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viernes, 5 de septiembre de 2014

¿Y ESTO ERA EUROPA?



Ayer, después de cinco años de obstinación teutónica, por fin Mario Draghi, responsable del Banco Central Europeo, tomó la decisión de dejar en un simbólico 0,05 % el tipo de interés y no sólo eso sino que anunció su intención de comprar deuda a los bancos, para que, así, estos comiencen a prestar dinero a los particulares. Cinco años y varios millones de parados después, con el orgullo de Europa, su estado de bienestar, desmantelado, con la mayoría de los mercados perdidos para los países que hacen sus facturas en carísimos euros y con un creciente descontento social que ha resucitado, y no sólo en España, a la dormida o desencantada izquierda.... cinco años después de todo esto, cinco años después de críticas continuas, cinco años después de fracaso tras fracaso, el BCE ha decidido que la política salvajemente anti inflacionista y anti déficit impuesta por Alemania al resto de sus socios europeos  no era la adecuada y que convenía un golpe de timón para salir de la peligrosa escollera a la que la soberbia de la Europa rica había condenado.
Han sido cinco años en que los europeos del sur, todos, hemos perdido casi todo lo que nos hizo creer en una Europa solidaria y justa, cinco años en que los gobiernos, de izquierdas y de derechas que en ella han sido han hecho oídos sordos a los lamentos de sus ciudadanos y se han limitado a cumplir, con mayor o menor entusiasmo, las órdenes de la señora Merkel a costa de las propias leyes, leyes que, esas sí, habían sido aprobadas por los representantes del pueblo y refrendadas, como nuestra constitución, en las urnas. Han sido cinco años de despotismo, de decisiones tan manifiestamente injustas que no me hubiese extrañado que acabasen conduciendo a una nueva toma de la Bastilla en la que los "sans culottes!, cada vez más numerosos en esta Europa que camina a la miseria comenzasen a levantar cadalsos para los tiranos.
Cinco años en los que los más decentes y desprotegidos han visto como lo que creían su riqueza, una vivienda, un coche, un puesto de trabajo, se desvanecían ante sus ojos, mientras los poderosos, no sólo quedaban a salvo, sino que multiplicaban sus riqueza con la política de transferencia de rentas que sus gobiernos amigos, conservadores y socialdemócratas, han venido haciendo con esas engañosas bajadas de impuestos modelo embudo, en la que a los pobres se les ofrecen unos pocos euros al año a cambio de un salvaje recorte de derechos en Sanidad, Educación, Dependencia y todo aquello que supusiese redistribución de la riqueza.
Cinco años terribles, en los que los ciudadanos no hemos tenido nada que decir, porque poco importa a quién demos nuestro voto, porque, al final, el gobierno de Europa, el que toma o debería tomar las decisiones se forma cambiando cromos, pactando alianzas, las más de las veces miserables, en las que Arias Cañete o De Guindos pueden acabar siendo comisarios o quién sabe qué a cambio de que personajes como Catherine Ashton se ocupen irresponsablemente de la política exterior europea, dando lugar a conflictos como el de Ucrania, en el que, como ocurrió con la irresponsable toma de Alemania en favor de Croacia en los Balcanes, la ruptura del statu quo existente llevó a un conflicto tan largo como sangriento.
Ese es el drama de la Unión Europea, que los europeos no somos dueños de nuestros destinos, que, por encima de nuestras estructuras democráticas, existe un gobierno de "notables" que no han sido elegidos directamente por nadie y que toman las peores decisiones sin que nadie pueda ponerlas en cuestión ni mucho menos escapara  ellas.
Por eso hoy me pregunto ¿Y Europa era esto?


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viernes, 3 de mayo de 2013

CUENTAS Y CUENTOS

 
 
Ayer, con el beneplácito más o menos a regañadientes de Alemania, el Banco Central Europeo bajó el precio del dinero hasta el nivel más bajo que se recuerda. La decisión, largamente esperada, supuso una inyección de moral en las bolsas que duró poco, el tiempo justo para que el presidente del BCE, Mario Draghi, se explicase.
Tan efímera fue la euforia, que nosotros, los ciudadanos de a pie, ni tan siquiera llegamos a vivirla y mucho menos cuando comenzaron a explicarnos que la bajada de los tipos de interés a que el Banco Central Europeo hasta el medio punto apenas nos iba a afectar, porque casi no influiría en el Euribor que determina el interés de nuestra hipoteca, ni se traduciría en una mayor fluidez del crédito  a los particulares o las pequeñas y medianas empresas, con lo que no se estimulará el consumo y tampoco se crearán puestos de trabajo.
Difícil de entender esto de que los bancos españoles "compren" dinero al BCE con un interés del 0'5% y no sean capaces de "revender" ese dinero a los particulares, salvo a intereses de usura, el 10%, que convierten en misión imposible tomar un crédito para comprar o para financiar un negocio. Es difícil de entender, pero de aquí y de allá me van llegando pistas que aclaran lo que está pasando, pero lo vuelven más preocupante, porque otra vez gana los bancos que, pese a haber estado en el origen de todo lo que estamos viviendo, como las heces siempre salen a flote y lo hacen los primeros.
No es una novedad que todo ese dinero barato que pueden comprar ahora los bancos, en parte con el rescate que recibieron para tapar sus agujeros inmobiliarios y que los ciudadanos estamos pagando carísimo en recortes y paro, lo destinan a comprar deuda del país a un holgado interés del cuatro y medio por ciento y estoy casi seguro que seguirán haciéndolo, sin soltar un céntimo, hasta no haber saneado sus cuentas, liquidado su parque inmobiliario y "mejorado" a nuestra costa el banco malo, con lo que dos pescadillas que se muerden la cola nadan en nuestro país en tanques independientes. Una la que representan los bancos que reciben dinero público para comprar deuda pública con un cuatro por ciento de interés y otra la que encarnamos nosotros, sin trabajo, con los sueldos y las pensiones mermados y sin dinero para consumir, lo que obliga a cerrar más empresas que mandarán trabajadores a la calle, que dejarán de pagar impuestos y dejarán de consumir y a los que habrá que pagar subsidios.
Una vez más las cosas no se nos cuentan como son. Una vez más nos cuentan cuento sin enseñarnos las cuentas. Algo que resulta especialmente doloroso, precisamente en el Día Internacional por la Libertad de Prensa que en nuestro país está más que amenazada por otra pescadilla la que vuelve a las empresas consentidoras con los gobiernos y los bancos que les hacen favores o les suavizan las deudas, también a nuestra costa.
 
 
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