lunes, 1 de febrero de 2016

FANTASMAS DEL PASADO

Este fin de semana que acabamos de dejar atrás ha estado marcado por la celebración de un crucial Comité Federal del PSOE, marcado así mismo por todas las presiones que desde uno y otro lado han recibido Pedro Sánchez y los miembros del comité para cerrar la puerta a cualquier negociación con Podemos para lograr ese gobierno de izquierdas que desean la mayoría de los españoles y, sobre todo, la mayoría de los votantes del propio PSOE.
Para llevar a cabo esa presión, en mi opinión desesperada, han hecho uso de todos los resortes a su alcance, algunos bastante bastardos como lo ha sido el uso de alguna prensa que, con entrevistas nada usuales y editoriales dignos de la acera de enfrente en la que dicen estar, han tratado y tratan de decir a Pedro Sánchez, ero sobre todo a su partido, por donde tienen que ir, por donde deben empezar a negociar y, sobre todo, qué métodos, más que democráticos, por cierto, no deben emplear, porque, piensan, aunque no lo dicen, que los carga el diablo y porque están seguros de que les restaría toda la influencia que han tenido y que aún creen tener sobre los gobernantes, una influencia que en alguna ocasión les ha salvado del naufragio, aunque ahora tengan que plegarse a la hipoteca que el gobierno socorrista les impone.
Cómo entender. si no, la posición de EL PAÍS en estos momentos en los que la corrupción, con todo el pus contenida durante tantos años, revienta en toso los escenarios en los que el PP ha gobernado y los salpica todo con su hediondez. Cómo entender que desde sus páginas, con y sin Felipe González, se recomiende un pacto con los corruptos, dejándoles gobernar, antes que propiciar un gran acuerdo de la izquierda que devuelva a este país a los gobiernos de progreso que tanto hicieron por la gente de a pie, por la igualdad y por la redistribución de la riqueza que, en sólo cuatro años, el imperio del PP al contraataque, ha depositado, en su práctica totalidad, en manos de esos pocos que controlan los medios en que ahora se atrincheran quienes quieren que nada cambie.
La celebración del Comité Federal, tan crucial, ha provocado una parada de monstruos, un desfile de fantasmas del pasado, algunos como José Luis Corcuera, revolcado por el Tribunal Constitucional, o como Juan Carlos Rodríguez Ibarra, autoritarios y demagogos hasta la náusea, invocando una Carta Magna, claramente superada e insuficiente, al tiempo que no sé qué valores llenos de caspa y malos recuerdos.
No tienen vergüenza todos estos señores, incapaces de entender que si hoy Podemos tiene sesenta diputados y pudo tener más, incapaces de entender que si Izquierda Unida, a la que, entonces como PCE, no hubiesen querido tener en las primeras elecciones libres, tuvo el pasado diciembre casi un millón de votos, la quinta parte de los suyos, aunque las leyes creadas para proteger el bipartidismo les dieron sólo dos diputados frente a los noventa socialistas, incapaces de entender que todo eso es consecuencia del entreguismo de Rubalcaba a las políticas austericidas de Rajoy, de la defensa que en un primer momento, recordemos, hicieron de los desahucios, de su abandono de la gente que sufría y sufre, en suma, más que la elección abierta de su líder, es lo que les ha llevado a ese peor resultado de la historia del que, con otra intención bien distinta, hablaba ayer Susana Díaz, un joven fantasma del pasado, pero fantasma al fin y al cabo.
Lo haya hecho por lo que lo haya hecho, la pretensión de Sánchez de someter a las bases cualquier propuesta de pacto de gobierno es democracia y cualquier ciudadano decente debe defender la única máxima incontestable "En caso de duda, democracia".


viernes, 29 de enero de 2016

BECAS ALFONSO Y RITA



¡Qué descaro! Ni entrenando puede hacerse un ejercicio de cinismo que se acerque siquiera al de los dirigentes del PP en Madrid y Valencia. Cada día que pasa, cada escándalo que se descubre, cada caja B que aparece, no merecen, por parte de los dirigentes populares, más que el desplante a la verdad y a los ciudadanos, ese "hacer la estatua", ese "ver, oír y callar", que tan bien se le da a Mariano Rajoy y que, a mí, y espero que, a la mayor parte de los ciudadanos, me repugna.
Cómo puede ser que ocupe no sólo un lugar, sino un lugar tan destacado como el de la portavocía del Partido Popular en el Congreso, un personaje tan inmoral, tan mentiroso y tan malencarado como el ínclito Rafael Hernando, encargado, como un perro de presa rabioso y desconfiado de guardar su jardín de la pureza y la verdad, en el que hace tiempo ya que no crece nada, de tanta basura y tantas heces y orines como ha dejado en él el "perrito".
A Hernando le da lo mismo acusar a Podemos de golpismo que responsabilizar a los socialistas de hace cuatro años de la corrupción que hoy ahoga a su partido. sin pensar, o quizá pensándolo muy bien, quién sabe, en que Rajoy anda como loco "enseñando la pierna" al PSOE para ver si se aviene a yacer con él en el jergón de esa gran alianza que pondría a salvo o al alcance de un indulto, por más ominoso que sea, a sus muchos corruptos.
Y es que los corruptos, por más que miren al techo silbando, son suyos y trabajaban para ellos. Para poder reformar oficinas y despachos en la calle Génova, para remozar las sedes provinciales, para pagar los despidos simulados y en diferido o para jugar con ventaja al juego de las elecciones. Porque cómo si no es posible que el PP contratase a precios muy por debajo del mercado toda la parafernalia de sus mítines, a cara descubierta o no, precisamente con las empresas que se beneficiaban de los contratos de sus ayuntamientos.
Por eso no vale la vieja estrategia de hacerse los ofendidos, ese cuento infumable de que los corruptos saqueaban sus cuentas, que "cosían para fuera" vamos, aprovechándose del partido para llevar a cabo sus negocios y corruptelas, sin que nadie -insisto, nadie- se enterara ni mucho menos hiciera nada para impedirlo.
Esa es más o menos la copla que entona desde Valencia Isabel Bonig, presidenta del Partido Popular valenciano, sucesora del hasta anoche entre rejas y hoy con una fianza de dos millones de euros, para cubrir la responsabilidad de sus desmanes, anunciaba su intención de exigir una indemnización por dañar la imagen del partido a quienes resulten condenados en el sumario abierto el lunes. Pero no para ahí la cosa, porque Bonig, atacada al parecer por el virus de lo social, aclaró que lo obtenido por esas hipotéticas demandas se destinaría a obras sociales o, por ejemplo, a becas.
¡Qué bonito! Devolver a la sociedad lo que le han quitado bajo sus siglas. Me acordaba esta mañana, mientras reflexionaba sobre ello, después de escuchar las palabras de Isabel Bonig, de aquel papel que envolvía las mejores naranjas de cada montón, con la marca o el nombre del productor, a veces tan entrañable como el de aquellas naranjas "Manolín" de la familia Molés. Me acordaba de esos envoltorios y volaba mi imaginación hacia otras marcas. Marcas, por ejemplo, como "Comedor social IMELSA", "Residencia de la tercera edad Camps" que valdría para el ex president Francisco y para el diputado nacional implicado Gerardo, o "Becas Alfonso y Rita". Tendría gracia, sí señor.




jueves, 28 de enero de 2016

A TU COSTA



Cada vatio de la iluminación o de la megafonía de sus mítines, cada kilómetro que recorrían sus candidatos para pedirte el voto en tu pueblo o en tu barrio, cada cartel, cada cuña, cada anuncio con el que el PP ganaba, una tras otra, las elecciones, tenía algo de ti, aunque nunca les votaste. En cada uno de esos elementos de sus campañas había un rincón del patio del colegio de tus hijos, la pizarra, pantalla de un ordenador o un pupitre.
Del mismo modo estaban las gasas y jeringas que se escatimaban en tu hospital, las vacunas que racaneaban a los niños y ancianos, los baches de cada carretera, la basura esparcida por tus calles, los autobuses que cada vez tardaban más en pasar, las colas ante las ventanillas para pedir cualquier papel, os enfermos en los pasillos de los hospitales, los polideportivos sin material ni monitores, los jardines descuidados y sucios... Todo eso, todo está en el lujo y el despilfarro de cada campaña, de cada elección, en los canapés, las copas y las comidas.
Todo eso es lo que está poniendo al descubierto la "Operación Taula" que tan impecablemente están llevando a cabo el Tribunal Superior de Justicia de Valencia y la Guardia Civil. Toda la mierda oculta durante tantos años en los ayuntamientos y ciudades que ha gobernado el PP dopado con el dinero robado a todos los ciudadanos, todos esos sobrecostes consentidos, si no pactados, de los que una parte iba a parar a las arcas del partido o a los bolsillos de los consentidores, todo acabará por salir a la luz y, con suerte, con mucha suerte, llevará a la sombra a los responsables.
Han sido demasiados años de barra libre, primero con la orgía de recalificaciones que, gracias a la ley del suelo de Aznar acabó con el encanto del paisaje rural de Valencia, las huertas y los naranjales para sembrarlo de apartamentos vacíos o de esqueletos de edificios inacabados, deteriorándose al sol del verano, como aquellos decorados de las películas de Samuel Bronston que. como fríos fantasmas, daban testimonio de que un día Madrid quiso ser la nueva Roma, el Hollywood europeo, como ahora esas urbanizaciones y bloques abandonados dan fe de un día Valencia quiso ser la Riviera del pobre y se quedó en cementerio de vanidades y cemento.
Cuando acabó el sueño del cemento y las recalificaciones, muy propio de las mafias, como bien saben en el sur de Italia, se buscó una nueva fuente de ingresos, un nuevo huerto que cavar, en el campo de las adjudicaciones y las contratas, aceptando cínicamente ofertas insostenibles de empresas amigas, con el acuerdo secreto y deshonroso de revisar el precio una vez concedido o consentir que quien se queda con ellas, normalmente unas siglas sin trabajadores, se deshagan de las verdaderas plantillas, siempre las mismas, para obtener el beneficio y la mordida que, como donativo o en especie, llegará de nuevo a los bolsillos de los consentidores o a las arcas de su partido.
Un mecanismo tan elemental que les cuadra a la perfección a personajes tan zafios como Alfonso Rus o Rita Barberá, un mecanismo que sólo es posible con el silencio de funcionarios y oposición y que, ahora ha quedado sobre la "mesa", convirtiendo a personajes todopoderosos en apenas una mueca en el asiento trasero de un coche policial.

Demasiado boato a tu costa para que, ahora que lo sabes, sigas creyendo que eres como ellos y que han venido a bajarte los impuestos y a librarte de los parásitos que el Estado de Bienestar alimenta con tus impuestos. Ahora ya lo sabes, ahora no puedes decir que no sabes que han sido ellos los que han vivido, hecho y deshecho a tu costa.

miércoles, 27 de enero de 2016

MIL, DOS MIL, TRES MIL...



No descarto que unos y otros, casta y asociados, estén mareando la perdiz, mareándola, pobre, hasta el vómito, a la espera de que la sociedad que se despertó ilusionada el veinte de diciembre, se rinda y vuelva a optar por lo malo, pésimo, conocido, renunciando a lo buen o por conocer. A eso es, al menos, a lo que nos animan patronal y sindicatos, tan prestos ellos a defender, es sarcasmo, el estado de bienestar que, mal que bien, nos protegía, para caer en este estad de rapiña, en el que ellos siguen viviendo mejor que bien.
"Sed buenos y comeros esta bazofia", parecen decir, porque "si no, ni eso tendréis". Aceptar que nos gobiernen los de siempre, contritos y benditos por la troika y los mercados, se atreven a proponernos, como si pudiésemos olvidar que han sido ellos, por activa o por pasiva, los principales cómplices del saqueo. Es el mensaje que vuelve, el mensaje de la calma, la resignación y la paciencia, frente a la cruel austeridad que bruselas nos receta, como si no hubiésemos aprendido a palos que, de algunas manos ni siquiera el mendrugo de pan podemos esperar.
Menos mal que la justicia, lenta, aunque no siempre segura, hizo caso de la denuncia de una diputada de uno de esos partidos marginales a los que, como a Podemos, la "gente de orden" envía siempre que puede al gallinero de los parlamentos.Una diputada de Esquerda Unida en Valencia llevó al juez toda la documentación recopilada sobre los desfalcos y el saqueo que, desde la cúpula del PP valenciano se vienen llevando a cabo desde hace décadas en aquella comunidad.
El juez estudió e investigo los que se señalaba en aquella denuncia y ayer mismo ordenó veinticuatro arrestos, entre ellos el del inefable Alfonso Rus, el de la obscena cuenta de billetes, de mil en mil hasta los doce mil euros que canta en pesetas, un millón, dentro de un coche resultado de una de las múltiples comisiones de las que tan bien han vivido ellos y su partido. Ayer ese "mil, deu mil, tres mil, quatre mil..." sonó hasta la saciedad, colocando otra vez en su sitio a quien creía haberse ido "de rositas" otra vez.
Tampoco parece haberse ido de rositas quien parece la hermana gemela de Rus, Rita Barberá, la ex alcaldesa, gemela, prñacticamente, de Rus, con el que comparte zafiedad y, al parecer, escrúpulos, pese a que ella, de momento, ha quedado a cubierto del juez valenciano, atrincherada en el escaño del Senado, al que la envió su partido en cuanto se materializo "la hostia" que se había dado el PP en las pasadas autonómicas y municipales.
Y es que, no hay que olvidarlo, siempre que se descubre un escándalo de corrupción en sus filas, el PP, como recordaba ayer Rafael Hernando, su portavoz en el Congreso, toma medidas. Medidas tales como la compra del silencio de los implicados mediante despidos simulados y en diferido, como en el caso de Luis Bárcenas, o con el aforamiento de los personajes sujetos de corrupción a los que, como en esta ocasión a Rita Barberá manda al abrigo del Senado o al del Congreso como al ex conseller Gerardo Camps, implicado, al parecer, en el amaño fraudulento de un sobrecoste sistemático de cerca de mil millones de euros en la construcción de colegiso en la Comunidad Valenciana.U na importante fuente de financiación, gasolina para ganar elecciones en Valencia y en el resto de España
Sí, el PP toma medidas y, si pudiese, haría cirugía preventiva, pero no para extirpar todos esos tumores, ya demasiados que se desatan en su seno, no. Su cirugía preventiva consistoría en extirpar los ojos de quienes no están dispuestos a tragar con sus corruptelas como han tragado hace poca más de un mes más de siete millones de españoles ciegos o inmorales. Pero ya es tarde, porque aunque puedan sacarnos los ojos o rompernos los oídos, en la cabeza de todos está ya  y para siempre el eco do la obscena cuenta: "mil, dos mil, trres mil, cuatro mil..."

martes, 26 de enero de 2016

UN GOLPE SILENCIOSO


Tendemos a tomar a Rajoy por torpe y está claro que no lo es o, al menos, no los son quienes le rodean, porque conocen todas las triquiñuelas que se pueden hacer con la ley y están dispuestos a llevarlas a cabo. Qué es, si no, ese golpe de efecto dado por Rajoy el viernes, rechazando el encargo del rey para intentar formar gobierno y parando tramposamente el reloj de la investidura y dejando al país en el limbo, con un gobierno que no es gobierno y un parlamento condenado a la inacción porque, difícilmente puede aprobar leyes sin un gobierno que las ejecute.
Algo está mal en nuestra constitución, en nuestras leyes, cuando permite a un personaje como Rajoy enrocarse en su rechazo "momentáneo" del encargo, parando el reloj que conduciría a unas nuevas elecciones y, para comprobarlo, basta imaginar qué ocurriría si al cabo de esta nueva ronda de regios contactos, el designado para el encargo es Pedro Sánchez y también rehúsa dar un paso al frente para formar gobierno.
Creo que queda claro que los benditos padres de la Constitución jamás se plantearon que el resultado de las elecciones pudiera ser el que ha sido. Nadie previó que un sistema previsto para pastorear a los electores hacia el bipartidismo, mediante la del D'Hont, el reparto de escaños por circunscripciones y los límites para alcanzar representación, pudiera volverse como un calcetín para dividir el hemiciclo en cuatro grandes grupos obligados a llegar a un acuerdo al menos entre tres de ellos.
No puede ser que la estrategia de un personaje como Rajoy, acostumbrado a que el agua de las riadas se retire y acabe saliendo el sol, mantenga al país, con todos sus problemas, paralizado a la espera de que sus rivales se estrellen en el empeño de formar un gobierno. Más, cuando está claro que el tercer partido por resultados, Podemos, y lo está demostrando, preferiría repartir otra vez las cartas en unas nuevas elecciones, de las que, cree, saldría reforzado.
Otro tanto le ocurre al PP y, por eso, va a obstaculizar cualquier acuerdo, sin mostrar sus cartas a Ciudadanos, sin darle ni quitarle esperanzas de una alianza con o sin el PSOE que pudiera hacerse cargo del gobierno. En frente, o no, está el PSOE i, mejor dicho, Pedro Sánchez atado de pies y manos por unos barones, controlados por vete a saber quién, para que no pueda acercarse lo más mínimo a los nacionalistas que tendrían en su mano, si no la llave, si el contrapeso para un gobierno de los socialistas y Podemos.
Lo de Rajoy es un golpe de estado incruento y desde dentro en el que Rajoy, como un Tejero de paisano, es el instrumento, como lo hubiese sido el ex teniente coronel, de unos intereses que, en 1981, eran de la oligarquía y hoy lo son de los mercados y la troika o como diantres se llame ahora.
Es terrible, pero es así. Rajoy ha demostrado que tiene en sus manos la llave del nuevo gobierno y que está dispuesto a tirarla al mar con tal de no perder un ápice de poder, más, ahora que la Guardia Civil después de detener a Alfonso Rus, el recaudador del recuento en el coche, anda olisqueando a la ex alcaldesa de Valencia, a cubierto y silenciosa hoy gracias al fuero que le otorga su bunkerizado escaño en el Senado.
Sí, lo de Rajoy es un golpe de estado para que tanta información y tanto poder de obtenerla no caigan en manos nada fiables.

lunes, 25 de enero de 2016

IMPUDICIA O TRAMPA

Cuando no le gustaban las maneras de alguien, especialmente cuando alguien no venía de frente, mi querido Fernando Delgado decía una frase "no me gusta cómo caza la perrita", que, con el tiempo, he acabado por hacer mía. Una frase que viene como anillo al dedo al comportamiento, nada claro a mi juicio, del líder de Podemos, Pablo Iglesias. Este chico, que diría mi madre, habla muy deprisa, dice demasiadas cosas y me temo que no siempre con sentido.
Lo del pasado viernes, que recuerda en exceso a ese "voy a hacerte una oferta que no podrá rechazar" de "El padrino" o, quizás, a todo lo contrario, seguro de que Sánchez o su partido no iban a plegarse a tan leoninas condiciones. No sé muy bien si es un chantaje, como ha decidido el PSOE, un farol o un "rompo la baraja" para ir a unas nuevas elecciones.
Lo que ya no sé es si esa exigencia contaba con el apoyo de los dirigentes de Podemos que corrieron a "arropar" al líder, alguno, incluso, como Íñigo Errejón, con cara de demasiadas circunstancias. Hoy mismo, lo acabo de escuchar, Pablo Iglesias decía en una entrevista que cualquier acuerdo a que se pueda llegar con el PSOE de Pedro Sánchez debería ser refrendado por los órganos de su Partido, lo que dice mucho de quien hace anuncio tan solemne sin haber cruzado una palabra con el destinatario de una oferta que le implica directamente y sin haber consultado a sus propias bases.
Siendo un poco malicioso, tengo que pensar que Pablo Iglesias, insatisfecho con los resultados del 20 de diciembre, porque llegó a verse por encima de su presunto socio de gobierno, ya ha decidido que le interesan unas nuevas elecciones y, por ello, ha arrojado a la cara del líder socialista el guante de "su" propuesta de gobierno, al que, por cierto, le faltaba el apoyo de al menos un cuarto socio que confirmase una de suma de diputados por encima de una hipotética alianza PP-Ciuddanos.
Esta última circunstancia, imprescindible para "aguantar" una legislatura parece no haber tomada en cuanta por los estrategas de Podemos, algo impensable, salvo que sean ellos mismos los que ya han descartado que Sánchez pueda darles el "sí quiero". Más bien me inclino a pensar que lo que quieren es unas elecciones anticipadas ya, unas elecciones en las que, calculan, se harían con gran parte de los votos del PSOE.
Creo que se equivocan, porque el país no es una enorme asamblea ni sus ciudadanos son únicamente los convencidos que acuden a ellas. Da más bien la impresión de que Pablo Iglesias y los suyos se están acomodando en el asentimiento por aclamación, sin tener en cuenta que, en democracia, las formas, los tiempos y los escenarios son otros, distintos de los que acostumbran. Iglesias y los suyos no deben olvidar que en democracia los votos son siempre prestados, nunca se tienen en propiedad, ni que quienes les votaron en diciembre nunca les habían visto administrar sus votos, más allá de lo que es una hipótesis sobre papel.
No tengo miedo a unas segundas elecciones, pero creo que no serían buenas, porque equivaldría a decirnos a quienes votamos hace poco más de un mes que nos equivocamos, que hicimos mal los deberes dando nuestro voto a quienes no han sabido gestionarlos. Creo más bien que unos u otros están obligados, si no a entenderse, sí a formar el gobierno que ya estamos necesitando.
En resumen, no me gusta cómo caza la perrita. No me gusta la actitud de Pablo Iglesias que, como los gatos se hincha y bufa para parecer más fiero de lo que en realidad es. No me gustaría que hubiera hecho lo que ha hecho, dar el regalo envenenado e inaceptable de su apoyo a Sánchez, a la búsqueda de unos nuevos comicios en los que lo único claro parece que sería el reagrupamiento de la derecha, con lo que, aunque él se convirtiese en líder de la oposición, sobrepasando a Pedro Sánchez, España habría perdido la oportunidad de gobernarse desde la izquierda.
No sé si lo de Iglesias el viernes fue impudicia o trampa, lo que sé es que no me gusta como caza la perrita.

viernes, 22 de enero de 2016

RAJOY EL INDOLENTE


Escuché hace poco como alguien señalaba, en una tertulia radiofónica, la indolencia como una de las características de la personalidad de Rajoy. Y, la verdad, no podía estar más en lo cierto, porque el indolente, según la Real Academia de la Lengua Española es, en sus tres acepciones, el que no se afecta o conmueve, el perezoso o el insensible, el que no siente el dolor, especialmente el dolor ajeno demás, añadiría yo. Y lo cierto es que esas tres características encajan muy bien en el personaje.
Rajoy, capaz de encajar sin apenas inmutarse el tremendo zurdazo de un joven y descerebrado o de aguantar con aplomo y fair play la broma pesada de una emisora catalana, es también de los que creen que el tiempo está de su parte y de dejar que las cosas, por muy graves que sean, acaban por solucionarse solas y eso que, vistos algunos resultados, podría considerarse una virtud, puede ser que en realidad sea sólo pereza y falta de ánimo.
Pero la primera acepción del que siente esa indolencia, la del que no se afecta ni conmueve, es la que mejor le cuadra a éste y a otros muchos gobernantes, gentes que se esfuerzan en alcanzar el poder y que, una vez que lo consiguen, se olvidan, si no de todos, sí de la mayoría de quienes le rodean o están por debajo de él. Cómo, si no, pueden Mariano Rajoy o Felipe González mostrarse insensibles y lejanos ante el dolor de quienes han perdido el trabajo, la vivienda y, muchas veces, la capacidad para dar de comer y vestir a sus hijos.
La indolencia de Rajoy es de proporciones bíblicas. Tanto que a veces no sé si lo suyo es únicamente indolencia, es estrategia o es pasmo, porque demasiado a menudo, no hay más que ver sus gestos, lo que aparenta es haber quedado tan pasmado como aquel Felipe IV que tan magistralmente interpretó para el cine Gabino Diego.
Pasmado debe estar Rajoy en su despacho, "a verlas venir" que diría un castizo, sin siquiera levantar un teléfono, que sepamos, para llamar o contestar a nadie que pueda darle esos apoyos que necesita para salir investido del pleno del Congreso, quizá porque tal interlocutor no existe ni existirá a corto plazo. Únicamente, otra vez que sepamos, levantó el teléfono para atender a quien creía el president de la Generalitat de Catalunya y lo hizo con la jovialidad o el "dinamismo", que diría mi madre, de quien por fin recibe la llamada que esperaba.
Sin embargo y no sé si por la sorpresa o por el talante, Rajoy no se mostró especialmente contrariado o, mejor dicho, cabreado, quizá porque ya esté resignado a que, en adelante, no sean muchos los que le tomen en serio, una difícil situación por la que no me gustaría pasar, porque, difícilmente, su futuro, fuera del Gobierno y quizá de su partido, se parecerá al de Aznar, González o, incluso, Zapatero. Y es que su caso es especial y lo es porque no deja nada especial a sus espaldas. No fue, como Aznar, el lacayo imprescindible para dar cobertura a una canallada como la segunda guerra de Irak, al que los buitres de las empresas de armamento y del petróleo, regalan un retiro dorado, agradecidos por los servicios prestados. Tampoco es el prestigioso entonces Felipe González, adalid de la refundación de la Unión Europea o del acercamiento de ésta a Latinoamérica o dejó tras de sí una revolución social como la de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, que colocó a nuestro país a la vanguardia de las conquistas sociales.
Rajoy, por el contrario, se ha limitado a recibir y poner en práctica las instrucciones recibidas de la troika y los mercados. Rajoy se ha limitado a ser el matarife que, limpiamente, ha acabado con la calidad de vida de los trabajadores y de una gran parte de la clase media española, dejando en su lugar un enorme vacío, una brecha insalvable para las próximas generaciones.
Rajoy no es como sus antecesores. Rajoy, al que le queda por pasar el difícil trago de recibir en el debate de Investidura, una tras otra, las bofetadas morales de los dos tercios de la cámara que no le quieren, bien podría pasar a la Historia como Rajoy el Indolente.