martes, 2 de junio de 2015

LA FALTA DE COSTUMBRE



Desde que, hace una semana conocimos los resultados de las elecciones municipales y los  gobiernos autónomos del "café para todos", no haceos otra cosa que cábalas sobre el color que tendrán alcaldes y presidentes cuando, dentro de unos días, se formen los gobiernos y consistorios resultantes de la voluntad de los ciudadanos. Cábalas que, en contra de lo que venía siendo habitual, ya no conducen a lo que hasta ahora se había resuelto con un simple trámite, sino que desembocan en negociaciones, las más de las veces  complicadas.
Curiosamente y pese a que la facilidad con que las mayorías absolutas han resuelto es en gran parte culpable de la corrupción y el despilfarro que hemos padecido en los últimos años, parece que se nos quiere transmitir inquietud y desconfianza. La inquietud y la desconfianza inducidas por aquellos a los que, para sus negocios, siempre les viene mejor hacer sonar su melodía con un  único solista que teniendo que "afinar" toda una orquesta.
Sin embargo tenemos que superar esa inquietud, ya os digo que inducida, porque el resultado no es en absoluto preocupante, sino que es el que viene siendo habitual en la mayoría de los países de nuestro entorno, salvo aquellos en los que, como Francia, resuelven la incógnita con una segunda vuelta a la que concurren los dos candidatos resultantes de una negociación entre partidos que, finamente, se ha de someter al voto de los ciudadanos.
Por desgracia, las mayorías resultantes de la aplicación de la ley D'Hondt, y del dopaje de los créditos bancarios, las donaciones interesadas o, simplemente, las corruptelas de quienes llegan al poder para quedarse mucho tiempo en él, son las que han propiciado, bien es verdad que con el aplauso cómplice de muchos ciudadanos desinformados, el gasto inútil y suntuoso que ha disparado la deuda, si no han llevado a la ruina, a muchos ayuntamientos.
Es muy fácil, cuando se dispone de una mayoría absoluta, llevarse la sede del ayuntamiento al más suntuoso de la ciudad, mientras se dejan las calles sin barrer y se cierran instalaciones deportivas por la falta de un personal que previamente se ha despedido, se deja sin ayudas a miles de familias en dificultades o se dilapida el patrimonio en edificios, solares y viviendas sociales que tantos años tanto dinero salido de  os impuestos de los ciudadanos costó reunir.
Pongamos que, en esto último, hablo de Madrid, pero no es una situación exclusiva de la capital, porque se viene repitiendo en otras muchas ciudades, al igual que los privilegios, los amiguismos, los concursos amañados, el enchufismo en la contratación de personal, los viajes suntuosos y tantos y tantos vicios tan asentados en una democracia que ya no es joven, pero aún padece el sarampión que padecen los nuevos ricos, las más de las veces sin serlo.
La impaciencia y la inquietud que tratan de inocularnos los medios de comunicación, voz de su amo de la gran empresa, no son más que la impaciencia y l inquietud de quien quiere cerrar cuanto antes balances negocios, algo que no ocurría cuando los ayuntamientos eran en sí mismos proveedores de servicios, con plantillas que, estuviese quien estuviese al frente del consistorio, seguían cumpliendo sus funciones desde sus puestos de trabajo, sin vivir al albur de que un nuevo gobierno rescindiese el contrato que los atendía.
No debemos inquietarnos. La mayor o menor dificultad en alcanzar acuerdos debe garantizar ante todo la solidez de los gobiernos resultantes y, sobre todo, que el color resultante se parezca al color dela ciudadanía que, en gran parte del país es de un rojo más o menos subido, porque los españoles, siempre que les han dado opciones que apoyar, se han colocado en la izquierda o en el progresismo.
No hay que preocuparse. Por el contrario, hay que dejar que las negociaciones fructifiquen en pactos que sean buenos para los ciudadanos que hace ya tiempo que se los merecen  No debe haber la más mínima inquietud. No hay peligro, sólo falta de costumbre.


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lunes, 1 de junio de 2015

TODOS TIENEN RAZONES



Pareciera como si este fin de semana hubiese escogido por todos para acabar teniendo razón. La han tenido, por ejemplo, los agoreros que, ya desde hace semanas, cuando se vio que el Barça sería uno de los finalistas de la Copa hoy del rey, que lo fue del generalísimo y también del presidente de la República, comenzaron a poner vendas sobre una herida aún no abierta o, quién sabe, si a echar sal sobre otra mal cerrada. Todos ellos, políticos de uno y otro signo, periodistas y algún que otro deportista, pusieron el foco sobre lo que iba a durar un minuto antes de que Messi y los suyos comenzasen a hacer magia sobre el césped, un minuto apenas en medio de dos días de magnífica convivencia entre seguidores del Athletic de Bilbao, no todos vascos, no todos nacionalistas, y los barceloneses, no todos del Barça. no todos nacidos en Cataluña y  no todos "soberanistas".
Un sólo minuto de casi tres mil de convivencia que está siendo aprovechado por los oficiantes de la confusión y el odio, para colocar su mensaje aquí y allá, para llevar el agua del incidente a su molino y para preparar la polémica del próximo año, porque muy difícilmente no será el Barça uno de los finalistas de la próxima edición.
Lo de la noche del sábado fue otra profecía auto cumplida, porque quienes amenazaron con sanciones ¿de qué tipo y a quiénes? sabían perfectamente que sus amenazas aumentarían las expectativas sobre la pitada y las ganas de pitar de quienes estaban dispuestos a hacerlo. Tenían razón, porque al centrar la atención de los medios sobre esos hipotético minuto de ruido, difuminaban el aspecto deportivo de una final que a más de uno le hubiese gustado jugar o de la hostia electoral (Rita dixit) de hace sólo una semana y de la que aún siguen lamiéndose las heridas, temerosos de los que se les viene encima o, por decirlo mejor, lo que se les ha hundido bajo los pies.
Tuvieron también razón, echando el resto en la pitada, quienes esperaban un refrendo a su "proceso" en las municipales, una esperanza frustrada por la consolidación de las alianzas de izquierda, alianzas transversales, para las que el bienestar de los ciudadanos están por delante de sus sentimientos y de sus aspiraciones nacionalistas. Quizá por eso llenaron los accesos al campo de silbatos y vuvuzelas cuatribarradas para que los poco habilidosos no se quedasen con las ganas de pitar.
Pero también tenía razón Jesús Gallego, director del Carrusel Deportivo de la SER, cuando ayer, al abrir su programa, se preguntaba a quién habría que sancionar por la pitada, porque no está claro si debería ser a cada uno de los noventa mil espectadores presente, algunos de los cuales seguro que no silbaron, o a los responsables de ambos equipos, al propietario del campo, cedido a la federación para el encuentro, o a la propia federación, organizadora del partido y distribuidora de veinte mil de las localidades. Difícil pregunta, sin duda.
Tiene razón el gobierno, encelado con el asunto, porque "políticamente" cree que le beneficia. al dirigir la investigación y las posibles sanciones hacia las plataformas soberanistas que regalaron silbatos a quienes acudían al campo, como si no se pudiese pitar sin pito o silbar sin silbato. Más bien creo que sabe que haría el ridículo y provocaría un terremoto, sancionando al Athletic, mayoritario en las gradas, o al Barça, y no digamos ya, multando a la Real Federación de Fútbol de España.
También tuvieron razón, cómo no, quienes potaron, quizá les faltó educación, pero razones íntimas u sentimentales seguro que no les faltaban, incluso si lo que trataban de hacer era pasar el rato soltando aire y adrenalina, porque, sin duda, les amparaba el derecho a la libertad de expresión. Probablemente y según dicen algunos, les faltó educación, porque faltaron al respeto al himno y, dicen, aunque eso habría que verlo, al resto de los españoles. Sí faltaron, si es que le faltaron, a un respeto impuesto, el de escuchar en silencio el himno, uno de los símbolos del Estado, que quizá representa a una forma de estado no deseada. Pero creo que estaban en su derecho, porque el respeto no se impone, se gana.
Como solución propongo que el rey no asista a la entrega de la Copa que ahora lleva su nombre, que se suprima la obligatoriedad de hacer sonar el himno para recibirle, que las finales se jueguen sólo en estadios de territorio no nacionalistas o que se prohíba la participación de equipos de esos territorios cuyos seguidores podrían no respetar el himno.
En fin todos quieren tener razón, la razón, pero lo que tienen, en realidad, son razones.


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viernes, 29 de mayo de 2015

MALOS MODOS



Habrá quien piense que son ya demasiadas las entradas que dedico a todo lo que está ocurriendo en política desde que el pasado domingo muchos ciudadanos, hasta entonces callados, decidieron poner su voz y sus votos al servicio de sus deseos de cambio, un cambio angustiosamente necesario desde que los partidos tradicionales, especialmente aquel en el que hasta entonces habíamos confiado y al que habíamos perdonado demasiadas cosas, invocando cada cuatro años a esos monstruos perversos que han sido "el mal menor" y "el voto útil". 
Pues bien, hoy sigo en las mismas, porque el resultado de las elecciones del domingo supone todo un vuelco en la vida de este país, probablemente el más trascendental desde que, en 1982, el PSOE de aquel Felipe González ilusionante arrebató la mayoría a la UCD de Adolfo Suárez para dar comienzo a una transformación de este país desgraciadamente traicionada y cruel y aviesamente "podada" más tarde.
La sacudida de los resultados, especialmente los de Madrid y Barcelona, ha sido tal que algunos la están recibiendo con tanto miedo como ilusión ponen otros en ella. Miedo, precaución o, a veces, soberbia, como la de los responsables de la guardia urbana de Barcelona que abandonan sus cargos para no quedar a las órdenes de la que va a ser alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la que, hasta hace no tanto, era uno de sus  principales quebraderos de cabeza desde la Plataforma Anti Desahucios.
Se van, en un gesto de descomunal descortesía, sin esperar que se constituya el nuevo ayuntamiento, acusando a Colau de considerarles poco menos que torturadores. Se van porque, dicen, quienes se harán cargo del ayuntamiento barcelonés en los próximos días quieren disolver las unidades anti disturbios de la Guardia Urbana, las mismas que más de una vez actuaron contra la propia alcaldesa y que se significaron en su colaboración con los mossos d’ esquadra en el desalojo del 15-M de la Plaza de Cataluña.
Y, mientras esto sucede en Barcelona, en Madrid el sindicato Comisiones Obreras denuncia que las trituradoras de papel del ayuntamiento están trabajando a tope, especialmente en las áreas de Personal y Urbanismo, dos de las más sensibles a la corrupción y las irregularidades. Dicen los responsables del palacio de Cibeles, tras reconocer el triturado de documentos, que es algo habitual para ahorrar espacio y que -no podía ser de otro modo- queda copia de esos documentos en poder de la intervención De acuerdo, seguro que es así, pero no me digáis que no es sospechoso este furor destructor, este zafarrancho de limpieza y orden en quienes saben que en pocos días tendrán que dejar sus despachos y, sobre todo, este afán en dificultar la tarea del nuevo equipo de gobierno, que ya no encontrará los papeles, sino que tendrá que pedirlos. Una situación en la que no estaría de más la personación de alguna autoridad judicial, para paralizar un proceso más que sospechoso
Son malos modos, muy malos modos, que dejan claras dos cosas. Por un lado las pocas o nulas ganas de colaborar con los nuevos responsables del ayuntamiento u, por otro, esa sensación que transmiten de que algo tienen que esconder y la de que esta gente "resistente" al cambio, en Madrid y Barcelona, nos da motivos para creer que han considerado ambos ayuntamientos como algo de su propiedad.


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jueves, 28 de mayo de 2015

¿A QUÉ TIENEN MIEDO?

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Qué empeño el del partido popular, con la condesa  la cabeza, en extender sus miedos que los tienen y tienen razones para tenerlos,  a toda la ciudadanía. Qué miedo tienen al radicalismo de Ada Coolau o Manuela Carmena, qué miedo tienen a que el dinero que se destina a que la Fórmula 1, en manos de personajes tan siniestros como lo que se juntan con Aznar, recale en Barcelona apenas tres días se destine a que los niños y las niñas de la capital catalana coman decentemente todos los das, qué miedo tienen a que las calles de Madrid vuelvan a limpiarlas trabajadores pagados decentemente por empresarios decentes, qué miedo tienen a que haya huertos urbanos en lugar de torres mastodónticas o centros comerciales que entontecen a jóvenes y no tan jóvenes 
¿No será que el miedo lo tienen a que la parte de todo ese dinero público malgastado que iba a parar a sus bolsillos y los de sus amiguetes, no será que temen que se revisen las cuentas de aquellos tiempos en que las ciudades vivían alegres y confiadas y bastaba con agitar unos aros olímpicos ante sus ojos para que los ciudadanos les diesen sus votos llenos de pasión y ceguera? ¿No será que se va a ir al paro y al carajo toda esa legión de carromeros y nicolases, grandes o pequeños, que florecían a la sombra y al servicio de quienes han llegado a creer que las ciudades, que son de todos, eran una finca más de su propiedad? ¿No será que temen no poder dejar más todos esos carísimos mojones de gusto infame y gusto dudoso que han ido sembrando en las plazas y rotondas de todas las ciudades en que han gobernado, sólo para hacerse una foto y quién sabe su hacer negocio?
Tienen miedo a perder todos esos privilegios y todos esos negocios de los que han vivido y tan bien, a costa de la ruina y la felicidad de muchos ciudadanos. Tienen miedo a que ya no les desmontar todo eso que los ayuntamientos y gobiernos autónomos han levantado durante años para reequilibrar una sociedad que, en manos de los mercados sin límites y sin alma, tiende a la injusticia. Tienen miedo a que ya no les dejen hacer negocio para enriquecer a amigos y familiares con las viviendas compradas o construidas con el dinero de todos para dar techo a precios "sociales" a quienes no podrían tenerlo de otra manera.
Tienen miedo, mucho miedo, a que el chollo en que han vivido durante casi un cuarto de siglo con los votos, eso sí, de una mayoría de ciudadanos hipnotizados y adormecidos y con la abstención reiterada de tantos millares de desengañados que, alejándose de las urnas, han ido votando inconscientemente a quienes les han llevado a esa ciudad dura y sucia en la que ahora viven. Tienen miedo, mucho miedo a que, ahora que han pedido yodo el poder que tenían, los otros, los intrusos bolivarianos, los soviets, los viejos comunistas y sus socios demuestren que otra ciudad, otra sociedad, son posibles y tienen miedo a que los ciudadanos, incluso los que les han votado durante tantos años, descubran que la única ideología atractiva en democracia es la que acerca la justicia y la felicidad a los ciudadanos.

Tienen miedo a que se levanten las alfombras de los despachos en que han vivido encerrados durante tantos años, lejos de los ciudadanos. Tienen miedo a que se revisen sus cuentas y tienen miedo a que se abran ventanas y balcones, para que un aire fresco y distinto se lleve el olor a rancio, a dinero sucio y a cirio trasnochado que han dejado.


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miércoles, 27 de mayo de 2015

QUE SE LA LLEVEN



Anoche, escuchando las palabras de Esperanza Aguirre, mitad bravata, mitad rabieta, colocada por los madrileños en la puerta de salida de la política, me dio por pensar qué hubiese hecho la condesa de haber tenido, como su admirada Margaret Tatcher, una guerra con la que entretener a la plebe, Y no tuve la más mínima duda de que la hubiese emprendido a cañonazos con cualquiera de nuestros vecinos.
No sé en qué pensaba la genuina "dama de hierro" cuando tomó la decisión de reconquistar "a lo grande" unas islas inhóspitas ocupadas por soldaditos en zapatillas, enviados allí por una timba de generales y almirantes alcoholizados, deseosos de distraer a la población cada vez más harta y más consciente de la necesidad de acabar con ellos. Lo que sí sé es en qué piensa "nuestra" condesa, una vez que han pasado unas horas desde la mayor humillación que cabía esperar para quien se creía a salvo de todo y de todos, hasta el punto de haberse puesto enfrente de amigos y enemigos, cegada por una soberbia sin límites basada en no sé qué, porque su única virtud, si es que lo es, es la de ser capaz de ejercer una maldad sin límites. Lo único en que piensa la malvada condesa es en sí misma.
Lo de ayer, un esperpento convocado a espaldas de la dirección nacional de su partido, que bastante tiene con lo suyo, no fue más que intento desesperado de quien ve desmoronarse su mundo y se ve condenada en las urnas por la mayoría de los madrileños a cumplir aquel deseo frustrado de dedicarse a sus nietos, a sus partidas de bridge y a sacar a pasear a "Pecas", lo de ayer, decía, demuestra una vez más que en lo único que piensa la señora Aguirre es en sí misma, por encima de los ciudadanos y por encima, incluso, de su propio partido.
Lo digo, porque nadie puede discutir lo que Madrid, asumido incluso por Ana Botella, se despertó el lunes más de izquierdas de lo que se acostó el sábado. No puede discutirlo ni, mucho menos, puede tratar de torcer la voluntad de los votantes. Nadie en su sano juicio, y no sé ya si ella lo conserva, puede tratar de ponerse al frente de una revolución, después de haber cosechado, tras una campaña con más medios, más apoyos y más atención mediática que nunca, los resultados más desastrosos para el PP madrileño en los últimos años.
Ayer, sin inmutarse, la condesa ofreció el oro y el moro y colmó de halagos a quienes hace sólo tres días mostraba su desprecio y llenaba de insultos. Ayer nos amenazó con las penas del infierno y con un gulag fuera del sistema democrático y de occidente, si Manuela Carmena llegaba al despacho al que ella renuncia, con tal de conservar ese poder, en el que ella y los suyos llevaban un cuarto de siglo revolcándose. Ayer anatemizó y colocó al margen de la democracia a quienes cuentan con el favor de más de medio millón de madrileños entre los que yo mismo me cuento. Ayer, en resumen, la condesa se retrató tal y como es, despótica, ambiciosa y soberbia hasta el punto de no haber querido entender que los madrileños, si es que alguna vez la han querido, ya no la quieren.
Ayer hizo ante las cámaras lo que, me cuentan, hace en privado cuando va de compras, abre todos, se prueba todo, lo desprecinta todo para probárselo en casa, y yo que me he criado tras un mostrador sé lo que es, creyendo que, por ser quien es, tiene derecho a hacerlo, sin querer enterarse de que, luego, el conde, su marido, anda pagando las facturas de lo que se queda y de lo que devuelve.
Esperanza Aguirre, a la que ya llaman Ex peranza, si no la razón ha perdido, y ya hace tiempo, el sentido de la realidad. Por eso, lo único que pido es que alguien se la lleve antes de que cause más destrozos y convierta Madrid en un campo de batalla con tal de salvar su ego y sus intereses, porque, no lo olvidemos, la condesa perdió el domingo muchos votos y, lo que, para ella y los suyos, es aún peor, perdió también los sobres.


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martes, 26 de mayo de 2015

MUJERES


Resulta curioso que los rostros de la victoria y también de la derrota de las elecciones del domingo sean casi todos rostros de mujer. Y eso da pie a que nosotros "los machotes" demos rienda suelta a ese poso de comportamiento sexista que, muy a nuestro pesar, al menos en mi caso, aún llevamos dentro. Lo hemos visto y sin duda lo veremos aún más conforma pasen los días. Y, si no, al tiempo.
Por comenzar por alguien, lo hago conmigo mismo. Yo, como casi todos los que nos hemos educado en el nacional catolicismo, los que, a la vuelta del cole, escuchábamos de fondo los seriales de la radio, tenemos un morbos tendencia a apiadarnos de los que sufren y más si quien sufre es una mujer.
Al menos la cosa era así hasta la noche del domingo, porque os aseguro que no sentí la más mínima piedad por Esperanza -me dicen que ahora es Ex peranza- Aguirre, Rita Barberá, María Dolores de Cospedal, Luisa Fernanda Rudi o Teófila Martínez. No sentí la más mínima traza de piedad y no tuve compasión por ellas. No sé si será porque me estoy reformando o porque eran tantas las afrentas y las cuentas pendientes que había con ellas que lo único que hice fue sumarme al disfrute del regusto que deja la venganza y más su es atrasada y colectiva. 
No sabéis lo que me alegro de no haberme sentido "caballero" ante las damas caídas. No sabéis lo que disfruté con la cara de acelga, con la cara de derrota inesperada que se les puso a estas señoras, acostumbradas a mirar por encima del hombro a sus sumisos colaboradores y a quienes llenados de la emoción que padecen los incondicionales no les dejaron ver la realidad a las pobres. Aunque, ahora que lo pienso no sé, si con esto que acabo de decir estoy cayendo en otra forma de machismo que es la de considerar autoritarias y mandonas a las mujeres que tienen las cosas claras y que en realidad se limitan a ejercer su autoridad desde la firmeza. No sé siquiera si me estaré comportando como como el saliente alcalde de Barcelona, Xavier Trias, para quien la exigencia de Ada Colau, responsable de su derrota, de que deje de firmar contratos millonarios de última hora o su intención de auditar las cuentas del ayuntamiento, le parecen sólo las ganas de ensuciarlo todo de una mujer muy mandona.
Nadie nunca diría de un político, por muy autoritario que sea, que es un mandó, nadie diría que viste así o asá o que va mal peinado. Y sin embargo, de las mujeres, es lo primero que decimos o nos dicen. Baste con recordar la primera entrada en el Congreso de la entonces ministra de Cultura, Carmen Alborch, de la que lo único que pareció importar a los cronistas fue su melena caoba y cómo iba vestida.
Sin embargo, en política, como en cualquier otra faceta de la vida, son muchas y muy brillantes las mujeres que son y que han sido en el mundo y en la machista y patriarcal España, Mujeres como Concepción Arenal, Federica Montseny, Dolores Ibárruri o Carolina Coronado, que tienen y sin duda tendrán continuidad en Ada Colau, Manuela Carmena, Teresa Rodríguez, Mónica Oltra y tantas y tantas otras que ya están o están por llegar a la política española, de las que espero que ya no nos apiademos o a las que dejaremos de considerar mandonas porque, seguro, estarán tanto o más preparadas que sus compañeros. Mujeres que son mujeres en su vida privada, pero que, en la pública, son ni más ni menos que sus compañeros. 
Ada Colau lloró de emoción al comparecer ante las cámaras tras su victoria, la candidata de IU por Madrid, Raquel López, confesó ayer que ha llorado y llorará mucho tras su derrota y, a mi, me encantaría que también los hombres llorasen de emoción o de pena por sus victorias o sus derrotas, que seguro que alguno lo hace, y que, sobre todo, no lo ocultasen para  hacerlo


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lunes, 25 de mayo de 2015

COMO TÚ, PIEDRA PEQUEÑA



Ayer el mapa electoral español se volvió como se vuelve un calcetín y lo más importante de todo lo sucedido, que fue mucho, es que, por primera vez en mucho tiempo, la gente se ha sentido, como en el poema de León Felipe, una piedra pequeña, una piedra pequeña y ligera, como hecha para una honda. Y no sólo eso, por primera vez, la gente no se ha sentido sola, la gente ha hablado con la otra gente y la gente ha vuelto a las urnas con ilusión. Por primera vez en mucho tiempo, la gente ha sentido su fuerza y la ha unido a la de la otra gente, cansada como ella de soportar tanta ignominia, tanto abuso y tanta soberbia. Por primera vez en mucho tiempo, la gente ha caído en la cuenta de que una lluvia de piedras pequeñas es siempre insoportable.
La victoria de ayer, porque, por muy diversos que hayan sido los resultados y por más fragmentado que haya quedado el voto, la derrota y el desmoronamiento del PP siempre será una victoria para la gente, para mi gente, la victoria, digo, es y debe ser una lección para todos estos caciques que como reyezuelos codiciosos han esquilmado lo que es de todos y, peor aún, han arruinado la vida y el futuro de mucha gente. La victoria debe servir para que los de siempre aprendan que amañar debates televisivos, comprar portadas y editoriales de periódicos o meterse en los taxis de la gente no basta para ganar unas elecciones cuando es tanto y durante tanto tiempo lo que se ha robado.
Esperanza Aguirre se dio cuenta, aunque tarde, de que la soberbia y el desprecio hacia sus rivales no habían sido buenos consejeros. Quizá por eso, a última hora ella, el ser más impío que conozco, se fue a misa para hablar con el espíritu santo y pedirle que inspirase a los madrileños a la hora de votar. Y, una de dos, o bien la palomita no existe o bien les inspiró para que el voto de los ciudadanos fuese mayoritariamente a sus, Dicho de otro modo: la palomita le cagó encima.
Resulta curioso que, habiendo apelado, como siempre hacen el PP y muy especialmente Esperanza Aguirre, al voto del miedo, que habiendo tratado de despertar los más bajos instintos y de despertar el odio hacia sus rivales lo que han conseguido ha sido concentrar el afecto ciudadano precisamente en quienes señalaban como objeto de su ira y atraer sobre si mismos, otra vez especialmente la condesa, el odio del resto.
 No sé si fue el espíritu santo quien inspiro a Esperanza Aguirre su campaña, pero si fue así, quedaría claro que la palomita tiene mala idea, porque nadie ha aunado más aversión ni más deseos de verla humillada que la condesa. Aguirre es de esas personas que inspiran conductas y sirven de referencia a los demás, porque basta con no hacer lo que hace o dice para acertar y comportarse como un buen ciudadano. Los madrileños, así en general, han tardado en darse cuenta, pero lo han hecho, hasta el punto de que su otra rival, la exdelegada del gobierno y candidata a presidir la Comunidad de Madrid,
Cristina Cifuentes ha obtenido más votos en el municipio de Madrid que la propia Esperanza, justo los votos que podrían haberle dado otro concejal, lo que habría dejado un resquicio para verla como alcaldesa.
No sé a cuanta gente le habrán alegrado los resultados de Podemos y sus alianza, los del PSOE, los de Compromis en Valencia o los de Ciudadanos. Lo que sí sé es que la gente que se ha alegrado de los resultados del PP, especialmente en Madrid, Valencia, Extremadura o Castilla La Mancha, fueron muchos más, porque habría que incluir a algunos militantes del PP, a los que ver a la condesa, la del caloret o a la del despido en diferido fuera de la política le habrá llenado de alegría.
Ayer, como predijo Emilio Lledó gano la decencia y millones de piedras pequeñas impactaron en las urnas hasta reventarlas desde dentro con millones de votos de la gente decente que ya no está dispuesta a dejarse robar ni humillar como hasta ahora. Piedras pequeñas, gente decente y consciente de su fuerza, contra la que nada pueden la soberbia o el dinero


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