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jueves, 10 de julio de 2014

UNA VENTANA A LA IZQUIERDA


Comienza a aflorar el panorama que se prepara en el PSOE si el secretario general que resulte elegido no es del agrado del aparato y escucho a Pablo Iglesias desgranar sus utopías frente a Pepa Bueno y me da por pensar que en la política, como en el amor, si eres un ciudadano de a pie, más te vale seguir tus instintos y dejarte llevar por las mariposas en el estómago que vivir una vida gris acobardado en un rincón.
Estaba claro que el aparato del PSOE  -trato de ponerle cara y me sale la de Bono- no está dispuesto a dejarse arrebatar lo que durante tantos años ha sido su medio de vida, la fuente de su poder, de su  prestigio y, en algunos casos, su fortuna. Es por eso que andan ya cortándole las alas a lo que pueda hacer o decir el próximo secretario general a partir del domingo. Algo deben intuir del resultado y, por cómo se han puesto, cabe pensar que "su" candidato, Pedro Sánchez, no va a resultar bendecido por la militancia socialista.
Si decía hace unos días que no veía los tiempos que se había marcado el PSOE para reedificarse desde sus cenizas, es porque temía que iba pasar algo de lo que ya está pasando. De todos es conocida la inercia que adquieren los ganadores. Algunos le llaman carisma y lo tuvo después de ganar sus primeras elecciones hasta el gris, antiestético y antipático José María Aznar. Lo expresó muy gráficamente el retorcido Xabier Arzallus, que al ser preguntado sobre el poco carisma que al parecer tenía el triunfante José María Aznar, respondió que "cuando ganas se te pone un carisma que no veas". La sabía, cómo sabía también que acabaría pactando con quien, en apariencia, era su enemigo irredento.
Quiero decir con esto que quien gane las secretaría general del PSOE el domingo va a tratar de aprovechar la inercia del triunfo para controlar el congreso a celebrar en julio y de ahí a ser candidato a las generales o que lo sea alguien de su cuerda, apenas hay un paso. Parece que, por eso, los barones no quieren ahora perder el control de las primarias y, sobre todo, que no lo quieren tan cercano a dos acontecimientos tan cruciales como el relevo del secretario general y el congreso que va a cambiar, debería hacerlo, el equilibrio de poder y los objetivos del partido, 
Es lamentable pero parecen más preocupados por controlar el partido y sus despachos que por recolocarse junto a la sociedad que les ha dado la espalda y que, aunque ellos no parezcan creerlo, están deseando recuperar la fe en un partido que todavía se denomina "socialista, obrero y español", Creo que lo que le vendría bien al PSOE es vivir más preocupado por su "alma" por sus principios y por la gente que por esos juguetes macabros, tan peligrosos en manos de algunos, como son las encuestas. Creo que, si el PSOE se hubiese preocupado más por explicar las cosas como son,  por hacer pedagogía de lo que realmente había que hacer en cada momento, en lugar de hacerse liftings ideológicos y por cubrirse la cara con capas de maquillaje, vistiéndose ridícula y trágicamente de lo que no es, hoy quizá no hubiese perdido el favor de quienes fuimos sus votantes y le sería mucho más fácil dar ahora el salto que le devolviera junto a su electorado "natural"
Al PSOE, a sus dirigentes y a sus militantes, le molesta que Pablo Iglesias y sus compañeros le encuadren dentro de la "casta" y yo creo que mejor le habría ido si todo el esfuerzo que hace para defenderse de esas acusaciones lo hubiese empleado en cuidar de que el partido no cayese en el ámbito de los corruptos y en impedir tantos, demasiados, pactos contra natura, porque eso y  no Podemos es lo que ha provocado su hundimiento y la desconfianza de la sociedad.
Pérez Tapia, el menos aparatista de los candidatos propone que militar en el PSOE y formar parte de un consejo de administración sea incompatible y creo que tiene razón, porque después de tantos años de democracia y de más de treinta desde que el PSOE "tocó" poder, son demasiados los militantes sentados en esos terribles consejos de administración y es demasiada la contaminación que producen esas empresas en las decisiones del partido, pareciendo en ocasiones que se piensa más en ellas y en satisfacer sus deseos que en defender al ciudadano.

He votado y defendido muchos años al PSOE, pero, como diría Rocío Jurado "hace tiempo que no siento nada". Quizá un poco de vergüenza de haberlo hecho tantos años. Ahora, por fin, se abre una ventana a la izquierda, no sé si tan ilusionante como aquella del Palace, la han abierto Podemos y otras fuerzas que, unidas, generan esperanza a quienes  hemos perdido la fe ellos y, aunque sólo sea por darles celos para que vuelvan a fijarse en mí,  me estoy asomando en ella.


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martes, 8 de julio de 2014

NO LO VEO

                           

Pues sí, estoy hecho un lío y me alegro infinitamente de no haber militado nunca en el PSOE ni en ningún otro partido, aunque, he de confesarlo, estuve a punto de hacerlo, después de aquel fracaso que, a la vista de lo visto, no fue tan grande, cuando Joaquín Almunia, después un turbio o enturbiado proceso de primarias, perdió aquellas elecciones de 2000 frente a un Aznar que obtuvo la mayoría suficiente para quitarse la careta y campar por sus respetos, poniendo en práctica su alma neocon y embarcándonos en la guerra de Irak, que aún dura, aunque, afortunadamente, sin nosotros.
Debo explicar que, si no me decidí a militar, como si hizo un amigo von el que me había medio conjurado es porque, finalmente, la derrota no supuso un hundimiento del partido, como lo prueba que Zapatero ganó la siguiente convocatoria en medio de movilizaciones ciudadanas contra la guerra y del vergonzoso engaño de Aznar sobre los autores de la masacre del 11-M.
Pero Zapatero, que parecía volcado en una política social, cercana a los ciudadanos, escondía la sorpresa de una degeneración de las formas democráticas y de abandono de la calle que denotaba una borrachera de poder, suya o de sus más cercanos colaboradores, que, definitivamente alejó al partido de los ciudadanos, para dejarnos donde estamos en medio de una enorme crisis, con un gobierno que parece  empeñado en "capar" cualquier asomo de derecho de los ciudadanos y una sociedad frustrada y desmovilizada. Unos años en los que ha sido muy difícil, si no imposible, diferenciar las grandes líneas de la política de los dos grandes partidos españoles.
Zapatero, que sorprendió a todos al ganar por los pelos y contra pronóstico el congreso socialista que siguió a la dimisión de Almunia en el 2000, supuso para el PSOE la liquidación de la "vieja guardia", los que habían acompañado a Felipe González en la transición y las trece años de gobierno, una liquidación a la que apenas sobrevivieron Alfredo Pérez Rubalcaba, en primera línea, y algún que otro barón regional. Y eso, que pudo haber generado esperanzas y que sin duda las generó en muchos, supuso también una enorme pérdida de identidad en el partido, mientras las bases, desengañadas, dejaban paso a quienes pretendían, y a fe que lo consiguieron, hacer carrera como funcionarios del mismo.
Ahora, después de la torpe gestión que hizo Zapatero de los primeros años de la crisis, después de aquella debacle que dio la mayoría absoluta a Rajoy y de un bochornoso ejercicio de la oposición en lo que va de legislatura, el PSOE se enfrenta a una revolución interior, de la que debería salir un cambio de estructuras y, sobre todo, una recuperación de la identidad de izquierdas que el partido ha venido perdiendo en las dos últimas décadas. Lo malo es que la está llevando a cabo mediante un complejo, si no un contradictorio, proceso en el que primero se elige el secretario general, después se celebra el congreso del que saldrá su ejecutiva y las líneas maestras de lo que ha de ser el alma del partido y, ya por fin, unas primarias abiertas a los simpatizantes, de las que debería salir el candidato que se ha de medir al PP en las próximas elecciones.
La verdad es que el proceso, cuando menos, suena raro y que, por desgracia, ha dejado ya al descubierto la resistencia del "aparato" a soltar las riendas del partido, apadrinando, y de qué manera, a uno de los candidatos a la secretaría general, apoyo que se ha manifestado enterrando en avales al bello candidato, Pedro Sánchez, frente al consistente Eduardo Madina. Lo curioso es que el candidato más atractivo para propios y extraños, José Antonio Pérez  Tapias, es el menos avalado de todos y el que parte en desventaja por no haber formado parte de las paredes maestras del partido.
Sólo habrá que esperar al domingo para saber quién se hará con la Secretaría General y, luego, al congreso en el que, además de sobre las caras, se debatirá sobre las ideas, y del que puede salir un partido que refuerce su liderazgo o, por el contrario, uno que le ponga en cuestión. Y ya en noviembre, con esas dos incógnitas resueltas, a elegir al candidato para las elecciones generales que puede ser, o no, el secretario general, algo que me devuelve a los tiempos de la bicefalia Almunia-Borrell que tan mal acabó para el partido. Por todo ello estoy hecho un lío y, como se dice en los anuncios televisivos del nuevo Smart, yo "no lo veo". Entre otras cosas, porque, si antes, más allá del PSOE, estaba el desierto, hoy ese desierto ha florecido y ya da sus primeros frutos.


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