Quiero que conste por adelantado que me ha costado mucho
decidir el asunto sobre el que escribiría hoy. Os aseguro que lo que finalmente
estáis leyendo se corresponde con mi primera intención, pero también os
confieso que me he pasado u buen rato buscando alternativas, porque me daba un
cierto pudor el hacerlo. He iniciado mentalmente unas y otras alternativas y
todas y cada una vez que lo he hecho me ha parecido que me estaba y os estaba
estafando, Así que, sin más preámbulos, me pongo a ello.
Lo que ahora mismo me preocupa lo dejo claro en el título de
esta entrada. Efectivamente, estoy muy decepcionado por el resultado de la
Marcha hacia Madrid, una cita a la que, como decenas de miles de ciudadanos,
creí que no podía faltar. Lo primero que sentí cuando me encaminaba a uno de
los puntos de partida de la marcha fue mucho desconcierto, porque nadie sabía a
qué hora comenzaba y a qué hora concluía la marcha. Es más, no noté, ya desde
mi barrio, ese movimiento de banderas, pegatinas y pancartas enrolladas tan
habitual en las grandes ocasiones. Pero no, no lo había. Es más, mucha gente se
preguntaba cuando veía alguna de las escasas camisetas reivindicativas si es
que había alguna manifestación.
Lo malo, lo peor de todo, es que la gente joven, a esas horas,
a las diez y media de la mañana estaba durmiendo después de una larga noche. Y
os aseguro que, en tiempos como estos, buscar la salida a la desesperanza y a
la angustia de ser joven y no tener futuro es lo mejor que se puede hacer. A
esas horas, había también una parte importante de trabajadores aprovechando la
mañana para hacer la compra semanal y qué sé yo cuántas cosas que quienes
tienen la suerte de tener una jornada laboral, digamos "normal", no
pueden dejar de hacer.
Qué quiero decir con esto. Quiero decir que ha habido un
enorme error de cálculo en la convocatoria. Quiero decir que han obrado con
cabeza de militante organizado, pensando más en cuántos autobuses se podían
traer a Madrid, cuánta gente de fuera de Madrid se podía movilizar o cuántas
camisetas había que repartir, que en atraer a todos esos indecisos, a todos
esos "relativamente concienciados", a todos esos agravados por el
gobierno con que se querían medir las fuerzas.
Se pensó de esa manera y estoy seguro que ninguno de los
militantes ni de los autobuses calculados dejaron de estar en los alrededores
de Colón, Sin embargo faltó ese otro importante número de ciudadanos que, de
haber tenido clara la convocatoria, de haber estado prevista para la caída de
la tarde, porque en qué cabeza cabe convocar una concentración a las doce del
mediodía, a pleno sol, sobre el asfalto de un Madrid a treinta y tantos grados
de temperatura.
Espero que los organizadores hayan aprendido la lección y,
si vuelven a convocar algo similar, que, sin duda, habrá necesidad de hacerlo,
lo hagan teniendo en cuenta todas estas circunstancias. Ayer eché de menos a
los jóvenes y eché de menos a las familias completas de otras ocasiones. Yo
esperaba ver toda la Castellana llena a reventar y lo único totalmente ocupado
eran las sombras de los bulevares.
Pero lo peor de todo es que cuatro días antes más de millón
y medio de personas abarrotaron las calles de Barcelona y una y otra
manifestación no admiten comparaciones.
Repito que faltaron los jóvenes y las familias y, como muy
bien sabe la derecha, en las elecciones, esa gente es la que da y quita las
mayorías
Siento haber sido tan sincero, pero creo que me lo debía y
os lo debía.
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