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miércoles, 20 de junio de 2018

DIEZ NEGRITOS


Quién le iba a decir al otra vez desde hoy registrador de la propiedad de Santa Pola que su "espantá" de la política iba a poner patas arriba a su partido, quién iba a decírselo... o no, porque más bien parece que ese terremoto que está viviendo el PP no le era ajeno entre otras cosas, porque tiene el epicentro en sus largos años de enfrentar a cada enemigo con otro, sus años de repartir el poder de modo que nadie llegue a controlarlo del todo, en el partido o en el gobierno, para hacerse, si no imprescindible, sí insustituible.
Rajoy se ha ido con el descaro que siempre le ha caracterizado, cerrando sus despachos de la noche a la mañana y supongo que satisfecho por el enorme vacío que deja a sus espaldas, vacío sobre el que van a precipitarse una tras otra las sentencias de todos los juicios pendientes de celebración sobre la corrupción que ha sido norma en el partido.
Con Rajoy caminando deprisa junto a las playas de Santa Pola donde ha conservado su privilegiada plaza de funcionario magníficamente retribuido y con poco trabajo, como a él le ha gustado siempre, su partido ha pasado a ser ese río en el que se bañaban hasta no quedar ninguno los diez negritos de la vieja canción, los mismos que sirvieron para dar vida a la trama de la novela de Agatha Christie, diez negritos que irán desapareciendo uno a uno, los aspirantes a sucederle, alguno de los cuales ya ni siquiera está para contarlo.
Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón, enfrentados por su ambición debidamente alimentada por quien ha hecho del equilibrio de fuerzas de sus enemigos una ciencia, ya son historia, como lo es también el no menos ambicioso Alberto Núñez Feijoó que hace apenas dos días se tiró en marcha del tren de la sucesión, entre hipidos y pucheros, con argumentos contradictorios y sin llegar a explicar por qué cumplir con su deber para con los gallegos y para consigo mismo le llevó a las lágrimas. No me cabe duda de que algún día lo sabremos, porque el pasado es un enemigo lento, cuando no pesado, que siempre se empeña en volver.
Desactivado el favorito, quedan las mujeres de Rajoy, todopoderosas en el partido y en el Gobierno, enemigas íntimas, tan distintas y tan iguales de las que, salvo sorpresas, saldrá la sucesora. Queda también Pablo Casado, el arrogante muchachito autoproclamado representante de los nuevos tiempos, con un currículo tan adornado, tan barroco y tan de oropel que va camino de hundirle con su peso. Hoy, sin ir más lejos, hemos sabido que todo su esplendor académico, aquí y en Harvard, viene de dos profesores que, qué casualidad, son los mismos que intentaron adornar el de Cristina Cifuentes y acabaron imputados y con su pupila en la calle.
Queda también el ex ministro de Exteriores García Margallo, más preocupado que eficaz por la crisis catalana mientras estuvo en el Gobierno y adoptado y omnipresente por Ferreras y la Sexta, como un Revilla más, locuaz y enredador, del que se sabe su animadversión a la ex vicepresidenta, qué bien le queda el ex antes del cargo, y se sospecha un quiebro final a favor de la candidata Cospedal, aunque, ya se sabe, el ego a veces ciega a los hombres y lleva su barca hacia las rompientes.
Quedan otros dos candidatos José Ramón García Hernández, autoproclamado líder del ala liberal del partido, pero con un penetrante tufo a incienso, y, José Luis Bayo, ex líder de Nuevas Generaciones y enemigo natural del cada vez menos consistente Casado, empeñado en hacernos creer sus mentiras repetidas con desparpajo parecido al que lució Cifuentes hasta su caída.
Quedan para el final Alfonso Alonso, malogrado antes de nacer como candidato y, también del norte, el exministro Íñigo de la Serna que, al filo de la campana, podría anunciar hoy su candidatura de última hora.
Diez negritos que, como en la vieja canción de cuna, atragantados unos, enredados en pleitos otros o enfermos de soledad fueron desapareciendo hasta no quedar ninguno. A estas alturas creo que ya he perdido la cuenta. De lo qje estoy seguro es que todo es posible, incluso, que el décimo negrito, el último superviviente, quizá soño pata morir más tarde, sea el propio PP. Quién sabe cuál será el final de la historia.

lunes, 7 de diciembre de 2015

MIRA QUIEN BAILA



Desde el viernes, al menos en las calles de mi ciudad, una gran parte de las banderolas contratadas por el PP lleva la imagen de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, número dos de la lista por la Madrid. Algo muy chusco. Tanto, que, desde que la vice "cuelga" de las farolas todo el mundo se pregunta cuál es su papel en el partido y, sobre todo, en un hipotético gobierno del PP. No quiero pecar de vanidoso si os digo que empecé a ·olerme la tostada" ya desde la misma noche que bailó en la "disco" de Pablo Motos, con horas de ensayo y perfecta coreografía, algo demasiado costoso en horas de vicepresidenta, como para ser sólo una gracieta y no una operación de largo alcance para la pronoción de quien parece llamada a sustituir, antes o después, a su mentor, Mariano Rajoy, que ha arrancado la campaña con niveles de popularidad bajo mínimos, concentrando todas las críticas desde la izquierda a la derecha, y exhibiendo una torpeza dialéctica supina en cualquier distancia, pese a lo que diga su círculo de asesores.
Parece como si el relevo ya estuviese decidido y se hubiese pensado en Sáenz de Santamaría después de haberla preservado de la mayor lacra que arrastra su partido y que no es otra que la corrupción y parece que ha sido la elegida porque, aparentemente y sólo aparentemente, es completamente distinta a Rajoy, porque es joven, es hábil, es capaz de interpretar y emocionarse ante las cámaras y parece estar preparada, justo lo que a Rajoy parece faltarle.
Se ha llegado a decir, yo no lo descarto, que Soraya es en realidad la tapada del PP, el recambio, para el caso de que el partido más conservador no alcanzase la mayoría absoluta y que para alcanzar el apoyo cualquier otra fuerza, especialmente los conservadores de Rivera, exigiese la cabeza de Rajoy para darle su apoyo.
Ya sé que Rivera salió al paso ayer de esta posibilidad, pero también sé que, para estos casos, hay un comodín que nadie se resigna a despreciar cuando el poder o la influencia están cerca y ese comodín no es otro que la invocación a la gobernabilidad. Cosas más raras hemos visto y estamos a punto de verlas, por ejemplo en Cataluña. Así que no descartemos tener presidenta en la Moncloa y que quien tan mal viste, había que verla ayer ene el Congreso, comience a combinar el naranja en su armario.
Sé que Rivera destrozaría su discurso y defraudaría a sus votantes, si apoyase al partido contra el que se ofreció como alternativa. Pero también sé que Rivera es tan hábil como para argumentar su apoyo antes que dejar al país sin gobierno o en manos de cualquier otra alianza de la que formase parte Podemos.
En cualquier caso lo más probable, si no lógico, es que dos partidos que comparten ideologia, por más que Rivera se empeñe en negarlo, y, también padrinos, acaben formando gobierno y que el PP asuma el veto a Rajoy, entregando su cabeza a sus hipotéticos socios. Aquií, y menos en política, nadie da puntada sin hilo y aquel aparentemente inocente baile de la vicepresidenta ya va teniendo explicación. Sólo espero que los votantes sean conscientes de ello y ne le bailen el agua a Soraya, la de las farolas, y a su partido.


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