martes, 11 de octubre de 2016

DEPRISA, DEPRISA


Dicen de Javier Fernández, el presidente de la gestora que se ha hecho cargo del PSOE tras la forzada dimisión de Pedro Sánchez, que es un hombre calmado, justo y equilibrado. Calmado quizá lo sea, pero, en cuanto a las otras características señaladas, no puedo olvidar que Susana Díaz, la jefa, en el sermoncillo que "soltó" a los suyos en Sevilla, horas antes de su asalto a Ferraz, señaló al que iba a ser el gestor de todos los socialistas, recordando la historia de amor de sus padres, que se conocieron en un campo de concentración antes de casarse y tener un hijo que acabaría siendo presidente de Asturias.
No me puedo olvidar de esas palabras, porque dejaban claro que el aparato que se esconde tras la presidenta andaluza ya le había bendecido con su predilección para el trabajo sucio, no puede ser considerado de otra manera, de torcer la voluntad de votantes y militantes socialistas, para acabar dejando paso libre a Rajoy, el presidente de los recortes y de la brecha social, para un nuevo mandato en la Moncloa.
Y doy fe de que lo está cumpliendo, porque, con ese "manejo de los tiempos" tan propio, dicen, de Mariano Rajoy, está diluyendo, o al menos eso intenta, el debate entre las bases socialistas, bajando la presión, poniendo al partido, como se hace con una olla a presión demasiado caliente, bajo el grifo del tiempo, para poder servir el cocido de la abstención en la mesa de la investidura en el momento más apropiado, no vaya a ser que los nuevos gestores del partido se encuentren con la sorpresa de unos garbanzos deshechos o, por el contrario, demasiado duros, tanto que, como en el comedor de un colegio, acabasen sirviendo de munición para las peleas entre compañeros.
Estamos a veinte días de saber si, finalmente, se celebra la investidura y Rajoy sale de ella presidente o si, por el contrario, se convocan nuevas elecciones. Lo malo es que en esos veinte días pueden pasar y están pasando muchas cosas, dentro y fuera de los tribunales. Está pasando, por ejemplo, que desde Europa ya no se cortan en criticar al gobierno "amigo" de Rajoy, por su desidia a la hora de presentar los presupuestos, ahora que con un PSOE cautivo y derrotado, el asunto es más del PP que nunca, o por sus promesas huecas y sus compromisos incumplidos a la hora de combatir la corrupción tal y como le exigen las reglas de convivencia en Europa.
Estamos a veinte días de que acabe el plazo y, en la Audiencia Nacional, nada, salvo la petición más que utópica de dos de las acusaciones para llevar al propio Rajoy ante los magistrados, nada, ha salido al gusto del PP. No se ha anulado el proceso, se le mantiene como acusado, no se deriva la culpa a las agrupaciones locales que actuaban como recaudadores y, a partir de hoy, comienzan a declarar los testigos que más tienen que ganar si se avienen a colaborar con el tribunal, revelando aspectos ocultos del caso.
Por si fuera poco, ayer, el diario EL MUNDO publico el manual de instrucciones para concejales corruptos, distribuido por el PP entre sus representantes municipales, para disimular los donativos irregulares sin despertar el celo del de por sí poco celoso Tribunal de Cuentas. Todo le viene mal al PP. Todo le está levantándole las alfombras, dejándole desnudo, no ante sus votantes, a los que ya tiene "en el bote", sino ante los votantes y militantes del PSOE, pero, sobre todo, ante los diputados que han de decidir con su voto en el Pleno si se deja gobernar o no a Rajoy.
Javier Fernández está empeñado en camuflar el dilema que existe entre la abstención o el NO, para dejarlo en abstención o hundimiento electoral. No quiere y lo rehúye, el debate interno, por eso no quiere a los barones reunidos y los ha convocado de uno en uno. Y, todo, dejando correr el calendario para que no se pueda resolver el dilema poco a poco y la decisión tengan que tomarla los diputados en apenas unas horas, deprisa, deprisa.

lunes, 10 de octubre de 2016

TRUMPP


Si algo me fascina de la fascinación que muchos, demasiados, votantes estadounidenses sienten por Donald Trump es la evidencia de que su ídolo les insulta, les desprecia y les roba, apropiándose, de la parte de las ganancias de sus negocios que debería acabar contribuyendo al bien común a través de los impuestos. Si algo me fascina de esta relación sadomasoquista, este amor de "portero de noche" entre víctimas y verdugo, que lleva a quienes una y otra vez son despreciados por Trump a elegirle, abrigando quizá la esperanza de llegar a ser como él alguna vez o proyectando sobre esa figura tan despreciable sus no pocas frustraciones.
No menos me sorprende escuchar a algún que otro periodista que se tiene por entendido en todo lo que tenga que ver con los Estados Unidos y atribuye su "ciencia" a sus largas estancias en Miami, como si cualquier extranjero, por haber vivido en Marbella, se sintiese con derecho a interpretar el laberinto de la política española.
Y, sin embargo, los hay. Sin embargo, hay quien con la boca pequeña o con sus silencios justifica a quien se convertiría en un peligro, peor aún que lo fue el segundo de los Bush, para la estabilidad de la ya de por sí inestable paz mundial. Hay quien, cuando le piden opinión sobre Trump, se refugia en las críticas y el desprecio al origen "aristocrático" de Hilary Clinton o, incluso, a su cualificación", tan distinta del gañán millonario y sin escrúpulos que es Donald Trump, para no mostrarnos el egoísta conservador que llevan dentro.
Con Trump pasa en los Estados Unidos lo que aquí con el PP. Son demasiados quienes, para no tener que retratarse, escurren el bulto de su egoísmo insolidario y justifican con su silencio cómplice todas las tropelías cometidas aquí por el partido en el gobierno. Son demasiados quienes critican los más que criticables ERE irregulares de Andalucía, porque, hacerlo, allana el camino al partido que cree el suyo. Con Trump ocurre en Estados Unidos ocurre lo que aquí en España, donde hay demasiada gente que vota al PP, pero disfruta de la libertad que han traído otros, hay demasiada gente que nunca va a misa, pero se casa ante el altar, pero bautiza a sus hijos, Demasiada gente, en fin, que esconde la mano cuando tira la piedra.
La desgracia, el mal de este siglo, es que Trump y el PP se parecen en exceso a ese modelo de país que los estadounidenses y los españoles creen que son Estados Unidos o España, un modelo que ha crecido porque nadie, ni los Clinton ni el PSOE cuando estaba en el poder se han esforzado en cambiar. Un país acaba siendo tan garrulo como sus gobernantes o sus medios de comunicación quieren que lo sea. Y, por desgracias, demasiado a menudo lo quieres garrulo.
Donald Trump es un tipejo zafio con instinto suficiente como para identificar en cada escenario los fantasmas y los enemigos de su audiencia y construir con ellos el eslogan con el que ganárselos. El candidato republicano es poco más que un matón lleno de suficiencia que ya no escucha a nadie y que, si algo o alguien no lo remedia, puede acabar en la Casa Blanca.

El PP, lleno de Ratos, demasiados Trillos, Fabras y Florianos, tiene mucho de Trump y, entre sus votantes, hay mucha gente a la que le gustaría una tarjeta black con la que irse "de putas" o "ponerse hasta el culo" de los manjares y las copas que nunca pagaría con su dinero.  El PP, como Trump, vive de la incultura y el egoísmo de demasiados españoles.

viernes, 7 de octubre de 2016

SI CREYESE EN DIOS...


Si creyese en dios, en cualquier dios, pensaría que lleva semanas enloquecido, enloqueciendo a los hombres, empujándoles, como a escorpiones en un círculo de fuego, a suicidarse, a hacerse daño a sí mismos y a los suyos. Si creyese en algún dios, cualquier dios, me preguntaría qué hemos hecho los españoles, para merecer este castigo que, una y otra vez, nos auto infligimos en las urnas.
Si creyese en dios, en algún dios, pensaría que Podemos, la esperanza del progresismo indignado, me preguntaría qué le ha hecho o que puede hacerle Podemos a ese dios, para temerle tanto. Si creyese en un dios, lo querría justo y bondadoso, no así de cruel con los niños que andan estos días confesando sus penas y las de sus padres, que son muchas, a la Cruz Roja. Si creyese en ese dios, que soy incapaz de imaginar, le pediría que no consintiese que esos niños se fuesen a la cama sin cenar, que pasasen frío o que tuviesen que irse a vivir a casa de sus primos, porque su casa, la casa donde jugaban en el bloque donde tenían sus amigos, se la ha quedado un fondo buitre que ha contratado al hijo de una alcaldesa que, desganada, va del jakuzzi al velatorio de unas jóvenes, apenas unas niñas, y del velatorio, después de hacerse las fotos, vuelve al jakuzzi.
Si creyera en dios, que no creo, le rezaría para que, quienes podrían haberse visto en la piel de los padres de esas niñas, no hubiesen vuelto a votar al partido de las siniestras gaviotas ladronas. Si aún pudiese creer en dios, como, de niño, me hicieron creer que creía, le pediría que me explicase por qué para la derecha resulta tan fácil ponerse de acuerdo, mientras en la izquierda, cuanto más cerca tienen poder, cuanto más al alcance de su mano tienen la fuerza precisa para transformar la sociedad, más se aplican en desperdiciar tal oportunidad.
Si creyese en dios, en cualquiera, antes de irme a dormir le rezaría para que las luchas internas no se cebasen, a costa de desanimar a sus votantes, en dividir y desinflar partidos que, aún hace un año, eran la esperanza de tantos. Si creyese en dios, si considerase posible hablar con él, le preguntaría por qué propició y consintió el tremendo espectáculo del pasado sábado y los días precedentes, en el que, sin llegar a las manos, como los eurodiputados del Ukip, los dirigentes socialistas españoles, de espaldas a sus militantes, dinamitaron un partido de más de un siglo, para impedir que el NO de sus diputados impidiese a Mariano Rajoy, tan cruel como impasible, seguir en La Moncloa, rompiendo con sus principios y, lo que es peor, con la lógica trayectoria de un partido que se dice de izquierdas.
Si pudiese creer en ese ser superior del que tanto me han hablado, supondría que algo debe saber, para consentir que los hombres, los hombres solidarios, los hombres de la izquierda, hayan reventado, como lo han hecho, el globo de nuestros sueños.
Pero no creo. Por eso me veo obligado a razonar, a buscar explicaciones para algo tan sin sentido, tan extraño y tan doloroso. Y dándole vueltas y vueltas, preguntando aquí y allá, llego a conclusiones, no sé si acertadas o no. Y todas me llevan a lo mismo, a que, de ninguna manera, en España, tampoco en Europa, por muy al sur que sea, quienes tienen tantas cuentas pendientes con la Historia, quienes han causado tanto daño, tanto sufrimiento, pueden consentir que el domesticado PSOE se eche al monte, de la mano de podemos y "separatistas", para exigirles que las salden.
Es entonces, cuando pienso que, puesto que dios no existe, los deudores saben que no habrá perdón para ellos y mueven todos los hilos a su alcance. Y, de todos, el más poderoso, como siempre, es el de la información. No la que se lee en los periódicos, que también, sino la que se asministra, la que se tiene y no se usa contra quienes tienen el poder de decidir o el de convencer a quienes deciden. Y los demás, tontos útiles.
En fin, como no creo en dos, para explicarme algunas cosas, no me queda más remedio que creer en los servicios de información.

jueves, 6 de octubre de 2016

LAS PUERTAS GIRATORIAS JUDICIALES DEL PP


Lo que sentí ayer, al enterarme de que el PP pedía la anulación del juicio recién abierto por la trama Gürtel, fue una mezcla casi perfecta de sorpresa, indignación y vergüenza. Una sensación de hastío, asco y cansancio, al comprobar que quienes gobiernan, aunque sea en funciones, y pretenden seguir gobernando este país se creen por encima del bien y del mal, están tan seguros de su impunidad que no les importa volcar los cubos de la basura -habría otra forma aún más cruda de decirlo- sobre la justicia y, de paso, sobre todos nosotros.
La sensación que tuve es la de que este país se ha quedado huérfano de defensores, con un PSOE de rodillas y a sus pies, descuartizado y malamente recosido, un partido-esperanza, Podemos, desquiciado en su esquizofrenia, vendiendo una y otra vez las pieles de osos que aún no ha cazado, y una prensa esclava de sus amos, que no son otros que los fondos de inversión que les rescataron de la resaca de sus borracheras multimediáticas. Y, ya se sabe, el dinero siempre se coloca de la parte del dinero.
No me gusta lo que veo y no me gusta lo que siento. No me gusta esa soberbia ciega de quienes nos quieren llevar a unas terceras elecciones a la espera de mejorar su botín, como tampoco me gusta la arrogancia de quienes creen que se harían con los despojos de un PSOE descuartizado, sin pensar que la alternativa elegida por la mayor parte de los disconformes y decepcionados suele ser siempre la abstención.
Con este panorama y ante la perspectiva de que del juicio por el caso de corrupción más grave que ha llegado a los tribunales en este país, salgan condenas para algunos de sus dirigentes sentados en el banquillo o que haya encausados que quieren mejorar su condición recelando la parte de la trama aún oculta, el PP ha tirado de manual y, abusando del carácter garantista de nuestras leyes, pretende irse otra vez "de rositas", como ya se fue de rositas hace dos décadas, en el "caso Naseiro", después de que todos conociésemos la transcripción de unas conversaciones grabadas a un concejal valenciano, en la que se repartían, tan obscenamente como años después lo haría Alfonso Rus, las mordidas y comisiones cobradas a constructores y contratistas.
Pretenden que, como los tres monos sabios de la mística japonesa, después de ver y oír, sigamos con la boca cerrada y aceptemos la triquiñuela de su defensa, ejercida por el letrado Jesús Santos, que ayer pidió la anulación del juicio, alegando que las escuchas autorizadas por Garzón, pero solicitadas por los fiscales y la policía, a los implicados entonces detenidos y sus abogados eran ilegales, algo que ya intentó el PP, sin conseguir, como pretendía, desmontar todo el proceso por esta causa. Pero, por pedir, que no quede. Aunque, con ello, se pongan otra vez del lado de su odiado Luis Bárcenas que, ante la negra perspectiva de ser condenado, intenta, a la desesperada, anular el juicio.
Lo más curioso y que nadie ha dejado de señalar es que el abogado que puso voz a la petición del PP ante el tribunal fue Jesús Santos, antiguo teniente fiscal en la Audiencia, al que recuerdo del brazo de Baltasar Garzón, al que ayer atacó sin piedad, instruyendo causas contra ETA, en las que más de una vez se emplearon métodos parecidos a los que ahora pretende usar como excusa para la anulación.
Qué curioso resulta que dos piezas clave de la guerra contra el juez Garzón, verdadero artífice de la causa contra el PP. el ex juez Javier Gómez de Liaño y, ahora, el ex fiscal Jesús Santos, hayan sido piezas importantes en la Audiencia Nacional y hayan sido compañeros de Garzón. Se ve que los hay que no se conforman con la dignidad y el sueldo de la carrera judicial y fiscal y saltan al otro lado del estrado, donde su nombre y su prestigio garantizan buenos clientes y mejores minutas. Además, hay jueces que se dejan adular y regalar por el PP y publican en sus mediosy luego hay que recusarlos para que no torpedeen los casos abiertos contra su partido "amigo".  Está claro que, también en este campo, el PP tiene las puertas giratorias bien engrasadas.

miércoles, 5 de octubre de 2016

HACE UN SIGLO


Hace un siglo, millones de jóvenes europeos, como los jóvenes españoles ahora, no tenían trabajo. Tampoco, como muchos jóvenes españoles, estudiaban No lo necesitaban y tampoco eran un peligro, porque, hace un siglo, millones jóvenes europeos tenían un fusil entre sus manos y los pies hundidos en el barro.
Hace un siglo, la guerra era la solución para muchas cosas. Con la guerra se acababa con el paro, se encauzaban los populismos, se controlaban y aplastaban las revoluciones y los bolsillos de los de siempre se llenaban de billetes. Hace un siglo, la guerra era la gran solución y la gran coartada para muchas cosas. Hoy, la guerra lo sigue siendo, pero la guerra es políticamente incorrecta y, por eso, la alejamos de nosotros, la hacemos, la hacen los de siempre, lejos de nuestras fronteras, a miles de kilómetros de nuestras casas.
Después de un siglo y de dos guerras terribles que diezmaron a la juventud en varios continentes, se diría que el mundo ha aprendido la lección, se diría que el mundo ha desarrollado mecanismos para no volver a ponerse ante ese error. Me temo que no, me temo que, demasiado tiempo y en demasiados lugares, las alarmas han estado desconectadas y hoy estamos de nuevo al borde del abismo y, por eso, los organismos, más que grandes, grandilocuentes que rigen muy a nuestro pesar nuestras vidas y haciendas, improvisan soluciones, algunas ridículas, para cortar el paso al que ya han señalado como el peligro que hoy, a sus ojos, nos acecha: el populismo.
Sin embargo, el diagnóstico es erróneo y tardío. El diagnóstico no es sino maquillaje, marketing para ocultar las verdaderas causas y responsabilidades de lo que está ocurriendo y seguirá ocurriendo si no ponemos la proa a la realidad que nos agobia Unos y otros, la Unión Europea y el FMI, por ejemplo, han decidido que el populismo y no otra cosa es la gran amenaza. Pero se equivocan y lo hacen a conciencia.
El populismo es la gran coartada, el populismo que no es otra cosa que la expresión incontrolada de la insatisfacción, la respuesta, ciega o no, acertada o confusa, a las injusticias que tiñen los mapas de medio mundo. Populismo es, para esas mentes bien pensantes, todo aquello que escapa al corsé de sus estúpidas estadísticas en las que los hombres y las mujeres, su sufrimiento no tienen cabida. Llamar populismo a las insatisfacciones sin salida ni esperanza es muy fácil, señalar al populismo como el gran peligro de nuestro tiempo, es también hacer.
Quizá por eso, la Unión Europea, incapaz de hacer cumplir a sus socios los compromisos firmados para paliar el horror de los refugiados, incapaz de evitar que la Europa sin fronteras se llene de púas, alambre y tiendas de campaña entre el barro, la que martiriza a Grecia y Portugal, a nosotros mismos, pero no se atrevió a levantar la voz ni mirar a los ojos al ultraderechista primer ministro húngaro Viktor Orban mientras sembraba de alambre de espinos sus fronteras, esa Europa del cinismo, la de los comisarios que nadan en la opulencia de por vida, esa Europa acaba de encontrar la solución. Y no es otra que la de regalar a los jóvenes europeos, cuando cumplan dieciocho años, no trabajo, no becas de estudio, nada de eso. Lo que les regala son billetes para el Interrail, para que hagan turismo y conozcan a sus vecinos. Una astuta solución, quizá, para que entretengan sus días en vez de buscar trabajo, reventando sus frías estadísticas.
Una estúpida salida de quienes dirigen Europa, una solución populista y tan estúpida como estúpido es que el FMI, esa superestructura económica que han dirigido un tipejo que persigue desnudo a las camareras de los hoteles por los que pasa, un chorizo que, después de haber sido vicepresidente del gobierno de España y ministro de Economía y Hacienda se permite, ante el tribunal que le juzga, referirse a los impuestos que nunca pago ni pensó pagar por su tarjeta black cono "problema", o, también, una ex ministra que trampeó con las leyes para aliviar las responsabilidades de un poderoso empresario t amigo. El FMI que ahora, ocho años después de la crisis, acaba de darse cuenta de que la gente sufre y en su sufrimiento no está la solución.
Es lo que pasa por no llamar a las cosas por su nombre, por inventar realidades en los despachos y no en las calles, donde la gente padece las consecuencias de sus decisiones. Ahora resulta que quienes se quejaban, los populistas tenían razón y, por eso, para combatirles, se van a repartir caramelos entre el pueblo.
Hace un siglo, para millones de jóvenes europeos, el interrail estaba en trenes sucios y en el barro de las trincheras, donde les esperaban las ratas, los parásitos y las enfermedades, si no una bala o un trozo de metralla que aliviase su agonía. Muchos, la mayoría, nunca volvieron a sus hogares, a ninguno le devolvieron la juventud perdida en las trincheras.  Ocurrió no hace tanto, sólo hace un siglo.

martes, 4 de octubre de 2016

PASO LIBRE AL PARTIDO DE LA GÜRTEL


Si no hubiésemos visto lo que vimos este pasado sábado, si el PSOE se hubiese mantenido unido apoyando el NO que defendió Pedro Sánchez hasta el final, lo que hoy está pasando en San Fernando de Henares, en una sede judicial que, sin jaulas, evoca a la de aquel tribunal en el que se juzgó a la cúpula de la mafia siciliana, enfrentaríamos con otro ánimo todo lo que nos queda por ver y escuchar en el juicio que hoy abre la Audiencia Nacional contra los treinta y siete dirigentes y colaboradores del PP acusados de lucrarse y financiar al partido con dinero de todos, con dinero robado de las arcas públicas.
Si los ciudadanos decentes, los que no toleramos ni toleraremos nunca la corrupción, venga de quien venga pudiésemos estar seguros hoy de que Rajoy no va a ser "indultado" políticamente, reelegido presidente con la abstención del Partido Socialista Obrero Español, depositario del voto de esos cinco millones y medio de ciudadanos que creyeron, a Pedro Sánchez ye en Pedro Sánchez en las campañas electorales y los dos procesos de investidura celebrados desde diciembre pasado... en fin, si el PSOE no se hubiese suicidado obscenamente ante todos nosotros, asistiríamos al juicio satisfechos por saber que, en este país, la justicia alcanza al fin a toso, ricos o pobres, humildes o poderosos, porque "el que la hace, la paga".
Sin embargo, la situación es bien distinta. Para desgracia y desesperanza nuestra, quienes ocupan hoy el lugar de los acusados en este juicio lo afrontarán con la tranquilidad de que seguirán en el gobierno los amigos por los que tanto se han "sacrificado", con la satisfacción de saber que su silencio, tan lejano de la locuacidad delatora de Marcos Benavent, el valenciano yonqui del dinero, ha merecido la pena y que las penas  ala que sean condenados, si lo son, acabarán cumpliéndolas, bajo el paraguas y la benevolencia de un gobierno "amigo".
Si los dirigentes del PSOE, quienes dieron el sospechoso golpe de timón del sábado, no nos hubiesen decepcionado como lo han hecho. quizá, en la campaña de las terceras elecciones generales en un año, si las hay, asistiríamos al chusco espectáculo de ver como algunos candidatos alternan el estrado con los escenarios y atriles de los mítines y actos de campaña que antes montaban las empresas del acusado Francisco Correa.
Sin embargo, no tendremos tanta suerte, porque no nos dejarán vivir esa paradoja. Sí viviremos, en cambio, otra, la de asistir al bochorno de ver cómo, sin haberse movido un milímetro de su taimado silencio, sin haber ofrecido nada a cambio, Rajoy es investido de nuevo presidente ante un PSOE definitivamente avergonzado y malherido, quizá ya por décadas.
Curiosamente, el dilema no es ahora el de decidir lo que vaya a hacer PSOE. El dilema lo tienen en la calle Génova 13, en donde deben estudiar los pros y los contras de dejar morir los plazos  para llegar a esas terceras elecciones en las que probablemente no acudan a las urnas para votar millones de ciudadanos indignados , en las que, otra vez, cientos de miles de españoles dispersos por el mundo no podrán ejercer su derecho a hacerlo por correo, en las que, en definitiva, el PP, los de la Gürtel, la Púnica, la LONCE, los recortes en educación y sanidad, la de la ley mordaza y todo lo demás pueda renovar, incluso, su mayoría absoluta.

En fin, no sé si quienes urdieron el desastre socialista de la semana pasada, en el que ha habido más de un listo y demasiados tontos útiles, esperaban un resultado tan perfecto para sus intereses, pero, de momento, parece ya que, pase lo que pase, el semáforo se ha puesto verde, dejando paso libre al partido de la Gürtel.

lunes, 3 de octubre de 2016

AMBICIÓN, MIOPÍA Y REALIDAD


Lo escribí el sábado en Facebook: lo único que he sacado en claro de lo sucedido al PSOE en los últimos días es la enorme distancia que hay entre los líderes -políticos y de opinión- y la gente común y corriente, la que vive y trabaja, si puede, al margen de los partidos, la que buscó un trabajo al acabar sus estudios, la que con una beca, el pasaporte o desde la cola del paro, comenzó a construir su futuro y que poco o nada tiene que ver con quienes no pueden exhibir otro currículo que el que recoge su carrera en el partido, sea cual sea, al que se afiliaron de adolescentes y que hoy es su presente, su futuro y su única fuente de ingresos.
Nada tiene que ver la vida, el pensamiento ni la perspectiva con que mira la realidad un joven y brillante diputado de treinta o cuarenta años con la vida y las aspiraciones de un viejo votante o, incluso, incluso un viejo militante que ha pasado penurias, exilio y cárcel por unas ideas que, no sólo son las suyas, sino que también fueron la de sus padres y, en muchos casos, son y serán las de sus hijos.
La torpeza de quien diseñó el asedio a Pedro Sánchez, una torpeza llena de cinismo, regada, incluso, con alguna lágrima, de cocodrilo, claro, y mucha histeria es digna de un sargento chusquero a cargo de un golpe de Estado, como tan bien apuntó el siempre lúcido Josep Borrell. Porque, decidme, si no qué han conseguido después de poner el partido patas arriba, con el culo al aire de sus insidias a la visa de todos. Eso, si considerásemos que el cerebro gris de este desaguisado hubiese sido la ambiciosa y aviesa Susana Díaz, algo difícil de sostener a estas alturas, después de ver los efectos de su impericia, porque, desengañémonos, la presidente de la Junta no ganó la votación en el Comité Federal con su lógica o con su inteligencia, sino que lo hizo con el peso de su federación, la Andaluza, plagada de personajes tan brillantes e independientes como su fiel Verónica Pérez, incapaz de imponer al resto de compañeros una autoridad en la que, a duras penas, ella misma creía.
Lo que pasó el sábado en el 70 de la calle Ferraz es la prueba evidente de eso que os adelantaba, de que la realidad de quienes estaban dentro de la sede socialista y la de quienes estaban fuera, nada o casi nada tienen que ver, porque dentro se estaba dilucidando la propiedad del partido y la titularidad de sus despachos, mientras fuera, en la calle, los militantes exigían que se mantuviese el NO a Rajoy, algo de lo que, dentro, ni siquiera se habló.
Finalmente, Susana Díaz se hizo con el control del partido, aunque fuese a costa de hacer trizas un partido que, desde que Felipe González dio el portazo y se marchó ha sido cosido y recosido con más o menos habilidad, dejándolo lleno de heridas mal cicatrizadas que, a la primera de cambio, supuran y cómo todo el rencor y todas las diferencias que separan a quienes se dicen entre ellos "compañeros".
Son embargo no me acabo de creer que las cosas sean tan simples. Para mí tengo que, por encima de los personajes de esta tragedia, hay una mente gris que, desde las sombras, ha doblado el premio que buscaba en esta crisis. Nadie puede decir a estas alturas que la militancia y los votantes del PSOE esté conforme con que su partido regale a Rajoy el camino un nuevo gobierno, pero, ahora, sumados el resultado del comité y el espectáculo, ni siquiera Rajoy y los que le quieren otra vez en La Moncloa ni siquiera necesitan la abstención socialista, porque, después de lo que ha pasado, el PP puede estar más que confiado en alcanzar en una terceras elecciones la mayoría en solitario, con un Ciudadanos desprestigiado y un PSOE hecho trizas y alejado de sus bases.
Algún día, Susana Díaz acabará pagando su torpe ambición. Quizá en diciembre, si se celebran esas terceras elecciones, y estoy seguro de que Rajoy hará lo posible por adelantarlas, y, entonces, Susana o quién decida Susana, cosechará otro hundimiento histórico, en votos y diputados, que pagaremos los ciudadanos con cuatro años más de tiranía económica, corrupción y recorte de libertades. Todo por atender desde la miopía más a las propias ambiciones que a quienes viven en la dura realidad.