martes, 12 de mayo de 2015

QUIERO QUE ME MIREN


Ayer, después de una comida y de una sobremesa más deliciosa aún, esperaba el autobús en la calle Toledo, cuando mi amigo y yo comentamos, y no es la primera vez que lo comento con un amigo, la "peculiar" foto que el poeta Luis García Montero ha escogido para las banderolas que anuncian desde las farolas su candidatura por Izquierda Unida a la Comunidad de Madrid. Una foto con la mirada perdida en el cielo, parecida a otras como aquellas en las que, en otros tiempos y otras elecciones, posó Julio Anguita.
No me gustan estos asesores, fotógrafos o arriolas de todo pelaje, que aconsejan a sus candidatos mirar al cielo con ojos brillantes, como "La Asunción" de Murillo, como si esperasen una revelación o un trance místico, en el que se les revelase el camino por el que han de conducirnos para alcanzar la salvación y el paraíso aquí en la tierra. No me gustan, como tampoco me gustan esas otras fotos, tan de moda entre los escritores para las entrevistas impresas o para las solapas de los libros, en las que el pobre autor o la pobre autora, sometidos a la tiranía de modas y tópicos, aparecen siembre con una mano en el mentón, como si la cabeza de un escritor pesase demasiado como para dejarla únicamente sobre los hombros.
¿Son modas, son tópicos? No lo sé. Lo que sé es que lo que espero de un político es que me mire a mí, a ser posible a los ojos, porque, si no desde una foto, pero sí en la vida real, en la cercanía, los ojos de quien te mira, o de quien evita mirarte, lo dicen todo, hasta el punto de que alguien que te sostiene la mirada difícilmente te mentira, lo que no quiere decir que no vaya a hacerte daño, pero difícilmente te mentirá.
Yo quiero que, desde los carteles, los candidatos me miren, a mí y a todos los ciudadanos, que sepan quiénes somos y dónde y cómo estamos, que no tengan una idea equivocada de lo que nos pasa, que no se fíen de lo que les cuentan los carromeros de turno o de lo que le cuentan las dóciles televisiones o periódicos que tienen a sueldo. Quiero que me miren, cosa que no hacen, por ejemplo, quienes han despedido, despiden y despedirán a tantos trabajadores, quienes vendieron las preferentes a tantos y tantos ancianos o gente que, como yo, confiábamos en "nuestra caja de toda la vida". Quiero que me miren y no desde detrás de un pasamontañas, como hacen los policías  cuando muelen a porrazos a todo "bicho viviente", incluso a "los compañeros".
Entiendo que, cualquier mirada desde las banderolas publicitarias, salvo las que buscan el cielo, será siempre por encima del hombro. Y entiendo que eso no es bueno, porque somos orgullosos y no nos gustan esas miradas desde cualquier posición que implique superioridad ¡menudos somos para eso! no le aguantamos los humos a nadie, salvo a Esperanza Aguirre, claro, que ha cogido todos los taxis de Madrid para mirarnos mientas esperamos en el semáforo o caminamos por la aceras, a saber por cuánto dinero, y que está acostumbrada a rebuscar en la vida de sus adversarios "tenemos algo contra éste", como muy bien le enseñó el amigo Granados, que espiaba a sus compañeros para la condesa que ahora le niega, alumna aventajada del hoy encarcelado, que anda hurgando en los asuntos del marido de Manuela Carmena, que, como reputen una encuesta detrás de otra es la candidata mejor valorada, mientras ella queda como la más conocida pero peor valorada por los madrileños.
Me gusta que me miren a los ojos y me gusta mirar a los ojos a la gente, pese a lo que dice la canción de Golpes Bajos, quiero que me miren, pero no desde los taxis, tanto que no cogeré ninguno mientras lleven el careto de la condesa, quiero que me miren a los ojos en la calle y a pie firme.


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lunes, 11 de mayo de 2015

PENSAR EL VOTO

                                          FOTO cuatro.com

Nunca, como el próximo domingo 24 de mayo va a ser necesario pensar y repensar el voto. Nunca, porque nunca como hasta ese día nos vamos a jugar tanto, porque, si hemos de fiarnos de los sondeos, y yo no me fiaría mucho, lo único que dejan claro las encuestas es que los españoles, en conjunto, otra cosa lo son tomados uno a uno, no quieren que vuelva a propiciarse ese baile a dos que nos han hecho bailar desde hace tantos años.
Si digo que tenemos que pensar mucho el voto es porque creo que no podemos comportarnos como hasta hace unos meses, refugiándonos en apuestas seguras y votos útiles, dejando sin oportunidades a partidos pequeños, marginales los llaman los "expertos" que no fueron capaces de ver venir el 15-M, por miedo a que nuestro voto "se perdiera", con lo que los que tampoco queríamos quedarnos en casa hemos contribuido a que el partido socialista, siempre dispuesto a repetir aquello de "he recibido el mensaje" que dijo una vez Felipe González después de salvarse "por los pelos" de perder el gobierno frente a Aznar, se cociera en su propio jugo de hastío, desclasamiento y corrupción, en la España en la que cualquiera podía hacerse rico hinchando burbujas.
Parece que esta vez no va a ser igual, que esta vez los marginales están dentro y que han venido para quedarse. Parece que esta vez, como en aquellas primeras mareas del 15-M, estamos aprendiendo a reconocernos y a contarnos. Parece que ahora vamos siendo conscientes de nuestra fuerza y de lo que podemos conseguir con ella, algo que no se había dado en las últimas dos décadas y que, por primera vez, como en aquellos primeros tiempos de la transición está poniendo nerviosos a los todopoderosos del IBEX-35.
Les pone nerviosos y les obliga a mover los hilos, a releer o, mejor dicho, a que sus dóciles sirvientes nos relean las encuestas, diciéndonos que quizá lo de Podemos no sea para tanto, contándonos eso de que hay mucho voto vergonzante que se oculta en las encuestas, pero que aflorará en las urnas, quizá buscando que muchos votos ilusionados se refugien en la opción útil y segura del PSOE, mucho más fácil de controlar y mucho más útil para sus intereses que cualquier otra aventura más impredecible y difícil de corromper.
Creo que sería prudente no poner demasiada atención a todos estos aulladores que lo que pretenden es asustarnos, hacer que sintamos como propio su miedo o que dudemos de nuestra capacidad de elegir lo que nos conviene o, como mínimo, de la fuerza de nuestra opción. Lo vais a comprobar a lo largo de estas dos semanas que nos quedan de campaña, lo estoy empezando a comprobar hoy mismo.
Por eso mi receta es dejarse llevar por el corazón y, si me apuráis, por el arrojo de una primera intención. Me ocurre en esto como con el trato con las personas, la primera impresión es la que vale. Diréis que es una frivolidad, pero suelo fiarme de un primer contacto para saber a qué atenerme con la gente, especialmente cuando la impresión no es buena. A veces he cambiado de opinión respecto de ese primer rechazo y casi siempre ha sido para equivocarme, porque el primer pálpito era el correcto.
Por eso, mi consejo para este 24 de mayo es el de no acobardarse, tirar "p' alante", porque por más que no digan lo contrario, la decepción, con los otros, ya está garantizada.


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viernes, 8 de mayo de 2015

IMPUDICIA ELECTORAL CENTRAL


Sería puro candor que los dueños del tablero de juego iban a resistirse a retorcer las reglas para expulsar del mismo a quienes podrían poner en peligro su propiedad sobre el instrumento que le permite dictar las normas y repartir las cartas para el juego. Pues bien, en España se encarga de repartir las cartas y de interpretar las normas la Junta Electoral Central y acaba de hacerlo con la impudicia que cabía esperar, retorciendo las normas para dejar fuera del pastel televisivo a los partidos más incómodos, aunque para ello tuviese que dejar fuera a otros como IU, a  modo de "torna" que justifique cuadrar el peso.
El objetivo principal era sacar de los espacios gratuitos de información electoral a Podemos que, pese a la cocina del CIS y a los machacones mensaje de los medios afines al bipartidismo, conserva tras la última encuesta unas buenas expectativas de voto. Y, para ello, se agarraron a la excusa de que el partido salido del 15-M se presenta en coaliciones y con nombres distintos en el territorio nacional, una alambicada justificación que ha forzado a la Junta Electoral Central a dejar también fuera de esos espacios por primera vez a Izquierda Unida, pero no a Ciudadanos que, como Podemos sería nueva en el baile.
Afortunadamente, nada hay más aburrido que los panfletos visuales que elaboran los partidos para los espacios gratuitos que les ceden las televisiones públicas y yo apostaría porque resulta insignificante la influencia que puedan llegar a tener en los votantes. Lo digo porque soy de los que vieron aún con ilusión aquellos primeros "espacios gratuitos", para darse cuenta después de que no había nada que ver en ellos y cambiar de canal después, no digamos ya desde que desde hace 25 años las teles son ya más de dos y, algunas, "de pago".
Tan escandalosa ha sido la decisión de la Junta Electoral Central que se ha visto obligada a atender la reclamación del maltrecho partido de UPyD, dejando fuera también a Ciudadanos, partido que cuenta con las simpatías de PP y PSOE, el primero, porque podría Ciudadanos podría tener la llave que le permitiese conservar el gobierno, ahora en peligro, en casi todas las autonomías, y, el PSOE, porque Ciudadanos ha resultado ser el antídoto perfecto para desactivar la efervescencia con que Podemos le estaría arrebatando la supremacía en la izquierda.
Éste, el de la Junta Electoral Central dando y quitando espacios es el último capítulo del culebrón impúdico con que los poderes políticos y económicos, representados a la perfección por los medios que controla y por los partidos que gobiernan o han gobernado, a los que sientan en sus consejos de administración como pago a los servicios prestados. Un culebrón que pasó del absoluto desprecio e ignorancia del 15-M a la torpe utilización de Podemos para atomizar la izquierda, más tarde a la sorpresa por los resultados de Pablo Iglesias y sus compañeros en las elecciones europeas y, vista la aceptación entre la izquierda tradicionalmente abstencionista de la primera fuerza extraparlamentaria con posibilidades, en una descarada campaña de desprestigio de Podemos o, sino, del silenciamiento más absoluto de sus propuestas.
Son las artimañas del rey de la montaña para mantenerse en lo alto del montículo una vez llegado a él, son los codazos y manotazos dignos de defensas "destroyers" que, como Sergio Ramos, saben que, fuera del área, no son valen tanto, porque hace tiempo los propietarios de las grandes empresas de este país, los bancos, las eléctricas, las petroleras, las grandes constructoras, decidieron que es más fácil controlar a dos partidos, fáciles de sentar a su mesa, que a tres, cuatro o cinco, más difíciles de contentar, por no decir más difíciles de sobornar.
Los intentos del "sistema", el "régimen" o "la casta", como prefiráis, por silenciar a Podemos son impúdicos. Sin embargo, los que creemos que eso no debe ser así, que el cambio es posible, tenemos una fuerza, las de las redes, difícil, si no imposible, de controlar: las redes, nuestro círculo más próximo y la palabra. Yo ya estoy en ello y estoy dispuesto a ser en ello tan impúdico como lo están siendo los que no quieren aflojar el pie que tienen sobre nuestras cabezas. Y espero que los trabajadores de las televisiones púbicas se resistan y den publicidad a cualquier intento de imponer este injusto criterio en la información electoral en los telediarios.


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jueves, 7 de mayo de 2015

PARTIDO POPULAR S.A.



Acabo de escuchar en la SER que la trama PPúnica, la segunda pe es mía, rebañó, este verbo también es mío, quinientos millones de euros de dinero público, sólo en la Comunidad de Madrid y la mayor parte, en plena crisis, o lo que es lo mismo, en menos tiempo del que tuvo la otra trama del PP, la Gúrtel, para rapiñar en Madrid, Galicia, Castilla León y Valencia. Más dinero del que cayó en manos de Francisco Correa y mucho más concentrado en el espacio y el tiempo, lo que da idea de la avidez de Francisco Granados, hortera donde los haya, y su socio y paisano David Marjaliza, hombre éste último de plumas Montblanc y relojes de los que se guardan en la caja fuerte y sólo se ponen en la muñeca para fiestas y recepciones.
Dos señores de pueblo que hoy tienen cuentas en suiza y Singapur y que, según los sindicatos, se llevaron en comisiones y sobrecostes lo mismo que Ignacio González y Esperanza Aguirre recortaron en Sanidad y Educación, aunque la cara la dieron sus consejeros, quinientos millones de euros que sólo pudieron llevarse con la connivencia, por acción u omisión, de la dirección y el gobierno del PP en Madrid. O lo que es lo mismo, sólo pudieron hacerlo con la complicidad de Esperanza Aguirre, quien, pese a su rápida reacción y a sus pucheros ante la prensa, no puede negar, por más que insista en ello, que su hombre de confianza, el sepulturero que enterró la comisión que se supone que investigó en la Asamblea de Madrid, el Tamayazo, por el que el Partido Popular conservo el poder y las llaves de las cajas en la Comunidad de Madrid, después de haber perdido la mayoría absoluta en beneficio del pacto entre PSOE e Izquierda Unida.
Esa es la catadura moral de la gente que rodea a Esperanza Aguirre y cosas como esa nos dan o nos deben dar idea de hasta dónde están dispuestos a llegar los populares y quienes les sostiene, aunque en esto, como en la paradoja del huevo y la gallina, no se sabe quién es el instrumento de quién. Y es que no hay que olvidar que hay empresarios, y los hay de todo tamaño y pelaje, que aceptan pagar, si no son ellos los que proponen el pago, para adherirse a la administración, sea cual sea, como las sanguijuelas clavan las mandíbulas en sus víctimas para alimentarse de su sangre.
Desde que recuperamos la democracia o lo que quiera que sea esto, los partidos han estado recibiendo sin control el dinero de los empresarios que contratan o pretenden contratar con las administraciones, en especial PP, PSOE CiU y PNV, que han sido los que más gobiernos han controlado en la nación, las autonomías, los ayuntamientos y las diputaciones. Lo hacían ya en los años de la transición, con dinero nacional o importado, lo siguieron haciendo mientras hubo barra libre ante la ausencia de una ley de financiación de partidos y lo han seguido haciendo con ella, porque la ley vigente la hicieron ellos y ningún perro en su sano juicio se pone un collar que le apriete.
La excusa de unos y otros ante todos los escándalos que cada día aparecen es que las tramas, son obra de "compañeros" sin escrúpulos, lo acaba de decir Cristina Cifuentes, sin escrúpulos que buscan el enriquecimiento personal. Vana excusa, porque todas estas tramas, por más egoístas y "paletas" que sean y las hay muy egoístas y muy paletas, no serían posibles sin la cobertura que da existencia de esa financiación irregular con del debe y el haber de mordidas y favores que, en el PP y supongo que en otros partidos, ha sido y es una constante.
Tenemos que tener claro que algunos partidos, pero especialmente el Popular, han funcionado y funcionan como sociedades anónimas que venden una cosa a sus electores y otra bien distinta a sus otros clientes, para los que tienen establecidas tarifas, porcentajes, para cada decisión beneficiosa para ellos que tomen.
Los partidos que han venido gobernando este país han funcionado como sociedades anónimas que, para sus ingresos legales y para el poder que justifica las mordidas, para mantener sedes ostentosas, pagar aviones a candidatos, comidas, hoteles, secretarias, carteles, servicios de comunicación y prensa, para pagar tertulianos y para todo lo que diferencia a los partidos "de orden" de los "piojosos" sin experiencia, hace falta ese dineral. Los partidos, especialmente el Partido Popular, son sociedades anónimas y la única oportunidad que tenemos de que dejen de serlo de que dejen de engordar con lo que nos quitan en todas esas tramas oscuras, es dejando de ser sus clientes, dejando de comprar su producto. Es decir, dejando de darles nuestro voto y trabajando para que otros, que quizá no lo vean tan claro, puedan verlo y lo hagan también.


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miércoles, 6 de mayo de 2015

SON COMO SON


Entiendo que debe ser muy duro, a cada paso que das fuera de La Moncloa, en esas visitas de partido que te organizan desde la calle Génova, andar mirando con quien te abrazas, a quien das la mano o con quien te besas. Sobre todo, si el paisaje del paseo que tu querrías triunfal es el campo de minas que, para el PP, ha acabado siendo la Comunidad de Valencia. Abras por donde abras el álbum de "familia" del PP valenciano, los dirigentes nacionales aparecen rodeados de personajes que, como  le dijeron de sus colaboradores hace unos días a Esperanza Aguirre, o están en la cárcel o van camino de ella.
Ayer mientras todavía resonaba en nuestros oídos el eco de ese "...Uno, dos mil, tres mil, quatre mil, cinc mil, sis mil, set mil, vuit mil, nou mil, deu mil, onze mil, dotze mil euros... dos milions de peles" con que Alfonso Rus -treinta y seis años en política, la mayoría en el PP y en la presidencia de la diputación de Valencia- contaba con su hombre de confianza lo que parece ser el resultado de una comisión procedente de alguna recalificación o alguna de esas contratas por las que, según se dice, se cobraba el tres por ciento, ayer, Rajoy, volvió a hacerlo y, ante la evidencia de lo que no puede ocultarse y, según su propio partido, "abochorna", dijo que "somos como somos" y a otra cosa mariposa.
Y lo dijo, porque sabe parea quien habla. Habla para los que han cambiado o esperan vender, una ver recalificado, la huerta o el naranjal de los abuelos por un puñado de billetes de esos que cuenta Rus en la vergonzante grabación, con el que comprar un mercedes, mandar a los chicos a la universidad o, simplemente irse de putas hasta hartarse. Habla para quienes han cambiado su oficio de agricultores por el de albañiles o, con suerte, constructores y, en dos décadas prodigiosas han ganado el dinero "a espuertas", mientras los bloques de apartamentos cubrían el sol y el suelo.
Rajoy sabe muy bien para quien habla. Y no es para ti ni para mí, que me sublevo cuando, mientras preparo mi comida, escucho en la radio sus indecentes tautologías, hasta el punto de arrancar a hablar solo y poner en peligro la integridad de mis dedos. Rajoy sabe que, si no todos, casi todos, llevamos dentro más o menos oculto, un ser egoísta y despreciable, que antes o después se escondería en un coche a contar ese dinero negro de vete a saber qué negocio, si alguna vez se pone a nuestro alcance.
Rajoy sabe que, si nos lo ponen fácil, dejamos de pagar el IVA de las facturas, sabe que más de uno dará la razón a los messis, neymares y ronaldos, si se ponen en huelga para pagar menos impuestos, por los contratos que bertomeus o florentinos hacen de espaldas a Hacienda, porque creemos que valen lo que piden, Rajoy lo sabe y cuenta con que ese monstruo que llevamos dentro es, muchas veces, el que decide el voto.
Rajoy lo dice "hemos cometido errores" pero "somos como somos". Yo os digo lo mismo. Hemos cometido errores como, por ejemplo, votando llevados por el egoísmo o el miedo a quienes cobran sobresueldos, viven en chalés o áticos que un sueldo decente, por alto que sea, no puede pagar, a quienes un mes sí y otro también les toca la lotería, a quienes, a veces, acaban contando "uno, dos mil, tres mil...", a quienes hacen eso o a quienes lo han consentido. Hemos cometido errores, pero somos como somos y, si nos lo proponemos, si vencemos a ese monstruo egoísta que llevamos dentro, podemos cambiar las cosas y mandar muy lejos a todos estos que "son como son".

martes, 5 de mayo de 2015

UN GILIPOLLAS


Si "más vale una vez colorado que ciento amarillo" prefiero ponerme colorado, de vergüenza y de ira, ante la penúltima gilipollez, estoy seguro de que habrá más, del sabiondo candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, porque pretender resucitar en el estanque del Retiro y en el Lago de la Casa de Campo las naumaquias que inventaron los romanos del "pan y circo" y que se realizaban para solaz de reyes y nobles en Aranjuez.
La última naumaquia que se  hizo en España, la filmó Luis Lucia para que Marisol jugase a piratas con sus "amiguitos" en el estanque del parque de "El Capricho", para su película "Un rayo de luz" y, cuando ayer escuché a Carmona, no pude sino imaginarme a Carmona, con un bigote pintado con un tizón y un casco del abuelo, batiéndose desde su barca contra la neocondesa, a la que parece querer parecerse, en los dos grandes estanques públicos de Madrid que perecen haber descubierto, uno y otra, después de décadas de abandono y de haberse convertido en criadero de carpas para que las pesquen los jubilados y quién sabe si los proveedores de algún restaurante chino.
Debo elegir entre ponerme rojo de vergüenza o de ira. Y me puede la ira. La ira de comprobar como el partido al que he votados tantas veces ha elegidos esta vez como candidato a un payaso repelente, uno de esos personajes que cree que el mundo es un plató de televisión, una mesa redonda o una tertulia en las que las "ocurrencias" salen gratis y  se tratan de usted y poniéndose el don por delante personajillos como él o como Francisco Granados, hoy en la cárcel, a la espera de juicio, y  a los que tuve que aguantar discutiendo de aquella manera tan falsa en la SER cada miércoles por la tarde.
No me gusta el personaje. Y me refiero, de los dos, al que sigue en libertad. No me gusta su falsedad. No me gustó verle al lado de Tomás Gómez el día que Pedro Sánchez cerró "por reformas" el partido en Madrid. Se colocó junto a "su amigo", pero buscando con los ojos y la punta del pie la puerta por la que salir corriendo para ponerse a salvo. No me gustó nunca su ambigüedad a la hora de juzgar las megalómanas y falsas promesas de Gallardón o Aguirre a propósito del frustrado Madrid Olímpico o la ciudad del juego, el tabaco y la prostitución que fue el mafioso proyecto Eurovegas.
No me gusta. No puedo con él, presumiendo siempre de sus clases en la universidad ¿quién no las ha dado alguna vez? con sus gafas que quieren ser de intelectual y parecen de zapatero remendón, con todos mis respetos para los cada vez más escasos zapateros, con sus carpetas llenas de papeles y su tableta. No me gusta porque parece –y me da “mal rollo” darle la razón a Aguirre, aunque sólo sea en eso- más que de centro, de derechas.
No me gusta, porque en un Madrid sucio y roto, en el que sólo se hacen cosas si algún amiguete se lleva algo haciéndolas, en un Madrid que pasa hambre y necesidades, en un Madrid en el que sólo se rehabilitan las viviendas su alguna empresa "amiga" se encarga de ellos, en el que se venden las viviendas sociales, construidas o adquiridas para atender a quienes no pueden pagar un alquiler "de mercado", se venden a fondos buitre que disparan los alquileres a un precio muy por debajo del de mercado, no me gusta porque en este Madrid tan deteriorado, lleno de baches, de mierda, de autobuses que no llegan de aceras destrozadas, de árboles que se caen y matan y de calles por barrer, en este Madrid al candidato Carmona sólo se le ocurre organizar naumaquias en sus estanques. No me gusta porque, en mi opinión, parece que compartida por cada vez más madrileños, es un perfecto gilipollas.


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lunes, 4 de mayo de 2015

POPES


Desde que, tras su sorprendente entrada en el Parlamento Europeo, Podemos se constituyó en partido político y empezó a brillar en las encuestas, agrupando tanto a los "hijos" del 15.M cono a gran parte de los desencantados del bipartidismo, decidí que ese nuevo partido tendía mi voto en las municipales y autonómicas que se celebran dentro de veinte días y que, después y dependiendo de su actitud en las instituciones, ayuntamiento y gobierno autonómico, en el caso de Madrid, ya vería.
Mis razones para tal cosa las hallé en la idea de que, votando a Podemos, voto con quienes le dan su voto a Podemos, voto a los que votan a Podemos, una perogrullada que no lo es tanto, porque doy mi voto a quienes, desde la izquierda, quieren que se rompa el bipartidismo que tantos males ha traído a este país, voto para que se forme una cuña capaz de romper esa tarta de dos mitades y unas migajas que ha convertidos nuestros parlamentos en poco más que un trámite que han de pasar, pero sólo un trámite, las intenciones, buenas o malas, del gobierno
Pese a lo anterior, soy de los que piensan que la irrupción de Podemos, con su interpretación de la realidad tan distinta y tan distante de los partidos tradicionales y sus mohosos portavoces, fue de algún modo provocada o primada por los medios de comunicación, especialmente las televisiones y sus tertulias, porque a la derecha económica, creo que no hay otra y es la propietaria de los grandes canales, vio en esos jóvenes profesores universitarios una cuña capaz de desmembrar a la izquierda y proteger así la hegemonía de la derecha.
Bien es verdad que calcularon mal y que la templanza de Pablo Iglesias, su aspecto peculiar, coleta y todo lo demás  superaron todas sus expectativas, porque esos jóvenes, procedentes casi todos de la facultad de Ciencias Políticas, tenían un plan y conocían perfectamente dónde presentar candidatos para hacer sus esfuerzos más rentables y que, tiñendo su mensaje de ambigüedad, podrían hacerse con el voto de los descontentos y desengañados, además de con el voto de quienes por primera vez se acercaban a las urnas, y no en todos los casos por haber sido hasta entonces menores de edad.
Tenían un plan que cumplió, si no superó, todas sus expectativas, un plan elaborado por un núcleo duro, cerrado y perfecto de compañeros de facultad, de amigos, muy parecido a ese otro grupo de compañeros "majos" que todos tuvimos en nuestros años de universidad durante los años, en mi caso los últimos, del franquismo. Grupos de amigos que lideraban siempre uno o dos "popes", término heredado de los teóricos del marxismo, encargados de "movilizar" la facultad, liderando asambleas y huelgas, bien por su "labia", por sus convicciones o por sus, sanas o no, ambiciones.
Pues bien, de todos esas características, si he de elegir una para definir al pope, me quedaría con esa última, con la ambición, sana o no, que es la que impulsa al que la tiene para llegar más lejos y le da fuerzas para resistir los ataques tan habituales que se sufren en el poder. Lo malo es que todas esas características pueden pasar de virtud necesaria a defecto cegador. Y para comprobarlo basta con poner juntos el ego de un pope y de otro.
Eso es, en mi opinión, lo que ha pasado con Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias, que sus egos, más que sus estrategias, han chocado hasta el punto de que han saltado chispas mediáticas entre ellos sin que el almíbar de cartas y panegíricos hayan conseguido apagarlas. Y es que por más que traten de disfrazarlo de diferencia de estrategias, cuando ésta se evidencia, en un medio de comunicación, Radio Cable, sin pararse a pensar en las consecuencias, estamos hablando de ego, de un ego enfermizo.
Un ego, el de Monedero, que se satisface mejor poniendo en pie asambleas con consignas y puños en alto que parándose a diseñar estrategias a medio plazo y desarrollando la capacidad de pacto que, en su justa medida, es tan necesaria para "asaltar los cielos" del poder. Monedero dijo en voz alta lo que pensaba que sus compañeros se estaban equivocando, pero lo dijo halando de ellos como suele hablar de sus adversarios de la casta, porque lo que vale para el universo reducido de la célula en la facultad no vale en el mundo real de los focos, los micrófonos y los titulares.
Que conste que con lo anterior no quiero decantarme por uno o por otro. No escojo a Iglesias frente a Monedero. Si os soy sincero, no me gusta ninguno de los dos, me recuerdan a otro tándem famoso, el de Felipe y Guerra, que ya sabemos en qué han quedado los egos de uno y otro, pero creo que, como decía al principio, pese a mi escaso gusto por los popes, voy a esforzarme en votar a los candidatos, Manuela Carmena y José Manuel López, en mi caso, y por votar a quienes pueden hacer la cuña que está faltando para acabar con ese bipartidismo que tanto daño nos ha hecho a los españoles. Olvidémonos de los popes y hagamos todo lo posible por conocer programas y candidatos, porque los medios van a seguir pendientes de los popes y sus defectos.


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