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jueves, 14 de abril de 2016

LOS SUYOS


Dice la información publicada ayer por OKdiario que, hubo mucha tensión cuando José María Aznar, con todo su genio y soberbia, después de esperar una hora a las puertas del despacho, fue recibido por el ministro de Hacienda, al que fue a pedir explicaciones tras haber sido multado con setenta mil euros, por haber sido sorprendido haciendo trampas en su declaración por valor de doscientos mil euros de nada. Dicen que el ex presidente espetó al ministro algo así como "no me puedo creer que los míos me hagan esto", a lo que el ministro respondió con un "y yo no puedo creerme que uno de los nuestros haya hecho algo así". Demasiado literaria me parece y demasiado elegante la respuesta del ministro para ser cierta, pero debemos perdonar al que lo haya contado, y estoy seguro que no lo ha contado el ex presidente, la licencia que pueda haberse tomado reordenando y embelleciendo sus recuerdos, que deja en muy mal lugar, casi como hubiese pronunciando esa fórmula mágica de ·usted no sabe con quién está hablando".
Lo cierto es que Aznar y su esposa, Ana Botella, tuvieron a bien utilizar una sociedad familiar, a la que, en un derroche de imaginación bautizaron Famaztella (Familia Aznar Botella) para declarar sus ingresos como beneficios empresariales, los que las suponía una tasa del 25%, muy por debajo del 51% que les correspondería por su volumen, algo que privaba a la Hacienda Pública y, por tanto, a las necesidades de los españoles, en plena crisis, de casi doscientos mil euros. y que, siento decirlo, les mete en el mismo saco que al denostado Juan Carlos Monedero.
Sin embargo y aun siendo la noticia un bombón para quienes sentimos aversión por Aznar, lo que más celebro del caso es que quien se ha llenado y se llena la boca de palabras como patria, patriota y patriotismo haya sido "pillado" hablando de "los míos", haciendo evidente el sentido patrimonial y sectario que él y los que son como él tienen de lo que es de todos, de lo público. "No me puedo creer que los míos me hagan esto", dicen que dijo, mientras, seguramente, desfilaban por su mente algunos de los invitados a la pomposa boda de su hija Ana, esos que desfilaron en lo que, con el tiempo, se ha convertido en algo así como la pasarela de la corrupción en España, con más de uno y más de dos de esos invitados en prisión o con muchas probabilidades de entrar en ella.
"Los míos", dicen que dijo Aznar, y "los míos", dicen que le respondió el ministro de las perras. Yo, lo único que sé es que los suyos no son los míos. Lo que sé es que gran parte de lo defraudado es el salario que Rupert Murdoch y sus neocon pagan al expresidente por crear ideología y por maltratar a España y sus gobiernos fuera de nuestras fronteras, en conferencias y duros artículos de prensa tan conspirativos como lo pudieran ser a sus ojos los de Monedero, algo tan deleznable como que quien ha tenido en sus manos el gobierno de España use sus conocimientos y la influencia obtenidos en ello para denostarla fuera.
Lo que sé es que mis vecinos, los que llevan años buscando un trabajo decente, sus hijos, a los que nadie coloca en un fondo buitre de esos que rapiñan las viviendas sociales, los que, ya muy mayores, viven en pisos sin ascensor que, para sus cansadas piernas, son cómo cárceles en las que esperar la muerte, los hace años que no van al cine o cenan fuera de casa, los que se han partido la espalda trabajando y pagando sus impuestos, no son los suyos, son los míos, que el peor pecado que han cometido y su dios se lo perdone es el de haber votado a los suyos.
Mal momento o, por el contrario, muy bueno ha escogido el filtrador de la información, porque enterarse de que Aznar no es más que un tramposo que se indigna cuando es sorprendido por "los suyos" mientras un ministro del gobierno de su partido, que fue también su ministro, anda por ahí de mentira en mentira poniéndose y poniendo en evidencia a su familia natural y política, mientras el eterno alcalde de Granada es detenido por llenar de cemento la ciudad que tiene siempre en la boca y detrás de la que esconde sus negocios, mientras quienes lo han sido todo en su partido en Madrid están en la cárcel o a punto de entrar en ella, mientras su partido en Valencia ha saltado por los aires podrido de corrupción, mientras sucede todo eso nos enteramos de que el que se cree guía espiritual de los conservadores españoles y fato de Occidente no es más que un vulgar insolidario y tramposo ladronzuelo decepcionado por los suyos que, os lo aseguro, nada tienen que ver con los míos.

miércoles, 24 de octubre de 2012

NO TIENEN VERGÜENZA

 
Ayer, de creer al presidente madrileño, Ignacio González, o a la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, cuyo marido sigue dando el esquinazo a la Justicia, deberíamos a ver asistido a un Pleno de Presupuestos con el gobierno acogotado y cohibido por el chantaje y la violencia de las masas anti sistema que rodeaban, cuando no trataban de asaltar el Parlamento, como se asaltan los palacios de invierno s se toman prisiones absolutistas como La Bastilla.
Sin embargo, ni las caras, ni las risas, ni siquiera el descaro del ministro Montoro, trilero donde los haya, denotaban la más mínima inquietud. Más bien al contrario, mintió los presupuestos con una suficiencia, una capacidad de fabulación y un desprecio a las terribles condiciones en que ya están viviendo millones de españoles, dignos de mejores propósitos, como, por ejemplo, defender a este pobre país de la voraz severidad germana.
En la calle no hubo violencia y, si no la hubo, fue porque no la puso la Policía ni sus amigos, los tan sospechosos encapuchados. Varios miles de ciudadanos se mantuvieron al otro lado de la "jaula" con que Interior "protege" a nuestros representantes, pacífica y dignamente durante cinco horas, gritando consignas y colgando sus pancartas en las vallas donde el 25-S comenzaron las agresiones policiales.
De modo que no hubo chantaje no coacción, tampoco el 25-S los hubo, y sus señorías tuvieron total libertad para expresarse, pudieron entrar y salir del salón de plenos y del mismo edificio y pudieron seguir con la boca abierta, primero, y con indignación, después, la exposición del bonito cuento de la lechera que tuvo a bien el ministro Montoro contarle.
En primer lugar, presentar unos presupuestos basados en cifras que sólo el Gobierno conoce no es decente. Es de una deslealtad de proporciones bíblicas, porque cualquier réplica sería imposible. Ahora bien, les importan tan poco la dignidad y la decencia que "pasan" olímpicamente de cifras y previsiones que tuerzan su discurso, las hagan el Banco de España, el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional. Ayer Montoro me recordaba a esos periodistas que tienen como consigna esa de "no dejes que la realidad te estropee un buen reportaje". A pesar de que todos sabemos, incluso Rajoy, que, al final, la realidad acaba por imponerse hasta el punto de impedirle cumplir su tramposo programa.
Ese es el problema, que, como las gallinas y los pavos, los populares son aves de vuelo corto a las que esa realidad acaba por echar a tierra. Pero, mientras sus periódicos y sus espléndidamente pagados contertulios puedan mantener en el paladar de los más crédulos la dulzura de sus fábulas, todo se da por bueno, pero al final los pavos y las gallinas acaban correteando y arrastrando el peso de sus fabulaciones y encerrados, no caerá esa breva, en el corral.
Quien tiene el descaro de calificar, no sólo de sociales, sino de "los más sociales" de la democracia los presupuestos de ayer, y más, sabiendo que lo exiguo de las partidas sociales va a ser aún más exiguo cuando la ciega rigidez de Bruselas, forzada por la injusta intransigencia de Berlín, obliguen a nuevos tijeretazos... quien tiene el cuajo de representar un papel tan indigno en el lugar en que reside la soberanía no tiene vergüenza o, lo viene a ser lo mismo, es un sinvergüenza. Así de claro.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

jueves, 19 de enero de 2012

¿EL ALGUACILDOR ALGUACILADO?


Os aseguro que yo también pensé que hay horas a las que los ministros de Hacienda nunca deberían conceder entrevistas, porque luego pasa lo que pasa.
Ayer fue Cristóbal Montoro o alguien de su departamento quien cometió el error de aceptar la invitación de las Cadena SER a esa hora en la que, pee a que ya están puestas las calles, que diría un castizo, todavía no lo están las ideas -las buenas ideas, las claras- en las cabezas de algunos ministros.
A falta de otra respuesta, al señor Montoro, que cada día gana peso político o al menos lo parece, frente a su colega Luis de Guindos, se le ocurrió proponer como medida para el control del gasto en las administraciones públicas penalizar a quienes gasten más de lo que ingresan las entidades que controlan.
A uno, que a esas horas también anda despegándose las sabanas, se e aparecieron entonces las caras -duras- de Jaume Matas, Carlos Fabra, Francisco Camps y unos cuantos más de uno y otro color, que también los hay, y le confortó pensar que acabarían con el traje a rayas, aparcados por un tiempo a la sombra, en lugar de imaginármelos en su palacete, limpiando sus retretes con escobillas de a tres mil euros. Pero fue sólo un momento. Luego pensé en el hecho de que este país ya tiene leyes de sobra para perseguir a los chorizos, por muy investidos de autoridad que están cuando se les pilla con la mano en la caja, y en que los ciudadanos tienen la potestad, aunque demasiado a menudo renuncian a ella, de apear de los cargos a los despilfarradores, aunque se lo gasten sin dolo.
Mi segundo pensamiento, alumbrado ya por el efecto tonificador de un café y unas tostadas es el de que, de preparar una reforma de ese tipo, el encargado de hacerlo sería el, hasta hace unas semanas, alcalde de Madrid, ciudad endeudada donde las haya, especialmente desde que el hoy ministro de Justicia, con cuentas pendientes que habrán de pagar, por ejemplo, mis nietos, si es que llego a tenerlos y deciden quedarse a vivir en Villa Botella, con su calle Manuel Fraga y todo.
¿Cómo sería esa Ley Gallardón? ¿Estaría llena de excepciones como la de gastárselo en comprar y acondicionar el palacio del príncipe de Cenicienta para sede del ayuntamiento? ¿Quedaría al margen un alcalde que llenase de árboles secos las orillas de un río sin agua al que le ha puesto playa? ¿Tendría bula el alcalde que cobra dos veces la recogida de basuras y luego no paga a las concesionarias del servicio porque se ha gastado la pasta en otra cosa?
Demasiadas excepciones para que la ley fuera justa o demasiado estricta una ley que acabaría con el ministro de Justicia entre rejas. Mucho me temo que todo sea un farol o un apagón matinal de las luces del ministro de Hacienda y que nos quedaremos sin ver al alguacilador alguacilado.