sábado, 15 de junio de 2013

¿NECESITAMOS LOS JUEGOS?

 
A través de nuestros televisores, en las últimas horas, nos hemos asomado a los graves incidentes ocurridos en la ciudad brasileña de Sao Paulo, donde la subida desproporcionada del transporte ha desatado las protestas de los ciudadanos a los que la policía, acostumbrada a la carta blanca ha sido incapaz de distinguir entre las bandas violentas que campan a sus anchas por las favelas y todos esos ciudadanos indignados que se quejaban de que se apriete a los más modestos, mientras se despilfarra en los fastos de la Copa Confederaciones de Fútbol que, desde ayer, se celebra en el país o en los del Campeonato del Mundo previsto para el año que viene.
Por desgracia, el de Brasil no es el único ejemplo de derroche en tiempos difíciles, derroche que se hace en nombre del prestigio y que, sin embargo, como hemos comprobado gracias a Urdangarín, lo que en realidad esconde es toda una serie de chanchullos, negocios turbios y tráfico de influencias, en la que hacen su agosto todo tipo de personajes sin escrúpulos, a cambio de un hipotético prestigio y de una serie de puestos de trabajo limitados en el tiempo que ni son tantos, ni bien remunerados. A cambio de este tipo de convocatorias se encarecen las ciudades y hay que renunciar al disfrute de las mismas por parte de los ciudadanos que pagan sus impuestos.
Que Madrid no está para fiestas está claro. No hay más que asomarse a sus calles y comprobar que, salvo las calles escaparate, desde hace meses no se reparan sus aceras ni se reasfaltan sus calzadas y que, cuando se hace, no siempre se emplean los materiales ni el personal más adecuado. Hay baches en algunos barrios de Madrid que forman ya parte del paisaje. Baches profundos, capaces de provocar serias averías a los vehículos, en los que, de poder aplicarles la datación por carbono catorce, nos llevaríamos alguna sorpresa. Y nadie los repara, de nada sirve denunciar su presencia, porque parece que los agentes y funcionarios que reciben las quejas conocen de antemano la respuesta que se va a dar a las mismas.
Da miedo pensar que un conductor poco avisado y amigo de la velocidad pierda el control de su vehículo y pueda acabar haciendo o haciéndose daño al subirse a una acara o chocar con otro vehículo. Eso, al margen del deterioro que diariamente sufren los autobuses municipales al pasar una y otra vez, hundiendo sus ruedas y a veces algo más en el bache de siempre. No me lo invento. Al igual que vosotros, podría hacer una lista documentada de más de una docena de esos baches.
Y no sólo en superficie. A veces, sobre todo cuando uno está sensibilizado, después de accidentes como el reciente de Buenos Aires, escucha ruidos extraños al coincidir sobre las ruedas del vagón, oye el chirrido del convoy al pasar por algunos tramos de vía y sufre de frenazos a destiempo o de paradas en las que se sobrepasa o no se alcanza el andén. Y esos ruidos, traqueteos, sacudidas o frenazos a destiempo le hacen pensar a un alma susceptible como la mía que, pese a viajar en uno de los transportes urbanos más caros  del mundo en relación con el salario mínimo vigente, el material no está mantenido adecuadamente y puede dar lugar a situaciones de peligro.
Hoy la alcaldesa Botella está con todo su séquito habitual en Lausana para convencer de la bondad del proyecto Madrid 2020 a los miembros del comité Olímpico Internacional. Otro viajecito de la alcaldesa cuando la ciudad carece de piscinas, campos de fútbol, instalaciones deportivas y, lo que es peor, personal para ayudar a los miles de ancianos y ancianas que viven solo, muchas veces en buhardillas y pisos altos sin ascensor, cuando demasiados niños madrileños pasan hambre o tienen que caminar largas distancias para acudir a un colegio porque el de su barrio nunca ha existido o lo han cerrado.
Hoy he visto en EL PAÍS una fotografía de los incidentes de Sao Paulo en la que una joven sostiene una pancarta que dice ¿Es la Copa una prioridad para Brasil? Y yo me pregunto si lo son los juegos para Madrid.
 
 
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viernes, 14 de junio de 2013

HAN PASADO DE NOSOTROS


 
 

Miedo me da pensar en lo que están haciendo entre bambalinas el gobierno y la banca con el dinero que ha desaparecido del mercado y el que llega de Europa. De todos es sabido que la banca está tomando préstamos del Banco Central Europeo a un interés más que ventajoso para prestárselo al gobierno a un precio más elevado, lo que, evidentemente, está llevando a la paralización del crédito a los particulares, que son quienes realmente lo necesitan para reactivar el consumo y, con él, la actividad económica  el consumo.

Hoy me entero de que el ICO, Instituto de Crédito Oficial, cuya misión fundamental es la de facilitar crédito a clientes, llamémosles difíciles, ha estad gastando una parte importante de los veintidós  mil millones de euros recibidos del BCE en acudir a las subastas de liquides del Estado y en cubrir las facturas impagadas de la autonomías. Si a esto le añadimos que, como admitió la ministra de Trabajo y Seguridad Social, la inefable Fátima Báñez, admitió hace semanas que el fondo de reserva de las pensiones se está invirtiendo en deuda pública española, no hay duda de que hay motivos para estar preocupados, porque el dinero, el poco dinero disponible, está encerrado en un círculo vicioso, del que a este paso no saldrá nunca.

Son trampas y atajos contables, mediante los que el Estado ha conseguido maquillar las cifras y dar la apariencia de que la economía española se recupera. Pero es sólo una falsa sensación, porque al mirar a la calle, al poner los ojos en la economía real, nos damos cuenta de que, si las cifras sobre el papel son aceptables, en la calle, en la economía real, los españoles estamos viviendo una tragedia de enormes proporciones. Por eso, ahora que aparece el dato de que la deuda de España, o sea, la nuestra, la que antes o después tendremos que pagar asciende ya a cerca de un billón de euros o, lo que es lo mismo, casi el 90% del Producto Interior Bruto. Y me echo a temblar en un hogar en el que se debe el 90% de lo que se ingresa.

Han pasado de nosotros y sólo nos quieren para que paguemos la cuenta. Es como esas comidas o cenas con amigos o compañeros de trabajo en la que, por más que la mayoría se esfuerce en ajustarse a un presupuesto o por más que el precio del cubierto estés cerrado, siempre hay alguien que se empeña en disparar la cuenta pidiendo más vino o tomándose dos o tres copas más.

Ocurre que estamos pagando los excesos de otros. También su falta de solidaridad y decencia, esas deudas a Hacienda de las que poco a poco tenemos noticia, Messi, Bárcenas, las primas del rey y un largo etcétera que se esconde en la lista Falciani y que estaría bien que conociéramos para saber por qué, con todo lo que hemos trabajado, cotizado y pagado todos los impuestos, cumpliendo con la que es nuestra obligación, ahora que los necesitamos más que nunca, los servicios sociales son cada vez menos.

No es de extrañar, pues, que los informes que tienen que ver con el deterioro del estado de salud de la sociedad española sean cada vez más preocupantes y que en ellos el hambre y la enfermedad y la muerte, como en el reciente del British Medical Journal, que alerta del riesgo para la vida que suponen algunos recortes en sanidad, están cada vez más presentes. Han pasado de nosotros y lo han hecho porque, hagan lo que hagan, ellos siempre de ponen a salvo. Creo que hay que dejarse de pamplinas y dar el voto a quienes se comprometan a redoblar el gasto en servicios sociales y en este país y ahora, el de la Inspección de Hacienda debería tener la consideración de servicio público esencial.
 
 

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jueves, 13 de junio de 2013

DURO MARCAJE A MESSI

 
 

No sé si, como presume la fiscalía, Messi ha cometido fraude fiscal por haber escondido a la hacienda pública más de cuatro millones de euros, pero creo que, sí es así, dispone de una magnífica ocasión para que los que le admiramos sobre el campo le admiremos también fuera de ellos. Bastaría con que, de ser ciertas, reconociese los hechos de que se le acusa y saldase la deuda que tendría con el país que le ha visto crecer como estrella.

Me dolería mucho que este asunto acabase por desequilibrar el talento y la carrera de este prodigioso jugador. Quizá fuese lo justo, pero nos privaría del placer de seguir creyendo en la historia de cuento del niño que triunfa y se convierte en un modelo con el que soñar de la que nos privó su compatriota Maradona, al que las malas compañías acabaron por hundir.

Me resulta difícil imaginar el tránsito de niño o adolescente virtuoso y genial a genio millonario que convierte en oro todo lo que toca. Supongo que ese tránsito de niño a empresa es difícil y que es tanta la gente que se mueve a su alrededor que la misma responsabilidad del genio se diluye, pero admitir su inocencia si los hechos se prueban sería tanto como admitir la inocencia y el candor de Ana Mato o la infanta Cristina.

Por eso deseo con todas mis fuerzas que Messi salde con creces, si la hay, la deuda que tiene con la hacienda de España que sería tanto como devolver al país que le ha visto crecer como deportista lo que, simplemente, es justo y, además, legal, porque es mucho el dinero que se mueve a su alrededor y sus salarios encarecen el disfrute de un deporte que nació como juego y que hoy parece escapar a las leyes de los hombres dentro y fuera de los campos, donde lo que en la calle se castigaría a jugadores y espectadores se salda apenas con un reproche que casi siempre es compensado no sólo desde las gradas o los despachos, sino desde la prensa más sectaria.

 

Está muy bien que se castigue a Messi o que, cuando menos, se le obligue a saldar su deuda si la hay. Pero sería mucho mejor que lo suyo fuese sólo el principio y que, con él, se inaugurase otra etapa en la que el celo de la inspección alcanzase también a todos esos cerebros de la ingeniería contable y el regate financiero, de quienes los deportistas no han hecho más que seguir el modelo, sean banqueros,

Industriales, rentistas, terratenientes,  actores, políticos o marqueses. Con la lista de Falciani tienen los hilos de los que tirar, pero bastaría con echar una mirada a las directivas de los equipos de fútbol de Primera División, en los que, no sé por qué, abundan los constructores y especuladores varios, siempre dispuestos a hacer negocios en el palco. Ahí hay mucha tela que cortar y parece que, al señor Montoro, tijeras no le faltan.

Si se confirma lo que ayer supimos, Messi estaría ante un duro marcaje, quizá el más duro de su carrera. Sólo espero que sepa también salir de él con dignidad y sin hacer trampas ni aspavientos y que todos aprendamos de ello.
 
 

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miércoles, 12 de junio de 2013

MONAGO Y LOS IMPUESTOS

 
 

No sé qué tiene Extremadura que parece haberse especializado en "parir" líderes díscolos y dárselos a todos los partidos, porque qué otra cosa han sido y son Juan Caros Rodríguez Ibarra (PSOE), Pedro Escobar (IU) o, ahora, José Antonio Monago (PP), que ayer dio la campanada, con mucho más ruido que nueces, con su bajada del tramo autonómico del IRPF.

Lo ha anunciado a bombo y platillo. Lo ha hecho diciendo que Extremadura, o sea, él, hace lo que otros dicen que no se puede hacer: bajar los impuestos. Se espera en q decir que la medida afectará a cuatrocientos mil ciudadanos, el 90% de los contribuyentes extremeños, los de renta más baja, y, claro, se ha ganado el titular. Un titular enormemente llamativo que hubiese valido tanto para una bajada significativa de los impuestos, que no es el caso, como para ésta que apenas supone un ahorro de 23 euros de media por contribuyente. Objetivo, pues, conseguido, porque en ahora mismo estamos hablando de José Antonio Monago y su bajada de impuestos y a él, a las arcas extremeñas, no le va a salir muy cara la jugada.

Es una especie de reproche al gobierno de Rajoy y es, ante todo, una llamada de atención para quien, como el ministro Montoro, parece dispuesto, en contra de su opinión a consentir la asimetría  en el tratamiento del déficit autonómico, con la lógica aquiescencia del presidente. Y aquí llegamos a otra peculiaridad de la tierra extremeña, la de practicar el victimismo y la confrontación con Cataluña, que fue instituida por Rodríguez Ibarra en su día. Pura demagogia que, como al ex barón socialista, se le premia en apoyo dentro de los límites de la comunidad autónoma y una cierta fama de Pepito Grillo que canta las cuarenta, fuera de ellos.

No es la primera vez que Monago se subleva a propósito de los impuestos, ya lo hizo al menos con el IVA del material escolar que ya se negó a subir, no sé si presionado por Izquierda Unida, con cuyo "permiso" llegó al gobierno de Mérida. Una medida que sí tiene sentido en un territorio con grandes desequilibrios económicos, no la anunciada ayer que, a lo sumo, supone un monto total de diez millones de euros que muy bien podían invertirse en cualquiera otra de las partidas recortadas. Y lo digo, porque la noticia de la "bajadita" de impuestos de Monago se mezcla con otras que dan cuenta de recortes  en becas y ayudas al estudio, cuando nos enteramos de que muchos universitarios están perdiendo el curso por no poder pagar el segundo plazo de su matrícula que, en algunos casos, está siendo cubierto por sus profesores, y que centenares de alumnos no han podido presentarse a las pruebas de selectividad por no haber podido pagar las tasas de examen.

Se nos olvida a menudo que en este país hay gente que tiene que poner imaginación y fantasía entre el pan del bocadillo de sus hijos y que hay quien tiene que caminar horas, porque ni siquiera tiene el dinero para pagar el billete del autobús o del metro. Cuando a nuestro alrededor están pasando estas cosas resulta frívolo presumir de devolver veintitrés euros a cada contribuyente sólo para colgarse la medalla de haber bajado los impuestos.

Estoy harto de ver cómo los impuestos que deberían servir para redistribuir, no sólo los costes del Estado, sino también la riqueza sirven para la demagogia y el tráfico de votos. Haría muy bien Monago en invertir esos diez millones de euros que piensa devolver a cuatrocientos mil extremeños, en ayudar a quienes, por ejemplo, no pueden pagar sus tasas o su matrícula, o a quienes no tienen ni para el transporte que necesitan para llegar a tiempo a esa ansiada entrevista de trabajo.

Lo de Monago, permitidme que lo diga, me parece pura demagogia.
 
 
 

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martes, 11 de junio de 2013

EL EJEMPLO DE SNOWDEN

 
 

Viendo ayer las imágenes de Edward Snowden, mientras explicaba desde Hong Kong su bendita fechoría, no pude sino acordarme  de mi hija, de mis sobrinos y de sus amigos, jóvenes idealistas todos ellos, que, o mucho me equivoco, o se comportarían de manera parecida a como lo ha hecho el joven "espía" que, si le hemos de creer, y yo le creo, entre conciliar el sueño por las noches y vivir como un rajá en las playas de Hawái, escogió lo primero, pese a que su acción puede costarle, en un país que, no lo olvidemos, mantiene la pena de muerte, podrá costarle, incluso, la vida.

Supongo que Snowden, como tantos otros informáticos brillantes fue contratado como mano de obra especializada para llevar a cabo las "rutinas" del seguimiento y análisis de los millones de correos y chats que diariamente circulan por la red. Y eso, porque, seamos realistas, el espionaje tiene poco o nada que ver con la imagen romántica que James Bond nos da de él y mucho más con la interrumpida rutina del personaje de Robert Redford en "Los tres días del Cóndor".

Lo que ocurre es que Edward Snowden, como ese personaje, un día se da de bruces con la realidad de lo que se esconde tras esas rutunas de los rastreos y análisis rutinarios, y es entonces cuando se enfrenta a las objeciones éticas que le plantea su aparentemente inocente trabajo y decide ponerlo todo patas arriba, dejando en evidencia a ese monstruo insaciable que hemos dado en llamar "el sistema".

No sé si me equivoco, pero me resulta mucho más fácil fiarme de Edward Snowden que de Julian Assange, en el que, como mínimo, detecto ego que me hace desconfiar de él. En el caso de Snowden, uno podría pensar que no es consciente de las consecuencias de lo que ha hecho y que no es otra cosa que dejar con el culo al aire a la CIA, para la trabajaba, al presidente Obama, que, en nombre de la seguridad, aprobó y sigue defendiendo este espionaje indiscriminado, y, cómo no,  a todas las grandes y mesiánicas empresas de la informátca y la red -Microsoft, Apple, Google o Facebook, que abrieron la puerta de atrás de sus clientes a los espías.

Sé que cuesta creer que alguien con su edad, con su futuro y con su brillantez elija vivir como un fugitivo el resto de su vida por "nada", sólo por sus ideales, pero él lo explica con toda la calma que cabe imaginar cuando dice que “Cuando te das cuenta de que el mundo que ayudaste a crear va a ser peor para la próxima generación y para las siguientes, y que se extienden las capacidades de esta arquitectura de opresión, comprendes que es necesario aceptar cualquier riesgo sin importar las consecuencias”. Y es entonces cuando le crees y cuando te pones  pensar si no te opusiste lo suficiente a la explotación de los becarios en tu trabajo, si no votaste demasiado al PSOE, pensando que era lo mejor o que creíste demasiado tiempo en la inocencia  de la monarquía o, cuando menos, en la conveniencia de no plantearte dudas.

Al contrario de lo que hacen quienes acostumbran a sacar los trapos sucios de quienes han sido sus jefes o sus compañeros -el PP está a punto de convertirse en un patio de vecinos- por despecho, por rencor o, simplemente, por dinero, Edward Snowden parece que ha actuado escuchando sólo a su conciencia. Y eso tiene mucho valor cuando se está juzgando al soldado Manning, el verdadero héroe de la filtración de los "papeles de Wikileaks" y por eso creo que, no sólo lo que ha revelado, sino el modo en que ha recelado sus identidad y la justificación de su acción son todo un ejemplo a seguir.
 
 

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lunes, 10 de junio de 2013

DIEZ AÑOS DESPUÉS DEL TAMAYAZO

 
Hace diez años, la voluntad expresada en las urnas de quienes por entonces vivíamos y votábamos en la Comunidad de Madrid se vio violentada por un hecho tan insólito como inesperado en la asamblea regional: dos oscuros diputados que habían conseguido su acta en las listas del PSOE que encabezaba Rafael Simancas se ausentaron del pleno en el que el cabeza de lista socialista iba a ser elegido para sustituir a Alberto Ruiz Gallardón, con el apoyo de los diputados de Izquierda Unida.
Esos dos diputados, que acabaría tragándose la tierra que, al parecer, para ellos sí fue generosa, con su gesto, dieron a Esperanza Aguirre la llave con la que abrir la puerta a su política ultra liberal de adelgazamiento de lo público en beneficio de empresas cuyo nombre se repite en otras comunidades, por ejemplo la valenciana, en las listas de adjudicatarios de servicios públicos que, como la Sanidad, pasan a gestionarse, y no siempre con acierto, por manos privadas.
Tamayo y Sáez, con ese miserable gesto que nunca fueron capaces de explicar y del tampoco podrán nunca sentirse orgullosos, ahondaron también el desencanto de la ciudadanía por partidos que, como el PSOE en este caso, acogían en sus listas a personajes como ellos. Creo que la maniobra benefició doblemente al PP de Madrid, porque, además de dar el gobierno a Esperanza Aguirre, contribuyó a ahondar el desapego depresivo que, en adelante, alejaría de las urnas a muchos votantes de izquierda. El "tamayazo", que nunca llegó a investigarse judicialmente y que murió lánguidamente en una, más que tediosa, hipnótica comisión de investigación parlamentaria, tiene, como todo, una explicación lógica y es la de que fue lo que parece que fue y, en esos casos, lo mejor es aplicar una máxima que siempre me ha servido en mis años de profesión que consiste en tratar de responder a una pregunta tan sencilla como la de "quién sale beneficiado". Basta con responder a la pregunta y tendremos una lectura aproximada de lo que pasó.
Si por aquel entonces el caso Gürtel aún no le había estallado en las manos al PP, estaba claro que la trama ya estaba operando aquí y allá. También está claro que detrás de la deserción "incentivada" de Tamayo y Sáez había intereses inmobiliarios y, de hecho, tirando del hilo de su desaparición temporal se llegó a vislumbrar la que podría ser la trama de la operación que privó a la izquierda recuperar el gobierno de la Comunidad de Madrid después de muchos años.
Han pasado diez años y, con ellos, muchas cosas. Cosas que han tenido y tienen graves consecuencias para los madrileños. Si no se hubiese producido el "tamayazo", probablemente la ascensión meteórica de Esperanza Aguirre, abanderada de los ultraliberales sin moral y sin escrúpulos, no hubiese sido tan fácil. Lo que desde luego no hubiese sido posible es el uso y abuso de lo público para propaganda de lo privado a que nos tiene acostumbrados la condesa. El reparto de los canales de la TDT, por poner un ejemplo, hubiese sido, si no ecuánime, sí menos escandaloso, probablemente tendríamos canales al servicio de la gente y no al servicio de los amigos de Aguirre y Telemadrid no se hubiese usado y tirado como un kleenex que se ensucia y acaba por ser tan inútil como molesto.
Tampoco Caja Madrid hubiese sido la merienda de negros en que se convirtió o, por qué no decirlo, en la cueva de ladrones que ha sido. Quiero creer que el saqueo de los ahorros de muchos madrileños no se hubiese producido y que las miserias que estamos conociendo no hubiesen tenido lugar, porque, en manos de Aguirre y los suyos, la caja ha servido única o principalmente a los intereses de los tiburones del sector inmobiliario, porque la caja fue uno de los principales agentes responsables de la burbuja inmobiliaria y, en la etapa Blesa, que coincidió con Aguirre en el poder, se hicieron muchos negocios y se taparon muchas bocas con el dinero de todos. Y qué decir de la Sanidad, de la Enseñanza...
A Tamayo y Sáez les debemos mucho los madrileños. Quizá sean todos los españoles quienes les deben mucho. No hay más que mirar diez años atrás y ver lo que ha pasado y sus consecuencias. Espero no echármelos nunca a la cara, porque no sé si sería capaz de pagárselo de "golpe".
 
 
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domingo, 9 de junio de 2013

FÓRMULA PARA SAQUEAR UN PAÍS

 
Andan estos días amargándonos la vida, tratando de quitarnos la poca confianza que nos queda en el sistema, y lo están logrando. Ahora que no hay trabajo, que no hay crédito, que casi todo en lo que confiábamos está desapareciendo, ahora que muchas familias están sobreviviendo con la pensión de los padres o de los abuelos, ahora nos dicen que también van a meter las tijeras a esas pensiones que están siendo el salvavidas de tantas familias, porque no son sostenibles ene el tiempo.
Para justificar eso que pretenden hacer, el gobierno, los gobiernos todos, la troika y el gran capital anónimo y sin alma echan mano de expertos, curiosamente emparentados la mayoría con la banca y las grandes aseguradoras, que han parido una complicada fórmula para calcular lo que tendrían que cobrar los futuros pensionistas para mantener el sistema, que será bastante menos que lo que cobran los que ya la disfrutan y ligado siempre a la esperanza de vida del país.
Conocer la existencia de esa fórmula me ha llevado a pensar que debe existir otra mucho más simple y rotunda que es la que le ha servido a ese capital desalmado y sin rostro para saquear este país y los que, como éste, están viendo como desaparece su riqueza, la de sus ciudadanos, de un día para otro, de la noche a la mañana, a veces, incluso, muy por encima de sus propios cálculos, con resultados que empiezan a preocupar en la misma Alemania, inductora al fin y al cabo del proceso.
La fórmula, el procedimiento es sencillo. Bastó con abaratar, si no el coste del dinero, si la forma de conseguirlo. En un país que, a consecuencia de la ley del suelo aprobada por el PP, giraba fuera de su eje y lo hacía alocadamente, casi todo el mundo tenía un trabajo y unas expectativas de futuro que le permitían soñar con una casa con jardín, un apartamento en la playa, vacaciones, viajes y coches de lujo. Para alimentar el sueño, los bancos y las cajas comenzaron a vender, también alocadamente, su crédito, un crédito que a su vez, con el aumento de la demanda, acababan comprando en el extranjero, fundamentalmente en Alemania, con lo que tendríamos ciudadanos endeudados con una banca también endeudada, en un país en el que los gobernantes, para ganarse el apoyo de esos nuevos ricos en que había convertido a los votantes, también se endeudaba despilfarrando sus recursos actuales y futuros en grandes obras públicas superfluas cuando no obscenamente innecesarias.
Tenemos, pues, ciudadanos e instituciones dándose caprichos o teniendo que comprar la vivienda que realmente necesitan al desorbitado precio del mercado. Y tenemos unos bancos y cajas vendiéndoles su  dinero y el que tienen que comprar fuera porque, dicen, su negocio es dar crédito. Lo malo es que las viviendas, los apartamentos, los viajes, las vacaciones y los coches de lujo no eran sólo de quienes creían haberlos comprado. También eran propiedad del banco o la caja, porque los cómodos plazos incluían garantías y condiciones leoninas para el momento en que no fuese posible pagarlos.
Con esa economía en ebullición, entregada al consumo, en la que pagar impuestos para sostener el sistema era poco menos que una frivolidad del pasado, bastaba detener la rueda, imponer cualquier exigencia imprevista para que todo se esfumase y el fiasco perfectamente previsible de las hipotecas sub prime americanas fue el palo que detuvo la rueda e hizo saltar todo por los aires.
Esa ha sido la fórmula hacernos creer que podíamos, empujarnos a gastar nuestros ahorros en lo que quizá no siempre necesitábamos y luego quitárnoslo todo: lo comprado, los ahorros, el trabajo, el bienestar y, ahora, las pensiones. Eso, mientras los que se aprovecharon de nuestra locura inducida y gestionaron el crédito de manera suicida tienen a salvo, muchas veces fuera del país, el resultado de su saqueo y la banca saqueada tapa sus vergüenzas, sin soltar un euro en crédito, con un dinero que, de momento, estamos pagando todos.
Esa y no otra es la fórmula con la que han saqueado este país. 
 
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