martes, 10 de marzo de 2020

LA SOCIEDAD ALEGRE Y CONFIADA


Hubo un tiempo, apenas hace una semana, en el que nos creíamos invencibles, inmortales, seguros... y bastó que alguien, dicen que un chino, comiese lo que no debía, un animal salvaje, el mismo que había comido toda su vida, sin control sanitario alguno, para que el cómodo castillo de naipes de nuestra seguridad se viniese abajo con nosotros dentro. Bueno, no exactamente. Ayudó bastante que nos diese por ir al fin del mundo a disfrutar de nuevos paisajes y nuevas experiencias, también las gastronómicas, en viajes de placer casi siempre innecesarios, creyendo que ese mundo que hacemos nuestro por unos días a golpe de tarjeta de crédito es una prolongación del nuestro.
Ya pasó en los ochenta con el SIDA, visto al principio e interesadamente como una plaga, un castigo, con el que la naturaleza, dios le llaman algunos, castigaba la sodomía. En aquella ocasión no fue un murciélago como dicen que ha sido ahora, sino un mono del centro de África el que facilitó el salto de un virus, endémico entre estos animales, a la especie humana, y que fueron también viajeros los que lo trajeron al ufano "primer" mundo. De entonces a acá, aprendimos, si no a curarlo, sí a domarlo y a evitarlo, aunque el miedo se olvida y la prevención se relaja, como también, más pronto que tarde, aprenderemos a evitar este virus maldito de nombre tan regio, para convertirlo en un mal recuerdo, en una pesadilla.
Lo que ya nunca será igual es esa sensación de seguridad absoluta, ese vivir al día y pendientes solo del saldo de nuestra tarjeta. Tampoco, al menos eso espero, ese dejarnos convertir en poco más que consumidores, necesitados de gastar el sueldo o la pensión, pagando cuantos menos impuestos mejor.
Espero que muchos que pensaban que "para qué pagarlos", para qué pagar mi médico y el de los que ganan menos que yo o no ganas, sí, porque lo valgo, puedo pagar médicos, clínicas y hospitales que aparentemente, sólo aparentemente, son mejores que los muy saturados centros de salud y hospitales públicos.
Dónde están ahora, me pregunto, todas esas clínicas y hospitales, lujosos como hoteles, de uniformes impecables, que tanto gustan a los insolidarios, dónde. Toda la carga de la atención, como debe ser, por otra parte, se ha echado sobre los hombros de los trabajadores y los medios de la sanidad pública, que, pese a verse desbordados por años de recortes egoístas del partido que votan los egoístas, con su esfuerzo y mientras puedan están haciendo frente a la detección y la atención de afectados por este virus.
En Madrid la maltrecha sanidad pública, con el personal justo y los medios al límite, está en alguna zona, como Valdemoro, ya desbordada, mientras la presidenta y sus asesores, los mismos que cierran camas y despiden al personal sanitario, hablan, no de reabrir esas camas, sino de quitárselas a otros servicios, y, como la cabra tira al monte, su jefe nacional y padrino, Pablo Casado, aprovecha el paso del Pisuerga epidémico para tratar de doblar el brazo a un Pedro Sánchez que hasta ahora se le resiste.
Casado, olvidándose de los ciudadanos se fija más y con mayor atención en las empresas, tratando de aprovechar la emergencia para, por ejemplo, frenar la derogación de "su" reforma laboral y, sin duda, se aferrará al cuello del presidente hasta asfixiarle si puede, con lo cual queda demostrado que los mismos que han propiciado esta sociedad alegre y confiada, acostumbrada, más bien forzada, a vivir al día, pretenden convertirse en salvadores de la misma, a su manera, claro.
Hace años, cuando aparecía una enfermedad nueva o exótica, una enfermedad en lo más profundo del tercer mundo a nadie le importaba, entre otras cosas, porque no nos enterábamos. Hace décadas los viajeros enfermos morían en el camino o manifestaban los síntomas a bordo del barco o cualquiera que fuera su medio de transporte. Hoy llegan al último confín del mundo, o desde él, en apenas unas horas y llegan a bordo de tubos cerrados con alas, en los que el aire se respira una y otra vez.
Hace años comíamos y usábamos lo que se producía o hacía cerca de muestras casas, hoy gran parte de lo que comemos y lo que compramos se produce lejos, a veces en varios países, lo que provoca un trasiego de personas y mercancías que nos traen a veces en silencio lo que no queremos. No es que yo esté pidiendo construir nuevas murallas chinas o romanas, pero sería conveniente dar un repaso al cómo y el porqué de esta sociedad alegre y confiada que muy a su pesar despierta de un sueño algo irresponsable, todos, salvo los de siempre, los especuladores, gente sin escrúpulos que siempre sacan partido a las desgracias ajenas, en las bolsas o en el supermercado. 
Esperemos que este baño de realidad que nos está dando "el bichito", que diría aquel ministro Sancho Rof, nos devuelva a la racionalidad y a encontrar placer y felicidad en las cosas sencillas y cercanas y, sobre todo, a pensar que cuanto más fuerte sea lo de todos, más fuerte seremos todos.

lunes, 9 de marzo de 2020

NO PINTABAN NADA


¿Invitarías a tu fiesta a la vecina que alquiló su piso a ese otro vecino indeseable que miente sobre ti, te insulta, te desprecia y, sobre todo, hace lo posible para echarte de tu casa? Seguro que no lo harías y que, si se presenta en tu fiesta le invitarías, con más o menos educación, a que se fuera por donde había venido.
Precisamente eso mismo fue lo que ocurrió ayer en la marcha del 8-M de Madrid, de la que Begoña Villacís, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid gracias a VOX, fue invitada a salir con tanta insistencia que la policía, como ocurriera en la pasada marcha del orgullo con ella e Inés Arrimadas, le recomendó dejar la manifestación.
Tienen que entender que, aunque su partido, como el PP, pretenda esgrimir el feminismo como una de sus señas de identidad, vendieron su honorabilidad y coherencia democráticas a cambio del plato de lentejas de sus sillones en los gobiernos de Andalucía, Madrid o Murcia y en muchos ayuntamientos.
Tienen que creer que por más que se digan a cada minuto que ellos no son Vox, Vox es lo que es hoy gracias a ellos, porque, como en la expansión del covid 19, no haber aislado a tiempo el virus de la intolerancia, el antifeminismo y su disfraz del más rancio integrismo moral y religioso, ha sido clave para que la intolerancia burda, inculta y mentirosa de Vox se instale en las instituciones.
Les vendría bien a la señora Villacís y a sus compañeros repasar la historia de Europa, especialmente la de Alemania, para comprobar que Hitler llegó a la cancillería con el apoyo de personajes de doble moral, políticos de la derecha moderada y empresarios, tendieron el puente de plata que llevó a Hitler a la cancillería y de allí al tercer Reich. No digo yo que esto vaya a ocurrir en España, pero las cosas, sobre todo en política, se sabe cómo comienzan, paro no se sabe cómo acaban.
Ciudadanos, con sus "lideresas" a la cabeza, no puede pretender que, después de años de ignorar al feminismo, después de haber pretendido enmendar la plana a las feministas, diciéndoles qué es y qué no es feminismo, ahora en que el movimiento feminista se ha consolidado y crece cada día más, se les haga un sitio de honor en la cabecera de sus manifestaciones. Tienen que entender que lo suyo, sus intentos de subirse al tren en marcha sean vistos, cuando menos, como oportunismo, si no como un intento de boicotear las marchas, provocando incidentes en ellas, algo a lo que Ciudadanos parece haberle cogido gusto, siguiendo las tácticas de "auto escrache" de las que Inés Arrimadas, en Navarra, Euskadi y Cataluña se convirtió en especialista.
Los partidos de la derecha y Ciudadanos de momento lo es, por sus hechos los conoceréis, tienen que entender que no pintan nada junto a las feministas, junto a ese feminismo que lleva años luchando por conquistar unos derechos que ellos, si alguna vez los reconocen, lo hacen por puro paternalismo o por conveniencia. Ciudadanos se ha especializado en el victimismo, en un victimismo al que el PP ni siquiera se atreve, porque prefiere pasar inadvertido, mandando a la manifestación a dirigentes de perfil bajo que se libraron de los abucheos, simplemente, porque no fueron reconocidas, porque, de haberlo sido, de los pitos no les hubiese librado nada, porque, repito, no pintaban nada.

jueves, 5 de marzo de 2020

INSOMNIO Y PESADILLA


Lo peor que le puede ocurrir a un líder político y lo que puede acabar con él y su proyecto es acabar confundiendo los intereses que defiende, se supone que en nombre de todos o para todos, con los suyos propios. Y eso, me temo, les está empezando a pasar a Pablo Iglesias y sus compañeros, no sé si celosos o demasiado apresurados, porque se están comportando como si pretendiesen, no ya asaltar los cielos, sino ponerlos patas arriba, sin medir las consecuencias que, para todos, acabarán teniendo todas y cada una de las decisiones que tomen desde sus ministerios o sus cargos.
Mucho me temo que en esas anda Iglesias cuando anda más pendiente del calendario, con citas como la del 8-M o la de la próxima asamblea de su partido, tratando de jalonar de banderas y de objetivos cumplidos el camino, sin pararse a pensar que, en cualquier campaña, tan importante es conquistar posiciones como consolidarlas. No basta con presentar un proyecto de ley de libertad sexual, porque ese proyecto tiene que ser asumible por todo el gobierno, no sólo por una parte de él, y, sobre todo, debe servir, si no a toda la sociedad, sí a la mayoría de ella.
De nada le sirve a esa sociedad que una ley, por bien intencionada y avanzada que sea, si es que lo es, sea rechazada por una parte importante de la sociedad o acabe en el Tribunal Constitucional, como sin duda pretende que acabe la derecha, para ser mutilada, un final que supondría una pérdida de tiempo y, sobre todo, de ilusión por parte de quienes creemos que hay que tomar decisiones valientes, pero inteligentes.
Parece ser que el proyecto de ley elaborado por el equipo de Irene Montero ha pisado demasiados callos, ha invadido demasiadas competencias de gobiernos autonómicos y, por otro lado, parece haber rechazado el asesoramiento y la asistencia de otros departamentos gubernamentales ajenos a la órbita de Podemos. Evidentemente ha habido prisa en exceso y, lo que me parece aún peor, cierta soberbia en la reacción de la guardia de corps, el aparato, de Pablo Iglesias.
La gente del vicepresidente y la ministra de Igualdad ha salido en tromba, con la misma virulencia que el manido coronavirus, contra todo aquel que, desde el gobierno o desde la prensa, se haya permitido criticar el anteproyecto o el ministerio del que ha salido. Iglesias se permitió, incluso, acusar de machismo, él que no parece el más indicado para hacerlo, a quienes, desde el gobierno, si concretar, había hablado de la necesidad de retocar lo presentado por su compañera.
No hay que olvidar que el tratamiento que el Código Penal daba a la violación, fruto de la reforma de Juan Alberto Belloch, ministro que fue de Zapatero, estuvo en el origen de la tristemente célebre sentencia dictada por la Audiencia de Navarra contra "la manada", una sentencia que tuvo que ser revocada por el Supremo, porque se había hecho una interpretación sesgada hacia el machismo del "código Belloch".
No basta con querer hacer las cosas bien, hay que hacerlas bien y hay que ser muy consciente de dónde se está y qué se es. Ese es el problema que Podemos, con Iglesias y  Montero a la cabeza, parecen querer demostrar al resto del gobierno, a sus asesores y a los funcionarios que son más listos que nadie y están actuando por libre y con prisas, por ejemplo con una hasta ahora sensata Yolanda Díaz que, desde el Ministerio de Trabajo que preside, se ha permitido elaborar, por su cuenta y riesgo, una guía laboral a propósito del coronavirus que ha sido rechazada por todos los agentes sociales implicados y para la que no se ha contado con el asesoramiento del Ministerio de Sanidad.
En fin, descoordinación, falta de lealtad, prisa y soberbia. La peor pesadilla que Pedro Sánchez podía haber imaginado para sus temidas noches de insomnio.

miércoles, 4 de marzo de 2020

FEMINISMOS


Dentro de cuatro días se conmemora el Día Internacional de la Mujer, instituido por Naciones Unidas hace treinta y cinco años como una jornada de reivindicación de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. En la católica España, ese día, el ocho de diciembre, se conmemoraba desde que tengo memoria el día de la Inmaculada Concepción y, hasta que el Corte Inglés decidió llevárselo al calor de mayo, el Día de la Madre, toda una ironía, dada la extraña forma en que, eso nos cuentan, quedó preñada la madre de Jesús.
Durante todos esos años anteriores, se antepuso el papel de madre al de mujer y sus derechos se vieron relegados en el hogar, en el que cínicamente se las nombraba "reinas por un día", a ese "por fin me siento", después de servir tres comidas, limpiar y organizar la casa, hacer la compra con el dinero que, lo ganase quien lo ganase, administraba el marido y de aguantar impertinencias de los hijos y del propio marido, eso si no andaba limpiando casas, escaleras y colegios para que la familia llegase a fin de mes.
Hoy, afortunadamente y al menos sobre el papel, todo es distinto y, sin embargo, lo peor de aquellos años continúa persiguiendo a las mujeres dentro y fuera de casa. En el trabajo, con esos sueldos más bajos que los de sus compañeros varones, con esos "techos de cristal" que es impiden llegar al lugar en que se toman las decisiones, en la calle, convirtiéndolas en objetos e instrumentos para el placer y ,el abuso de esos machotes que no renuncian a verse como amos y señores de esos "seres inferiores" que, creen, están en el mundo para darles placer y alimentar su ego, siendo poco más que cabezas de ganado que pastorea con orgullo en bares y discotecas, y, por último, .
Afortunadamente, al menos aparentemente, en este país las cosas han cambiado mucho en los últimos años. España ya no es ese país en el que hace apenas cuarenta años, una mujer necesitaba, para abrir una cuenta corriente, recibir una herencia, trabajar, viajar al extranjero, sacarse el carné de conducir o trabajar, el permiso del marido, si es que estaba casada, o el de su padre o tutor. Ese país no es ya el mismo en el que el adulterio estaba castigado con prisión, aunque sólo se castigase a las adúlteras, ni ese país en el que los embarazos no deseados se "curaban" en clínicas de Londres o Ginebra, según el caché de la preñada, o se deshacían en cocinas o lugares más sórdidos, con peligrosas "técnicas", en manos de "aborteras" sin preparación alguna y sin la más mínima garantía de supervivencia para esas pobres mujeres que no pudieron "juntar los cuartos" para viajar a lugares donde el aborto no era ya un crimen y era a veces un negocio, o no pudieron encontrar la excusa para justificar esos dos o tres días de ausencia.
Hoy, con más entusiasmo que cautela, se hacen leyes necesarias, aunque no siempre acertadas, hijas a veces del entusiasmo y de las prisas, que, sin embargo, tienen el respaldo de la calle, aunque deban pasar por "el taller" para limar cuantas aristas demasiado vivas y peligrosas les han quedado, pero, dicho está, cuentan con el entusiasmo de la calle, como se demostró hace un año y se volverá a demostrar el próximo domingo, un entusiasmo al que, paradójicamente, quiere sumarse esa derecha en continua campaña que, a un mes de las primeras elecciones tras la coalición de gobierno entre el PSOE y Unidas Podemos, como la tía Serafina, "no sabe si se mea o se orina".
Lo digo porque, después del lamentable espectáculo que dieron Inés Arrimadas y los suyos con su inoportuna presencia en el pasado desfile del Orgullo Gay, es ahora el PP quien, como anunció ayer su portavoz y, ahora, "amazónica "feminista, Cayetana Álvarez de Toledo, quiere participar en las marchas feministas del domingo, porque, dijo, ya está todo solucionado y lo está gracias sobre todo a los gobiernos del PP.
¡Qué vergüenza! Me temo que su único interés, como el único que tuvo Arrimadas, es el de provocar y victimizarse ante la intransigencia de las izquierdas, porque, me pregunto qué pinta en esa fiesta el partido que no hace tanto pretendió reinstaurar de la mano de su entonces ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, una ley reguladora del aborto que haría las delicias del tío de Aba Botella, el catedrático de Obstetricia que excluía de su asignatura las técnicas para practicar abortos seguros. Feminismo de lucha continuada desde hace décadas, uno, y feminismo oportunista y de última, el otro, que parece haberse dado cuenta ahora de que las mujeres piensan y votan.

martes, 3 de marzo de 2020

CAYETANA, FERRERAS Y VICEVERSA


Ayer, por fin, le Sexta introdujo un nuevo plato en el menú monocorde e indigesto que nos viene ofreciéndonos desde hace una semana a base de coronavirus bien teñido de amarillo, de primero, de segundo y de postre demasiado condimentado y poco o nada sutil. Ayer, de repente, Ferreras se puso, como en sus mejores tiempos, es sarcasmo, claro, al frente de la caballería, como yo le recordaba en la SER, dando consignas, ordenando las aperturas, emprendiendo un bombardeo de saturación de la audiencia, con intereses que, por más que pretenda hacernos creer que son los de la libertad de expresión, no son más que otra batalla de sus guerras particulares, en esta ocasión contra la ultra talibán, esto es mío, portavoz del PP en el Congreso.
De buena mañana, Cayetana Álvarez de Toledo, en una entrevista en Onda Cero, arremetió contra la Sexta afirmando que la cadena hace negocio erosionando la democracia, una exageración, sin duda, nada apropiada en un político que, antes o después, acabarán, él o su partido, necesitando mantener una buena relación con ese o con otros medios. 
Lo de Álvarez de Toledo, más cercana las más de las veces a Vox que a su propio partido no debiera extrañarnos. Lo extraño ha sido el cómo y el cuándo de estas afirmaciones, coincidiendo su andanada a la Sexta con una entrevista en la Uno de TVE a su líder, al menos eso creo, Pablo Casado, acallando cualquier cosa que hubiera podido decir. Toda una temeridad, más cuando estamos a las puertas de unas elecciones, las vascas y gallegas, en las que está en juego el liderazgo de Casado en el PP.
La portavoz del PP, incluso desde su altivez, debería haber medido el componente ciego y salvaje que hay en la personalidad de Ferreras, capaz, como Roger Alles, el fundador de Fox News de tomárselo todo como algo personal y de convertir el medio que dirige en un ariete contra sus adversarios en sus guerras particulares.
Quede constancia de que Cayetana Álvarez de Toledo es, para mí, uno de los personajes más odiosos del panorama político actual y, también, que creo que ayer se quedó corta, porque la Sexta, como casi todos los medios de comunicación privados, pero quizá más que ninguno, trata de hacer negocio con todo lo que toca: con el miedo al coronavirus, con el dolor de cualquier víctima, con el morbo de los sucesos, con los disturbios en Cataluña o donde quiera que sea, con la información meteorológica, si llueve, si nieva o hace viento, con la Economía con todo, a base de sensacionalismo, de datos contados a medias, escondiendo las soluciones para dar brillo a los problemas, convirtiendo, en fin, la actualidad en un serial, terrorífico a veces, con el que conseguir que la gente se vaya angustiad a la cama, para, a la mañana siguiente, comprobar si, por fin, el mundo, como anunciaba la Sexta, se ha acabado.
Insisto en que soy cualquier cosa menos cayetanista o pepero, porque me parece que hay algo de histeria e inconsistencia en ambos, por más que la portavoz recubra de solemnidad hasta los buenos días que da. No lo soy, pero eso no quita para que considere y denuncia que la reacción de Ferreras y la Sexta, de la Sexta y Ferreras, ha sido excesiva y me recuerda al periodismo de otros tiempos, al de aquellos "dese" del franquismo que convertían en ineludibles para los redactores todas esas noticias que convenían a los jefes o al régimen. Lo de ayer, empleando todos y cada uno de los redactores y presentadores de la cadena el mismo "descerebrado", aplicado a lo dicho por Álvarez de Toledo, que sin duda Ferreras había convertido en un "dese", al igual que Alles ordenó que Barak Obama fuese en "su” cadena Barak "Hussein" Obama.
No me gusta Cayetana, pero menos me gusta que una cadena de televisión, la que sea, pase por encima de la libertad de expresión de sus trabajadores, obligándoles a disparar el "descerebrado" en las informaciones que les han sido encargadas en lo que no es otra cosa que un ajuste de cuentas. No sé cómo acabará le guerra, pero, conociendo como conozco a Ferreras, estoy seguro de que el director de la Sexta está empeñado en que ahora se trata de "ella o yo".

lunes, 2 de marzo de 2020

EL CORONAVIRUS Y OTROS MALES



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viernes, 28 de febrero de 2020

HALLOWEEN EN FEBRERO


Hay que ver lo que une la pasta. Dos personajes que nunca se pudieron ver, dos personajes que, a su manera, se odiaban, uno con rencor, otro con odio. sentados ante un auditorio, uno a la derecha que le corresponde y el otro a la izquierda, esa izquierda que cada vez se le hace más incómoda, para hablar del mayor problema que hoy acucia a este país, Cataluña, un problema que, desde sus presidencias, ninguno de los dos se esforzó en cerrar, porque ni a ellos ni a Jordi Pujol les interesaba poner fin a ese baile de máscaras en que se convertía cada negociación postelectoral, cuando Pujol y "los catalanes" eran Caín o Abel según quien aceptase comprar las lentejas.
Ese dejar Cataluña como problema no resuelto, con un gobierno corrupto, el de Pujol, al que recurrir aceptando o haciendo el chantaje cuando convenía, ese asunto enquistado durante décadas fue una mina de votos para unos y otros, una mina de votos mal entibada, porque se la creía eterna. Los de Aznar porque aprendieron a cultivar el antinacionalismo, que no era otra cosa que nacionalismo español, el peor de todos, los otros porque pensaron que los votos del cinturón industrial de Barcelona, los "manobras charnegos" y los réditos de los juegos olímpicos de Barcelona 92 eran para siempre.
Pero se hundió el barrio del Carmelo y Pascual Maragall, a sabiendas o no, verbalizó lo que estaba en la mente de todos y él, con la suya quizá ya cuesta abajo, pronunció lo de aquel oscuro asunto del tres por ciento "ustedes tienen un problema y ese problema es el tres por ciento", dijo, para asombro y susto, incluso de los suyos. Fue a partir de ese momento cuando la corrupción afloró en ese falso paraíso que creíamos que era Cataluña, fue cuando se gritó aquel sálvese quien pueda en el que unos se cubrieron con la estelada y otros con una constitución mal entendida.
Hobo por aquel entonces un gobierno tripartito de la izquierda catalana, la de entonces, y un nuevo estatut que a la derecha españolista no le gustó y que, una vez superados todos los filtros legales, acabó en un Tribunal Constitucional sesgado que dijo haberlo "cepillado", cuando quería decir que lo había "podado" casi hasta agostarlo.
El resto es historia, historia desgraciadamente aún sin resolver, en la que unos y otros se impostan para ganar sus elecciones, los de aquí contra los de allá y viceversa, incendiando las calles y plazas de Cataluña, unos, y llenando las de Madrid con banderas indebidamente apropiadas y fotos más menos históricas otros, y dando pie a la consagración electoral del fascismo todos. Todo sin que los yayos de la pasta, desde sus fundaciones o sus consejos de administración se hayan preocupado por mediar, por buscar soluciones desde una experiencia y una autoridad que ahora dudo que tengan.
Uno y otro, González con su cabello plateado y Aznar con su voz de digestión pesada, tras esos dedos largos y amenazadores que gasta, pontificaron sobre la maldad del diálogo, el único instrumento capaz de allanar caminos y acortar distancias, hablando con desprecio de ese diálogo, una "performance" según González, o amenazando con el apocalipsis, por parte del esposo de la alcaldesa de Madrid que arrojó al infierno de la calle a miles de familias, vendiendo a "buitres con fondos" las viviendas sociales que por derecho ocupaban.
Ni uno ni otro son nadie para dar lecciones de nada y menos sobre Cataluña, entre otras cosas porque ambos son instrumentos a sueldo de los intereses más oscuros que de vez en cuando resucitan y salen de sus cómodas tumbas para asustarnos sin posibilidad de truco ni trato como en este Halloween que se montaron ayer en pleno febrero.