jueves, 27 de febrero de 2020

PIANO, PIANO...


Dicen, aunque no hace falta decirlo, que, para caminar. hay que comenzar por poner un pie delante, luego, claro, hay que poner el otro, pero lo fundamental es primer ese primer pie, dar ese primer paso al que luego seguirán otros. Casi siempre es difícil ar ese primer paso, porque lo fácil, lo cómodo es no moverse, quedarse quieto rumiando las propias convicciones, ciego y sordo a cualquier cosa, a cualquier idea, a cualquier diálogo que lleve a la duda.
Ese quedarse quieto lleva el premio del beneplácito de quienes están bien como están y prefieran que nada cambie, los que creen que lo suyo no va a acabar nuca y olvidan que dura siempre es el tiempo. Por eso hay que moverse, conocer otros puntos de vista y, sobre todo, escuchar, escuchar al otro y hacerlo cara a cara, sin cámaras ni micrófonos, decirse las cosas a la cara, sin intermediarios que, siempre, con el más mínimo matiz, con el énfasis con que se traslada el mensaje, ya lo están tergiversando.
Hacía falta que "los de Madrid" se viesen con quienes se dicen "los catalanes"., hacía falta que se escuchasen, que se dijesen las cosas, así como lo han hecho, entre cuatro paredes, sin tergiversación posible, para que España y Cataluña, si es que son cosa distinta, sientan que existe un futuro, un futuro posible, que habrá que escribir a cuatro manos, porque lo evidente es que desde la ira, desde el enfrentamiento, es y será imposible construir nada.
No sé si lo de ayer ha sido un punto de inflexión. Lo cierto es que de la reunión apenas salió otra cosa que el compromiso de mantener encuentros cada mes, al margen de las elecciones y los presupuestos de aquí y allá, nada más y nada menos. Para mí, suficiente, porque el hecho de que la reunión no acabase abruptamente me bastó, más si, como digo, se anunció que habría continuidad y, ya se sabe, el roce hace el cariño.
La "desleal" oposición, incapaz, después de más de dos años, de admitir que los españoles ya no les quieren tanto como alguna vez, para nuestra desgracia, les quisieron, afila sus colmillos como un perro loco en dos únicos troncos: Venezuela y Cataluña, y lo hace hasta el aburrimiento, sin darse cuenta de que aquello que puso en marcha el PP de Aznar, la judicialización de la política, que no es otra cosa que el recurso al pataleo de quien tiene poco que ofrecer, porque el pasado le persigue.
Para mitigar el enconamiento a que han llevado las malas decisiones del PP, en el gobierno y en la oposición, van a pasarle factura una y otra vez y sólo cambiando de actitud, uniéndose a quienes buscan una salida a un problema grave que lo puede ser más, podrá crecer en Cataluña y pasar a ser parte de la solución, una solución en la que también el PP es necesario, pero, para que eso sea posible hay que dar un paso, el primero, en la dirección adecuada.
Un pie primero y, detrás el alto, despacio, sin pausas, porque "piano piano, si va lontano" y, ahora, la distancia es ya mucha. 
Debo añadir que, mientras esto escribo, escucho a Felipe González y José María Aznar echándose flores entre ellos, quién lo diría, y dando arcadas por la reunión de ayer, que consideran poco menos que apocalíptica. Y, ante eso, sólo puedo decir lo que otras veces ya he dicho "teme a los viejos, porque no tienen futuro".


miércoles, 26 de febrero de 2020

TELEVISIÓN, CORONAVIRUS, GRIPES Y SARAMPIÓN


Si alguien hubiese querido humillar al hombre moderno, ese que sin conocer el entorno de su ciudad viaja miles de kilómetros todos los años, para correr tras una banderita junto con decenas de iguales de monumento en monumento, de paisaje en paisaje, para hacerse el correspondiente selfi y una nueva muesca en el pasaporte, si alguien lo hubiese pretendido, no habría hallado mejor modo de hacerlo que poner juntos un virus desconocido, no demasiado letal aunque bastante raro y unos medios de comunicación ávidos, necesitados por la presión de sus accionistas de atraer a las audiencias con lo que, aparte del sexo, mejores resultados da en los audímetros: el miedo.
La fórmula ha funcionado y, a base de repetir conexiones con fachadas de hospitales, de "dar paso" a enviados especiales escondidos tras mascarillas, de repetir en bucle el traslado de ese único enfermo que tuvo la desgracia de ingresar en un hospital como "sospechoso" de haberse infectado, a base de miedo han sacudido, o lo están haciendo, las estructuras de esta sociedad alegre u confiada, en la que nos ha tocado vivir.
Nos han dicho que no hay que pagar impuestos, haciéndonos creer que el dinero de los impuestos iba a estar mejor en nuestros bolsillos, para un viaje o unas vacaciones lejos, muy lejos, que financiando una sanidad capaz de combatir epidemias y curar a los enfermos de siempre. Se nos ha dicho que es mejor un crucero o un viaje a china que contribuir a prevenir las enfermedades con investigación y con vacunas, muchas veces rechazadas por la soberbia egoísta de quienes confunden la libertad con el capricho sectario y la ciencia con la lectura rápida e inconsciente de unas cuantas páginas sectarias en la red.
Hace unas semanas, una mañana, nos despertamos con la aparición de un virus extraño en una ciudad de China, una información tardía, porque a las autoridades chinas no les convino, cuando supieron de él, tomar las medidas precisas. Luego, esas mismas autoridades se encargaron de mostrarnos en todos los telediarios su capacidad para levantar hospitales en semanas, aunque llegaran tarde, nos enseñaron sus robots para repartir comida a los enfermos, porque se habían quedado sin personal, los drones para vigilar y fumigar barrios enteros, algo que podría haberse evitado haciendo caso a aquel médico que alerto sobre la virulencia del maldito virus.
Luego llegó la histeria, la suspensión del Mobile World Congress, por poner un ejemplo, mientras se celebraban otras ferias parecidas, decisiones contradictorias e informaciones tan imprecisas que, si alguna vez tuvieron la intención de tranquilizar a la población, que lo dudo, están consiguiendo todo lo contrario. Sabemos poco, porque nos cuentan poco, pero tememos mucho, nos tememos lo peor, porque quien debiera tranquilizar y hablar sólo de certezas, la OMS, se dedica, lo hace su máxima autoridad, a especular en ruedas de prensa que más parecen las que se celebran tras un partido de fútbol que de un organismo tan caros y que tiene asumidas tan graves responsabilidades. 
Me temo que, como ocurrió con la Gripe A nos "venderán" una vacuna, quizá tan inútil como lo fue aquella, que sólo sirvió para llenar los bolsillos de las grandes farmacéuticas.
Vivimos angustiados porque a nosotros, los "blanquitos" de occidente nos confinan en hoteles o en cruceros por nuestra mala cabeza, o mala suerte, de viajar a las zonas donde está el virus, que cada vez son más, y nos dejamos verdaderas fortunas en comprar a precio de subasta mascarillas o geles hidroalcohólicos para desinfectar nuestras manos, algo que deberíamos hacer a diario y no lo hacemos, mientras negamos ayuda y atención a la grave epidemia de sarampión que está acabando con la vida de miles de niños en África. Pero, claro, eso es otra cosa, harina de otro costal, porque tanta muerte no sale en los telediarios y no nos interesa.

martes, 25 de febrero de 2020

LOS AMIGOS DE PLÁCIDO


Casi por sorpresa, como supimos de las acusaciones que unas cuantas compañeras hicieron contra él, Plácido Domingo acaba de admitir en un comunicado toda su responsabilidad sobre los hechos, acoso sexual desde su posición a esas mujeres que sólo años después fueron capaces de hacer públicas esas encerronas y esos tocamientos en los camerinos, esos encuentros "que no podían rechazar" de quien podía ser un magnífico padrino para sus carreras.
En la nota del que fuera director de las óperas de Washington y Los Ángeles admite su responsabilidad en el dolor causado a esas mujeres y enriende ahora el miedo de todas esas mujeres a denunciar ese acoso del que fueron víctimas.  Este cambio de acritud de Domingo que, cuando Associated Press dio a conocer los hechos en un reportaje con sus víctimas bajo un lógico anonimato, se permitió decir que se habían malinterpretadas sus galanterías y sus atenciones, está sin duda relacionado con el final de la investigación llevada a cabo por el sindicato de la ópera norteamericana, que ha comprobado el acoso en al menos o e comportamiento inapropiado con al menos 27 mujeres.
Curiosamente, la asunción de responsabilidad de Domingo se hace pública un día después de la condena al productor Harvey Weinstein en el caso que dio origen a aquel "me too", de que no cabe duda que el "caso Domingo" es heredero, no porque, como han llegado a decir y a escribir algunos, las víctimas viesen la oportunidad de "sacar tajada" sino porque, en aquellas actrices que acusaron al productor y en la cadena de velos y tabúes que fueron cayendo a propósito de algo que se consideraba en cierto modo "normal", encontraron la fuerza para denunciar sus casos.
Plácido Domingo ha visto las orejas al lobo y ya no vale eso de que fue malinterpretado o lo de que han cambiado las costumbres y lo que eran galanterías entonces sea ahora acoso, un asunto en el que su prestigio y su carrera ya se han visto perjudicados y que muy probablemente acabará afectando a su patrimonio, por lo que, probablemente la asunción de la culpa y la petición de perdón sean una nueva estrategia para mitigar el hipotético castigo que sobre él pudiera recaer.
Hasta aquí, de momento, lo que afecta a Domingo. Hablemos ahora de "sus amigos" todos aquellos y aquellas que, sin atender a las denunciantes, cerraron filas para defender su honorabilidad, tratando de hacernos creer que todo era una campaña movida por la envidia y la codicia llevada adelante por unas cuantas fracasadas que tomaban venganza en el tenor por su falta de éxito. 
He leído y escuchado demasiadas gilipolleces al respecto, he tenido que sufrir no sin sonrojo como algunas cantantes descalificaban a las denunciantes basándose en su experiencia con el acusado, he tenido que soportar estupideces como a de que teníamos que defenderle porque Domingo es español como nosotros, he entendido en alguna de estas declaraciones que, con otras palabras, se llamaba "lagartas" a las denunciantes.
Sin embargo, lo peor, lo que más me ofendió, fue leer verdaderas regañinas a Domingo por haber admitido los hechos, aunque reinterpretándolos, a su favor, regañinas que en algún caso se permitían recomendarle que cambiase de abogados, gente, unos y otros, a los que sólo les faltó convocar una manifestación de afirmación patriótica. Qué dirán ahora, se habrán puesto colorados, asumirán su parte de culpa por entender y defender a un acosador sistemático como Domingo. Me temo que no, me temo que en el mejor de los casos guardarán silencio.
Me temo también que ellos y ellas, cuando defendían al tenor español, no defendían al compatriota o al artista, defendían su propio machismo, su concepción machista y jerárquica del mundo, porque para ser machista y para entender a los machistas y a los autoritarios no hace falta ser hombre o tener poder. Me temo, además, que, quizá con menos orgullo, aunque "hay gente pa' to", los amigos de Plácido seguirán con su machismo y dejándose querer por quienes dependen de sus decisiones, simplemente porque ellos lo valen.

lunes, 24 de febrero de 2020

LA LARGA SOMBRA DE AZNAR


Ayer, con festividad y alevosía, Pablo Casado se cargó de un plumazo la candidatura del líder del PP en Euskadi, Alfonso Alonso, a las próximas elecciones autonómicas y, de paso, el mínimo vestigio de democracia interna que, aparentemente quedaba en el Partido Popular. Lo hizo ese aprendiz de brujo que, perdedor de las primarias convocadas para sustituir a un Rajoy en fuga, las primeras en toda su historia, se convirtió en el salvavidas al que se aferró el aznarismo para no desaparecer de la escena.
Ese es, me temo, el principal problema del PP, que cuando pudo no clavo la estaca en el corazón del vampiro que, desde entonces y de vez en cuando, rejuvenecido con la sangre fresca de sus siervos, sale de su cripta para proyectar su sombra sobre ese partido y este país que cree suyos.
Aznar, como los generales de la impagable "Senderos de gloria" de Kubrick, manda a sus hombres al matadero y lo hace con Pablo Casado y otros como él, dóciles y ambiciosos, dispuestos a hacer sonar su silbato para hacer salir a sus hombres al campo de batalla a sabiendas de que acabaran muertos o, en el mejor de los casos, derrotados en el campo de batalla, enredados en las alambradas de su pasado ante las urnas. Una patética estrategia diseñada por una sombra del pasado desde un despacho, lejos, muy lejos, de la realidad española, como aquellos generales jugaban con la vida de sus hombres, que caían cada día por miles, ante una mesa con mapas en un lujoso chateau, a kilómetros del frente. 
Lo único que viene salvando a Casado de saltar de la presidencia del partido es ese aliento frío del señor de las tinieblas que se percibe en su presencia, la sombra de Aznar, porque, desde que llegó a su despacho, ha perdido o han perdido sus candidatos, en cuantas elecciones ha participado, hasta el punto de que, si conserva parte del poder autonómico y municipal que tuvo es gracias a la oscura y tóxica alianza con Vox. Poder que Casado se atribuye como propio, pese a que, desde entonces, el PP no ha hecho otra cosa que atender servil a los caprichos ideológicos del partido de Abacal.
Se ve que Aznar y con él Casado han comprado a Vox el mensaje de la “derechita cobarde" y están dispuestos a alimentarse de la sangre emponzoñada del fascismo más descarado con tal de volver a un pasad tenebroso que ellos consideran gloriosos.
Alfonso Alonso, que en Vitoria ganaba las elecciones sin bajarse del autobús, que diría algún cronista deportivo su gente y, con ella, entendió que, para crecer, había que mirar hacia adelante y abandonar el castillo en el que se sentían seguros, sobre todo una vez que se acabó el terror en Euskadi. Alonso es un hombre abierto y seguro de sí mismo, incompatible con el autoritarismo de barba y sonrisa que encarna Pablo Casado. Por eso, el líder del PP vasco no puede entender que se hipotequen sus listas a las vascas con candidatos de un partido incapaz de obtener un sólo escaño en Euskadi. Por eso, por el pecado de desobediencia, imperdonable en la secta que en estos tiempos habita el PP, se le arroja a las tinieblas, aunque, para ello, hayan tenido que recurrir a un personaje oscuro y resentido, como Iturgaiz con zonas sombrías en su pasado, torpe como él sólo, capaz de desvelar en su primera entrevista los verdaderos planes de Casado e, insisto, Aznar, que no son otros que fusionarse más adelante, no sólo con Ciudadanos, sino con Vox, en plena ensoñación aznariana de ese partido refundado con las tres derechas, de momento incompatibles como el agua y el aceite. Y, por si fuera poco, sólo un personaje tan turbio y descolgado de la realidad como él, puede referirse al gobierno de coalición apoyado por la mayoría de los ciudadanos como "gobierno fasciocomunista".
No sé qué pensará la ambiciosa Inés Arrimadas, a la que su envite al PP le está dando resultados tan bizarros. No sé siquiera si ha medido los resultados em su propio partido que, honradamente, aún no controla con absoluta legitimidad. La única explicación que le encuentro es que, con conocimiento dl oscuro Aznar, está preparando la entrega del mismo al PP, a cambio de algún que otro honor en su nuevo partido.
Todo muy difícil de explicar, todo muy de ultratumba, tanto como para que a la casi siempre solvente Cuca Gamarra le ha costado intentar explicar por qué Iturgaiz, del que casi nadie se acuerda y al que los jóvenes ni conocen, es mejor candidato que Alfonso Alonso, que tan mal les cae a Casado y, sobre todo a Cayetana Álvarez de Toledo. muy difícil de explicar, salvo que el PP, mejor dicho, quienes lo controlan hayan decidido bajo la capa, bajo la sombra aparentemente protectora del conde Aznar, a la búsqueda de una nueva vieja derecha que, sin el dolor causado por ETA que tanto evocan, queda muy lejos.

viernes, 21 de febrero de 2020

AL JUEGO, POR LOS CUERNOS


Es una plaga y hace tiempo que se extiende por nuestros barrios. Decir que es la heroína del siglo XXI ya no es una exageración. Las empresas que controlan las casas de apuestas han tomado cada esquina de nuestros barrios, como, en los terribles setenta y ochenta, las tomaron los camellos con sus "papelinas" y, para establecer su mercados, han escogido, como aquellos camellos, los barrios más humildes, aquellos con más paro juvenil, esos a los que difícilmente llega el dinero del salario de un trabajo que no existe, en los que los jóvenes sueñan con un puñado de billetes con los que pasar un fin de semana a lo grande, unos euros con los que comprar un móvil lleno de gigas y colores o las zapatillas a la última.
Ese es el juego que nos preocupa en las calles, pero no es el único juego que nos preocupa, porque lo tenemos también en nuestras casas, allá donde hay un ordenador o un móvil, incluso lo tenemos, dale que te pego, en las televisiones y las radios, desde las que voces presuntamente amigas nos incitan sin parar a jugar o apostar, da igual si es póker o es fútbol, prometiendo paraísos de lujo y gloria o salidas al aburrimiento, emociones que se desvanecen en segundos y que, como bien saben los psiquiatras y psicólogos, generan una insatisfacción y una ansiedad que llevan de cabeza a la peligrosa adicción, en la que todo, como con la heroína, se reduce a encontrar el dinero con que conseguir el pico o pagar la apuesta que nos devuelva esa sensación de calma que llega con la aguja o ese vuelo de mariposas en el estómago, cada vez más difícil de alcanzar, porque cada vez dura menos y es más la ansiedad que le sigue. 
Vivimos en una ciénaga peligrosa, en unas aguas pantanosas que personajes sin escrúpulos, como el exministro que fue de Justicia, Rafael  Catalá se han encargad de crear, vivimos en la selva que quien fuera consejero de una de las grandes empresas del juego, CODERE, preparó desde el ministerio, con una ley del juego, hecha a imagen y capricho de sus viejos amigos, que no han tardado en devolverle el sillón en el consejo, convirtiéndose en la "zorra de ida y vuelta" a la que el PP de Rajoy, empeñado en "ludopatizarnos", ahí estaban Esperanza Aguirre y su frustrado Eurovegas, puso a guardar el corral del juego. juego
Mientras tanto, "famosos" sin escrúpulos pagan sus deudas o sus malas inversiones, apareciendo en muestras pantallas, prometiendo, con esa voz que dieron a algunos de nuestros personajes favoritos, ese dinero fácil que, al final nunca llega. Coronado, del juego al chocolate y del chocolate al juego, Jorge Javier Vázquez, echando las redes del bingo o la tómbola a domicilio a las señoras que le ven y adoran, hay gustos para todo, o el agresivo Carlos Sobera que, no conforme con hacer parejas en la pantalla, pretende que las hagamos nosotros en los casinos virtuales que anuncia.
Alberto Garzón, un comunista, es el encargado de poner orden en la selva del juego. Y lo va a tener difícil, porque las televisiones y las radios se sostienen en una gran parte gracias al dinero proveniente de la publicidad del juego que se entremezcla obscenamente con la información deportiva, forzando la aparición de datos y estadísticas, con el único fin de engatusar a telespectadores y oyentes para que se crean capaces de acertar resultados y datos tan peregrinos como quién sacará el primer córner o qué jugador será expulsado y en qué tiempo.
Está claro que quienes están acostumbrados al dinero fácil de la publicidad del juego no se van a dejar arrebatar el botín y someterán al gobierno a cuanto chantaje crean conveniente, para poner a salvo su negocio. Que el juego se ha convertido en una plaga resulta evidente y que Alberto Garzón y el resto del gobierno, también, pero, si no queremos otra generación pedida, plagada de enfermos con sus vidas rotas, es evidente que hay que prohibir o limitar la publicidad del juego, estableciendo quién, por muy famoso que sea, no debe hacerla y a qué horas y en qué ámbitos no debe emitirse, porque, al juego, hay que cogerlo por los cuernos.

miércoles, 19 de febrero de 2020

SEGUID APRETANDO



Después de años de silencio. el campo español, por fin, ha despertado y, si lo ha hecho, es porque su situación ya no puede ser peor y ya no les mueve la codicia, si es que alguna vez lo hizo, sino la supervivencia. Han comenzad a hablar y a moverse y parece que va para largo.
En un país que poco a poco se va muriendo por dentro, en un país que se va vaciando, porque no puede o no quiere dar futuro a las gentes de sus campos, en un país en el que los niños ya no son capaces de imaginar la fruta colgada de los árboles porque sólo la han visto apilada en los supermercados o apretada, de cuatro en cuatro o de seis en seis, en bandejas de plástico, forrada de más plástico, poco o nada parece importar el destino de gente para la que el campo lo es todo, gente añosa incapaz ya de cambiar de vida o jóvenes que han apostado por salvar la finca de los abuelos, convirtiéndola en su medio de vida.
Ya no nos acordamos de la fruta desparramada sobre las autopistas francesas cuando España llamaba a las puertas del Mercado Común y sus frutas y verduras eran el enemigo a batir para los agricultores del país vecino. Poco aprendimos, poco aprendieron los agricultores españoles, que se dejaron "liar" por ese mercado y de esa misma manera, mientras las grandes distribuidoras, las grandes superficies, la mayoría de origen francés, los Carrefour o los Alcampo, imponen sus precios, insostenibles con las estrictas normas de producción europea que, sin embargo, se esfuman cuando se hace llegar la fruta, fruta vecina, sin tantas normas, que crece con pesticidas y abonos imposibles de imaginar aquí, para conseguir que los productores españoles entreguen la suya a precio de saldo.
La gente del campo envejece y se come los ahorros, mientras sus hijos se van a las ciudades, como, por otra parte, han hecho siempre a engrosar las nóminas de subempleados o a estudiar una carrera para serlo. El campo se muere y ya no es siquiera ese paisaje idílico en el que pasar con los niños un fin de semana y, mientras, los gobiernos y as oposiciones, que todos tienen su parte de culpa, miran para otro lado, van a Europa a ejercer de eurodiputados, como desecho de tentadero, más pendientes de las dietas que se quienes con sus votos las pagan, para acabar o relanzar sus carreras, sin acordarse de toda esa gente que ya no puede más.
Contaba mi abuelo, sabio como el diablo, por viejo, y con esa filosofía tranquila que da ver muchos amanecerse sin ruido de bocinas y tráfico, la historia del campesino que lloraba la muerte de su "joio" burro que, después de obedecerle y aprender a no comer fue y se murió. Ese parece ser el futuro de los hombres del campo español, morirse después de aprender a n comer, si no despiertan ahora, como parece que están haciendo.
Los votos de la gente pesan lo que pesan sus problemas o, mejor dicho, pesan lo que pesan los problemas que son capaces de causar. Por eso el campo francés está en mejor posición que el español, porque se movilizó hace tiempo y el campo español se salvará en la medida en que sea capaz de hacer valer su existencia. Si no, si lo perdemos, porque lo perderíamos todos, pasaría a ser un desierto sin gente, objetivo de bancos y multinacionales para sus negocios de salvaje sobreexplotación agrícola o planes inmobiliarios.
El campo está en pie y hay que apoyarle. Si no, despidámonos de la España que conocimos y del placer de imaginar frutales o gallinas en el campo.
Ayer, la ministra de Trabajo se reunió con las asociaciones agrarias y en la reunión estuvo el vicepresidente Iglesias que parece haber entendido que en ese colectivo en pie hay un nicho de votos, quizá por eso, en un momento de la reunión les dijo "Seguid apretando, porque tenéis razón".

martes, 18 de febrero de 2020

Y SI LA ABUELA TUVIERA...


Ayer se produjo por fin el lógico y necesario encuentro entre Pedro Sánchez y Pablo Casado en el Palacio de la Moncloa, un encuentro que habría que leer como la primera de las muchas entrevistas que tendrían que haberse celebrado entre el presidente del gobierno y el líder de la oposición, que no se han celebrado porque uno y otro han estado y perece que algunos aún lo están tan sólo ocupados en provocar unas nuevas elecciones para ganarlas.
Ese afán destructor que parece dominar el panorama político español es difícil de explicar, porque ni al país ni a los ciudadanos les interesa seguir en esa guerra de guerrillas paralizante en la que poco o ninguno es el terreno que se gana al adversario y pocas son las veces que los rivales, después de salir al campo abierto de las elecciones se ocupan o pueden ocuparse de la reconstrucción del terreno que han ocupado.
Esta actitud, que yo calificaría de suicida, no tiene explicación, salvo que haya algo por detrás que la esté forzando y creo que ese es el problema, porque Sánchez ha llegado al gobierno con unos socios muy exigentes, Unidas-Podemos, y una base electoral que no lo es menos, en todo lo que tiene que ver con la resocialización del país y la deseable desaparición de la terrible brecha social que la crisis y las recetas con que el PP dice habernos sacado de ella han abierto entre una España que lo tiene casi todo, el capital y los medios de producción, y otra que lo necesita casi todo, el trabajo, la vivienda, la sanidad, las ayudas a la dependencia o la educación.
Sin embargo, los que lo tienen todo, los que se enriquecieron con la crisis y se hicieron con el poder y la influencia no quieren renunciar a ello. Quieren seguir pagando pocos o ningún impuesto y seguir con sus rentas y sus pelotazos, subiendo los alquileres cada año a precio de un mercado inflado cada mes, si no cada día, y llevado al borde del reventón, en el que lo que se vente o se alquila no es otra cosa que un bien, un derecho, garantizado, no os riais, por la Constitución que tanto defienden los amigos de los especuladores. 
De modo que existe una presión del electorado para reducir esa brecha y restaurar los derechos que les fueron usurpados en aras de sacar a España de la crisis, sacar a los españoles es ya otra cosa y aún está pendiente, el gobierno que quiere darles satisfacción pero no puede, la oposición que quiere ver a toda costa caer al gobierno y, por encima de todos ellos, los beneficiarios de tanto desgobierno como el que hemos pasados, atrincherados en sus sicaps, sus paraísos y su ingeniería fiscal, que se llevan los beneficios de las ventas en mercados etéreos, en los que el "no futuro" de los jóvenes les arrastra a las compras compulsivas, lejos de la caja en que se pagan, maquilando pérdidas para evadir impuestos aquí y acabar pagándolos en cualquier paraíso fiscal.
Por eso, ni los bancos quieren esa tasa aprobada ayer, que penaliza sus operaciones especulativas y las de sus clientes, ni las grandes empresas quieren pagar más que lo poco que en general pagan y, por ello, ellas o sus países matrices, presionan al gobierno para paralizar las tasas "Google o Tobin", haciéndolas tan efímeras como la efímera república catalana de Puigdemont.
Ese es el drama que el poder fáctico, el poder en la sombra, el del dinero, no quiere a Sánchez con su socio, pero no tiene un recambio para ellos, porque esto todavía es una democracia y el poder aún lo damos y lo quitamos los ciudadanos. Por eso resultaba patético ver al líder de la oposición a la salida de su encuentro en la Moncloa, apenas después de haberse estrellado otra vez en el muro de Venezuela, ofreciendo su ayuda a Sánchez a cambio de que cumpla el programa del PP que él no fue capaz de llevar a la victoria. Fue una penosa retahíla de condicionales, uno detrás de otros, a los que un castizo hubiera añadido "y si a abuela tuviera cojones, sería el abuelo", porque el PP, al que adora el capital, no tiene los escaños ni los votos para llevar acabo ese programa que la mayoría de los españoles negaron en las urnas.