viernes, 12 de mayo de 2017

POS FERNÁNDEZ VARA


Que Guillermo Fernández Vara y su modo de entender la política no me gustan es evidente. Entre otras cosas, porque no me Fundamentalmente porque me da repelús la gente que esconde la furia y las navajas tras esa voz de pena que sólo el presidente extremeño es capaz de poner en las entrevistas.
No me gusta porque es flojo de memoria y sólo recuerda lo que quiere recordar y a su manera. No me gusta la gente que muestra inflexibilidad hacia los demás y, sin embargo, se deja mecer como el junco cuando el viento sopla a su favor. No me gusta, porque, siendo como es un populista consumado, no hace otra cosa de acusar de populistas a los demás.
Entiendo su aversión a todo aquello que huela a Izquierda Unida, porque Izquierda Unida le privó de gobernar la pasada legislatura extremeña, dando con su abstención el gobierno al muy viajero José Antonio Monago, una decisión de IU que quizá tuviese sus razones de rencor hacia él nacido de más de una traición e incumplimiento, pero que no es muy distinta a la decisión de su amada Susana Díaz, la "mujer cañón “a la que defiende y acompaña, de forzar la abstención del grupo socialista del Congreso para que Rajoy, nuestro Monago, se quedase en la Moncloa, pese a todas sus políticas anti sociales, pese a su falsa recuperación que ha hecho más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, convirtiendo a nuestros jóvenes en jornaleros sobradamente preparados que esperan en la plaza de Internet a que  cualquier cadena del textil o de comida rápida chasque sus dedos y los lleve a segar a sus floridos campos de prosperidad.
Fernández Vara es de moral y memoria distraídas. Y no recuerda que a Pedro Sánchez no le dejaron manos libres para negociar la formación de un gobierno progresista que, sí, entonces era posible, Bien es verdad que el sanedrín del PSOE, los gloriosos y acomodados "jubilados" del partido y unos cuantos barones como Vara,, se vieron justificados por la soberbia torpe e inútil de Pablo Iglesias que pusieron en bandeja a lo más carca del PSOE, que lo hay y mucho, el rechazo a la alianza, echando al candidato en brazos de Ciudadanos, la verdadera hipoteca para formar gobierno.
Aquello llevó al PSOE al dilema de votar NO en la investidura de Rajoy, como habían propuesto en la campaña y había suscrito la militancia en referéndum o darle con su abstención las llaves del gobierno. Pedro Sánchez, por lo que fuera, se puso de parte de la militancia y el NO y fue entonces cuando el aparato incombustible del PSOE, con Fernández Vara en primera línea, fraguó el golpe de estado que acabó con el primer secretario general socialista elegido directamente por las bases del partido.
Hoy, un Fernández Vara nervioso y enfadado porque aquel Pedro Sánchez al que dieron por muerto hace meses respira avales en la nuca de la favorita del aparato ha querido reescribir la historia de aquellos días, acusando a los partidarios de Sánchez de mentir, de inventarse lo que pasó, y lo ha hecho diciendo que están contando posverdades, odio esa palabra, cuando lo que en realidad pretendía Sánchez, ha dicho, era mantenerse en la secretaría general tras un congreso exprés.
Y de ahí, a los lamentos y los ardores patrios, a pretender que Pedro Sánchez quiere aliarse con quienes quieren destruir España, los nacionalistas, solo porque reconoce, como en su día hizo Felipe González, la nacionalidad cultural de Cataluña y Euskadi. Y lo ha convertido en arma contra su rival, como si no fuese evidente.
Lo que no ha dicho, la verdad que ha ocultado este "pos Fernández Vara" de escasa memoria es lo bien que le viene a su discurso populista su oposición a Cataluña y los catalanes, sus acusaciones de egoísmo e insolidaridad hacia ellos, uno de sus mejores argumentos en campaña, una mentira o una verdad a medias que, a él y a su mentor Rodríguez Ibarra tantos votos les han dado.
Lo de este Fernánde Vara tramposo y olvidadizo no es posverdad, es un corta y pega de lo que pasó, a mayor gloria suya y de su Susana, pero yo fui, nosotros fuimos, testigos de lo que pasó.

jueves, 11 de mayo de 2017

ES TODOS LOS DÍAS


¡No, por favor! ¡Es que es todos los días! Se quejaba ayer Rajoy a su salida del plano del Congreso. Lo dijo, mientras abandonaba a "paso Rajoy," rodeado de asesores y guardaespaldas, el palacio del Congreso, a preguntas de una periodista de La Sexta, con cámara y micrófono, quiso saber su opinión sobre si los restos de Franco deberían salir del Valle de los Caídos. Lo cierto es que la pregunta daba igual y estoy casi seguro de que ni siquiera la oyó. Y si daba igual, si le daba igual al presidente, es porque lo que siente Rajoy por la prensa, salvo con ese pequeño grupo al que, en terreno neutral, las más de las veces fuera de España, les hace "confidencias y gracietas" que estos, a cambio, le ríen, lo que siente es alergia. No hay más que ver su rostro crispado, oír sus balbuceos y sus miradas de reproche a quienes, como ayer, le deberían haber despejado el camino.
A Rajoy no le preguntaban por el bochorno que él, su ministro de Justicia, su secretario de Estado de Interior y su fiscal general nos estaban haciendo pasar a quienes creemos en el Estado de Derecho y en la independencia de los distintos poderes que lo sustentan. Pero el, su peculiar personalidad no le dejaba ver otra cosa que el elefante en el que no quería pensar y, claro, se sintió desnudo y desató todos sus mecanismos de defensa, materializados en esa huida ente reproches. Lo que no se le pasó en ningún momento por la cabeza, nunca ha sido empático,  fue ponerse en la piel de los ciudadanos que "todos los días", laborables o festivos, llueva o no, haga frío o calor, nos desayunamos con un nuevo escándalo de su gente y no de simples militantes o concejales de su partido, sino de gente que, como el ex presidente madrileño Ignacio González, la delegada del gobierno Concepción Dancausa o el expresidente murciano, accedieron a sus cargos o a las listas que les llevaron a ellos con su visto bueno, como presidente, bien del Gobierno o del Partido Popular.
Le concedo que el día de ayer no pintaba bien para él ni para los suyos. Tenían que explicar muchas cosas, demasiadas. Tenían que aclarar por qué el fiscal anti corrupción trato de deshacerse, en plena investigación del caso Lezo, de los fiscales que llevaban meses, incluso años, investigando codo con codo con el juez Velasco y la Guardia Civil, las alcantarillas del Canal de Isabel II y todas las ratas que habían anidado en ellas. Tenían que aclarar por qué el responsable de la Fiscalía Anticorrupción quiso impedir determinados registros y paralizar determinadas vías de investigación. Tenían, también, que aclarar por qué se revocó la renovación de la indómita Fiscal General, Consuelo Madrigal, que no quiso doblegarse a los nombramientos "sugeridos" por el ministro Catalá en puestos clave para el futro procesal del PP como, Anticorrupción o la Audiencia Nacional. Tenía que tratar de aclarar algo que ya está tan meridianamente claro como por qué se puso al frente de la Fiscalía Anticorrupción a un fiscal que llevaba diez años en Madrid guardándole las espaldas procesales al PP en todos cuantos asuntos de dudosa legalidad le habían afectado, archivando, a veces de manera insólita, asuntos que van, desde la huida de los "guardias" de Esperanza Aguirre, a otros como aquel tráfico de bolsas con "toallas" millonarias en Cartagena de Indias.
Deberían haberlo explicado y no lo hicieron. Es más, fue tal el descaro de todos los comparecientes que uno ya no sabe si fiarse de la justicia. Todos coincidieron en decir que no se dieron instrucciones a los fiscales, algo que me permito dudare, pero que no era imprescindible, porque, como al jardinero enamorado de su rosal favorito, le basta con arrancar las malas hierbas a su alrededor, le basta con abonar o no el terreno, con poner o no los medios requeridos en determinados casos, para obtener sólo las flores deseadas y dejar que se marchiten las otras.
Y, todo, con cara de póker, sin mover una pestaña. Manuel Valls, ex primer ministro francés no lo habría hecho mejor, Por eso me permito recomendar a Valls, ahora que ha huido de su partido, el socialista francés, como las ratas huyen del barco que se hunde, y que el partido de Macron le ha dado con la puerta en las narices, que estudie afiliarse al PP de Rajoy, Difícilmente va a encontrar gente más inmoral y falta de escrúpulos como él, con la que asociase.
Mientras tanto, los españoles, aquí, viendo como la lluvia de su hedionda basura es todos los días.

miércoles, 10 de mayo de 2017

LEYENDO ENCUESTAS

Cada vez que aparece una nueva encuesta me asombra un poco más la capacidad de algunos votantes, especialmente los del PP, para convivir con toda es podredumbre que, a otros, a mí al menos, nos vuelve el estómago del revés. Por eso, cada vez que leo una de esas encuestas, me pregunto qué más tiene que pasar para que, en un país gobernado por un partido que tiene o ha tenido a casi un millar de sus militantes y cargos, implicados, investigados, procesados o condenados, dentro o fuera de prisión, entre ellos ex ministros y ex presidentes  autonómicos, elegidos de entre sus filas, qué otro escándalo tiene que aparecer, para que se país en el que la policía y la justicia, día sí y día también, son puestas en entredicho por actuaciones partidistas ordenadas por los cargos políticos que las dirigen en nombre de ese gobierno, qué más tiene que pasar para que una parte importante de los ciudadanos con derecho al voto, uno de cada tres, deje de pensar en votar de nuevo al partid que está detrás de todas esas anomalías democráticas.
La corrupción y todo lo que conlleva avergüenza, nos avergüenza, a quienes creemos en cosas tan peregrinas, al parecer, para los votantes del PP como la democracia o la división de poderes en el Estado. Nos avergüenza y asquea ´bon la misma intensidad que, a otros, les encanta porque les ayuda a mantener los privilegios y prebendas de que disfrutan desde hace tiempo, todo eso que les aleja de quienes ahora trabajan para ellos por salarios miserables, con o sin papeles, esos mismos a los que repudian y culpan de los males del país.
Es la España del enchufe, el amiguismo y la trampa, la que acumula pisos y los alquila en negro, la que es capaz de comprender a todos esos delincuentes que nos gobiernan nos han gobernado, porque, a su manera y en lo que está a su alcance, hacen lo mismo y, si pudiesen seguirían su camino.
Es la España que guarda billetes de 500 en los altillos y, de vez en cuando, cuando algún rumor les asusta los ponen en circulación, comprando lotería o en unos grandes almacenes. La España egoísta que se mira el ombligo y desprecia lo público, porque puede permitirse pagar o que le paguen lo privado, la sanidad y la educación, por ejemplo.
La cosa no va con ellos, la crisis ha sido para ellos una oportunidad de negocio, un mar embravecido en el que muchos han naufragado y a cuyas playas llevan los despojos de tantos y tantos ahogados para que, ellos, los de siempre engordan su patrimonio. Son cada vez menos, poco a poco van dejando de creer en el partido ventajista que les baja los impuestos y "mira para otro lado cuando hay que hacerlo", pero son todavía demasiados.
Por eso, resulta extraño que los potenciales votantes de ese partido sigan a la cabeza de las encuestas. También, que el partido que le permitió seguir en La Moncloa, el PSOE, le siga en las preferencias de los encuestados. Sólo la bisoñez de Podemos la gran esperanza frustrada de la izquierda española y la esperanza de que, en el PSOE, las bases subviertan el orden establecido por el aparato y consigan reponer al frente del partido, ahora con más pasado y más claridad a Pedro Sánchez. Aunque, dios no lo quiera, podría ser que todos esos arribistas, partidarios del espolio de lo público, del imperio del IBEX, de los minijobs "de mierda", del deterioro de lo público, los de las cuentas en Suiza o en cualquier paraíso fiscal, vean en Susana Díaz un seguro de que nada va a cambiar, porque un PSOE cada vez más decolorado en su rojo va a estar ahí para salvar el buen orden y la unidad de eso que nos niegan a los demás y llaman patria.
En cuanto al crecimiento de Ciudadanos, "no problem". Cada vez está más claro que, al menos en las encuestas y en el día a día de los parlamentos, es el mejor banquillo de esos a los que la corrupción ya les acalambra las piernas,
Aun así, no temáis son sólo encuestas, O eso cree Irene Montero, cuya ambición no ha salido nada favorecida en ellas.

martes, 9 de mayo de 2017

FAMILIAS


Se dice, y no les falta razón a quienes lo dicen, que, si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente. Yo, parafraseándoles, me atrevo a decir que el poder que se perpetúa en el tiempo da lugar a familias y dinastías que, amén de corromperse las más de las veces, se empeñan en cerrarse al exterior para que nadie conozca sus chanchullos, su "tráfico de misales" y, sobre todo, pueda poner en peligro esos regímenes del todo dictatoriales que acaban por instalarse para siempre en federaciones deportivas, colegios profesionales, empresas y, claro está, partidos políticos.
Todos conocemos al siniestro presidente de la Federación de Fútbol, Ángel María Villar, a los más que tramposos directivos del Colegio Oficial de Enfermería de Madrid, a Juan Luis Cebrián, que, no le conforme con haber arruinado la solvencia económica y profesional del grupo PRISA, en el que, cómo no, han prosperado sus cachorros, sigue empeñado, como cualquier monarca o dictador que se precie, en morir con las botas puestas. Y qué decir, por último, de los partidos políticos en los que el que se convierte en "el rey de la montaña" defiende con uñas y dientes, apoyado por su aristocrático aparato, la corona, la caja y la línea sucesoria.
Ayer tuvimos la oportunidad de ver la impudicia con que esto que os digo se practicaba en Cataluña en tiempos del todavía, al menos públicamente, honorable Jordi Pujol, cuya familia, convertida en congregación religiosa, era una máquina de saquear Cataluña, con Marta Ferrusola, la matriarca y esposa, convertida en la "madrina" de ese clan mafioso que, muy probablemente, canalizaba hacia la banca andorrana unos fondos de origen oscuro que, según los investigadores, el "coño" de la UDEF, alcanzan un monto de 69 millones de euros. 
Los hijos de Pujol, a los que Marta Ferrusola, autoproclamada "madre superiora" de la congregación mafiosa, había adjudicado un cometido en el escalafón conventual, eran, ya lo creo, más partidarios de los negocios que de la política, salvo el pequeño Oriol al que el patriarca empujó a la política, hasta que un turbio asunto, el de las ITV se enredó en ella. Por eso, Jordi Pujol, salpicado el benjamín por el escándalo, puso sus ojos en Artur Mas, con el que había compartido gobierno y testaferro, para "hereu" de lo que todavía era un imperio: Convergencia, siempre investigada, siempre bajo sospecha, hasta que se vio con el agua de la corrupción al cuello y emprendió la huida hacia adelante del independentismo.
Habían pasado ya los tempos en los que lo que se sabía de los "negocios" de Pujol, antes y después de convertirse en honorable, eran moneda de cambio para completar en el Congreso mayorías que no bastaban para gobernar, tiempos en los que siempre hubo dosieres con los que amagar sin dar, tiempos en los que González y Aznar se turnaron en recibir su apoyo cuando fue menester. Tiempos que como vinieron se fueron, cuando un "Josemari" crecido, apunto de poner en marcha su propia máquina de corrupción se encargó de alimentar, hasta convertirlo en un monstruo el embrión del anticatalanismo más feroz.
Qué decir de Aznar y sus "familias", política y "carnal", que diría mi madre. Se explican por sí solos y están suficientemente documentados en los juzgados. Pero, como en todas partes cuecen habas, también junto a González crecieron clanes, si no familiares, sí políticos. Clanes a los que ha importado más quedarse con el partido, cada vez más exiguo y con menos contacto con la calle, clanes desde los que se controlan, supongo que como en todos los partidos, salarios y despachos, vía listas de aquí y allá. Una manera de hacer política tan viciada que acabó por cegarles al borde del precipicio.
Hasta que, hace unos meses, conscientes de lo que iban a perder si su partido giraba a la izquierda y buscaba en ella sus apoyos, la familia política de González, el aparato perpetuo del PSOE, gestionado por Rubalcaba y compañía, decidió, en nombre de algo que llamaban prudencia y no lo era, hacer saltar por los aires un partido del que estaban a punto de perder el control. Ahora, como Cebrián, como Villar, como el presidente del Colegio de Enfermeros de Madrid, conspiran t trapacean para evitar que Pedro Sánchez, el secretario general elegido por las bases, vuelva a serlo en detrimento de la niña de sus ojos, los de González, cueste lo que cueste y aunque el partido se rompa.
En fin, un juego terrible de familias y tronos, en el que nosotros, si nos conformamos con ser poco más que espectadores, no pasaremos de ser instrumento y lo nuestro, botín.


lunes, 8 de mayo de 2017

IMPOPULISMOS


Curiosa reacción la de los hasta ahora grandes partidos españoles felicitándose por el triunfo de Emmanuel Macron en las presidenciales francesas. Los dos, PP y PSOE, contentos y aliviados por la derrota de Marine Le Pen, pese a su preocupante crecimiento en votos. Contentos, porque es lo que toca fingir, cuando, en realidad, lo que han demostrado las presidenciales francesas es que, después de décadas de gobernantes abusando de la democracia y, con ella, de la paciencia y la capacidad de aguante de los señalados para pagar la crisis, los trabajadores, las clases medias y, sobre todo, la de los jóvenes, tras años y años de  mirar para otro lado porque habían decretado que había que hacerlo, los votantes franceses lo que en realidad han dicho es que ya no quieren tener en la presidencia de la república a quienes vienen dándoles la espalda, imponiendo una austeridad que ellos nunca han practicado, quitándoles el trabajo, mientras daban sueldos por nada o casi nada a sus esposas, sus hijos o sus amigos, han dado la espalda a quienes les hablan de patria y colocan sus beneficios y sus botines en paraísos fiscales.
Los franceses han dado la espalda a quienes les hablan de populismo, a quienes tratan de inculcarles el miedo al populismo, cuando nada hay más populista que servirse del miedo ajeno en beneficio propio. a los del "prietas las filas" y la demanda del voto útil durante dos meses, para olvidar, en los cuatro o siete años que siguen, los viejos errores, poniéndose al servicio de los especuladores, convirtiéndose en el engranaje necesario para arrasarlo todo, llevándose por delante la dignidad y el bienestar de aquellos a los que, sirviéndose del miedo, pide el voto.
En Francia, más que contra el demonio del populismo, han votado contra el impopulismo de los que han sobrepasado todos los límites del abuso y creo que aquí, en España, no tardará en ocurrir algo parecido, porque los dos grandes partidos "de siempre", PSOE y PP, han pecado de impopulismo. Uno y otro han dado la espalda a la gente, practicando el despotismo más absoluto, actuando como agentes de una superestructura parásita que, después de expoliar los territorios coloniales en África o donde fuese ha pasado al expolio de las propias metrópolis, arrasándolas para convertirlas en un erial inhabitable.
Rajoy ha dado muestras inequívocas de no sentir el más mínimo respeto por sus votantes y de pensar en lo de todos, lo público, como en un futuro botín a rapiñar para sí y para quienes le sostienes que, por desgracia, están más allá de quienes le votan. Su partido corrupto es cada vez más impopular. Ya, ni en los taxis se habla bien de él. Ahora, quienes guardan silencio en las colas son sus partidarios, que esconden el voto y la opinión a quienes, con razón, le critican. Se ha hecho impopular, como se han hecho impopulares quienes le rodean, obligados por la cobarde sumisión de quien quiere "hacer carrera" en el partido o por el miedo a ser delatados por todos esos chorizos que, en algún momento, han pagado sus sueldos, sus viajes o sus campañas. Ya no convencen ni él ni los suyos, porque queda poco infierno con el que amenazar más allá del infierno en que nos están haciendo vivir.
Rajoy se ha convertido en impopular, como Susana Díaz y el aparato del PSOE al que representa se está haciendo cada vez más impopular. La presidenta andaluza, está empeñada en una huida hacia adelante que la rescate de la impopularidad que "le" crece en Andalucía, donde el reverencial respeto al viejo partido que gobierna desde hace tantos años es cada vez menor, donde decisiones, como las tomadas en la Sanidad Andaluza, tomadas de espaldas a los ciudadanos y a sus intereses son cada vez más contestadas. Por eso está empeñada de derrotar, como sea, a Pedro Sánchez, por eso le acusa de impopulismo, porque sabe que, por lo que sea, está escuchando a las bases, las mismas bases que ella y el aparato burlaron en aquella vergonzosa tarde en Ferraz. Susana Díaz, más que le pese, es cada vez más impopular, tanto o más que lo es Rajoy.
Lo de ayer en Francia, como puede serlo en España en cuanto se pongan las urnas, fue un voto contra el impopulismo que allí y acá lleva años gobernándonos.

viernes, 5 de mayo de 2017

FALTA DE COSTUMBRE


Si os digo la verdad, entiendo los nervios de la candidata Susana Díaz y su gente. Y, si los entiendo, es porque no esperaban esto. Pensaban que, con la suma del aparato del partido, la ofensiva mediática y la posición institucional que le da a la candidata ser presidenta de Andalucía, el histórico granero de votos del partido, difícilmente, el "guapito" del cartel, el tonto útil al que pensaban manejar para seguir con los chanchullos y las componendas de su acomodado sanedrín de "yayopastas" y quienes les enjabonan, iba a enseñarle los dientes a la elegida por el aparato.
No se lo esperaban. Hacían bromas, ellos y sus tragaperras parlantes, con el coche del defenestrado, ese en el que estaba dispuesto a recorrer España y que tardó en arrancar. Lanzaron bulos sobre el estado de ánimo de Sánchez, hablaron abiertamente, ellos o sus voceros, de depresión. Le cerraron su oficina de campaña, trataron de cortar el flujo de donaciones que llegaba a la candidatura, invocando al Tribunal de Cuentas, ese mismo al que históricamente los partidos se han pasado por el arco del triunfo, hicieron todo lo posible para hundir el barco del ex secretario general, el primero y último que, hasta el momento, se había elegido directamente por os militantes, pusieron clavos en las ruedas de su coche metafórico y, al final, olvidaron lo fundamental, porque se olvidaron de esos mismos militantes cabreados como sólo se cabrea quien cree en la democracia participativa y ve como echan por tierra sus votos y la tradición progresista de un partido que llevaba más de un siglo diciéndose de izquierdas y comportándose más o menos como tal.
Por eso se lanzaron a la caza del aval, un trámite previsto para desbrozar las primarias de candidatos sin posibilidades, con el que, así se ha dicho, el aparato "ficha" a cada militante, porque, a diferencia del voto, el aval ha de ser nominal, de modo que cada avalista quedaría señalado por la sombra del candidato elegido. Toda una guerra de nervios y de presiones que, sin duda, puede influir en el ánimo de quien pretenda "hacer carrera" en su agrupación y ya se sabe, porque lo dejó dicho Alfons Guerra, que "el que se mueve no sale en la foto"
Por eso están tan sorprendidos, porque si, como dicen, el miedo guarda la viña, casi sesenta mil militantes del partido han optado por arriesgar las uvas y algunos más han dado su aval a Susana Díaz cruzando los dedos. Porque una cosa está clara: Pedro Sánchez puede estar seguro de todos sus avalistas, mientras que entre los de la presidenta andaluza hay mucho dedo cruzado a la espalda.
No hay duda de que, en Ferraz, la gestora de parte y los de siempre, reinan la sorpresa y la duda. No hay más que ver los rumores que hicieron circular nada más ver la cantidad de avales presentados por Sánchez, dando a entender que no todos iban a ser válidos, algo que, de madrugada, avanzado el lógico proceso de comprobación, parece descartado. Pero, por si acaso, lo dijeron, que algo queda y diluye la euforia del "casi empate" de la elegida y el electo.
Algo deben temerse los de siempre, porque una de sus voces más señaladas, la del extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra, se ha apresurado a proponer un enjuague muy de los suyos: que se retiren los tres candidatos, para que el partido, como si el partido fuese otra cosa que sus militantes, eligiese al candidato- Está claro que Ibarra se refiere al aparato, su aparato, y que no quiere ver de nuevo a Sánchez como secretario general.
Una prueba más de ese nerviosismo del que os hablo es ver de qué modo han respirado esta mañana las tragaperras parlantes, que no han hecho otra cosa que hablar del populismo de Pedro Sánchez y que tildan de trumpista a quien "osa “hablar, como yo, de "aparato" o "nomenclatura". Está claro que es equivocan quienes han creído tener al PSOE y sus militantes bajo control. Al partido quizá. no hay más que ver de qué manera forzaron la salida de Sánchez. pero, a la militancia, ya vemos que no. Ya veis, es la falta de costumbre de escuchar a las bases y la viciosa y egoísta estrategia predicada y practicada por Rajoy de "mirar para otro lado, cuando hay que hacerlo".

jueves, 4 de mayo de 2017

ARZALLUZ CABALGA DE NUEVO


Dicen que la política hace extraños compañeros de viaje. Incluso dicen que los hace de cama y que quien ladra desde detrás de la verja a todo el que pasa junto al jardín del amo, se enreda entre sus piernas y llena de lametones sus manos cuando lo tiene dentro de casa. Eso, tras años de ver y oír de todo, es quizá lo único verdaderamente exacto que he encontrado en una ciencia tan inexacta como lo es la política.
Ayer, un poco a escondidas y con prisas, Rajoy firmó con Josu Erkoreka, en sede parlamentaria, la rebaja del cupo vasco que el PNV le exigía para apoyar los presupuestos que le van a permitir ejercer de presidente con una cierta tranquilidad. Nada nuevo. Nada que no hubieran hecho antes González o Aznar. Nada que no se haga cada día, cada minuto, en los cinco continentes allá donde hay un parlamento verdaderamente democrático, un paramento en el que la política se hace (más o menos) entre todos, todos los días.
No pienso criticar, por ello, el acuerdo. Un acuerdo por el que Euskadi reajusta a la baja sus cuentas con el Estado a la hora de pagarle por las competencias no transferidas que ejerce en su territorio. Un acuerdo que, de haber sido firmado por los socialistas o no digamos Podemos hubiese sido tildado de apocalíptico y "rompepatrias" por el mismo Rajoy, los suyos, la prensa amiga y los atrincherados en el cómodo "santuario no se rinde" de Aznar.
Qué poca memoria, qué bendita amnesia que les permite olvidar aquellos tiempos en los que Aznar, con el mismísimo Rajoy en el gobierno, firmaba su tranquilidad con Xabier Arzalluz, la bestia negra del nacionalismo vasco, el mismo que nunca acabó de condenar a las claras a ETA, el que se asustaría años después, al ver las dimensiones que alcanzó la protesta espontánea con la que la sociedad civil vasca respondió as salvaje asesinato de Miguel Ángel Blanco.
Qué poca memoria, qué bendita amnesia, para no tener que recordar todo lo que Rafael Hernando y todos ellos, sin excepción, dijeron de Pedro Sánchez o de Podemos, cuando, ya a la desesperada, trataban de firmar un acuerdo parecido a éste, para que el hoy díscolo candidato a la secretaría general del PSOE, Pedro Sánchez nos devolviese la ilusión a quienes creíamos que España no merece estar otros cuatro años en manos de esta derecha corrupta y trapacera.
Y no sólo eso. Habría que saber dónde están ahora todos esos barones, todos esos patriotas, todas esas cabezas bienpensantes que pretenden guiar nuestra mano y la del líder de su partido, impidiendo una y otra vez que la izquierda intente medir sus fuerzas unida, asustándonos, para que no cayésemos en los mismos "errores" en los que cayó, ya no se acuerdan, Felipe González. Parece que ya nadie nos acordamos de cómo se torpedeó ese intento de Sánchez de formar gobierno, de cómo se le obligó a comerse primero el acuerdo con Ciudadanos y de cómo ese acuerdo, toda una hipoteca, firmado con Rivera y no la torpeza, que la hubo y mucha, de Pablo Iglesias, fue el obstáculo para firmar con los nacionalistas un acuerdo que hiciese posible el gobierno.
Ya nadie se acuerda, entre otras cosas porque los "efectos especiales" y la "música incidental" con que la prensa "afecta" al PP y sus socios, PSOE incluido, hubiese acompañado un acuerdo como el que ayer firmaron Rajoy y Erkoreka, un acuerdo parecido al firmado por Aznar con los nacionalistas, bendecido en su día por el ABC, LA RAZÓN no existía, desde su portada. 
Otros tiempos, pero los mismos perros con distintos collares, a los que más que la patria, les une la cartera. Arzalluz cabalga de nuevo y, si cabalga, por más que me pese en este caso, es porque la democracia funciona.