lunes, 17 de febrero de 2020

PECADO DE SOBERBIA


Nada ocurre porque sí y de sobra lo sabemos... o debiéramos saberlo. Vivimos angustiados o no, sólo preocupadas, por las dimensiones de una epidemia como la de coronavirus originado en la ciudad de Wuhan y, la verdad, es que tenemos razones para ello, entre otras cosas, porque no sabemos quiénes nos mienten más, los que como el gobierno chino, todos lo hacen, tratan de quitar hierro al asunto y suavizan las cifras y alarmas o quienes lo exageran por al afán de alarmar, periodismo de impacto lo llaman, colgándose de esa rama, cual monos histéricos, para aullar a todas horas el germen de nuestros miedos.
¿Había razones para la alarma? Hay quien dice que esa epidemia, salvo que nos oculten algo, no es muy distinta de una gripe, fuerte, pero gripe, que cada año nos visita una o dos veces. Y es que, si nos atenemos a mortandad y número de afectados no es mucho más virulenta y está claro que a nadie se le pasaría por la cabeza cerrar el Mobile World Congress por una gripe y el congreso de telefonía de Barcelona, en un momento en el que la tecnología y las ventas de esa tecnología hablan chino, resulta raro, cuando menos, que hayan sido las empresas japonesas y norteamericanas, la competencia, las primeras en darse de baja en la feria.
Es evidente que las grandes concentraciones o son idóneas para evitar los contagios y lo cierto es que dentro de esta civilización cada vez más global, en la que creemos vivir mejor cuando está claro que lo que hacemos es vivir peor, si entendemos por tal no vivir como debiéramos. Hoy las epidemias se extienden vertiginosamente. de manera viral se dice, porque los viajes se hacen rápidamente. Ya no nos movemos en barco para las grandes distancias, como hacíamos antes, sino que en menos de un día nos ponemos en las antípodas, con lo que el jet-lag, mal de nuestro siglo, nos afecta cada vez que cruzamos un océano. Antes, la larga travesías en barco nos llevaban al aburrimiento, nunca al desfase horario, con la ventaja de que cualquier brote epidémico localizado a bordo quedaba a bordo, porque no se permitía pisar tierra a todo el pasaje.
De ahí nacieron esa especie de lazaretos en los que se confinaba a l pasaje de cualquier barco con uno de esos brotes a bordo, esas islas, como la que hay frente al puerto de Mahón, en las que guardaban la cuarentena, como la guardaba en Caçillas, frente a Lisboa, el pasaje de esos barcos con enfermos que llegaban de África. Hoy eso resulta imposible, porque el tiempo en que se cruza el Atlántico en avión no es suficiente para que se manifiesten síntomas, lo que añadido a que el habitáculo cerrado en que se viaja, la cabina de un avión no es otra cosa que un enorme tubo de ensayo en el que cultivar virus y transmitirlos, con los pasajeros hacinados, sobre todo en la clase turista, convirtiendo los aeropuertos en campo de transmisión de las enfermedades más diversas.
Y, frene a eso y en el polo opuesto, esos enormes cruceros, como bloques del madrileño barrio de la Concepción flotantes, cargados de pasajeros, generalmente jubilados que se mueven sin control por las ciudades de so puertos que tocan para volver a bortos con sus recuerdos y "regalos", algunos de ellos microscópicos, para compartirlos en las cenas y espectáculos de a bordo.
No hay más que ver las angustiosas cuarentenas por las que están pasando los cruceros con miles de camarotes que, con algún enfermo a bordo, han sido inmovilizados en puertos de Europa o Asía. A fin de cuentas, lo que nos pasa llevamos años buscándolo, porque, como digo estamos viviendo mal, porque lo hacemos en contra de la lógica de las cosas, tratando de imponer nuestra soberbia de seres humanos a las leyes de la naturaleza, ese afán por tener más y mejor, eso creemos, y viajar más veces más tiempo y más lejos.

miércoles, 12 de febrero de 2020

ECHÁNIZ Y LA SOLUCIÓN FINAL


Si algo me fascina de los "chicos" del Partido Popular es la facilidad que tienen para trufar su endeble discurso de alusiones a momentos solemnemente trágicos de la Historia, con toda la frivolidad de que son capaces y sin el menor respeto por la verdad y el sufrimiento de las víctimas, propias y ajenas. Ayer lo demostró José Ignacio Echániz, viceportavoz del PP en el Congreso, que se permitió decir, en los pasillos y desde la tribuna, sin despeinarse que la ley de eutanasia que acaba de llegar a la cámara es la herramienta del PSOE para recortar gastos en Sanidad, diciendo a las claras y una vez más sin despeinarse que lo que pretenden los socialistas y sus socios es recortar gastos eliminando a ancianos y enfermos, la "solución final", como llamaron los jerarcas nazis al holocausto judío, de la izquierda.

Lo dice, qué ironía, un médico que siempre ha ocupado cargos, en Madrid o en Castilla-La Mancha, desde los que ha recortado el estado de bienestar, como quedó claro con su paso por el gobierno de Cospedal en Castilla la Mancha, donde ocupó la Consejería de Sanidad desde la que cerró camas y desmanteló servicios en los hospitales a su a su cargo.
No es de extrañar, porque Echániz, otro "cachorro" de Aguirre ha sido siempre fiel seguidor de las teorías neo tatcherianas de Esperanza Aguirre, siempre dispuesta a trocear lo que es de todos para dárselo a precio de saldo a los amiguetes de su partido, un personaje de la estirpe que tanto gusta en la calle Génova, capaces de cerrar sin pestañear un paritorio en Lugo, citar a pacientes oncológicos en horas nocturnas o acabar con algún que otro servicio de oncología infantil.
Son esos personajes los que se les llena la boca defendiendo la libertad individual de los ciudadanos, la presunta libertad para elegir médico o escuela, siempre que, claro está, el elegido sea el médico de un hospital privado o el colegio pertenezca a una empresa religiosa o laica de ideología dudosamente democrática y se sostenga en parte con fondos públicos, aunque discrimine u segregue a sus alumnos.
Cuando ayer escuché a Echámiz, esperaba una rectificación de lo que creí un calentón o, al menos, un tirón de orejas de la dirección de su partido por haber ofendido a tantos y tantos ciudadanos, muchos de ellos votantes del PP, que sufren la inexistencia de una ley tan necesaria que les ayude, a ellos o a sus seres queridos, a dejar este mundo que se les ha hecho insoportable, eso que la iglesia califica de "valle de lágrimas". Esperaba una rectificación o un tirón de orejas y sólo hubo, en el mejor de los casos, silencio, el más cínico de los silencios.
La verdad es que no cabía esperar otra cosa, porque los portavoces del PP, Cayetana Álvarez de Toledo y José Ignacio Echámiz, los elige la dirección del partido, con Pablo Casado a la cabeza y no hacen otra cosa que reflejar el pensamiento del "segundón sobrepasado", al que basta con rascar sólo un poco para encontrar, por más barba y jovialidad con que trate de disfrazarse, un integrista católico que no a todos sus votantes satisface. Creo que, eligiendo a Casado por no elegir a Soraya Sáenz de Santamaría, el PP se colocó un grano en el culo, un grano que hasta que no se lo sajen o le reviente, no le va a dar más que problemas. 
En cuanto a Echániz, si yo fuese como él, le desearía que se viese como tantos enfermos y familiares de enfermos condenados a sufrir o ver sufrir sin remedio y sin una ley que permitiera a quienes lo deseen y lo necesiten, con todo el respeto y las garantías que merece, les permita poner fin a todo ese sufrimiento. Pero no, yo no soy como él, no deseo que se vea en esas sin la ley que ahora se niega a aprobar, tampoco me atrevería a compararla con lo que quienes ayudaron a Franco a ganar la guerra que acabó con la II República. exterminando a millones de hombres mujeres o niños, por el hecho de ser de una raza no aria, pensar de manera distinta a Hitler y su Reich, no ser perfectos o entender el amor de otra manera.

martes, 11 de febrero de 2020

LA CULTURA DE LA MUERTE


Parece que por fin los representantes de los ciudadanos, claro que no todos, que para eso está el PP, va a tramitar una ley más que esperada, la que regule la eutanasia, el derecho a decidir, cuando el dolor de vivir supera nuestras fuerzas, que nos ha llegado la hora de partir. La iniciativa es una vieja promesa de la izquierda siempre aplazada y hoy ampliamente superada por la sociedad española que, día a día, se enfrenta al terrible dilema de sufrir o ver sufrir a los suyos a la hora de morir, por la intransigencia de unos pocos.
De manera más o menos abierta la mayor parte de la cámara se ha mostrado favorable a la que será iniciativa del gobierno de coalición. Sólo se oponen, cómo no, Vox y PP. El primero, porque prefiere justificar a los que matan o dejan morir, sean inmigrantes o mujeres, y el segundo porque en el fondo sabe que la única oposición posible a un gobierno, éste, dispuesto a normalizar este país en materia social, es el encastillamiento en los refugios morales, un encastillamiento muy "a la numantina", en el que las primeras víctimas serán sus votantes que, conscientes o no, renunciarían a ejercer su derecho a morir cuando ya no puedan más.
Está claro que esta ley debe contemplar todas las garantías necesarias para que no pueda ser utilizada en contra de nadie. supeditándola a los controles imprescindibles que eviten que esta "buena muerte" que todos deberíamos desear, yo al menos lo deseo, sirva como excusa a algunos para deshacerse de familiares enfermos que aún deseen vivir. Es en este punto donde la experiencia de otros países y el sentido común de los legisladores deben convertir el proyecto en una ley robusta que, sin excesos ni condiciones, resista los embistes, que sin duda los habrá, de quienes la usaran como ariete contra el gobierno y de la prensa que les hace los coros y les da palmas.
En ese coro estará, como ya de hecho lo está, la iglesia católica, la misma que compatibilizaba sotanas con fusiles y brazos en alto, la que metía bajo palio en los templos al responsable de tantas muertes, la que ha hecho del dolor y del acompañamiento a los enfermos, sobre todo si tienen propiedades que donar, una industria, por medio de la cual ha amasado gran parte de su patrimonio inmobiliario, ese con el que especula y que convierte a algunas órdenes religiosas en las mayores agencia de alquiler de grandes capitales como Madrid.
Hoy esto es de sobra conocido, incluso por las bases más inquietas de sus fieles, las que practican de verdad las ajadas y desvirtuadas bienaventuranzas. Hoy, estos cristianos comprometidos saben que el más ultraconservador de la curia, Antonio María Rouco Varela, disfruta de una dorada jubilación al lado del viaducto, muy cerca de la catedral de la Almudena, en un piso con las vistas más hermosas de Madrid, las mismas que el Palacio Real, un piso que para si quisiera un marqués.
Pues bien, esa misma iglesia, la que alternó la cruz y la espada en la conquista y genocidio de América, la que exhibe como símbolo el Cristo, un hombre torturado y ensangrentado, yacente, torturado o crucificado, esa iglesia que exhibe ante niños y mayores la sangre de sus mártires, la que enseña que el sufrimiento "acerca a dios" se permite oponerse a esta buena muerte que queremos ahora regular, porque quienes la promueven, dice, defienden la cultura de la muerte, cuando lo hace porque, como digo, se quedaría sin una de sus más potentes "industrias".




viernes, 7 de febrero de 2020

LA FOTO



Tengo, no sé si la suerte o la desgracia, de haber vivido y guardar memoria de lo que he vivido, por eso me revelo contra esta vida basada en lo inmediato, en la ausencia de perspectivas, en la estrategia de reducirlo todo, de borrar los contornos y dejar todo sin contexto y, al tiempo, hacer pasar por el todo lo que apenas es un detalle.
Ayer, de la entrevista entre Pedro Sánchez y Joaquim Torra, el presidente del gobierno de la Nación y el president del govern de Catalunya, quieren que nos quedemos con la foto, con ese saludo bajo la pancarta o esos libros entregados como regalo y, al tiempo, como reivindicación, tanto por el título, como por las etiquetas dejadas en ello, como al descuidos, pero con la intención de que al menos uno de ellos estaba comprado en dólares canadienses, otra vez el Quebec como reivindicación, dejándolo todo en una especie de asalto, del que uno de los interlocutores, sólo uno, debería salir triunfante.
Ayer, otra vez los medios pretendieron dárnoslo todo masticado. Por eso nos dijeron que el vencedor era Torra, porque había conseguido "la foto" buscada y pretendieron hacernos ver, especialmente los de un color, que la foto era la de una humillación, la de una rendición ante quien les cautivos de unos votos, los da la investidura, como si PP y Ciudadanos no lo estuviesen de los odiosos votos de Vox en Andalucía, Madrid o Murcia, votos que les afianzan en sus presidencias y consejerías, pero les alejan cada vez más de sus votantes, porque, ahora sí, les ven como la "derechita cobarde" que come en la mano del odio, la intransigencia y el desierto cultural de la derecha racista y machirula.
Hablan de la foto y hablan de la humillación a que sometieron al "cobarde e interesado" Sánchez, sin caer en la cuenta de que lo de Sánchez fue un gesto valiente que, al menos yo lo creo o quiero creerlo, podría haber devuelto a las vías el descarrilado tren de la convivencia.
Lo hablaba ayer con un viejo amigo y compañero, todavía e ejercicio, que coincidía conmigo en eso, en que fue un acierto y, además, un acierto para el que no había alternativa aceptable, porque, de no haber comenzado a sentar las bases de este frágil diálogo, primeros pasos en positivo después de la desdichada gestión del uno de octubre de hace dos años, en que el nefasto Zoido lleno Cataluña, no ya de policías o guardias civiles, sino de porrazos, porque después de aquello que quizá en su delirio autoritario vieron como solución y que tuvo el efecto contrario al que se perseguía, convenciendo a los que dudaban y llenando las calles de independentistas y esteladas, de no haberse reunido con Torra, de no haber posado junto a él, con toda la dignidad que requiere el protocolo, que para eso está, el siguiente paso serían los tanques y ya tuvimos tanques en las calles de Valencia el 23-F de 1981 y os aseguro que con aquellos ya tuve , ya tuvimos, bastante. Comparad una y otra foto y elegid. Creo que os va a resultar fácil.

miércoles, 5 de febrero de 2020

LA TIRANÍA DE LOS INTERMEDIARIOS


Andan revolucionados los agricultores estos días porque, como diría un urbanita moderno, "no les da la vida", y es que llevan demasiado "trabajando para el diablo" que es, según mi padre, lo que se hace cuando se hace para nada o a cambio de nada.
Hoy intentarán llenar de tractores Madrid, para dejar claro que trabaja como lo están haciendo no les merece la pena, porque lo que producen con esfuerzo e inversión no les merece la pena. No la merece arar la tierra, sembrar el grano, abonar los campos, regar, si es que se puede, combatir las plagas. No les merece la pena podar, recoger, si hablamos de fruta, o cosechar. No les merece la pena cubrir de plástico sus campos para crear los invernaderos ni les merece la pena, dice, contratar a los braceros que recogen sus frutos. No les merece la pena, porque, echando cuentas, ni siquiera cubren gastos, ni lo comido por lo servido, porque, en el camino, al lado de sus campos o de sus almacenes, esperan los camiones que trabajan para los asentadores y distribuidores, cobrando por kilómetro y kilo lo justito para no tener que vender el camión,  asentadores e intermediarios que les imponen sus precios, muy por debajo de su esfuerzo y muy por debajo también de lo que acabaremos pagando los pobrecitos habitantes de la ciudad, en las cajas de los supermercados.
Tienen razón quienes hablan de la España "vaciada" en lugar de hacerlo de la "vacía", porque si los pueblos están al borde de que el último apague la luz.
La culpa es de los intermediarios y, especialmente, de los intermediarios con tienda abierta, es decir, de las "grandes superficies", dictadores de ida y vuelta que, como al hacer los chorizos, retuercen los extremos, productores y consumidores, para engordar ellos como lo que son. Tanto es así, que no sólo fijan los precios y el momento de la recogida, sino que deciden qué se cultiva, imponiendo la tiranía de un consumo que ellos, con sus campañas publicitarias y sus precios también controlan.
Y no queda ahí la cosa, porque estos señores, Carrefour, Alcampo, Mercadona y un largo etcétera, son también los responsables de cada día toneladas de comida acaben en los contenedores de basura y de que los océanos se llenen de plásticos tan fáciles y baratos de producir como caros y muy difíciles de eliminar. Además y, por si fuera poco, ellos deciden que, en una sociedad en las que cada vez más gente vive sola, la fruta, los filetes, el queso o el fiambre se les ofrece en bandejas "retractiladas", de plástico reluciente, de seis en seis o de kilo en kilo, con la maldición implícita de que, las más de las veces, acabará en la basura.
Es algo que continuamente se predica en los medios, pero para que los consumidores nos sintamos culpables y nos mortifiquemos, cuando el pecado, por más que lo cometamos los de a pie, no tiene su origen en nosotros.
Creo que el sector agroalimentario es una selva en la que han entrado los grandes cazadores blancos para quedarse con las mejores piezas, matando sin ton ni son, sin importarle el hundimiento del campo, porque saben que, si esquilman el de aquí, más al sur hay otro, otros, esperándoles. Creo que, al igual que se exige o se debería exigir en cada cosa que se vende una garantía de trazabilidad que nos informe del origen de los alimentos, debería haber otra garantía, otra etiqueta, en la que se nos dé cuenta de cuánto y quienes elevan el precio de productos que demasiad a menudo, las patatas, por ejemplo, se pagan en el hiper seis veces más caras que se pagan al agricultor que las produce.
Sé que es muy difícil, pero más si no existe voluntad de hacerlo, pero alguien debería hacer algo para acabar con esta injusticia, con este desequilibrio que vacía nuestros campos y que convierte a los agricultores en ciudadanos resentidos, listos para caer en brazos del discurso populista de los matones de Vox. Los consumidores podemos y debemos hacer lo nuestro, podemos comprar con conciencia e inteligencia, podemos reciclar en cubos de colores, tantos como quieran, pero todo sería más fácil si el gobierno metiese en cintura a todos esos intermediarios que imponen su tiranía de usos y costumbres y de precios.

martes, 4 de febrero de 2020

ATERRIZAJE FORZOSO


Anda surcando los cielos de la política española un aparato con aspecto todavía reluciente, pintado de naranja, con los motores averiados, falto de combustible y, sobre todo, con graves problemas de radar. Un aparato que se las prometía muy felices hasta que su piloto, Albert Rivera, o sus padrinos creyeron que merecían más y eligieron mal la pista de aterrizaje, dejándose en el intento gran parte del fuselaje, desparramando por la pista las ilusiones y la confianza de sus votantes.
El aparato sigue en vuelo, porque en los aeropuertos locales aún no se ha puesto a prueba, pero, para ser sinceros, nadie sabe muy bien cuánto combustible le queda en los depósitos y, por si fuera poco, una vez que el comandante abandonó los mandos después de aterrizar "de panza" en las generales, para irse a descansar con el privilegiado pasaje de la clase preferente, no sin antes anunciarlo a través de megafonía con un "emotivo" discurso en el que venía a decirnos que estaba cansado y que, como Julio Iglesias, se olvidó de vivir.
Ahora, el otrora enorme aparato naranja no tiene piloto, aunque hay quien se arroga las funciones del comandante, a pesar de que no cuenta con la confianza del pasaje y de que parece empeñada en caer en los mismos errores que el dimitido comandante y de no tener muy claro en qué aeropuerto quiere tomar tierra. Y eso es, precisamente, lo peor: pretender llevar un avión cargado aún de pasajeros a destinos a los que esos pasajeros no quieren ir, porque no estaban en el billete que compraron antes de subir a bordo. 
Nadie se subió al avión naranja para ir a parar al territorio verde de los neandertales, quizá tampoco al azul del segundón sobrepasado, pero ahí están, metidos en un aparato que vuela erráticamente, sin piloto cualificado, pidiendo pista, mendigándola más bien, en aeropuertos que hace tiempo están en manos de otros, con un destino incierto que difícilmente será otro que el de acabar siendo absorbido y volando pintado de otro color a destinos no deseados por la clientela que, con un destino tan distinto, pueden acabar quedándose en tierra, sea cual sea el nuevo destino y el color del aparato.
Arrimadas tiene demasiada prisa y se equivoca si se empeña en hacer las cosas como las hizo Rivera. Tiene casi todos sus vicios y es la consecuencia de un partido que tuvo más éxito que militantes y que se ha construido desde arriba, con decisiones, cuando menos, dudosamente democráticas. Es mucho el poder que repartir y es mucha la ambición, con lo que, si no revisa sus procedimientos, puede acabar estrellándose en un aterrizaje forzoso en manos inexpertas y cegadas por la ambición y a este, al contrario que al Boeing de Air Canada, no parece que le sobre el combustible sino que, más bien, le falta.
La actitud, más interesada que irresponsable, me recuerda a la de los pilotos del sindicato SEPLA que en sucesivas huelgas salvajes deterioraron la solvencia de IBERIA, hasta dejarla "en su punto" para ser absorbida por un gigante de la aviación, a sabiendas de que, por mal que le fuese a IBERIA, ellos seguirían volando, probablemente en el mismo avión, aunque fuese pintado de otro color. Lo de arrimadas es la defensa de un escaño, su forma de vida, aunque sea en otro partido, el PP.

lunes, 3 de febrero de 2020

LA GRIPE CHINA


Estamos cansados de oír eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, pero no por manido el dicho deja de ser verdad, pues ese parece el destino del ser humano, de la especie humana en su conjunto: tropezar y olvidar.
Andamos sobreexcitados y, algunos, algo asustados por las consecuencias que pueda tener en nuestra vida o para nuestra vida la epidemia de coronavirus declarada en China, mejor dicho, en la provincia china de Hubeiuna, con cerca de cuatrocientas muertes y decenas de miles de contagiados. Y si estamos sobreexcitados y subrayo lo de "sobre" es porque alguien así lo ha querido informando "a la tremenda" y con escasa profesionalidad de lo que, en principio y sin que nadie pueda demostrar lo contrario, no sería más que una gripe virulenta, sí, pero no más mortal ni peligrosa por tanto que las epidemias de gripe que tenemos que soportar cada año.
La cifra de muertos y contagiados que se maneja en China no es mayor ni más preocupante que la que va a arrojar, sólo en España, la epidemia de gripe que empieza a instalarse en España ¿Por qué, entonces, toda esta alarma, por qué este despliegue informativo que tienen más de histérico que de servicio público, que es lo que cabría esperar en esta ocasión de medios responsables?
Se me ocurren muchas razones y todas tienen que ver con el dinero. La primera es la necesidad que las televisiones amarillas, no por chinas sino por poca o nula ética, que, con unos cuantos redactores y cámaras, mal pagados y sin apenas experiencia la mayoría, se pueden cubrir unos cuantos puntos, demasiados, informativos o no, con los que "rellenar" minutos y minutos de pantalla, reiterativos y desprovistos de más interés que tendría informar del tiempo con jóvenes redactores armados de paraguas o bolas de nieve.
Pudimos comprobarlo el viernes tarde, cuando una legión de periodistas con equipos móviles de televisión siguieron el recorrido de los españoles repatriados de Wuhan desde la base de Torrejón hasta el hospital Gómez Ulla, en el barrio, mi barrio, de Carabanchel, como si de paparazzi en pos de Lady Di o del seguimiento del paseo triunfal de un campeón de Liga se tratase. No quiero imaginar, tengo que preguntárselo, que pensó mi padre de noventa y seis años, si el paso de tan escandalosa caravana, coches, motos y sirenas, le pillo mirando por la ventana como acostumbra. No sé que pensaría él, pero sí sé lo que pensé yo al ver el circo completo durante casi una hora en una ventana de la pantalla en la emisión de La Sexta. 
El espectáculo me pareció repulsivo y degradante. Casi tanto como los reportajes sobre mascarillas que han contribuido a terminar con las existencias o las continuas insinuaciones hacia nuestros vecinos chinos, a los que algunos ya comienzan a mirar con aprensión y desconfianza. Raro es el programa de "actualidad" que en el que un redactor, micrófono en mano, nos cuanta a la puerta de un restaurante chino cómo ha disminuido la clientela desde que se supo de la epidemia, Ante esta forma de periodismo fácil, barato e irresponsable, me pregunto si haríamos lo mismo con los Burger King, los McDonald’s o los Starbucks si la epidemia tuviese su origen en los Estados Unidos. Seguro que no, como tampoco dejaríamos la pasta o la pizza si la fiebre fuese napolitana.
Hay un cierto poso racista en las reacciones de la gente y un tratamiento responsable o interesado en los medios, porque de todos es sabido que China es, o al menos era, la potencia económica llamada a suceder a Estados Unidos en el liderazgo mundial y que todo lo que pueda frenarla será bien recibido por los medios de comunicación inspirados o pastoreados desde los Estados Unidos.
Cuando hace casi cuatro décadas se desató la epidemia del SIDA la alarma era lógica, porque poco o muy poco se sabía de ella, hasta el punto de que prosperó la idea de que no era más que una plaga con la que el cielo castigaba a los "desviados" y costó años liberar del estigma que había caído sobre ella a la comunidad gay.
Hoy no es justo ni inteligente, salvo que existan intereses ocultos, estigmatizar a la población china por una enfermedad que no es suya, sino que proviene de una región de su país, una región que, al menos aparentemente, está bajo control, una enfermedad de la que ya se sabe mucho más de lo que se sabía del SIDA en los primeros años de la epidemia.
Hace poco más de un siglo, una epidemia de gripe, la "gripe española" la llamaron, sin que en España estuviese su origen, acabó con casi cien millones de personas, más que la Gran Guerra, en tiempos en que la gente, los jóvenes en especial, vivían hacinados en cuarteles y transportes militares, causando la mayor mortandad precisamente entre los jóvenes. Hoy, en que los viajes de miles de kilómetros se hacen en apenas una jornada, si no en horas, es imposible detectar una infección latente que, cuando da síntomas, ya ha saltado de país. Eso es lo preocupante. Por eso, sobre todo si las autoridades han reaccionado con el sentido común que lo ha hecho el gobierno español, lo mejor es seguir sus consejos y olvidarnos de lo que es poco más que un circo mediático del que nadie guardará memoria cuando a las televisiones deje de interesarles la "gripe china".