tanto o más claro, que el gallego impasible no está dispuesto a entrar en el horno de un otoño caliente, lleno de huelgas manifestaciones y agitación social, sin la protección ignífuga de un acuerdo de legislatura.
Rajoy anda ahora en esa contradicción tan suya de no callar, pero decir, en ese "todo, salvo alguna cosa”, tan propio de quien sabe, pero calla, al tiempo que no quiere verse pillado en renuncio, eso tan gallego de cubrir todos los flancos y controlar todas las salidas. Por eso no dejó ayer completamente cerrada su postura, por eso se reservó el "botón del pánico" para no sentirse encerrado con problemas que ya no podrá "resolver" mediante decretos-ley, por eso, al final de cada frase, dejó colgados los correspondientes condicionales.
Otro tanto hizo Abert Rivera, el aliado natural del PP, según dijo ayer Pedro Sánchez, pese a que en su fracasado intento de investidura se escudó en sus faldas, para no lograr con Podemos, el acuerdo más lógico y deseado para la mayoría del electorado. Rivera anunció lo que haría su partido, pero dando palmas y silbando a la hora de justificar su consentimiento final a que Rajoy gobierne, si éste quiere, porque dijo que lo haría por responsabilidad, algo parecido al "imperativo legal" con que algunos diputados reticentes a ella juraban la constitución.
Por su parte Pedro Sánchez, con la voz engolada y poco creíble de las ocasiones solemnes mareó su particular perdiz, cebada con consignas y argumentos ya escuchados en los miembros de la ejecutiva, tratando de envolver en vaselina el enrome y decepcionante supositorio de la vergonzosa abstención, total, parcial o mediopensionista, que acabará introduciendo en el confiado e inocente recto de sus votantes No me lo creo y más cuando deja entrever, mientras "da palmas y silba", su disposición a intentar otra vez el ridículos de aceptar una nueva investidura.
Quizá, porque no le quede otra, Podemos es quien menos disimula. curado ya de espanto y aprendida ya la lección de que aún no ha llegado su momento. Está más tranquilo y se explica mejor que los otros, porque le es más fácil la coherencia. Su posición es, ahora mismo, la que más poder tiene en su mano, tanto que, si quisiese, podría hacer la trastada de forzar con su abstención, "dando palmas y silbando", un gobierno de Rajoy en penosa minoría, aunque Ciudadanos y el PSOE no quieran.

miércoles, 13 de julio de 2016

PASA TÚ PRIMERO, QUE A MÍ ME DA LA RISA


Cuenta un chiste, nunca he sabido si está inspirado en una historia real, que un comerciante, cansado de que los cacos entrasen en su negocio por las noches, decidió esperarles tras la persiana del cierre, sentado pacientemente, con un garrote para recibirles. Una de esas noches, los cacos volvieron y, cuando el primero levanto el cierre y asomó la cabeza, el comerciante le dio tal palo que le reventó la boca. El caco retrocedió hacia donde estaba su compañero y, tapándose con una de sus manos la boca ensangrentada, farfulló "pasa tú primero, que a mí me da la risa".
He recordado esta historia al ver ayer al "brillante" líder de Ciudadanos, Albert Rivera, encaminarse, más que contrariado, a regañadientes hacia la abstención que dará a Rajoy otros cuatro años de gobierno, algo que no sólo va a ser irremediable, sino que gran parte de los postulados económicos del PP entrarían dentro de la lógica de su partido y eso, a pesar de determinados gestos y actitudes regeneracionistas de Ciudadanos choquen con los viejos vicios de los populares.
Ayer, un Rivera cada vez más críptico anunció su no pero sí a Rajoy, dándose el tiempo suficiente para que su postura sea respaldada por la dirección de su partido, pero, sobre todo, dejando pasar a Pedro Sánchez y su PSOE hacia el interior de la tienda, donde les esperan el garrote de la prensa y la opinión pública. 
Y es que es muy difícil casar en los próximos días, probablemente antes de agosto, la abstención total o parcial de unos y otros que permitiría gobernar a Rajoy con lo dicho tantas veces, por activa o por pasiva, en la campaña electoral ese "no es no" repetido como una letanía por unos y otros que, visto el resultado electoral, se ha ido desinflando como un suflé mal horneado, dejándoles en una posición de incomodidad directamente proporcional a la tenacidad con que mantuvieron en campaña su no absoluto a Rajoy.
Lo que toca ahora, ante lo irremediable, ante el espectáculo de acudir al Congreso para, con las orejas gachas, mirar para otro lado, mientras el más impopular de los presidentes que ha tenido este país se sale otra vez con la suya. Lo que toca es asumir los errores y dejar paso, si los hay, a quienes sean capaces de reanimar a esos partidos y a este país, sin resuello ni ilusión, después de haberle puesto dos veces la miel en los labios para, como a un niño al que se quiere enrabietar, quitárselo sin más.
Lo que toca es reconocer, en la izquierda y en la derecha, que se ha fracasado que, mal aconsejados por la ambición y el espejismo de mejorar resultados ante unas segundas elecciones, despreciaron la mejor oportunidad que tendrán nunca de acabar con la casta y con esos "viejos" partidos, sin darse cuenta de que ellos mismos estaban envejeciendo.
La situación actual no es muy distinta de la que dejó el 20-D. La única diferencia radica en que todos los partidos, a excepción del PP, saben que en unas terceras elecciones sus resultados empeorarían y que tendrían más posibilidades una cicciolina o un chiquilicuatre que ellos mismos. Por eso les toca ahora pasar el mal trago de admitir el fracaso, de hacer lo contrario de lo que dijeron que harían, de someterse a la humillación de tener que ceder ante lo inevitable. Por eso se afanan ahora en encontrar la excusa más creíble para la abstención que tendrán que regalar a Rajoy. Por eso se esfuerzan en el equilibrio imposible que les permita taparse su boca reventada, mientras le dicen al otro "pasa tú, que a mí me da la risa", para que elq eu se llev el palo gordo ante la opinión pública o para no ser los únicos en llevárselo, cuando Rajoy vuelva a tomar posesión como presidente.

martes, 12 de julio de 2016

TRISTEZA Y CONSUELO DE MESSI


No podéis imaginar cómo se agradece poder hablar de otra cosa que no sea la penosa formación de gobierno, con unos protagonistas como el mentirosillo y contradictorio Albert Rivera, el fracasado Pedro Sánchez, enfrentado por fin ante su propia insignificancia, el soberbio Pablo Iglesias, capaz de atribuir su fracaso a su propia lucidez o, por último, el paciente Mariano Rajoy, sabio calculador de tiempos que, al final, se saldrá con las suyas, mientras sus rivales se cuecen en el jugo agridulce de su poco documentada ambición.
Cansado de revolcarme como una croqueta en la aburrida actualidad política, ayer me entero de lo que no puede ser calificado más que como vergonzante campaña del Fútbol Club Barcelona en apoyo de su jugador estrella, Leo Messi, condenado a veintiún meses de prisión, siete meses por cada uno de los delitos de fraude, cometido por el jugador junto a su padre en las declaraciones de ingresos correspondientes a los años 2007, 2008 y 2009. Una campaña que ofende, incluso a quienes gozamos con el Barça y el juego del argentino, pero pagamos religiosamente nuestros impuestos.
Cuesta creer que haya gente capaz de perdonar las trampas del jugador por las satisfacciones que le haya podido dar en el campo. Del mismo modo, cuesta imaginar que haya gente capaz de creer que hay una persecución contra Messi desde las oscuras instancias del Estado, por jugar en un equipo catalán y darle los triunfos que para sí querría "el equipo del régimen". Pero, como dicen que dijo el torero Rafael Gómez Ortega, "el Gallo", cuando le presentaron a José Ortega y Gasset diciéndole que era filósofo, "hay gente pa to".
Hay gente pa to y hay dente que lo sabe y por eso, como ha hecho la dirección del Barça, se vuelca en acciones como esta ridícula campaña para lavar su mala conciencia por no haber dado su apoyo en su momento al jugador y para consolarle, ahora que parece abrumado por un castigo, que todavía no es firme, pero que le crearía antecedentes y le colocaría bajo la espada de Damocles de tener que entrar en prisión tras cualquier otra condena, aunque fuese por ser "pillado" superando con creces la tasa permitida en un control de alcoholemia. El Barça sabe que Messi es frágil y que, al sentirse herido y perseguido, podría hacer las maletas para desplegar su magia en otros pagos. De ahí esa infantil y cara protección psicológica, muy al estilo del argentino "Leo no te vayas" que, a mí, personalmente, me sonroja.
Me da mucha vergüenza, porque la condena y la defensa que se hace de Messi no son muy distintas de la condena que en su día sufrió "nuestra" Lola Flores y la campaña que ella misma emprendió para ser perdonada. La postura de quienes pretenden el perdón de Messi basándose en lo bien que juega al fútbol no es muy distinta de la de quienes votan a Rajoy, a pesar de la corrupción que le rodea, porque les va bien a sus impuestos.
Me desconcierta que muchos de quienes piden el perdón de Messi, reclamen a las claras la condena de Cristina de Borbón. No se dan cuenta de que los destinos de ambos están más que atados, porque sus delitos son de índole parecida y su estrategia de defensa, calcada. Hay que tener un poco más de coherencia y, sobre todos, pensar en nosotros y en nuestros vecinos. Hay que pensar que la piscina y el cuidado césped de Messi son caros, sí, pero también lo son los parques en los que juegan nuestros niños, las escuelas en las que estudian, los campos de fútbol públicos en los que sueñan en ser como él, o los hospitales donde les curan también lo son.
Pero tampoco hay que olvidar que, si bien es verdad que lo defraudado y la correspondiente multa, ya abonadas por Messi, le convierten en el mayor contribuyente particular de España, no hay que dejar de tener presente que lo es porque también es el particular que más dinero ha ganado y que nada le da derecho a ignorar leyes que lo son para todos.
Tal vez Messi esté triste y haya que consolarle. Pero no dejéis de tener presente que mucho más lo están quienes no pueden llevar a la piscina a sus hijos estos días de calor, o, peor aún, darles de comer dignamente.