jueves, 9 de febrero de 2017

NÁUSEAS


Hay días, y estos últimos lo están siendo, en los que la poca o mucha fe que uno pueda tener en lo que pomposamente llamamos Estado de Derecho se desmorona. Una de las bases de esa forma de Estado, la mejer posible es la cesión que cada individuo hace de su derecho a defenderse para que sea el propio estrado, con sus aparatos de seguridad y justicia para que le defiendan. De hecho, en el Estado de Derecho, el monopolio de la violencia, que no sólo consiste en reprimir manifestaciones, se pone en manos de las fuerzas de seguridad, porque se les supone supeditación a las leyes y, cómo no, a los procedimientos que marcan esas leyes.
Pero no siempre es así. A veces, un guardia civil se excede en y se desata en amenazas e insultos para con un detenido, como en el reciente caso de la detención de un activista anti taurino, del que, esta vez sí, hemos tenido noticia por la existencia de una grabación de los mismos o, mucho más siniestro y desmoralizador, el salvajismo de los gendarmes que en los alrededores de París molieron a palos y violaron con una de sus porras a un joven negro al que habían detenido.
Sin embargo y siendo gravísimos estos gravísimos abusos, que otra cosa no son, y aunque me temo que sean más frecuentes de lo que cabría imaginar, lo que está demoliendo mi fe en ese estado por el que tanto hemos luchado es todo lo que, a cuenta de esa "guerra de comisarios", no sé si debería decir de ratas, que se ha desatado en eso que llamamos las cloacas del estado. Una guerra que siempre ha existido, incluso entre los distintos cuerpos de las Fuerzas de Seguridad del Estado, Policía y Guardia Civil, pero que, ahora, se ha desatado en el seno de la propia Policía, en la que familias ¿camarillas? del cuerpo han encontrado en las páginas de determinada prensa el escenario para dirimir sus muchas y, al parecer, graves rencillas.
Lo malo -o quizá lo bueno- es que, gracias a esas rivalidades, desatadas abiertamente con el siniestro Jorge Fernández Díaz al frente del ministerio, estamos teniendo noticia del funcionamiento de esas hediondas cloacas, para las que la prensa es el aliviadero por el que rebosa toda la basura que flota en ellas. Lo peor es que, en contra de lo que debería ser, comprobamos que la cúpula de esa Policía que pagamos todos y en la que la mayoría de la plantilla está formada por buenos profesionales, la ocupan mandos que trabajan, no para la mayoría o el bien común, sino para aquellos que les han colocado en lo alto.
Las declaraciones de quien fuera director operativo de la Policía, el ya jubilado comisario Eugenio Pino, al diario LA RAZÓN, quejándose de que los jueces, especialmente el que le negó la orden de detención para los Pujol, por su excesivo garantismo, ponen los pelos de punta. Sobre todo, si aclara que las pruebas que presentaron al juez o eran sino sendos "pantallazos" fotografiados por policías españoles en un banco suizo. Pantallazos que, por cierto, recuerdo haber visto en alguna portada de periódico antes de que fuesen llevados ante el juez, siguiendo el avieso protocolo que dejaron al descubierto las grabaciones de las conversaciones del ministro Fernández Díaz con el jefe de la Oficina Anticorrupción de Cataluña. Unas revelaciones de las que pudimos deducir que existía una unidad especializada de la policía, la llamada policía patriótica, que trabajaba por encargo y a las órdenes directas del ministro, obedeciendo a intereses partidistas, en este caso en contra de los partidos nacionalistas catalanes.
Eso es lo más terrible de todo lo que estamos conociendo, que se abre ante nosotros un mundo, probablemente heredado de otros tiempos, en el que la Policía, algunos policías, trabajan en la fabricación de pruebas obtenidas ilícitamente, con el concurso de agencias de detectives y prensa poco seria, claramente dirigidos por cargos políticos, que ponen en duda, no sólo el resultado de laboriosas investigaciones policiales y judiciales, que podrían invalidarse por el origen ilícito de las pruebas, sino que nos hacen dudar, al tiempo, de que nuestras garantías de ciudadanos de a pie estén a salvo, cando bajo nuestros pies, en las cloacas, corren tan nauseabundas alimañas.

miércoles, 8 de febrero de 2017

EL PASTEL DE AGUIRRE


El mayor bluf de la era Aguirre, que los madrileños estamos pagando con paro, recortes, empleo basura y copago farmacéutico, costó ciento cinco millones de euros, a los que sólo la comisión de investigación creada por la oposición en una Asamblea distinta, con Podemos y Ciudadanos en sus escaños, ha podido seguir la pista. 
El "Campus de la Justicia", el mayor proyecto de la era Aguirre, si olvidamos el "pa' habernos matao" del mafioso y frustrado proyecto de Eurovegas, fue poco más que una borrachera de nuevo rico, en la que las "rondas" se pagaron a tocateja a los mejores estudios de arquitectura, un fin de fiesta del era del ladrillo, del que apenas ha quedado un edificio de dudoso gusto -el "donuts" lo llaman- en medio de un descampado que se pagó, habría que saber a quién, a precio de primera línea de playa en la Riviera francesa.
La comisión, después de bucear en las cuentas del proyecto y de reclamar una y otra vez al gobierno de Cristina Cifuentes facturas y documentos ha comprobado que gran parte de los millones que costó han desaparecido o no están suficientemente justificados, hasta el punto de que el libro mayor del tal proyecto, algo así cono el libro de contabilidad de cualquier empresa, ha desaparecido, puesto que, después de un año buscándolo, la Comunidad de Madrid admite que no lo encuentra.
Puede ocurrir que alguien le hubiese tomado cariño y, en el relevo de administraciones, Aguirre primero, Ignacio González, después, y, por fin, Cristina Cifuentes, hubiese decidido ponerlo a salvo, llevándoselo a su casa, para dejarlo en un altillo, como aquel millón olvidado por Granados en casa de sus suegros. Puede que lo haya hecho y haya olvidado que lo hizo, pero yo, que soy desconfiado, más si se trata de algunos y sus chanchullos, tiendo a creer que el libro, más de ficción que de ensayo, ha corrido la misma suerte que los discos duros de los ordenadores de Bárcenas.
La verdad es que tengo derecho a desconfiar, porque, con demasiada frecuencia, cuando se investigan política o judicialmente las cuentas del PP, desaparecen las pruebas que policías y jueces tienen que reconstruir después.
No entiendo y me asombra que un personaje como Esperanza Aguirre, que ha estado en el centro de tantas y tantas corruptelas acaecidas en el territorio que gobernaba con mano de hierro, de tantos feos asuntos como se han dado en el partido que presidía en Madrid, no se haya enterado de nada. No entiendo que tenga el cuajo de decir que no se ha enterado de lo que la prensa publicaba ayer sobre la desaparición de las cuentas del "Campus de la Justicia" de Madrid, una ogra tan necesaria como faraónico fue su proyecto, de la que no tengo la menor duda, se ha beneficiado el partido, aunque sólo haya sido por la propaganda que se hizo a su costa, o la gentuza que rodeaba a la condesa.
No exagero, estoy hablando de millones y millones desaparecidos o mal empleados, empezando por una ceremonia de colocación de su primera piedra que costó, mejor dicho, por la que se pagaron millón y medio de euros. La primera piedra de un proyecto que contaba con más jefes que empleados y que se presentó en las cuatro esquinas del planeta, sin haber levantado una sola pared del mismo. Es la guinda del pastel que nos dejó Esperanza Aguirre, para empezar de cero en el Ayuntamiento, que ha convertido en tribuna para sus chascarrillos que, a mí, como diría un castizo, maldita la gracia que me hacen. Sólo espero que más tarde que pronto, esta mujer que tanto daño ha hecho a los madrileños, acabe pagando su pastel.

martes, 7 de febrero de 2017

LA EXTRAÑA PAREJA


Nadie podrá negar que Pablo Iglesias e Íñigo Errejón formaron una extraña pareja. Tan extraña que hoy, sabiendo lo que sabemos, se nos hace, se me hace. difícil creer que han sido siquiera pareja. Escribo esto y, al instante, me arrepiento porque caigo en la cuenta de que, de algún modo, todos hemos tenido amigos, amigos del alma, que, en un momento dado, cuando algo se cruza en el camino de alguno, se alejan y poco a poco deja de serlo, si es que no acaba siendo enemigo. Habrá quien diga que eso que ocurre es lo normal y que eso no es más que el resultado lógico del crecimiento de las personas y también, por qué no, de las organizaciones.
Cuando somos adolescentes, al menos cuando yo lo era, una chica, un equipo de fútbol, una película o un tipo de música bastaban para resquebrajar una amistad inquebrantable. Pasaba siempre. Siempre que. además de la amistad, no hubiese sumisión, siempre que uno no estuviese dispuesto a dejar de ser él mismo, supeditándose al "amigo".
Son las consecuencias de la inmadurez. Pero, ojo, no son la ruptura ni el alejamiento los síntomas de la inmadurez. Lo eran todos esos abrazos y besuqueos innecesarios, esas masas corales que a muchos les cautivaban y a mí siempre me dieron un cierto repelús. Toso eso era, para mí, una especie de farsa tras la que se escondía algo oscuro, el germen de algo agazapado que se desencadenaría en cuanto se diesen las circunstancias para ello. 
Si a todo eso que suele pasar y pasaba en Podemos le añadimos la impudicia de Pablo Iglesias y su necesidad patológica de jugar el papel de hermano mayor, el que dice lo que está bien y lo que está mal, quién juega con qué y cuándo, y lo dice, por desgracia, a su conveniencia, a su imagen y semejanza, tenemos el caldo de cultivo idóneo para que, a la menor oportunidad, todo salte por los aires y se rompan los juguetes en disputa.
El juguete en cuestión es, como siempre ocurre entre quienes se dicen adultos, el poder, el poder que se tuvo en la punta de los dedos y que poco a poco, por soberbia o por miedo a volar, eso nunca lo sabremos, se escapó cuando Iglesias que no parecía tan torpe como para dejarse ver como el villano, rompió la baraja de las negociaciones con Pedro Sánchez, quedando, con razón o sin razón, ante el electorado como el malo de la película.
Dicen que Errejón hubiese preferido una negociación menos rígida, algo que no fuese el todo o nada. Pero se hizo lo que defendía Iglesias y Podemos, con ayuda de los medios, quedó como intransigente y su gesto de hacerle la lista de gobierno a Sánchez como una bravuconada electoralmente nefasta, porque, hasta a mí, que tiendo a barajar causas perdidas, me costó darles el voto en las segundas elecciones generales.
Y con la pérdida de los veinte escaños que se dejaron an la gatera de esas negociaciones, más aún non las malas expectativas de voto en una hipotética llamada a las urnas, como siempre que en casa falta la harina, todo se vuelve mohina, comenzaron las peleas y los quítate tú para ponerme yo, con feos desplantes como los ceses, que ortra cosa no fueron, de Luis Alegre o José Manuel López, al frente de la secretaría de organización nacional y la portavocía en la Asamblea de Madrid. En fin la guerra por el poder, por los cargos. 
Ahora, Iglesias y Errejón, por más que disimulen, que lo hacen o intentan hacerlo, están alejados y de espaldas un a otro, mientras desde sus posiciones se ha desatado una guerra de cartas, comunicados e insidias, en las que a veces se cambia calidad por cantidad, especialmente en esa guerra electrónica en la que la "banda de los cuatro" denunciada hace días por Luis Alegre afila sus teclados contra Íñigo, el amigo del alma que ya no lo es o no lo parece.
No sé qué pasará de aquí al lunes, no sé qué encuestas se publicarán en estos días que quedan antes de la asamblea de Vistalegre, ni que fiabilidad se les podrá atribuir. Lo que sé es que el Podemos del próximo lunes será, ha de ser, muy distinto. Entre otras cosas, porque ya nadie se creerá a tan extraña pareja.

lunes, 6 de febrero de 2017

FASCINACIÓN POR LA PROPAGANDA


Vivimos malos tiempos para la verdad y la razón. Cada día, cada hora, a cada minuto se nos presiona desde uno y otro lado para aturdirnos. La publicidad forma parte de nuestras vidas en el salón de casa, a través de las imágenes de pantalla de nuestro televisor o martilleando desde los altavoces nuestros oídos, en la calle en vallas y carteles, en nuestro teléfono no tan listo o no para quienes se creen tan listos... en todas partes y desde todas partes, por todos los medios, la publicidad trata de sustituir en nuestro cerebro las ideas y los razonamientos que llevan a ellas por sensaciones que no siempre se corresponden con la realidad.
En política, los políticos, lo saben muy bien. Por eso, de toso su entorno, de eso que dicen "staff", el responsable de comunicación, el "publicista" lo llamaría yo, se convierte en la pieza clave de todo lo demás. Y, de alguna manera, lo es, porque es quien "viste" nuestros deseos para transmitirlos a esos que llaman "los ciudadanos", pero que, por desgracia, sólo suelen interesar como electores. También ese responsable de comunicación y su equipo se ocupan de disfrazar lo que sus jefes, quienes les dan el salario cada mes, hacen mal o a regañadientes, de "vestir el muñeco", vamos.
Por eso, hace ya más de una década, y de esos polvos vienen estos lodos, el Partido Popular disfrazó sus ansias por volver al gobierno para hacer los que viene haciendo en estos últimos cinco años. Y la disfrazo de recogida de firmas, de boicot al cava y al fuet catalanes, haciendo creer a la gente sencilla que el deseo de más autonomía por parte de los catalanes recogido en el estatuto legalmente aprobado era una afrenta contra la integridad de su nación. Y lo hizo sin pararse a pensar en las consecuencias o, lo que sería peor, sin que las consecuencias le importasen lo más mínimo.
Ahora, trece años después, el "problema" catalán se ha agudizado, los discursos y diatribas se han enconado y gran parte de los catalanes están convencidos de que todo lo malo que les ocurre es por culpa del "estado español" y de que la única solución es la independencia. Así que, después de tanto tiempo, el problema se ha convertido casi en irresoluble y el enconamiento no podía ser peor, pero, eso sí, el PP lleva cinco años en el gobierno.
Mientras tanto, en el PSOE, que empezó este viaje en el gobierno, en los dos gobiernos, el de Cataluña y el de España, por dejarse llevar por las encuestas, por dejarse arrastrar por el torbellino de encuestas y opiniones tan volátiles e imprecisas como sabemos, fue diluyendo su credo federalista para hacer una política seguidisita de la de PP que, sin darle el resultado apetecido, nadie como el autor original para interpretar una milonga, acabó erosionando al PSC para dejarle en partido casi testimonial.
En "el otro lado", el partido que sacó al PSC del gobierno de la Generalitat, agobiado por todo lo que se estaba conociendo sobre su corrupción y la de alguno de sus dirigentes, entre ellos el gran patriarca Jordi Pujol, volvió a seguir v la táctica de éste defendiéndose tras los símbolos de los envites de la Justicia, envolviéndose en la senyera, ahora estelada, y reclamando como suyo el apoyo de todos los independentistas 
A partir de ahí ese diálogo de sordos que no arregla nada y que aleja cada vez más a la gente de buena voluntad de Cataluña y fuera de Cataluña a la que nada se le ha perdido, salvo el dinero de sus impuestos en las cuentas de CiU. Hoy, después de ese largo tira y afloja al que nos han abocado Mas y su "conversión" al independentismo y el silencio tóxico de un presidente del gobierno de España que se vuelve de espaldas a los problemas hasta que se diluyen o nos revientan en la cara a todos.
Donald Trump tiene como consejero áulico a un periodista de esos que no permiten que la verdad les estropee un reportaje y, por lo que parece, Mas, que hoy se sienta en el banquillo junto a Joana Ortega e Irene Rigau, debe tener otro propagandista de igual calibre muy cerca de él. Alguien que desde las sombras ha coreografiado esa procesión cívica que ha seguido a Artur Mas hasta las escaleras que conducen al banquillo de su martirio,
Lo han conseguido, porque ya no se habla de lo que nos “venden", de lo que los catalanes y los españoles nos estamos jugando sino de lo que aparece en su fascinante propaganda., aunque sea a costa de dar día libre a los funcionarios que deberían trabajar para los catalanes o de tener esperandomás de media hora a algo tan serio en democracia como lo es un tribunal.

viernes, 3 de febrero de 2017

CUATRO BARRAS, TRES POR CIENTO


Otra vez la justicia ha levantado las alfombras de lo que fue Convergencia Democrática de Cataluña y otra vez el viejo calamar, transmutado ahora en Partido Demócrata Catalán, ha soltado su vistosa tinta cuatribarrada sobre los rincones que esconden su basura. Otra vez una operación judicial en la que la policía sólo es y sólo debe ser el instrumento ejecutor de las órdenes del juez es contestada por los investigados con el victimismo del mártir, haciéndonos creer que lo único que se busca es castigar cualquier paso que su partido y los partidos que lo apoyan dan pasos o hacen gestos en torno a lo que denominan "el procés" a la independencia.
Bien es verdad que algunos personajes de la política nacional, como el ex ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, con sus burdas maniobras, poniendo o intentando poner la Policía y la Fiscalía, que son o deben ser de todos, al servicio de los intereses de su partido y su gobierno, no ayudan a quitar la razón a quienes se envuelven en la senyera en cuanto se revisa su pasado chanchullero.
Hacen mal unos y otros o quién sabe si hacen bien, todo depende de lo que persigan, porque, con esas actitudes, lo que consiguen es enconar los ánimos de la gente simple y alejarla del razonamiento que llevaría a la asunción de la realidad y la solución a un asunto que interesadamente, también unos y otros, han sacado de quicio.
Digo todo esto, porque, demasiado a menudo, cuando ya no hay explicaciones para lo hecho, cuando no se quiere hablar de lo que se ha hecho mal, cuando se hace evidente que se ha incumplido la ley, entonces, se sacan los símbolos a pasear y los símbolos no lo explican todo o, peor aún, no explican casi nada. No explican casi nada, especialmente a quienes carecen de datos o de voluntad para entender algunas cosas.
Ayer mismo tuve oportunidad de comprobar esto que os digo. Ocurrió cuando mi padre y yo veíamos en la televisión, un programa de esos más o menos informativos, en los que se habla mucho de todo y muy deprisa. Debo aclarar que mi padre, a sus noventa y tres años y con su oído casi perdido, ve la televisión sin entender apenas lo que se dice en ella, mientras yo, que sí la oigo, con mis castigados ojos, apenas puedo verla. Estábamos en esas y, de repente, mientras se informaba de la operación policial en la que se practicaron registros y detenciones en el entorno de la vieja CDC y a propósito de las comisiones ilegales cobradas por el partido de Mas y Pujol, a cambio de adjudicaciones de los gobiernos presididos por el partido. Y, de repente, vi a mi padre gesticulando y señalando a algo o alguien que aparecía en pantalla y que yo no podía ver. Me acerqué a la pantalla y vi que quien aparecía en ella era Artur mas, al tiempo que me decía "ese, ese, el de...y me hacía el gesto de los cuatro dedos, con que el ex president de la Generalitat se adornó el día que tuvo que declarar ante el juez que, finalmente le ha sentado en el banquillo.
Sólo puedo pensar que es muy triste que mi padre y gente como mi padre identifiquen la ofensa de quien abusó de su poder para chantajear a empresarios y recaudar fondos para su partido, con lo que son símbolos del nacionalismo catalán. Es triste e injusto y, si, a quienes quieren sinceramente la independencia de Cataluña, les queda algo de sentido común, deberían desmarcarse lo antes posible de ese vertedero de corrupción en que parece haber devenid su socio de gobierno.
Sería muy triste que, de ahora en adelante, los cuatro dedos, las cuatro barras de sangre de la senyera acaben identificándose con esa gran estafa del tres por ciento que, durante décadas, mantuvo a CiU en el poder en Cataluña. Si no lo hacen, estaremos en nuestro derecho de pensar que asumen que CiU y su tres por ciento son un mal necesario para sus planes.

jueves, 2 de febrero de 2017

MÁS QUE UNA GUERRA DE EGOS


Algún día, cuando ya no nos duela, quienes creímos y aún creemos en ellos nos atreveremos a contar y a contarnos la historia de lo que pudo haber sido y finalmente no está siendo Podemos. Hoy, a dos semanas de que la formación que ya no es, o al menos eso parece, sólo de Pablo Iglesias, después de Vistalegre 2, su congreso, habrá decidido qué quiere ser de mayor y sus votantes podremos saber si quiere ser una formación caudillista, en la que el secretario general juega a ser "el rey de la montaña", despeñando a todo el que perturbe su ejercicio del poder en soledad y de arriba abajo o si, por contra, ese poder se abre a distintas opiniones y a estrategias que saquen a la única esperanza que le queda a la izquierda transformadora de ese ensimismamiento, ese ombliguismo, que le impide entender que no puede conseguir sus objetivos en solitario, que no cabe el todo o nada, que sólo se puede  hacer política desde el diálogo y que la revolución desde la calle que alguno puede estar soñando ya no cabe en este país.
Entiendo que, tras el éxito de las movilizaciones del 15-M, que por cierto no fueron sólo suyas, y de la oportuna canalización del evidente descontento que revelaban, en aquellas elecciones europeas que les otorgaron carta de naturaleza para quienes entonces no estábamos en su pomada, Podemos se vio con fuerzas para asaltar los cielos haciendo escala en el Parlamento. Y a punto estuvo de conseguirlo, porque aquellos primeros resultados en unas generales fueron los mejores que podía imaginar y que, no sé si por desgracia, difícilmente podrán repetirse. Pero la personalidad de quien no ve más allá de su espejo, o sea, de sí mismo, no casa bien con las concesiones ni con el difícil arte de la negociación. Y es que hay quien se mueve muy bien en la clandestinidad, en la guerrilla que se nutre del golpe de mano y la sorpresa, del efectismo dialéctico oportunamente alentado desde los debates televisivos en los que no hay nada que perder, ni que ocultar, y sí mucho que ganar.
Sin embargo, la realidad del día a día es tozuda y muy distinta, porque, como nos enseña el refranero, no es lo mismo predicar que dar trigo y, si, además, la mayor parte del trabajo parlamentario se hace al margen de los focos, lejos de la brillantez de los plenos, en tediosas comisiones y negociaciones no menos oscuras y aburridas que, difícilmente, saltan a las primeras de la prensa o las cabeceras de los telediarios.
Es entonces cuando el universo se encoge y los "hombres de acción" se sienten atrapados y les llega la necesidad de llevar sus inquietudes de nuevo a la calle, donde basta con predicar y no es preciso negociar ni dar trigo, algo que, por más que Iglesias diga lo contrario, sería incoherente, cuando no incompatible con el ejercicio de la vida parlamentaria. Y no me refiero al trabajo en la calle, en los barrios, en los círculos o en las agrupaciones, siempre necesario sino a esas demostraciones de fuerza tan añoradas, tan dignas de titulares como poco eficaces si la fuerza no se canaliza en el parlamento.
De aquí a dos semanas, las visiones de Iglesias y Errejón, más partidario de la apertura de Podemos y del trabajo parlamentario, se van a medir en Vistalegre, en un proceso precipitado y confuso, creado y modificado a imagen y semejanza de Iglesias, que, aun así, dudando de sus ideas o de sus seguidores más íntimos, ha decidido poner su cara de caudillo al frente de su lista, para no perder el control que quiere absoluto, del consejo, el parlamento, de la organización.

Otra vez, Iglesias se apunta al todo o nada o, mejor dicho, al yo o nadie. En dos semanas sabremos si es su opción la que triunfa o si lo hace la, a mi modo de ver, más sensata y constructiva de Errejón. Para entonces esta guerra fratricida  ya se habrá cobrado la paciencia y la ilusión de dos figuras tan señeras como las de  Carolina Bescaansa y Nacho Álvarez, cansados de tan costoso enfrentamiento. En cualquier caso, gane quien gane, se produzca o no ruptura, aquel Podemos ilusionante se habrá dejado muchos pelos en la gatera de esta que es algo más que una guerra de egos. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

CUANDO UN ALCALDE...


Si queréis conocer a alguien de verdad, a fondo, no tenéis más que ponerle un uniforme, a ser posible con galones, o darle un cargo. Y es que el poder, especialmente sus símbolos transforman a la gente y, sobre todo, alejan al que lo ostente del lugar del que procede y lo alinean con sus nuevos semejantes. Eso y que la muerte nos sienta muy bien, especialmente a quienes se mueven en política, son dos verdades incontestables.
Lo acabamos de comprobar en la Federación Española de Municipios y Provincias, que fue ayer sede de una especie de homenaje a la fallecida ex alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, que, meses después de esa repentina muerte que tanto alivió a sus compañeros de partido, recibió el homenaje de quienes, como ella, ostentaron alcaldías, en presencia de familiares y amigos, entre los que estuvo Rajoy, que no desaprovechó el momento para dar su paletada de cal, después de haber vertido sobre ella demasiadas paletadas de arena silenciosa, que era lo que convenía, si no al PP, sí a los dirigentes del PP salpicados por los tejemanejes de Rita y sus compañeros de Valencia.
El homenaje contó con el apoyo de quien la sucedió al frente de la FEMP, el alcalde socialista o así de Vigo, Abel Caballero, al que unía con la ex alcaldesa una relación de amistad y simpatía y unas maneras que sólo da la excesiva permanencia en un cargo, cuando  demasiados vecinos no recuerdan haber tenido otro alcalde y se alcanza esa inercia electoral que lleva a los vecinos a votarle más allá de ideologías y, lo que es peor, de la honestidad de sus gestión, porque el alcalde pasa, como si de un parque, una plaza o una estatua,  a ser patrimonio de la ciudad.
La verdad, me ha sorprendido saber que el homenaje había sido organizado por una entidad en la que deberían estar representado el poder municipal de todos los colores y todos los rincones de España. Me ha sorprendido porque, por mucho que la muerte halla embellecido su cadáver y por mucho que haya movido la fibra sensible de sus "colegas", no creo que haya hecho olvidar sus "hazañas· como para ponerla de ejemplo ante la sociedad.
Pero, claro, como Georges Brassens dejó escrito en su canción "Quend un viconte", los vizcondes o los gendarmes tienen entre ellos más cosas en común de las que imaginamos y por ello cuando un vizconde se encuentra con otro vizconde, de lo que hablan es de cosas de vizcondes, del mismo modo que. cuando un gendarme se encentra con otro gendarme, de lo que hablan es de cosas de gendarmes y, cuando un alcalde se encuentra con otro alcalde, no habla de los problemas de sus vecinos sino de los suyos propios.
No me ha parecido bien ese homenaje, en absoluto, porque dulcifica la imagen de quien, como la ínclita Esperanza Aguirre estaba en el centro de una de las mayores tramas de corrupción que ha conocido este país y, si de algo han de ser ejemplo ambas, es de lo que jamás debe hacerse desde el poder. por muy respaldado que esté por los votantes. Que no, señor Caballero, que ese homenaje ni estaba justificado ni ha sido edificante.