viernes, 2 de octubre de 2015

OTRA VEZ RATO



No seré yo quien diga que en eso de las trampas los Rato son como los Ruiz Mateos, pero siempre, desde los tiempos del dictador Franco, han andado como los jerezanos, sacando su dinero fuera de España y conocen, como ellos, el peculiar olor de las prisiones.
Alguien dirá que la detención y encarcelamiento del padre y  el hermano del ex director del FMI en medio de una boda por un asunto relacionado con la de fuga de capitales fue una arbitrariedad del sátrapa gallego, pero si hubo tal arbitrariedad, lo fue por enviarles a prisión, cuando lo habitual era hacer la vista gorda con las "buenas familias", pero los Rato tuvieron la osadía -ay, ese carácter- de exigir una deuda a la familia Franco y, claro, eso de llevarse el dinero a Suiza a través de la filial en Ginebra del banco familiar Siero no pudo ser perdonado.
Cuando hace unos meses Rato fue detenido en una perfecta coreografía organizada por quien fue su estrecho colaborador, Cristóbal Montoro, parecía que nada podía ir peor. De hecho, cuando las aguas se calmaron, el ministro del Interior, en un alarde de imprudencia, le recibió sorprendentemente en su despacho del Ministerio y tuvo que dar explicaciones por ello. Dijo Fernández Díaz que Rato  estaba preocupado por su seguridad y la de sus allegados, amenazados e insultados, especialmente en las redes, algo común en quienes alcanzan, para bien o para mal, una cierta notoriedad. 
Así que, con esas explicaciones, el crédito del ministro que mintió durante días sobre  la muerte de quince inmigrantes ahogados bajo las pelotas de goma de la Guardia Civil en las playas de Ceuta, no es que creciera tras decirlo. Todo el mundo pensó inmediatamente en que Rato había acudido al despacho del ministro, bien para recabar información sobre las investigaciones en torno a su persona o bien, según los más maliciosos, para advertirle de lo que sabe y podría contar de sus "viejos amigos".
Ayer nos despertamos con el contenido de la declaración ante el juez del presunto testaferro de Rato en el feo asunto del cobro de dos millones en comisiones a agencias de publicidad que contrataban con la ya "tocada" Bankia, omisiones que, por lo dicho por el testaferro encarcelado podría haber recibido Rato en pagos de 40.000 euros por asesorías verbales, de las que no existe ningún rastro documental.
Pues bien, cuando hoy esperaba que me despertasen con la extravagante propuesta de la CUP para dar sin dar a Mas la presidencia de la Generalitat envuelta en la torna de dos o tres presidentes más que no dejas en tan mal lugar a la candidatura radical que tendría que desdecirse abriendo paso a Mas en solitario, cuando esperaba que me representasen otra nueva escena de este sainete, me sorprenden con otra información, la de que la secretaria de Rato "de toda la vida" y otro de sus testaferros están detenidos desde hace dos días. Y no sólo eso, porque también nos hemos enterado de que el mismo Rodrigo Rato estuvo declarando ayer, durante cuatro horas, ante la Guardia Civil.
Mal asunto para Rato y para los  mentores del que ha sido el bluf más bluf  de la política española. Mal asunto para el partido que aún antes de ayer hablaba de él como el "ministro milagro", cuando en realidad, lo estamos viendo, no fue más que el artífice de las burbujas, inmobiliaria y bancaria,  que nos han traído hasta donde estamos, Y, por si fuera poco, nos enteramos de que abusaba de su  rango, obteniendo créditos blandos, con la sola garantía de su nombre, para inyectar mil millones de pesetas en las decrépitas empresas familiares o que Francisco González, hoy en el BBVA, colocado por el propio Rato al frente de Argentaria condonó una deuda del de trescientos doce mil euros ex ministro. Mal asunto para quien insiste en presentarse al frente del PP a las elecciones que ayer, por sorpresa y en un plató de televisión "convocó" para el 20 de diciembre. Mal asunto porque, cuando llego a la Moncloa, hizo suya la política de Rato y porque todos y cada uno de los malos paso dados por este truhan en la esfera pública han contado hasta hace bien poco, con su bendición.
Otra vez Rato ha vuelto a las primeras, no para todos los medios, que alguno está tan remolón en este asunto como lo estuvo en el de las preferentes, y no va a parar, porque lo que pueda ocurrir en las próximas horas traerá mucha cola y mucha zozobra al que fue su partido y que puede verse envuelto por el desastre Rato en plena campaña electoral, quizá la última desde el Gobierno.


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jueves, 1 de octubre de 2015

LA ÚNICA SALIDA


Ayer, mientras me desplazaba en taxi por Madrid, escuché por fin y en la radio, en una emisora que no es la que escucho habitualmente, la primera propuesta razonable respecto al futuro de Cataluña y España. La hacía Alfredo Pérez Rubalcaba y, la verdad, me alegra de que el que fuera líder del PSOE en sus peores momentos hubiese recuperado el músculo y a clarividencia que siempre le ha tenido. No he vuelto a escuchar esas palabras de Rubalcaba ni las he visto recogidas en la prensa y no sé si ha sido porque eran exclusiva de Onda Cero, a mí me sonaron a "canutazo" en los pasillos, o porque su propuesta es tan sencilla y tan lógica, es tan poco estridente, que no ha merecido la atención del resto de medios. 
Creo recordar que lo que decía Rubalcaba es que los catalanes  quieren ser consultados sobre si quieren marcharse de España o quedarse en ella, pero que la pregunta no debe ser esa, sino si quieren marcharse de España o quedarse en una España que atienda sus demandas. Ya digo que no sé si las palabras son exactas, aunque sí, seguro, ese es el espíritu de las mismas. Es tan elemental que nadie lo ha planteado así, con tanta claridad hasta ahora, quizá porque lo han dado por sobreentendido o quizá, entre los independentistas, porque no les ha interesado que los catalanes manejasen alternativas que no sean la España madrastra, España a secas como culpable de todos los males de los catalanes, en su ideario, o la Cataluña utópica, casi casi de cuento de hadas, en la que los catalanes serán  para siempre felices y comerán perdices.
Lo que sin duda propone Rubalcaba es que, de aquí a que se haga esa consulta, el gobierno catalán, lo presida Mas o quien sea y el gobierno que salga de las generales de diciembre negocien las reformas necesarias para que los catalanes, de una vez, se sientan bien tratados y queridos por el resto de los españoles y, sobre todo, por su gobierno y, por qué no decirlo, por la opinión pública y publicada en lo que llaman, u me duele que así sea, España.
Ese ha sido el gran problema o al menos uno de los mayores problemas que han conducido a que la distancia innegable que existe entre los catalanes y el resto de España aumentase. Los medios de comunicación de ámbito nacional, probablemente después de echar cuentas, decidieron renunciar a atender a los lectores y espectadores catalanes, acomodando sus informaciones, incluso las que hacen referencia a Cataluña al paladar, no precisamente exquisito, de la masa de espectadores que buscan sus anunciantes.
Mientras, sin competencia, dada la renuncia de los medios nacionales a informar en catalán y desde Cataluña de los asuntos catalanes, los medios de allá fueron poco a poco radicalizando sus mensajes, cultivando el victimismo y la diferencia y recogiendo la cosecha de afrentas, como si de chabacana información deportiva se tratarse, cultivando lo abrupto, derribando los puentes y renunciando a un entendimiento que antes que necesario debería ser lógico. A nadie le gusta que, en un estadio, le agiten otras banderas que no sean de los equipos, a nadie le gusta que le reprochen que hable en su lengua, como tampoco le gusta que se nieguen atenderle en la suya.
Son cosas que parecen pequeñas, pero que han sido la argamasa de este muro que parece haberse levantado, no sólo entre los catalanes y el resto de España, sino entre los catalanes que imaginan el futuro de su tierra de una y otra forma. Cosas pequeñas que llevan a otras más grandes que podrían haberse evitado si, cuando se construyó la fracasada "España de las autonomías" no se hubiese recurrido al "café para todos", limitándola a las tres o cuatro autonomías históricas, en lugar de afrentar a los diferentes en lengua o historia al resto.
Ahora, después del severo toque de atención que dieron los catalanes el domingo, es el momento de ponerse a trabajar y, sobre todo, de corregir errores pasados, de conceder a los catalanes el Estatuto que de merecen, que ya aprobaron su parlamento y ellos mismos mediante referéndum y, más adelante, en la futura consulta, preguntarles si quieren salir de España o quedarse tal y como desean y merecen.
Rajoy, su partido y sus oscuros intereses nos ha hecho perder casi una década u no sólo eso. También han conseguido con su zafiedad que quienes votan opciones independentistas pasen en sus cuatro años de gobierno de setecientos mil a dos millones.
La propuesta de Rubalcaba, espero que también de su partido y de otros  partidos, si tienen dos dedos de frente, es, en mi opinión, la única salida posible. Tal vez así, los catalanes, tambien los que votan a los independentistas, dejen de meter a todos los españoles en ese saco que injustamente llaman,  no sin rencor, España


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miércoles, 30 de septiembre de 2015

LIDERAZGOS



Parece que los tiempos no son los mejores, si no para los liderazgos, sí para los líderes al viejo estilo. La lucha despiadada por el poder dentro de los partidos, como el sueño de la razón, que decía  Goya, produce monstruos y, en cuanto vienen mal dadas o, por el contrario, cuando la gloria parece cercana, aparecen los "pepito grillo" y los díscolos que tienen el diagnóstico y la receta para todos los males de su partido, un partido que, a veces, han hundido ellos mismos.
Nos lo ha demostrado José María Aznar, que, desde su gabinete de FAES, nada que envidiar al del siniestro Doctor Caligari, anda "echando una mano" al partido que preside honorariamente, en forma de patadas en el ya maltrecho culo de Rajoy, el mismo que bendijo como todopoderoso sucesor, el que perdió, como él, dos elecciones, antes de llegar a la Moncloa, más que por méritos propios, por los deméritos de Zapatero.
José María Aznar ha hablado como un Zeus tomentoso y ha lanzado sus rayos contra la dirección de su partido al que dice ver peor que nunca y los ha hecho en un mal momento, el peor, porque a menos de tres meses, de unas elecciones generales, nadie osa abrir la boca, al menos en púbico, porque nadie quiere correr el riesgo de ir bien colocado en unas listas en las que el orden va a estar más reñido que nunca. Lo paradójico es que Aznar tiene razón, porque el PP, acosado por la corrupción, la sangría de votos, los batacazos electorales, la falta de ideas, su desconexión de la calle y en manos de un líder cobarde y simple, instalado desde hace meses en el peor de los ridículos, nunca ha estado peor. Tiene razón, pero n tiene buenas intenciones, ni para el PP ni para España. Tiene razón, pero, descalificando así a su delfín sin proponer soluciones o alternativas, tal parece que estuviese preparando su regreso.
Sin el dramatismo del PP, donde ya se huele la sangre y se escucha afilar los cuchillos, en el PSOE tampoco corren buenos tiempos, pese a que el desastre del PSC en las elecciones del domingo no ha sido tan terrible como algunos pronosticaban y vuelve a hablarse del partido como receptáculo del voto útil de la izquierda, sigue desorientado y enredado en un lío de banderas y una competición, así lo parece, por ser más español que nadie. Lo ha dejado claro Susana Díaz, que no ha tardado ni dos segundos en reclamar un liderazgo que devolviese a los españoles a los tiempos, en clara alusión a Felipe González, en los  que, según sus palabras, se reconciliaron con su pasaporte, como si quisiese marcar distancias con Pedro Sánchez con el que vino a hacerse la foto de familia tras las catalanas.
Liderazgos endebles que se inflan y se desinflan en meses, semanas o días. Y, para ello, no hay más que fijarse en un Mas triunfador abatido en sólo unas horas, las que tardo en comprobar que no tenía por sí sólo la mayoría necesaria para repetir presidencia y resucitado de entre sus cenizas, una vez que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña le ha otorgado la palma del martirio al señalarle como imputado por la consulta de hace meses,
Liderazgos que iluminan como bengalas y que se extinguen lánguidamente si no se saben administrar como es el caso de Pablo Iglesias cuestionado ya por el fondo y por las formas, que no acaba de despejar las incógnitas que abre su indeterminación, que controla con mano de hierro envuelta en guante de seda el aparato de su organización y que parece no querer ver que su éxito radicó en que supo aunar el descontento de una izquierda desencantada y dividida que, por fin, parecía haber encontrado el modo de dar utilidad a su voto. Pero, de eso, queda ya poco y si no despabila de aquí a diciembre, corre el peligro de echar sus sueños, y los nuestros, por la borda.
Y, frente a todos, Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, que, al menos en Cataluña, parece haber sabido rentabilizar su liderazgo, paradójicamente, por haber sabido compartirlo. Quizá en so radica el secreto, porque, cuando el liderazgo, es algo que hay que disputar y defender, cuando los asuntos internos de un partido se imponen a los problemas de la gente que dice querer solucionar, mal asunto.


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martes, 29 de septiembre de 2015

SALVEMOS A LOS VOTANTES DE PODEMOS, POR MANITÚ,



No. No ha sido un error. He escrito "los votantes de Podemos" y no "Podemos" con toda la intención.
Creo que quienes votamos a Podemos, quienes creemos en una izquierda regeneradora, merecemos algo más que un partido encerrado en sí mismo, en el que su secretario general, Pablo Iglesias, se empeña en ser el perejil de todas las salsas, tan pagado de sí mismo, que, pese a su rancio sentido del humor, más propio de un catequista que de un líder político de izquierdas, insiste en hacer chistes malos, en "amenizar" sus mítines destrozando canciones o contándonos todas las seres que ve en vacaciones, en lugar de aprovechar esos minutos en dejar claro lo que quiere para España y cómo lo quiere.
Tampoco debería "robar" protagonismo mediático a los candidatos a los que pretende apoyar, como ha hecho con Lluis Rabell, de cuyo programa, al menos en los medios nacionales, nada o muy poco se ha sabido. También debería empezar a definirse claramente, en lugar de manejarse en la niebla de la ambigüedad, hasta el punto de que, tras conocerse los resultados de la coalición en la que participa Podemos, Catalunya si que es pot,  en las elecciones del domingo, independentistas corrieron a coronarse con sus votos, que les darían la mayoría, mientras que los no independentistas, en mi opinión con toda la razón, hacían otro tanto. 
Nadie puede negar que Iglesias y sus compañeros de facultad fueron muy hábiles e hicieron muy bien al aprovechar el enorme descontento de los indignados en aquellas elecciones europeas que parecen ya tan lejanas. Pasaron de la sorpresa inicial al crecimiento espectacular en las encuestas, crecimiento que se fue apagando en las urnas, primero en Andalucía, después en las municipales y cuando acudió en alianzas, como en Galicia, Cádiz Madrid o Barcelona, pero no en las autonómicas, en las que en absoluto cumplió esas expectativas, hasta llegar a las catalanas del pasado domingo en que junto con el esperado hundimiento del PP, pasaron a ser la gran decepción, de la noche electoral, puesto que  su candidatura sumó menos escaños que los que obtuvo su socio, Iniciativa per Catalunya, en las anteriores autonómicas.
Lo cierto es que el empeño de Podemos en venderse caro a la hora de hacer coaliciones, imponiendo su pedigrí a la candidatura o imponiendo la ya cansina imagen de su "líder supremo" en los mítines y, por tanto, en los telediarios, está llevando a la frustración a sus votantes que están volviendo a dar su apoyo a los socialistas, al menos en las encuestas, o buscando otras opciones de izquierda, ese será mi caso, repudiadas por los chicos de "gran coleta morada".
Es lo que pasa por imponer tácticas y estrategias a la ideología, porque entre una y otra actitud hay un montón de posibilidades. Y es que no se puede desdibujarse la ideología en aras de un sólo hipotético crecimiento transversal del voto que, si lo hubo, fue en un momento de gran indignación, pero que se está recolocando y yendo a parar en su mayoría, de nuevo a los socialistas o a la emergente opción de Ciudadanos.
U en medio de estos cálculos, al parecer erróneos, nosotros, los votantes, nos sentimos huérfanos de una opción con posibilidades y camino de la frustración de haber perdido una oportunidad histórica de transformar este país y su sistema. Por eso, porque creo que el verdadero valor de Podemos, pese a lo que piensan sus dirigentes, está en la gente que les votó y aún puede hacerlo y no en ellos, pido "por Manitú" que hagan, hagamos, algo por salvar a esos votantes que con tanta ilusión tocamos el cambio con la punta de los dedos.


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lunes, 28 de septiembre de 2015

MOLTES GRÀCIES, SENYOR RAJOY



unque nunca lo reconocerán, las fuerzas que defenderán el proceso de independencia en la próxima legislatura del Parlament de Catalunya le deben mucho al peor jefe de Gobierno que ha tenido España desde que recupero la democracia. Quienes se hicieron ayer con la mayoría tiene que dar las gracias a Mariano Rajoy, porque, con su infinita torpeza y su evidente desprecio a los ciudadanos de Cataluña y sus aspiraciones, ha movilizado a una gran parte de sus votantes.
Mariano Rajoy es tan perfecto en sus imperfecciones que es capaz de actuar con la torpe miopía que le caracteriza, anticipándose, incluso, a su tempo. Así, pensando únicamente en el beneficio electoral que le reportaría en el resto del Estado, envió al Tribunal Constitucional un estatuto, el de 2006, que había sido aprobado por el Parlament de Cataluña, contaba con el visto bueno del Congreso, y que, sancionado por el rey, fue refrendado por la mayoría de los ciudadanos de Cataluña, algo que no fue sino un insisto a los catalanes y a su inteligencia y que yo, como demócrata, también tomé como una afrenta que, antes o después, tendría consecuencias, como las que ha tenido.
Aquella fue la semilla de la que brotó el llamado "proceso" que, de momento, nos ha llevado hasta los resultados de ayer y que, si la sensatez de unos y otros no lo remedia, puede llevarnos a territorios no deseados y más que difíciles de transitar. Los catalanes, al menos muchos de ellos, se sintieron como víctimas de una injusticia, puesto que su estatuto, el que el TC echó abajo  en varios de sus artículos, algunos vigentes en los de Andalucía y otras autonomías, se sintieron legitimados para emprender un nuevo camino, al margen de la ley o retorciéndola, ya que el estatuto aprobado por el camino recto no había sido respetado.
Con su corteza de miras, Rajoy, abrió la caja de Pandora del soberanismo, que acogió en sus filas a la maltrecha y hoy escindida CiU y que, con Artur Mas en la Generalitat, encontró la oportunidad y los medios para iniciar el camino hacia la, por el momento hipotética, independencia, un camino emprendido ante un PSOE y un PSC, débiles, desconcertados y en ocasiones enfrentados, e incapaces de modular las aspiraciones soberanistas de los catalanes.
Por si fuera poco todo lo dicho, Rajoy no supo o no quiso reaccionar ante la convocatoria electoral de ayer, optando por retrasar las generales hasta diciembre, sólo para aprobar deprisa y corriendo unos presupuestos hipoteca que dejar como herencia al gobierno que  salga de ellas. Quizá la coincidencia de una y otra convocatoria hubiese atemperado los resultados de ayer, sobre todo porque tanto él como sus  ministros y su cuadra de contertulios hubiesen tenido otras cosas en que pensar y quizá no hubiesen dicho ni hecho tantas tonterías. Quizá así no se hubiese invocado al ejército, no se hubiesen sacado a relucir pasaportes n fronteras inexistentes, no se hubiese arrojado a los catalanes fuera de Europa, a las tinieblas exteriores, no se hubiese movilizado a la diplomacia en busca de los apoyos de Cameron o Merkel, que bastante tienen ahora con lo suyo, o del mismísimo Obama, que sabía muy bien lo que tenía que decir, pese a la traición del traductor. Tampoco hubiese sido necesario "adornar" las palabras de Juncker con párrafos nunca dichos, ni habría sido necesario movilizar al gobernador del Banco de España ni a las fuerzas vivas de la Economía en Cataluña.
Pero Rajoy es torpe por naturaleza y más aún parecen serlo quienes le rodean, porque, el mismo día en que Merkel le bendijo con su apoyo, su grupo parlamentario, con el candidato García Albiol de vedette, presento un proyecto de reforma del Tribunal Constitucional, para dotarle de capacidad ejecutiva. Un candidato, el ex alcalde de Badalona, barrido ayer por los independentistas en su feudo, que fue el otro "gran acierto" de Rajoy, embroncando la campaña, hasta el punto de que la bronca acabó volviéndose contra el propio presidente, privándole de los baños de multitud, incluso rodeado de agresivos e imprudentes escoltas como el de la foto, que echó mano a la pistola por el mal cálculo de los asesores de su "jefe", que, a partir de entonces prefirio la protección de los hoteles y salones para sus encuentros y mítines
En resumidas cuentas, Rajoy y su partido, con su eterna actitud de dejar que las cosas se pudran, con su manía de meter palos en avisperos que no deberían haber sido tocados, con su torpeza verbal, con su falta de capacidad e interés, con su legendaria vaguería, capaces  de dejarle en evidencia ante una puntualización del periodista Carlos Alsina, para convertirse en la estrella de los mítines de Junts p'el si... Rajoy, insisto, es el verdadero artífice del triunfo de la lista en la que se escondía Mas, algo que en cualquier otro país le llevaría a la dimisión, pero que aquí ha resuelto con su vuelta al silencio. Por eso, cuando Junqueras ayer agradecía a candidatos e interventores el éxito de la jornada, muy bien podría haber concluido con un "moltes gràcies, senyor Rajoy".


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viernes, 25 de septiembre de 2015

SI PUDIERA VOTAR EL DOMINGO



Amo Cataluña desde que, de niño, las vacaciones en la playa de aquella Peñíscola de cañaverales y playas sin  hoteles ni chiringuitos incluían una visita a Barcelona, para ver a los tíos y las primas, en aquel piso tan fresco y tranquilo de Montjuic, por encima del Mercat dels flors, en el que siempre se oía cantar a los pájaros, salvo cuando había carreras de coches o de motos, amo aquellas sobremesas  p aquellos primeros vermuts, con aceitunas, en la terraza del bar de las esquina, escuchando al tío José hablando de "sus" caballos de la Guardia Urbana, hablando de sus carruseles, me quería veterinario y sé que le di un disgusto cuando dejé la carrera . Amo aquellas ramblas  por las que aún se podía pasear, en las que las únicas aglomeraciones eran las de los marineros de la VI Flota, borrachos y pendencieros, o las de algunos, no demasiados, turistas que desembarcaban de los cruceros. 
Amo el paisaje sereno del Bajo Ampurdán, sabio como la filosofía, a veces contradictoria, del payés culto que nunca dejó de ser Josep Pla, amo su escritura, amo esos paisajes que nadie pintó como él, los atardeceres equívocos en LLafranc, con el sol poniéndose sobre el mar y la montaña. Amo esas calas de la costa Brava con sus pinares junto al mar de aguas transparentes u amo esas montañas del Pirineo, desde el suave paisaje de Girona al majestuoso pirineo de Lleida. Amo los civets, la esqueixada de bacallà, el pa amb tomaca, el conejo con cigalas y chocolate, aquellos "pijamas", postres imposibles y prohibidos hoy para un diabético como yo, amo los bocadillos de sobrasada caliente del Núria, al comienzo de las Ramblas, cerca de Canaletas, donde celebra sus victorias el Barça que amo, desde los tiempos de Cruyff.
Amo la "música callada" de Mompou, las canciones de Serrat, mucho más tierno en catalán, alguna que otra habanera, el "cremat" en la playa en una noche de verano y las canciones íntimas, tan dulces y hermosas de aquel Lluis Llach que antes que nada era poeta. Amo el teatro de Els Joglars más que las violentas coreografías de la Fura dels Baus. Amo la poesía de Espriu y la de Gimferrer, la de Pere Quart y la de Verdaguer o Ausias Marchc que tan bien ha cantado el valenciano Raimon, vecino del Paseo Maragall, que tantas veces, incluso hoy, ha dicho no.
Amo El Carmelo, en el que tengo una familia, la de Carmen, amo la Ronda del Guinardó, frontera de acentos y de clases. Amo la literatura y la difícil y sincera personalidad de Juan Marsé. Amo el recuerdo del brillante y divertido Terenci Moix, amo a Maruja, Maruja Torres, con la que aprendí más, si cabe, a amar a esa Barcelona charnega, avispada y lista del Raval. Amo el paisaje real de Maki Navaja creado en tinta por Ivá, al que dio vida el inolvidable Pepe Rubianes. Amo en el recuerdo aquellas viejas golondrinas del puerto de Barcelona, aquellos tinglados hoy desaparecidos, el "rastro" d los encantes, los vermuts del Poble Sec, el barrio de Gracia, donde los gitanos adoptaron al Gato Pérez, un argentino, catalán a base de tragos y noches, que ha cantado como nadie a Barcelona.
Amo Cataluña, todas las cataluñas, y a los catalanes, a todos los catalanes, Por eso, si pudiese votar el domingo no sabría a quién. Ni siquiera sabría a quién votar, porque no me gusta esa lista "gazpacho" que es Junts p'el si, porque tiene demasiado ajo corrupto y antes o después acabara repitiéndome y porque hay algunos ingredientes ocultos que no sé muy bien si acabarán casando. Tampoco votaría a la chica de Rivera, demasiado lista y correcta para mi gusto, Mucho menos al impresentable de García Albiol. En cuanto a Catalunya si que es pot. el pelo sucio, la ambigüedad y el protagonismo de Pablo Iglesias no me han dejado ver de que van, a pesar de que la música de Rabell no me disgusta, En cuanto al bueno de Iceta, creo que es quien esgrime la mejor solución en su campaña, pero, ya lo he dicho, la está diluyendo con su baile. Además, esa solución llega tarde y desde el partido que, junto al PP, ha conseguido que lo que podía haberse resuelto con diálogo u pedagogía, allí y aquí, ha acabado en terrible enfrentamiento, para el que no veo aún una solución clara.
En fin, si pudiera votar el domingo, no sé si iría a las urnas y, en caso de hacerlo, lo que votaría. Lo que sí sé es a quien no daría nunca mi apoyo.


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jueves, 24 de septiembre de 2015

TRUCAJES




Hay decisiones que se toman en un instante, pero atan por muchos años. Hay decisiones que se toman seducido por un eslogan o por la imagen vista en una valla publicitaria, un anuncio en la televisión o en un periódico o, por qué no, siguiendo las opiniones los consejos de  aquellos a quienes tomamos por expertos. Hay decisiones que creemos tomar "con cabeza" y, sin embargo, las tomamos sin tener todos los datos en la mano y deslumbrados por la imagen que tenemos de una de las opciones, sin pararnos a pensar si lo que nos dicen o creemos que nos dicen es la realidad.
Y, como quienes nos quieren vender un coche, un perfume, un candidato o una independencia, saben de ésta nuestra debilidad, la aprovechan para decirnos que los coches alemanes nunca se estropean, que son más seguros o que contaminan menos. Por descontado, saben que antes o después habrá una avería, las ciudades seguirán  teniendo una atmósfera irrespirable y cruzarse y, mucho menos, hablar con Claudia Schiffer seguirá siendo un sueño prácticamente inalcanzable para quienes tengan un coche alemán, sea un opel, un bmw o un volkswagen.
Del mismo modo, que el lunes 28 el sol brille más intensamente en Cataluña, que encuentren trabajo los parados catalanes, que la banca internacional se rife las esquinas de Barcelona o Girona para abrir sucursales, que deje de haber niños mal nutridos u hospitales colapsados en el territorio de la  nueva nación que algunos catalanes esperan para ese día, será poco más que un sueño frustrado, si es que no se convierte en pesadilla.
Comenzamos la semana con la frustración de enterarnos de que  la fiabilidad alemana, esa honradez que parecía justificar la dureza extrema, casi cruel, de Angela Merkel para con los griegos por haber maquillado sus cuentas, una dureza que llevó a muchos ancianos a la miseria, a algunos al mismo suicidio, que hundió bancos y empresas que, ahora mismo, compran los mismos especuladores que les asfixian.
El desengaño sufrido con Volkswagen, que podría extenderse a otras marcas no sólo alemanas, va más allá de un comentario de barra de bar. El desengaño pone en duda la estrategia de muchos países europeos que persiguen el sueño de conseguir ciudades limpias limitando o castigando el acceso de los vehículos más contaminantes a las mismas, porque ahora sabemos que muchos de esos coches diésel que compramos porque consumen menos y están certificados como menos contaminantes y, por tanto, sin límite de acceso a las ciudades limpias, en realidad, contaminan tanto o más que los otros, porque llevan están dotados de un software cuyo único fin es el de falsear los resultados de las pruebas de certificación.
Esto no hace sino poner en evidencia que los fabricantes de automóviles se esfuerzan en abrillantar la carrocería u mantener limpio el tubo de escape de sus modelos hasta que el comprador los saca del concesionario, algo parecido a lo que hacen los políticos, que abrillantan sus programas y mantienen impoluto o, simplemente, no dejan ver el tubo de escape de los años de futuro gobierno. Lo malo, lo frustrante, será descubrir un día, demasiado tarde, que con ese voto que creíamos, así nos lo vendían, limpio y lleno de ventajas, no tenía las ventajas económicas prometidas, no ha resultado tan limpio como nos decían y, lo que es peor, no nos ha llevado al paraíso.

Unos y otros, fabricantes y políticos, nos engañan y engañan al sistema hasta pervertirlo cambiando sus fines hasta hacerlo irreconocible. Nos engañan y, para ello, no se paran a la hora de trucar y adornar sus "productos".

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