jueves, 9 de marzo de 2017

FLORES DE CEMENTERIO


De todo lo ocurrido ayer, mejor dicho, de lo conocido ayer a propósito de la corrupción, no sé qué es lo que más me inquieta, lo que me da más asco. Por un lado, está la frialdad con que Félix Millet, que expresidente de la Fundación de Orfeó Catalá y Palau de la Música, explica de qué modo se repartían las "mordidas" cobradas a constructoras y otras empresas contratistas de la Generalitat de Mas o el descaro con que la putrefacta Esperanza Aguirre se quita de en medio, en cuanto aflora una nueva fosa séptica repleta de las heces resultantes de la financiación del PP de Madrid, el partido que tantos años ha presidido.
La Generalitat presuntamente era algo más que el gobierno de los catalanes. Era también una especie de pervertido Robin Hood que "atracaba" a los ricos, o no tan ricos, constructores para hacerse con un botín que, como el propio Millet detalló ante el juez, iba a parar en parte a sus bolsillos y en parte a los de su compinche Montull, como recaudadores de la rapiña del partido del gobierno que fue y, de alguna manera, sigue siendo de Convergencia Democrática de Catalunya, el partido que fue de Pujol y, con otro nombre, sigue siendo de Mas.
Lo de Millet, Montull y Mas, aunque sólo sea, que no lo es, "in vigilando" tiene, además, el agravante de haber mancillado un símbolo como lo es el Palau de la Música, un símbolo de la resistencia de los catalanes y su cultura frente a la rancia zafiedad del franquismo, que mantuvo la llama de la lengua y de la música de los catalanes en los años más negros de la dictadura. Un símbolo que arrastrará para siempre la lacra de haber sido el instrumento del saqueo de esos mismos catalanes, a los que se privó de escuelas, residencias y hospitales, para que CiU manejase los fondos necesarios para imponerse una y otra vez en las elecciones y así seguir saqueando y llenando las arcas del partido y los bolsillos sin fondo de los trúhanes que todos sabemos.
Lo del PP madrileño y Esperanza Aguirre es parecido. Ya se sabe que sobre corrupción nada se ha inventado desde hace mucho. Basta con concentrar el poder, conseguir la mayoría absoluta, a ser posible simultáneamente en autonomías y municipios, para construir esa red mafiosa de recaudación, mediante la cual se nutren las arcas del partido, convirtiéndolas en la fuente inagotable para pagar, en A o en B, las campañas electorales que aseguran el poder, cerrando este círculo perverso.
Pero hay algo más: de un tiempo a esta parte se repite machaconamente, como cualquier letanía de beatas, que fulanito o menganita -se dice mucho de Esperanza Aguirre y se decía de Rita Barberá- no se han llevado nada, que no se han enriquecido con la política, algo que resulta perverso y mentiroso, porque, simplemente, el puesto que ocupan se lo deben en gran parte a ese gasto desmedido, a ese gasto incontrolado, porque nadie parece interesado en revisar con todas sus consecuencias esas sucias cuentas que dan y quitan el poder con el que dar y quitar los contratos con los que consiguen renovar mayorías... y así hasta el infinito o hasta que un juez con redaños suficientes para abrir en canal tan depravado sistema.
Esperanza Aguirre lo bordó, hizo creer a muchos madrileños, me temo que la mayoría, que esos hospitales, nuevos y amplios, pero mal dotados en material y plantillas se hacían en beneficio de su bienestar. Nada más lejos de la realidad, porque un porcentaje de lo invertido, iba a parar al partido, lo mismo que ocurría con nuevos colegios o infraestructuras de transportes que, como aquellas casas cuartel que renovó Luis Roldán desde la Dirección General de la Guardia Civil, para ellos, quienes las adjudican, no tiene otro fin que el del saqueo.
Por más que insistan unos y otros en que Aguirre tiene las manos limpias, nos engañan. Esperanza Aguirre, desde el poder conseguido tan tramposamente, quitó y puso cargos, dio empleo y negocios a los suyos, a sus amigos y a los hijos e sus amigos, tejiendo una red impenetrable y pegajosa que los madrileños, dando verdadera utilidad, a nuestro voto dejaron al descubierto lo que escondían, lo que esconden los siniestros cajones de sus gobiernos.
Esperanza Aguirre y otros como ella son como esas flores de cementerio, no las que se colocan sobre las sepulturas, sino las que crecen en la tierra que cubre los cadáveres putrefactos, flores aparentemente hermosas, flores que brotan de plantas que hunden sus raíces en la podredumbre.

miércoles, 8 de marzo de 2017

OTRO OCHO DE MARZO


Ocho de marzo. Un ocho de marzo más. Una fecha escogida por La Organización de Naciones Unidas para conmemorar y poco más la injusticia en que viven miles de millones de mujeres por el mero hecho de serlo. Un ocho de marzo en el que nos dejaremos sacudir por la crudeza de imágenes o historias que otros días, si no nos parecen normales, nos afectan lo justo, porque creemos que, al fin y al cabo, son historias ajenas, en las que es mejor no entrar.
En días como hoy, cada año, escuchamos sin indignarnos como debiéramos que las mujeres, por el hecho de serlo, trabajan más y peor pagadas que sus compañeros varones, escucharnos sin indignarnos que, por el mismo trabajo, con vidas parecidas o más duras que las de sus compañeros a la espalda, las mujeres se ven "recompensadas" con pensiones insultantemente más bajas.
Pareciera que lo suyo, lo de las mujeres, es una maldición bíblica, en realidad lo es, que la condena por los siglos de los siglos a trabajar más, vivir peor y ser peor tratada que nosotros, los machos, los cazadores, los sementales, que, por la falsa impresión de que damos seguridad y protección, porque hemos ido a dejarnos matar a las guerras como gilipollas, ahora ven ellas también, lo merecemos todo y lo merecemos en detrimento de ellas. 
Cada ocho de marzo, como cada día que me detengo a pensar en ello, me doy cuenta de lo injusto de la situación, pero poco más es lo que hago. Todos, porque me siento inmerso, arrastrado, por una corriente, la de ese machismo atávico que, al menos en mi caso, nos han enseñado las madres, en la que lo mejor es salir a flote y dejarse arrastrar. Nadar contra ella no es fácil, cuesta hacerlo. Apenas nos extraña que detrás de una fregona, más o menos tecnologizada, sujetando un trapo o una botella de lejía estén casi siempre mujeres, que en los supermercados sean infinitamente más las cajeras que los cajeros, que sean pocas las conductoras de autobuses o las maquinistas de trenes, que, también en el ejército sean tantas y tan duras las historias que hablan de desigualdad, cuando no de acoso infame por parte de mandos y compañeros. Apenas nos extraña y ya va siendo hora de que nos vaya extrañando.
No queda lejos aquella polémica sobre si la mujer cuida mejor que el hombre. Supongo que más por su papel de madre que por la condena de haber sido destinada siempre, a veces a cuenta de frías e injustas tradiciones culturales, por las que, en algunas regiones, hasta hace muy poco, si no todavía, se condena a la menor de las hijas a hacerse cargo del cuidado de los padres ancianos, pero, aunque fuese una cuestión cultural, fisiológica o práctica, deberíamos proponernos seriamente desterrarla de nuestro pensamiento. Lo que sí os adelanto es que va a ser difícil, porque la batalla hay que librarla dentro de nosotros mismos y eso no es fácil. 
A veces, valen más uno o dos ejemplos, de esos imperceptibles, porque los arrastran esas aguas del machismo de las que os hablaba, como esas ramas que arrastran las crecidas, que sólo notas cuando te golpean. Yo los he encontrado en el cine, en nuestro cine. El primero, de los primeros sesenta, de una película juvenil "Canción de juventud". En una de las escenas, ya al final de la historia, dos jóvenes enamorados se despiden porque el verano ha llegado a su fin y están tristes, sobre todo ella, porque han de separarse, pero él, firme, le dice a ella, una Rocío Dúrcal adolescente, no te preocupes, dentro de unos años volveremos a encontrarnos y "tú serás una mujer y yo, arquitecto".
Impresionante, pero no menos que otra escena de "El hombre de moda", de Fernando Méndez Leite, en la que Xavier Elorriaga se "libra" de su padre, cansado de vivir con su otra hija, su marido y sus tres niñas, diciéndole que con él no puede ser, porque se ha separado hace un año y, como vive solo, nadie puede cuidar de él.
Habían pasado más de veinte años entre una y otra película, la segunda se consideraba "progre", pero en el fondo, sobre el asunto que nos ocupa este ocho de marzo, apenas nada había cambiado.  Feliz ocho de marzo, éste y los que aún nos quedan por vivir.

martes, 7 de marzo de 2017

LOS OTROS ESCRACHES


Soy periodista y lo soy porque, aunque va ya para diez años que fui despedido de la Cadena SER por viejo, caro y enfermo, los periodistas difícilmente dejamos de serlo. Por eso y porque me ayuda a sentirme vivo y en el mundo, acudo todas las mañanas a esta cita que me he impuesto con vosotros para expresarme, para dar mi punto de vista sobre lo que pasa y nos pasa, a veces acertado, a veces no, pero siempre el mío y siempre sincero.
En los años en que ejercí el periodismo desde una redacción, quizá porque tuve buenos jefes, nunca llegué a sentirme presionado por mi empresa ni tampoco, salvo deshonrosas excepciones, por partido político alguno. Es verdad que había simpatía o frialdad, caras largas o sonrisas, amabilidad o hielo, pero, generalmente, si algo pasaba, quedaba para los jefes que, después, tomaban sus decisiones y te sacaban o no del seguimiento del partido para el que resultabas incómodo.
A mí me pudo pasar una vez. Lo recuerdo perfectamente. Tuve que cubrir una rueda de prensa en la que el entonces secretario general del PP, Álvarez Cascos, se despachó a gusto con la corrupción del PSOE, de la que dijo que era la más grande habida nunca en España. Yo, le pregunté si tanto como la que se produjo en torno a la guerra de África o la posguerra y es que entonces no habíamos oído nada de Gürtel ni de Púnica. No me contestó, pero recuerdo que me miró mal. Mandé mi crónica telefónica para el boletín correspondiente y regresé a la emisora. 
Para cuando llegué, apenas los quince o veinte minutos de caminata entre Génova 13 y Gran Vía 32, mi jefe inmediato, mi querido y llorado Gerardo González, me preguntó qué había pasado, porque había recibido una llamada del PP para pedir mi cabeza. Gerardo me dio la razón y la cosa, para mí, no tuvo consecuencias, porque él era también periodista, un buen periodista, al que debo mucho de mi oficio, al que, cuando los tiempos cambiaron, por ser como era, buen periodista y buen hombre, las cosas no le fueron bien. Porque, poco después, la redacción comenzó a estar más controlada y, aunque yo ya lo viví dese fuera, no era raro que quienes confeccionaban los boletines tuvieran que escribir al dictado de algún jefecillo que otro.
Supongo que ahora, con la degeneración del mercado laboral en la profesión, todo eso que os cuento es aún peor, las relaciones laborales se han deteriorado más y la falta de puestos de trabajo es una hipoteca para quienes se ganan la vida haciendo de intermediarios entre lo que pasa y los ciudadanos. Pero esa terrible situación ni compensa ni justifica lo que está ocurriendo con los compañeros que se han dirigido a la Asociación de la Prensa de Madrid, para solicitar su amparo ante el acoso, personal, telefónico y en las redes que están sufriendo por parte de dirigentes y militantes de Podemos. Lo uno está mal, muy mal, pero lo otro es aún peor, porque lleva al terreno personal, más aún lleva el castigo por sus "pecados" a la vida privada. Todo un escrache silencioso y constante a quienes no informan al gusto de los dirigentes del partido al que yo, y los míos, hemos votado.
Podría elaborar toda una teoría sobre la autoría intelectual de esta traslación del escrache a poderosos a los periodistas a los que se quiere denunciar, pero prefiero no hacerlo. Me conformo con apuntar que Podemos se equivoca gravemente al hacerlo, porque, cuántas veces habrá que decirlo, si lo que pretende Podemos es transformar este país, lo tendrá que hacer desde las instituciones, con los votos de los ciudadanos y no con la fuerza, la fe ciega y la presión de aquellos a los que ya ha convencido.
En otras palabras: si lo que pretende es una revolución, que se despida. Ya sé que es más divertida y, para los que gustan de emociones fuertes, esa guerra de guerrillas, esas vistosas "acciones" de manual revolucionario, es más vistosa que los tedioso plenos y las horas de despacho. 
Podemos debería ser consciente de que mucho de lo que es, de lo que pudo ser, se lo debe a la prensa. 
Y debería ser consciente de que, Ferreras y otros como Ferreras, que no da puntada sin hilo, grueso, pero hilo, les utilizaron, para conseguir audiencia y para hacerse con un marchamo, de pluralistas y comprometidos. Podemos debería ser consciente y aprender de los errores, debería enseñarle los dientes a quién se los debe enseñar, no a los redactores que cubren su información. Debería ser consciente de que el pensamiento se forma con la experiencia, no con las consignas y, sobre todo, debería darse cuenta de que culpar de todo a la prensa, regañar a los "plumillas", no cambia la realidad que es muy tozuda. Ahí tenéis a Rajoy negando la Gürtel con medio partido en el banquillo o en la cárcel.
Cuando comenzaron a publicarse las informaciones sobre los cobros irregulares para no pagar como debía a Hacienda de Monedero, aquello no era más que un montaje, según Podemos. Cuando surgió el debate sobre la venta de la vivienda protegida de Espinar, también fue sólo un montaje, aunque ahora parece que otro Ramón Espinar, el padre con tarjeta black tuvo mucho que ver en la operación.
Cuando comenzó a hablarse de las disputas entre Iglesias y Errejón se dijo que todo era exagerado para dañar al partido... y así un listado interminable de "malas prácticas" de los malvados y cobardes periodistas que, ahora, "de forma anónima buscan cobijo bajo el ala de la Asociación de la Prensa", Desgraciadamente, es cita de la respuesta de u seguidor de Podemos a una información que enlace en mi muro de Facebook.
Podemos debe mucho a la Prensa y, si entre sus dirigentes hubiese algo de sensatez, debería cambiar su actitud para con ella, debería dejar de echar broncas a los periodistas en público, debería dejar de sacarles los colores por el tipo de abrigo que llevan o dejan de llevar y deberían dejar de vivir y de pretender que su militancia viva en una realidad paralela que poco o nada tiene que ver con la que vivimos todos. Deberían ver a los periodistas como las víctimas de la crisis que debieran ser unos de sus mejores aliados. Nunca atentar contra su dignidad o, lo que es peor, contra su tranquilidad. Así, con estos otros escraches, con estos otros cobardes escraches en las redes, con esos "así no, compañero periodista" no van a ningún sitio, porque quienes les crean serán los más convencidos, pero serán cada vez menos. Evidentemente Podemos tiene en la prensa, no en los periodistas, un enemigo, pero su peor enemigo lo tiene dentro.

lunes, 6 de marzo de 2017

JUSTICIA Y DEMOCRACIA


Parecería el nombre de un partido político. Incluso no descarto -creo recordar que, en algún lugar, en algún tiempo, lo hizo- que diese nombre a algún partido político. Sin embargo, no se trata más que de un debate, bastante artificial, por cierto, abierto en determinados medios, tratando de responsabilizar a los jueces del deterioro de los viejos partidos políticos, auto inmolados en la pira de su corrupción.
El debate, surgido aquí y allá, en la Francia de Fillon, en la España del PP y en los Estados Unidos de Trump, pretende poner en duda que uno de los pilares del Estado de Derecho, la vieja separación de poderes de Montesquieu, gracias a la que un juez, los jueces, pueden corregir o poner en la senda de la corrección, los excesos del primer poder.
Recuerdo que la primera vez que oí hablar de este debate entre democracia y justicia fue a propósito de aquella ofensiva entablada por jueces y fiscales italianos contra la corrupción extendida en el país entre partidos políticos, casi todos, y numerosas empresas, en un escenario muy parecido al español de hoy en día. Recuerdo que se tildó al fiscal Di Prieto, cabeza de esa investigación, poco menos que de fascista. Recuerdo también que el Partidos Socialista y su líder Bettino Craxi fueron los objetivos s principales, hasta el punto de que Craxi huyó a Túnez, donde acabó muriendo en el exilio y recuerdo que aquel fue también el principio del fin de la Democracia Cristiana y su líder, el incombustible y parece que mafioso Giulio Andreotti. Pero también recuerdo que el oportunista Silvio Berlusconi hizo su jugada maestra, parasitando el vacío dejado por uno y otro partido en el desolado panorama político italiano.
Sin embargo, haríamos muy mal en quedarnos sólo con esta última consecuencia, porque pasado el tiempo y superado el sarampión populista del empresario demagogo, los italianos han sabido dotarse de otros partidos, unos mejores, otros peores con que llenar el vacío dejado por el hundimiento de un sistema nacido en los meses posteriores a la liberación, tras la ocupación alemana, con el único fin de atar de pies y manos a los comunistas del PCI, surgidos de la guerra como la verdadera y casi única oposición al fascismo de Mussolini.
Pero, volviendo a España, no puede dejar de calificar como injusta y malintencionada la cruzada de conocidas voces y firmas que tratan de salvar la cara de los amos de su voz, pintando un panorama apocalíptico, como si los jueces estuviesen tratando de acabar con la democracia, cuando lo que, en realidad, están haciendo es librarnos, no de los partidos corruptos, sino de quienes los convierten en corruptos. No, no debemos dejarnos enredar en esa tela de araña tendida desde el poder corrupto, más si somos conscientes de que los jueces no hacen sino aplicar las mismas leyes que, a veces como una burla, aprobaron esos mismos partidos, sin intención alguna de cumplirlas, leyes que han burlado con herramientas más propias de la mafia que de partidos responsables y preocupados por el bienestar de aquellos de quienes reciben el gobierno.
No. No hay disyuntiva alguna. L Justicia no se cargará a la Democracias. Serán, en todo caso, todos esos partidos corruptos los que acaben con eso que hipócritamente llaman ellos democracia, cuando lo que en realidad quieren decir es nuestra democracia, nuestros privilegios, nuestra corrupción y nuestras trampas.
No, no hay democracia sin justicia ni justicia sin democracia, van, han de ir inexorablemente unidas, pero, eso sí, siempre bajo la atenta vigilancia de los ciudadanos y de unos medios de comunicación libres de toso compromiso con el poder, más si es corrupto.

viernes, 3 de marzo de 2017

LOS NUEVOS DICTADORES


Si hay una característica común a los españoles, un rasgo que nos caracteriza, si no a todos, sí a casi todos es la facilidad con que nos dejamos embaucar, esa manera de mirar, de ver, las cosas que nos impide ver con claridad lo que tenemos delante de los ojos.
Vivimos hipnotizados por ese instrumento que antes llamábamos "caja tonta", cuando los verdaderos tontos éramos nosotros, y que ahora, por no ser, ya no es ni caja. Quien se hace con el control de la televisión, antes o después acaba por controlarnos a todos. Los poderosos lo saben muy bien. La tele es la nueva religión. Es la que nos dice lo que es bueno y lo que es malo, la que impone modas o las entierra, la que nos hace hablar a su imagen y semejanza, la que simplifica, no ya el lenguaje, sino el pensamiento y nos convierte en seres inertes, incapaces de reaccionar, de tomar iniciativas ante lo que no son más que agresiones a nuestra dignidad, a nuestra identidad como seres humanos.
Sin embargo, con ser malo todo lo anterior, lo peor es que la televisión decide qué pasa y que no, la que, como la gaita del faquir paraliza a la cobra, hipnotizándola, nos paraliza con sus historias vulgares contadas a gritos, con sus tertulias llenas de nada, con su fútbol a todas horas y con la publicidad que aprovecha nuestras horas bajas, nuestro sopor más insano, para imponernos con el rimo de sus bellos martillazos un modo de vida, unas aspiraciones, unas necesidades, que en realidad no son nuestras y que sólo responden a la codicia y los oscuros intereses de los que eufemísticamente se hacen llamar anunciantes.
Antes no era así. Antes, la televisión la controlaban los gobiernos. Aquí, en plena dictadura, trataban de hacer los mismo, pero sus modos eran tan burdos que actuaban como vacuna creando en nosotros los anti cuerpos en nosotros que nos defendían de su mensaje. En las democracias, los parlamentos se dotaban de sistemas de control sobre tan poderoso instrumento de adoctrinamiento y trabajaban para imponer y defender la creación y la cultura. Hoy, cualquiera de nosotros pagaría, algunos de hecho pagamos, para ponernos a salvo de la zafiedad que escupen en nuestro salón los nuevos receptores, mucho más caros y tecnológicamente eficaces, a mayor gloria de ese monstruo sin cara, apostado tras los índices bursátiles, camuflado de erotismo ramplón, gestas deportivas y concursos amañados, que trata de aturdirnos, haciéndonos creer que, cargados de cadenas, plazos e hipotecas, somos más libres de los que lo hemos sido nunca.
La televisión, por más que creamos otra cosa es hoy en día la gran fábrica de pensamiento y yo, que, por desgracia, me he visto forzado a abandonar la lectura, que dependo de ella para entretener gran parte de mi ocio, soy consciente de todos esos males que os describo, de toso ese veneno que , desde hace tiempo y en nombre de la libertad de expresión, nos inoculan, ya desde pequeñitos, con esos dibujos animados sin fin, que van parasitando en el cerebro de nuestros niños ese lenguaje, ese machismo  y esos comportamientos agresivos que un día acabarán por sorprendernos. Quizá por eso envidio tanto a quienes puede prescindir de ella, de sus concursos, sus series, sus documentales tan parecidos, sus películas repetidas hasta la saciedad, sus teleseries ñoñas y simplonas o, por qué no decirlo, la mayoría de sus series.
Ya va para treinta años que se autorizó y reguló la televisión privada en España. Recuerdo que se nos dijo que, con ella, seríamos más libres y se vería mejor defendida nuestra libertad de expresión. Nada más lejos de la realidad. Hoy, tres décadas después, nuestra televisión sigue estando en manos de los poderosos, con el agravante de que, entonces, podíamos aspirar a cambiar ese poder que controlaba es única televisión, algo a lo que, parece hemos, renunciado hoy, puesto que los canales privados están en manos de grupos poderosos, que mantienen oscuros lazos con los partidos "de siempre", las más de las veces a cambio de que el poder que ostentan o han ostentado se encargue de atrofiar esa otra televisión que es la de todos, dejándonos indefensos ante esa herramienta con la que los nuevos dictadores, sin cara ni partido, nos cultivan, como cultivarían una finca, para sembrar en nosotros su cosecha futura. Son los nuevos dictadores y, con esas sus cadenas invisibles que todos vemos nos oprimen.

jueves, 2 de marzo de 2017

LA HERENCIA DE FERNÁNDEZ DÍAZ


Espeluzna pensar que el Ministerio del Interior de la primera legislatura de Rajoy lo era "de parte", con una cúpula policial que mueve a la náusea, con un director de la Guardia Civil que rayaría en el ridículo de no haber ocupado el cargo que ocupaba y una política de asignación de subvenciones, por la que una organización como "Hazte oír", la que ha fletado el autobús naranja del odio al diferente, recibe millón y medio de euros en subvenciones por su interés público. Espeluzna y produce miedo y asco, todo a un tiempo.
Sobre el abominable autobús y su cruzada contra esos niños y niñas nacidos en un cuerpo equivocado que hoy, al contrario de lo que venía ocurriendo hasta ahora, pueden elegir ser felices, ya está dicho casi todo y, afortunadamente y salvo deshonrosas excepciones, nos queda el consuelo de comprobar que este país es más civilizado y tolerante de lo que piensan algunos. Aun así, a pesar de los aspectos positivos de la polémica, habría que ponerse "manos a la obra", y no me refiero al Opus, para exigir explicaciones de por qué, una organización tan retrógrada e intolerante, nacida para apoyar a Aznar en su cruzada contra el matrimonio igualitario que se aprobó en la primera legislatura de Zapatero, recibe dinero de los presupuestos, un dinero que, directa o indirectamente, se detraería, por ejemplo, de becas y comedores escolares. Por más que lo piense, la única explicación plausible que encuentro a tamaño disparate es la de que el pensamiento, si es que existe, de los promotores de Hazte Oír y el del ministro Fernández Díaz es el mismo, porque interés para los ciudadanos decentes, al menos yo no se lo veo.
Y, si siniestra fue la política de subvenciones de Fernández Díaz, no lo ha sido menos su criterio para elegir a quienes debían hacerse cargo de la Policía y la Guardia Civil. Por ejemplo, para esta última, a Arsenio Fernández de Mesa, un personaje del que su mérito principal parece ser su amistad que le une a  Mariano Rajoy, puesto que su gestión de la crisis del Prestige desde la delegación del Gobierno en Galicia, o ese pasado más o menos falangista no parecen patrimonio suficiente para hacerse cargo de la Guardia Civil, como dejó demostrado en la gestión de los terribles sucesos de la frontera de la playa del Tarajal en Ceuta o con ese ridículo retrato en quedó inmortalizado, de civil, pero cargado de medallas y en actitud de militar que dejó en la Dirección General del Cuerpo, para regocijo de más de un visitante,
Pese a todo lo anterior, la peor herencia del ministro Fernández Díaz es esa "policía particular" creada en su ministerio, como un monstruo de Frankenstein, hecho de recortes del peor pasado, con el único fin de desprestigiar a los adversarios de su gobierno, especialmente la familia Pujol y los soberanistas catalanes, junto a Podemos. Una brigada de uso privado, dirigida por el siniestro comisario Pino, con inconfesables contactos con la oscura agencia de detectives Método 3, encargada de elaborar dosieres que, convenientemente filtrados a la prensa, funcionaron como ariete contra los independentistas en momentos clave, pero que, al final, han dejado todo tan emponzoñado y tan al margen de la ley que difícilmente servirán para condenar a los autores de los delitos que aireaban, si es que en realidad fueron delitos reales, por la ilegal forma de obtener las presuntas pruebas.
Esa es la herencia de Fernández Díaz: vírgenes condecoradas a bombo y platillo en pleno siglo XXI, autobuses de naranja y odio, un director de la Guardia Civil digno de un baile de carnaval, sentado hoy en el consejo de administración de Red Eléctrica y una hedionda policía política, salida de las cloacas, que ha contaminado, con sus métodos tan sucios, gran parte de la arquitectura probatoria de importantes casos de corrupción. En fin, una herencia que seguirá perjudicándonos durante más de una generación, una herencia espeluznante.

miércoles, 1 de marzo de 2017

JUANA DE ARCO HUELE A CHAMUSQUINA


Fue Mario Vargas Llosa, que hace mucho que dejó de ser genial, el autor de la peregrina idea de comparar a Esperanza Aguirre, entonces concejal del Ayuntamiento de Madrid, con la santa heroína francesa. quemada en la hoguera en 1431, con 19 años, en la ciudad de Rouen. En 1984, el autor de aquella ya lejana, en el tiempo y las ideas, "Conversación en la catedral" dijo de ella que "defender el liberalismo como ella lo hacía, le pareció entonces la manera más rápida de precipitarse en la hoguera del desprestigio y la ruina".
Qué equivocado estaba don Mario, porque, de momento y tras más de tres décadas de carrera política, no parece que la condesa de amianto haya ardido en la hoguera del desprestigio, al menos en la de su gente que, al parecer, es también la del Nobel, Es más, me atrevería a decir que, entre esa gente que añora la España de Franco y los privilegios, el autoritarismo y el lenguaje agresivo para el adversario, entre quienes no se paran  a pensar si lo que les dicen es verdad o es mentira, su prestigio ha crecido con los años.
Sin embargo y estoy seguro de que Vargas Llosa no pensaba en ello cuando dio e título de Juana de Arco del liberalismo o, si pensaba, debería explicarlo, Esperanza Aguirre, de heroína tiene poco. Lo digo, porque se ha cuidado muy mucho de quitarse de en medio en todas las marrullerías en las que han sido pillados sus subordinados, sus sapos y ranas que tanto hicieron por ella y su partido, en A o en B.
Los ha dejado siempre solos, con su cara de sorpresa, como si no supiese o, lo que es peor, tuviese que saber que sus hombres de confianza, los que ella misma había designado, los que le hacían las confidencias sobre los "hijos de puta" de turno, se lo estaban llevando crudo. Por dos veces se fue, dimitió, del gobierno de la comunidad y del partido, cuando la basura salió o estaba a punto de salir. La primera vez, apelando a su salud y a la necesidad que, dijo, tenía de estar con los suyos y de ver crecer a sus nietos. La segunda, para hacernos creer que asumía su responsabilidad "in vigilando" respecto del que fuera su mano derecha Francisco Granados, sorprendido en una nueva "gürtel", la "Púnica", con la que, cambiando el alumbrado público de decenas de municipios y recalificando, que es gerundio, su ex consejero Francisco Granados, su socio, David Marjaliza y algunos personajes más rebañaron el plato, mientras se forraban el riñón, disfrutando de la propiedad y encubierta de chalets tan grandes como horteras y fincas de caza pobladas de quads y escopetas.
Por extraño que parezca, la Juana de Arco del Liberalismo, que dijo Vargas Llosa, nunca se ha visto relacionada, ni judicialmente ni siquiera en la prensa, con tofos estos asuntos. A lo sumo, alguna que otra de sus campañas electorales, salpicada por el dinero turbio de estos negocios. Y eso, a pesar de que es un insulto a la inteligencia que ella, que obligaba a los cámaras de Telemadrid a repetir la toma de sus declaraciones cuando no se encontraba suficientemente agraciada en ella, no estuviese al tanto de los chanchullos de su gente ni cayese en la cuenta de que, ni con las cuotas del hinchado censo de militantes de su partido, daba para el dispendio de esas campañas electorales en las que, a base de trampear los números, tenía lo mejor de lo mejor, salvo los candidatos, claro, al mejor precio.
Por eso, por haber querido picar alto, sin reparar en gastos, métodos o medios, por haberse permitido morder los tobillos del hombre que avanza sin moverse y anda rápido sin correr, se ha visto relegada al papel de ladrar a Manuela Carmena, aún no sé si como rottweiler o fifí, rodeada por lo mejor de la "kale borroka" nacida en el barrio de Salamanca, sin poco más que ejercer de reina de corazones en el palacio al que Gallardón llevó el ayuntamiento madrileño.
Pero no desesperéis, siempre quedará algún rastro sin borrar, por ejemplo, en los papeles de esa gran estafa que fue el proyecto de ciudad de la Justicia. La soberbia y la prepotencia son malas consejeras, porque la impunidad también tiene fecha de caducidad, exactamente hasta que quien las disfruta deja de tener el poder. A partir de entonces, apenas se quedan en blesas o ratos. Nunca dudé que acabarían en la cárcel y lo deseé mientras tuve preferentes. Lo mismo me ocurre con esta Juana de Arco liberal que ya empieza a oler a chamusquina.