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lunes, 18 de junio de 2018

BIENVENIDO AQUARIUS


Las imágenes que este fin de semana han "invadido" las pantallas de nuestros televisores no pueden ser más que bienvenidas, porque, por primera vez en mucho tiempo, nos han permitido ver de cerca el rostro de quienes, pretendiendo sólo vivir seguros o dar a sus hijos una vida mejor y más feliz, han pasado muchos días con sus noches, siempre a la deriva, en un mar que muchos veían por primera vez, del mismo modo que el seguimiento exhaustivo de lo que, a su pesar, acabó por convertirse en un espectáculo nos permitió conocer sus historias de dolor y persecución, sus sueños, y el horror, la injusticia o la miseria de la que huyen.
Qué lejos quedan de esas vidas todas las historias de violencia y delincuencia, de rufianes y ladrones con las que tratan de asustarnos quienes lo único que pretenden es hacerse con nuestro voto, rebozado en miedo y desconfianza. Yo no vi nada de eso en mi televisor. Yo lo que vi fue la emoción, el miedo o el cansancio de quienes llevan días tocando su sueño con la punta de los dedos, frente a las costas de Italia, un sueño que el infame Salvini quiso borrar de un plumazo, porque era eso lo que convenía a su partido fascista.
No. No son ellos los delincuentes, los que se echan al mar en pateras, los verdaderos delincuentes son los dictadores y los señores de la guerra de sus países de origen que, como perros de presa, defienden los diamantes, el coltán o el petróleo que, a este lado del mar, facilitan nuestra vida de dioses sin conciencia y mirar por encima del hombro as quienes todas las noches sueñan con ese falso paraíso al que se asoman a través de la tele del pueblo, igual que nosotros soñábamos, como en Bienvenido Míster Marshall, con las casas con jardín y los "haigas" de los americanos.
Los delincuentes son esos y no los jóvenes, las madres que ponen a sus hijos en una barca, como dice la Biblia que hicieron con Moisés, porque el peligro está en tierra y no en el agua liberadora, No lo son, desde luego, esos niños o las jóvenes embarazadas, muchas de ellas a su pesar o violadas en el camino, que traen en su vientre el fruto y la esperanza de una Europa multicolor, más justa y menos ensoberbecida.
Han sido muchas, demasiadas quizá, las emociones de este fin de semana a bordo del Aquarius, han sido demasiadas expresiones de miedo y dolor, demasiadas miradas cansadas y tristes, demasiado el desconcierto de quien lleva ya muchos días sufriendo en el mar, sin que le dejen pisar la costa que ve desde la borda del barco sucio y, necesariamente, mal pertrechado que comparte a su pesar con otros seres tan asustados y tan esperanzados como ellos, sin que gente de traje y corbata les deje pisar esas playas que son de todos.
La historia del Aquarius, en mayor o menor proporción, es la historia de decenas de buques parecidos y podría haber acabado tan mal como aquellas, incluso con la devolución del pasaje a los horrores de cualquier puerto libio, pero quienes estaban a bordo del Aquarius tuvieron la suerte de que los jueces de la Audiencia Nacional condenasen por corrupción al partido que ocupaba el gobierno en España, la suerte de que, por primera vez en mucho tiempo, la oposición a Rajoy, la de verdad, no la otra, se viese con ganas, que motivos siempre hubo, para enseñarle la puerta de salida y de que lo hicieran. Tuvieron la suerte de que quien estaba en el centro de esa operación, el socialista Pedro Sánchez, no pudiera soportar la hipocresía de la vieja Europa y, sin pensarlo demasiado y en contra de las "buenas costumbres", ofreciera los puertos españoles para el atraque del Aquarius y el desembarque de los centenares de refugiados que hace cinco días llevaba a bordo. Algo que, probablemente, a Mariano Rajoy no se le hubiese pasado por la imaginación
Toda una suerte para los náufragos, pero más aún para nosotros que por fin y a su lado hemos podido conocer sus historias y sentir su dolor. Toda una suerte para la propia Europa, que estos días se ha visto sacudida y avergonzada por el gesto de España. Toda una suerte ver por fin las lágrimas de alegría de los desembarcados, de estos nuevos balseros. Por todo ello ¡Bienvenido Aquarius!

martes, 12 de junio de 2018

QUIÉN ES QUIÉN


En días como éste me viene insistentemente a la memoria una frase, la gran coartada de quienes, se sentían cómodos con lo que había y conjuraban cualquier cambio posible y está claro que lo eran, con ese "todos son iguales" que desde el más canalla de los cinismos trata de imponer la resignación a quienes viven la esperanza del cambio. 
Si me viene a la memoria la maldita frase, es porque, ayer mismo, horas después de que el fascista ministro del Interior italiano, Mateo Salvini, negase el atraque en puerto italiano al Aquarius, con más de seiscientos inmigrantes africanos a bordo, el gobierno español, la comunidad valenciana y la ciudad de Valencia, lo mismo que Euskadi y varias ciudades de toda España se ofrecieron a dar a los embarcados la tierra firme y el refugio que necesitaban desesperadamente.
El gesto del nuevo gobierno contrasta con la vergonzosa y peligrosa actitud del gobierno italiano y con la cínica apatía de la Unión Europea, pero no sólo con ellas, también con el descaro con que los gobiernos de Rajoy han incumplido sus compromisos con Bruselas para acoger a los inmigrantes huidos de la martirizada Siria, anunciados a bombo y platillo y siniestramente burlados,
Evidentemente no es lo mismo ese gesto, esos gestos, porque han sido muchos, desde el lehendakari Urkullu a particulares de toda España, que a tantos nos llena de orgullo, que la miserable mezquindad de García Albiol que, al contrario que la mayoría, acusó de buenismo al gobierno socialista y volvió a la coherencia del alcalde xenófobo de Badalona que fue, aquel que estigmatizó a parte de sus vecinos, porque su raza, su lengua, su modo de vida o su pobreza le era incómodos.
Quizá a Albiol le escocía la sentencia en que la Audiencia Nacional acusaba ayer mismo a su partido de haberse financiado ilegalmente a través de empresarios a los que luego, "en diferido", se premiaba con adjudicaciones de obra pública y contratas, sentencia en la que se ponía al descubierto la cueva de ladrones en que el PP había convertido la Comunidad de Valencia.
No, evidentemente, no todos son iguales, no son la misma cosa quienes se telefonean ofreciéndose los trozos de la tarta conseguida a costa de menos o peores colegios, hospitales o residencias de ancianos que quienes han conseguido que, en apenas unas horas, Valencia pase de avergonzarnos y avergonzar a los valencianos, con su injusto significado de corrupción y burla, a llenarnos de orgullo y esperanza solidaria.
Curiosa la actitud de Albiol, planteando pegas y recelos, si no negando implícitamente la solidaridad y el apoyo a los seiscientos rescatados del Aquarius, cuando él mismo es un náufrago más en el barco a la deriva que es el PP, abandonado por el capitán frente los arrecifes tras el temporal de una moción de censura que no supo o no quiso capear. Curioso el náufrago que niega el auxilio al náufrago, quizá porque no quiere que Ciudadanos y su "los españoles primero" le arrebate su título muy bien ganado de xenófobo entre los xenófobos.
No. no es lo mismo votar a unos que votar a otros, por eso es tan importante que, a la hora de votar, sepamos muy bien quién es quién y sobre todo quiénes somos nosotros, para no equivocarnos otra vez.