Mostrando entradas con la etiqueta Italia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Italia. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de septiembre de 2013

EL PERRO RABIOSO

 
 

Italia está pagando todos los años de populismo berlusconiano, todo ese tiempo en que ha estado sometida al caprichos e interesado gobierno de un empresario tramposo y ventajista -ojalá hubiese alguno que no lo fuese- todo ese tiempo en que se ha dejado mentir, complaciente, por las cadenas de televisión y los periódicos de tan patoso como peligroso personaje, un tiempo, en fin, en el que, como acabará pasando aquí si no lo remediamos, la gente prefería poner más atención y más fe a lo que "le pasaba" y le contaban en la tele que a lo que realmente ocurría en sus vidas.

Hubo de ser la crisis la que achicase en Italia la larga sombra del tramposo, pero, aún así, no tanto como para privarle de representación suficiente como para ser decisivo en la formación del gobierno, ante el autoflagelante nihilismo del Movimiento Cinco Estrellas del cómico Beppe Grillo. Berlusconi, no sé ya si porque no quiso espantar a los votantes o porque alguna de  sus múltiples condenas se lo prohibían, no figuró en las listas como candidato, pero estaba claro que siguió manejando los hilos de su partido marioneta y que su único interés en el parlamento era el de beneficiarse a su mismo, así que accedió a apoyar a Letta en la formación de su gobierno en el que se reservó varias carteras, aunque, probablemente,  con la única intención de ganar tiempo mientras los jueces se pronunciaban sobre su futuro.

La semana pasada lo hicieron, condenando definitiva e irremisiblemente al hombre más poderoso de Italia a una pena que lleva asociada su salida del Senado, algo por lo que el capo de capos de Italia no estaba dispuesto a pasar, así que rompió su baraja de cartas marcadas y se llevó del gobierno a los cinco ministros prestados, devolviendo a Italia a crisis pasadas. Y una vez más ha tenido que saltar a la arena el anciano presidente Napolitano, para encontrar una fórmula que permita salvar al primer ministro Letta y su gobierno y devolver al país a su ansiada estabilidad.

Y es en estas cuando parece que la única esperanza de salvar al gobierno para mantener esa difícil estabilidad radica en que alguno de los diputados y ministros del odioso Berlusconi se atrevan a traicionarle. Mientras tanto el dominó europeo ve con temor como la ficha de la economía italiana peligrosamente endeudada se tambalea, amenazando con derribar a las demás y la española, la primera.

No sé si, al final, la cordura volverá a ese país, lo que sé es que lo que está pasando allí es la lógica consecuencia de tantos años de coqueteo frívolo con el populismo y el fascismo, junto una terrible crisis de identidad de la izquierda que ha preferido salvar sus caros zapatos y sus bien remunerados escaños antes que meterse en el charco de sacar a la clase obrera del encantamiento a que la someten cada día las televisiones del villano.

Ese es, creo, el peor mal de Italia, España y otros países europeos que la izquierda, y los políticos que dicen representarla, entre defender a los ciudadanos y sus derechos o salvar su estatus en la política, eligen siempre esto último, abriendo hueco a personajes como Berlusconi o Beppe Grillo que, cada uno a su manera contribuyen a agrandar el sumidero por el que se van el bienestar y la esperanza de los ciudadanos.

Berlusconi es un monstruo, un perro de presa engordado por votantes torpes, egoístas o ambas cosas a la vez, que se ha vuelto rabioso y arremete contra todo y contra todos. Un monstruo más digno de la pedrada que le dieron en el mentón hace tiempo en Milán que de los juegos y las constantes caricias con que le han premiado hasta ahora. El perro está rabioso y lo malo es que es ahora cuando algunos se dan cuenta de que son ellos quienes están encadenados a su cuello y no al contrario. Y el perro prefiere morder, aunque se ahorque en ello.
 
 

Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/


lunes, 5 de diciembre de 2011

LAS AMARGAS LÁGRIMAS DE ELSA FORNARO


Quizá sea porque yo mismo soy algo llorón, pero he de confesaros que las lágrimas de la ministra Elsa Fornaro ante el parlamento en Roma, escenario de tanto vodevil como ha dado la reciente política italiana, no sólo me han conmovido, sino que me han reconfortado.
Tanto nos han demonizado la figura de los tecnócratas que no éramos capaces de esperar de ellos un gesto de humanidad como el que tuvo ayer Elsa Fornaro cuando rompió a sollozar al anunciar las duras condiciones en que se jubilarán a partir de ahora los italianos.
Me hubiese gustado ver la expresión de Berlusconi, il cavaliere de las jóvenes y caras vellinas, ante la grandeza de una mujer incapaz de contener su emoción ante el dolor, la decepción y la indignación que acabarán produciendo sus medidas.
Cuánto me gustaría contemplar un gesto parecido en María Dolores de Cospedal o, más aún, en la imperturbable Esperanza Aguirre, incapaz de emoción alguna, salvo que tenga que ver con su salud o el recuerdo de los suyos, Más bien al contrario, parece disfrutar con el mal de aquellos a quienes desprecia que, para nuestra desgracia, son cada vez más.
Está claro que tenemos que acostumbrarnos, si no lo estamos ya, a las malas noticias. Y es que todas las borracheras conllevan la penitencia de la resaca y más cuando el alcohol que nos han servido era garrafón. Me gustaría saber dónde están ahora todos aquellos que ponían a la sumergida Italia como ejemplo a seguir, Me gustaría saber qué cara se les ha puesto al escuchar como el presidente Monti, que acaba a renunciar a sus sueldo, no anduvo con paños calientes a la hora de culpar a los propios italianos de su desgracia.
Probablemente llega tarde, pero no deja de ser una buena lección, porque, por mucho que haya quienes piensen lo contrario, poco importa la categoría del camarote cuando se hunde el Titanic. Aunque, ahora que lo pienso allí se salvaron más pasajeros de primera clase que inmigrantes de los que viajaban hacinados en las cubiertas inferiores.
Sea como sea, son de agradecer, porque dan idea de lo que suponen, las amargas lágrimas de Elsa Fornaro.



Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

martes, 12 de julio de 2011

ATADOS DE PIES Y MANOS



Los españoles -y los griegos, los portugueses, los irlandeses y los italianos. Estamos atados de pies y manos. Se nos cae el mundo encima y ni siquiera podemos apartarnos. Ocupamos los bajos de Europa, regentamos los locales donde el resto de los vecinos de Europa disfrutan de su ocio, con nuestras playas, nuestros bares y tabernas, nuestras tapas y pizzas, nuestras playas y nuestros monumentos. No hace tanto que íbamos a limpiar sus casas, a hacerles alguna chapuza y a cuidarles el jardín y la piscina. De pasar tanto tiempo con ellos -no hablo de convivencia, que es otra cosa- llegamos a pensar que éramos iguales y tratamos de imitarles, llevando el lujo a nuestras casas, nuestros coches y nuestras vacaciones y suscribiendo esos fondos de pensiones que llegarían donde no llegase nuestra Seguridad Social. Es más, el que pudo contrató con una aseguradora sanitaria privada, porque en la sanidad pública se hace mucha cola, está llena de inmigrantes y, además, era de pobres.
Llevábamos a nuestros hijos a colegios carísimos, en la otra punta de nuestra ciudad, porque, así, nuestros hijos no tendrían que convivir con chinos, negros y gitanos. Comprábamos coches alemanes porque eran mejores y "vestían más". Y, como nos creíamos ricos, comprábamos acciones y votábamos a los partidos que prometían bajar los impuestos.
Lo malo es que, por desgracia, la realidad es tozuda y, hagamos lo que hagamos, creamos lo que creamos, acaba por imponerse. Ahora es el tiempo en que las multinacionales del motor se llevan a los países del Este la producción de los coches que ya no compramos, poniendo en la calle a centenares de trabajadores. Ahora es el tiempo en que estamos cayendo en la cuenta de que las cosas nunca fueron como las veíamos. Ahora es cuando vemos que nuestras aportaciones a los fondos de pensiones han engordado las fieras que devoran nuestro futuro, despedazando nuestras esperanzas y engordando la tan temida prima de riesgo que acabará por comerse nuestros ahorros y la riqueza de nuestro país, devaluando así el tesoro guardado para nuestra jubilación.
Lo malo es que también engordamos la sanidad privada que de lo que debería ser un servicio público y universal toma sólo lo rentable para dejar que los hospitales de todos, aquellos a los que recurrimos cuando lo que tenemos es más grave que una gripe, se colapsen. Algo parecido a lo que hacemos con la escuela pública que cada vez es más marginal y está más desprotegida, pese a ser el elemento que marca la diferencia entre los países más avanzados y el nuestro.
Ahora, cada día somos un poco más pobres y, más que la zona lenta de la Europa de dos velocidades, somos el remolque que les frena en la cuesta y, por ello, lo van aligerando de nuestros derechos, si es que no están pensando en soltarlo y dejarlo caer cuesta abajo.
Se han cansado de los vecinos de abajo, les duele cada céntimo que se gastan en nosotros y no parece importarles lo que nos pase. Y, mientras, nuestros ahorros para la vejez, nuestros fondos de pensiones, de la mano de los especuladores a los que, no lo olvidemos, les hemos encomendado el trabajo sucio, huyen de nuestra deuda y se refugian en la segura deuda alemana, cerrando el ciclo y perpetuando la diferencia. Y, mientras tanto, aquí seguimos, atados de pies y manos.