jueves, 9 de junio de 2016

DERECHA, IZQUIERDA O QUÉ


Sería bueno, antes de que esta noche arranque la campaña electoral, tener muy claro y muy presente qué es este país y qué son, qué pretenden ser o qué pretenden hacernos creer que son sus políticos. Por comenzar por lo importante, tenemos que tener claro que la gente de este país esta y ha estado dividida siempre y casi al cincuenta por ciento entre izquierdas y derechas, prudentes y atrevidos, creyentes y no creyentes o egoístas y solidarios. Lo único que desplaza esa raya que nos divide por mitades, no todas coincidentes, es lo que tiene que ver con la seguridad económica, el bienestar y la riqueza.
Es en esto último donde más claramente se marcan las diferencias, donde vemos que nuestra sociedad es una pirámide en la que, nunca mejor dicho, una minoría descansa sobre el resto o, mejor dicho, las ventajas de esa minoría descansan sobre el sufrimiento de la mayoría a la que oprime. Y esa "raya" de la que os hablo, que ha existido siempre, esa cuchilla que corta la pirámide de lado a lado, separando cada bloque, se ha desplazado ostensiblemente e los últimos años, llevándose el cemento con que se construyen las escuelas y los hospitales que necesitan "los de abajo" para levantar los áticos de los de arriba.
Lo que quiero decir es que, si a la hora de votar es importante sentirse de izquierdas o de derechas, creyente o ateo, valiente o miedoso, más importante es saber en qué nivel de la pirámide estamos y por qué. No pude ser, como hasta ahora, que, llevados por matices ideológicos o morales, acabemos siendo los tontos útiles que contribuyamos al acarreo del cemento de los de abajo hasta los de arriba. No puede ser que quienes tienen un trabajo precario o unos hijos que no lo encuentran, que quienes tienen que dejar la universidad o acabar sus carreras en el doble de tiempo que quien es de buena cuna, se queden en casa o, parece imposible, pero ocurre, acaba votando a quienes les recorta las becas, deja que se deterioren los colegios de todos y para todos. 
No puede ser que quienes pueden permitirse pagar lujosas clínicas se sirvan del voto de quienes padecen, además de sus enfermedades, las listas de espera y las carencias de una sanidad pública que quienes defienden los intereses de la ofensiva minoría tratan de echar abajo para convertirla en algo así como la vieja beneficencia del franquismo, para entrar a saco y con el cuchillo entre los dientes en el erial que quedaría con sus clínicas de pago y sus negocios paralelos.
Cuando dentro de dos semanas y dos días acudamos a las urnas para depositar nuestro voto debemos tener muy claro en qué lugar de la pirámide estamos y, casi tanto como eso, debemos repasar nuestra historia reciente, cerrando las orejas y los ojos a todo lo que puedan decirnos unos y otro en campaña. Debemos tener presente cuál ha sido el papel de cada partido en lo que nos ha pasado. No debemos olvidar, y siento decirlo, qué ha hecho el PSOE para defendernos de la ofensiva que el PP, defensor, con los votos de muchos ciudadanos, demasiados, de los intereses de unos pocos. Debemos recordar sus apelaciones a la seguridad jurídica y al "han vivido por encima de sus posibilidades" o, incluso, al fatalismo, para justificar los desahucios. Tenemos que tener presente que las primeras reformas laborales, las que iniciaron la carrera hacia la devaluación del empleo en España, las que instauraron y consintieron el modelo de becario precario, salieron de gobiernos y escaños socialistas. Debemos tener muy presente que lo único importante son los principios y que los dirigentes del PSOE hace ya mucho que arrumbaron los suyos en el trastero.
Las próximas elecciones probablemente se diriman por una cara bonita, una coleta o una canción más o menos, un candidato torpón haciéndose fotos con caza famosos o con bebé en los brazos o la labia de un señor que sólo suda en los debates, pero no debería ser así. Tampoco sería bueno que las urnas se llenasen con los votos de quien teme que los otros las llenen con los suyos. Sería bueno que lo del día 26 no sea una cuestión de izquierdas o derechas, de abortistas o anti abortistas o de jóvenes y viejos. Las próximas elecciones deberían ser un asunto de justicia e injusticia, de bienestar o pobreza. Las próximas elecciones deben volver a ser, aunque sólo sea por esta vez, una cuestión de principios y de conciencia.

miércoles, 8 de junio de 2016

DISFRACES


Que ahora vivimos en un continuo cambalache, en un vaivén en la política, en la economía y en la moral como en el viejo tango de Discépolo, ya no hay quien lo niegue. Nadie, o, en todo caso, muy pocos, dice la verdad. Todos quieren aparecer ante nosotros como más apetecibles, más fiables de lo que en realidad no son o no lo son del todo. Es como un baile de disfraces en el que los participantes hubiesen tomado al asalto el armario y se hubiesen arrebatado unos a otros los ropajes. Tanto es así, que, sin darse cuenta, más de uno y más de dos se han vestido con la ropa "de calle" que se han quitado los otros. Movería a la risa, si no diese pena, escuchar a Pedro Sánchez, que pretende gobernar este país, reinventar la Historia, pretendiendo hacernos creer que fue su partido el que trajo la democracia a España, una falsedad tan burda que provoca el sonrojo en quienes vivimos aquellos días, antes y después de la muerte del dictador. Debería saber este jovencito de anuncio de desodorante que en aquel viaja hubo mucha gente remando y que no fue precisamente su partido el que acabó con más callos en las manos.
Convendría recordarle al jovencito que quienes ejercían la verdadera oposición al régimen, en la clandestinidad, con todos sus peligros, eran otros, a través de los sindicatos y el movimiento vecinal, y que, si el PSOE alcanzó la notoriedad que alcanzó, fue porque tuvo el apoyo moral y económico de gobiernos y partidos del exterior. Eran los tiempos en los que, qué cosas, llamar socialdemócrata a alguien era casi como mentarle a la madre. Y es que eran tiempos de palos en las costillas y carreras, tiempos de pantalones campana y ponchos, de barbas y melenas, tiempos de inocencia y, sobre todo, tiempos de decencia.
Hoy las cosas han cambiado, hoy nadie, o casi nadie, se dice con orgullo de izquierdas o de derechas, nadie, o casi nadie, exhibe satisfecho su pasado, sin haberlo llevado previamente al tinte para un buen lavado en seco y un planchado. Por eso, algunos apellidos que entonces se ocultaban hoy, después de un buen abrillantado, como ese de socialdemócrata, se exhiben con orgullo, incluso por quienes poco o nada tiene o tuvieron que ver con aquel, hoy pervertido, modelo de bienestar que tanta estabilidad y progreso trajo a Europa.
Ocurre otro tanto con el independentismo que, de verdadero sentimiento para muchos, ha pasado a ser un banderín de enganche, un disfraz para demasiados. Y, claro, eso tiene consecuencias, porque, antes o después se abren las costuras del disfraz, que es lo que está ocurriendo en Cataluña, donde un apoyo absolutamente artificial y, por qué no decirlo, un tanto mercenario de la CUP a Junts p'el Si, se resquebraja a la primera de cambio, porque los unos se sienten traicionados y los otros están pisando el freno de la independencia ante la contundencia del día a día.
Le pasa también a quien se viste de naranja para no aparecer tal y como lo vemos y, en cuanto se rasca un poco la pintura, aparece ese azul intenso de machismo y liberalismo económico del que tantos españoles llevan años escamados. Y es que todos, como en cualquier galanteo, queremos lucir el plumaje más llamativo y hermoso y, para ello, si hace falta, le quitamos las plumas al vecino para ponerlas en nuestra cola con el mayor descaro.
Pero al final, como ahora en Cataluña, llega la hora de la verdad y no hay pluma ni hay disfraz que aguante la cruda realidad. Por eso, lo que toca es hacer el esfuerzo de imaginar a cada partido a cada uno de los candidatos, sin el disfraz que desde ahora y hasta el domingo 26 van a lucir.


martes, 7 de junio de 2016

NO TE DEJES ENGATUSAR


Me temo que, a los genios del PP, los que diseñan sus campañas, les ha traicionado el subconsciente. lo digo porque, para su primer vídeo de campaña, con o sin "pre", han colocado a la protagonista en una tan absurda como enigmática situación: la de tener que escoger a sus no muy queridos gatos para que la defiendan de los perros que aún le gustan menos. Absurdo, porque no sé de ningún perro que se haya subido a un árbol para huir de un gato y sí se de muchos gatos que antes o después tienen que hacerlo. En cuanto a que los gatos de la buena señora sean exactamente ciento veintidós, exactamente los mismos que obtuvo el PP en las elecciones de diciembre, menos el gato sarnoso por Segovia que se marchó sin devolver el acta, es lo que no acabo de entender, porque nos muestran un congreso lleno de gatos que no nos gustan, exactamente los mismos que tuvo el PP menos Gómez de la Serna, para que nos defiendan de los perros y, a continuación nos dicen que no debemos hacer las cosas "en contra", sino "a favor". Pues bien, o soy un poco corto o se han hecho un lío con el mensaje.
En cualquier caso, parece que la intención del PP. es la de que empecemos a quererles y para ello se nos van a mostrar más cercanos, más simpáticos y amables, más generosos. Y yo desde aquí les digo que les va a costar, que no merece la pena que se gasten un céntimo en convencer a nadie de que son "buena gente", porque no lo son, porque sus ciento veintidós gatos, los anteriores y los que vengan se mearan en nuestros sofás, se afilarán las uñas en nuestra espalda y, cuando lo que es de todos vuelva a despertar su celo, se llevarán lo que puedan para maullar a la luna de Suiza como posesos.
Creo que no deben perder ni un segundo en convencernos de nada. El que alimenta sus gatos lo hace, y lo hace equivocadamente, para que les defiendan de todos esos perros que cada día que pasa son más y están más cerca. Lo que deben hacer y ya están haciendo es sacar este país a subasta. Lo que deben hacer es prometer nuevas rebajas de impuestos a costa de que el déficit crezca y que las duras exigencias de "Europa" corroan aún más nuestro Estado de bienestar. Lo que deben hacer es repartir el dinero recortado de las becas en bonos juveniles para el AVE ¿por qué no también para cervecita en las terrazas? Lo que deben hacer es prometer aún más ayudas para empresarios que ya contratan por una miseria y sin compromiso. Lo que deben hacer, y lo hacen, ex prometer la exención del IRPF a quienes encuentren su primer empleo, como si quienes trabajan por primera vez, salvo los hijos de los ministros y otros enchufados, ganasen tanto como para tener que pagarlo y bla, bla, bla...
Deberían ser fieles a su estilo y buscar esa veta de egoísmo que anida en todo corazón, haciendo creer a sus posibles votantes que son algo más que los tontos útiles que pagan su pienso, que son, que somos, como ellos, que podemos pasar del piso de siempre a la vivienda de lujo y, de allí, al ático en Marbella y las cuentas en Suiza y Panamá. Lo que tienen que hacer es llevarnos a su terreno, darnos esperanza de que, con un poco de esfuerzo y ningún escrúpulo, seremos como ellos. 
Lo que pasa es que no hay pan para tanto chorizo. Lo que pasa es que, para que algunos se forren y forren a sus amigos, hacen falta tontos útiles que pongan cada mañana el pienso a sus ciento veintidós gatos. Lo que pasa es que, afortunadamete, al menos eso espero, habrá mucho gato escaldado, no de los que se sientan en escaños, que ya no les quiera ni oír, afortunadamente, en este país mucha gente solidaria, más de la que ellos se piensan, afortunadamente, hay mucha gente que quiere cambiar las cosas. Afortunadamente hay mucha gente nada dispuesta a dejarse engatusar. 


lunes, 6 de junio de 2016

EL LLANTO Y EL RECHINAR DE DIENTES


Escribió San Mateo que llegará el día del juicio y vendrán de orienten y occidente y se sentarán a la mesa de Abraham, pero los hijos del Reino serán echados a las tinieblas exteriores y allí será el llanto y el rechinar de dientes. Una imagen más que apocalíptica que este fin de semana habrá atormentado, sin duda, a unos y otros en el partido socialista. Esa es la imagen que daba ayer del futuro del PSOE la encuesta publicada por varios diarios y que no debe ser muy distinta de las qe maneja el partido, a tenor del cambio de rumbo de Felipe González, que, sorprendentemente, abandonó el sueño-pesadilla de esa "gran coalición" que, junto a eso que llaman Europa, patrocina el IBEX 35, 
Escuchaba ayer y lamentablemente no recuerdo a quien hacer una inteligente distinción entre lo que hemos dado en llamar alternancia y ese turnarse en el poder en que ha devenido nuestra democracia. Quizá ahí esté la clave. Hay partidos que, en el gobierno o en la oposición, se han llegado a creer imprescindibles. Habían llegado a pensar que, ocurriera lo que ocurriera, estarían siempre ellos y, a gran distancia, todos los demás, pero, afortunadamente, parece que estaban, no equivocados, sino muy equivocados.
El "sorpasso", palabra que odio porque me recuerda a Aznar y Anguita tomando café, tan amigos, en el Congreso, parece, no ya un objetivo, sino una realidad inmediata y eso, claro, ha sembrado el terror en las filas socialistas, porque saben que "el comer y el rascar" todo es empezar y que una vez que se pierde pie en el borde de la pendiente, acabar en el fondo es sólo cuestión de tiempo.
Por eso han reaccionado, primero torpemente, desacreditando la encuesta y restando valor a los datos, y luego, más serenamente corrigiendo su discurso, incluyendo en él más ofertas sociales y tratando de salvar los muebles en Cataluña, aunque sin abandonar ese relato mentiroso de que el castigo que les estarían dando los ciudadanos tendría que ver con su intento de formar gobierno, cuando deberían tener claro que el castigo lo es a su negativa a formar un gobierno de progreso que tuvieron en la mano y que estaba a su alcance tan sólo con la aceptación de la abstención, tantas veces requerida y aceptada,  de los diputados nacionalistas.
Ese es, digan lo que digan, se empeñen en lo que se empeñen, el gran reproche que la mayoría social progresista que conforma este país la hace a Pedro Sánchez, haberse negado a dar un paso adelante, haberse plegado a los intereses y las amenazas de la troika, se llame hoy como se llame, y aceptar sin discusión las tesis ultranacionalistas de la derecha sin hacer prevalecer sobre ellas la democracia y el deseo incontestable de los catalanes, no ya a alcanzar la independencia, sino de ser consultados sobre ella.
Hoy, a veinte días del "día del juicio" que son las elecciones, el sudor frío corre por la espalda de la insólita dirección socialista, cuestionada en todas y cada una de sus decisiones por un sanedrín, el de sus barones, que, como el perro del hortelano, ni come ni deja comer, ni toma decisiones valientes ni las deja tomar, demasiado cómodo en las poltronas y atrapado en sus corbatas de seda, que hipoteca el futuro del partido, algo que, antes, apenas le daba importancia, porque daba por supuesto el voto resignado y fiel de quienes elegíamos el mal menor.
Ahora las cosas han cambiado. Ahora hay otro lugar al que llevar nuestro voto. Ahora, una vez que Pablo Iglesias ha abandonado su torre de marfil y ha decidido "juntar las meriendas, con la Izquierda Unida de Garzón, el voto útil, para quienes queremos cambiar este país está en otro lado, más a la izquierda, porque la izquierda, pese a lo que diga Sánchez, no termina en el PSOE, sino que empieza fuera de él. Si no lejos de sus militantes, sí lejos de sus dirigentes.
Sólo un milagro o una tragedia librarían a Sánchez y su partido de caer en esas tinieblas exteriores, las del llanto y el rechinar de dientes, las del resbaladero hacia  la insignificancia, y para evitarlas les quedan, exactamente, veinte días.

viernes, 3 de junio de 2016

GONZÁLEZ Y EL CAMINO DE DAMASCI


¡Pobre Felipe! A sus años, caerse del aballo y llegando casi a Damasco, Y lo peor de todo, tratando de engañarnos, porque cuando ayer renunció a su gran coalición, la gran coalición que ahora defiende en campo abierto Rajoy, no dice toda la verdad. Felipe, orondo y soberbio, nos miente cuando dice que no es el momento o que el invento ha fracasado en Austria y en Grecia. Miente porque eso ya había pasado cuando la propuso. Miente, porque no dice que lo que ahora pasa es que su partido, ese PSOE que abandonó cuando vinieron mañ dadas, está ahora en su peor momento y no pasaría, tras las elecciones, de ser poco más que una bisagra o, lo que es peor, el portero de librea que franquee el paso a Rajoy o quien diablos sea para que el PP vuelva a la Moncloa.
Es consciente, menos mal, de que presentarse a las elecciones defendiendo una opción antinatural y contraria a la que preferirían la mayoría de los votantes, un gobierno de Unidos Podemos con su partido, se volvería contra el magullado PSOE, porque a los electores s eles caería su papeleta de las manos y porque proponer un gobierno de coalición con quienes han arrasado este país a lo largo de estos cuatro años dejaría en casa a muchos de sus militantes, que no defenderían la propuesta si es que no rompen en mil pedazos el carné de su partido.
Ver ayer a este señor en el que hace unos años creía ciegamente, con ese fondo de columnas doradas, flanqueado por el cacique manirroto de Gran Vía 32 y el ambicioso ministro de Exteriores, renegar de su propuesta de hace sólo unos meses da que pensar. Debe tener datos, sesudas encuestas, porque, la calle que pisan los mortales, hace mucho que no la pisa, da un poco de grima, porque lo que dijo lleva a pensar que, desde su poltrona, desprecia nuestra inteligencia y, sobre todo, nuestra memoria.
Hace tiempo que aprendí eso de que, cuando se acercan unas elecciones, a nadie le gusta aparecer cerca de las urnas de la mano de socios contra natura. Les pasaba a Arzallus y Pujol, PNV y CiU, por entonces aún respetados, que en canto comenzaba la campaña arremetían feroces contra Madrid, fuesen Madrid González o Aznar y a las pocas horas de conocerse los resultados emprendían, sin el más mínimo rubor, el descarado galanteo con quien iba a ser Madrid por cuatro años.
Lo de González es sólo una estrategia, otro farol del fulero que sabe que la piel y el corazón del votante se endurecen con cada golpe, cada decepción, que reciben. Y sabe que cada uno de esos golpes abre los ojos a más gente. Quizá sepa también que, de un tiempo a esta parte, los jóvenes han dejado de pensar que la política es cosa de viejunos y han llevado sus modos y sus reglas al campo en el que se dirimen los asuntos de todos. Y es que les han dado tanto y tan duro. han llegado asentirse tan despreciados que han bajado a la arena, con su cerveza por delante, sin complejos, para mandar a donde merecen estar a quienes critican sus ganas de vivir y su libertad, mientras se atiborran de vinos caros, caviar y, ahora lo sabemos, de putas de confianza.
Felipe González no es tonto, nunca lo ha sido, pero es lo que en su tierra llaman "un flojo". No le gusta demasiado trabajar, dejó de gustarle ya en La Moncloa y ese defecto se le agudizó y cómo ya de "jarrón chino". Por eso, llega tarde a casi todo. Por eso, cuando habla, ya no sacude las columnas del templo, Por eso, pesa tan poco su opinión. Por eso, apenas aparece ya en los mítines. Por eso, es uno más de los artistas de esos circos mediáticos que montan las fundaciones y los clubes para hacernos creer que desvelan el futuro, mientras desgravan impuestos a manos llenas.
Se equivoca González si cree que al pretender hacernos creer que se ha caído del caballo, que él y su partido renuncian a su "gran coalición", porque fue él el primero en hablar de ella, y que, con ello, vamos a recobrar la fe perdida
No nos engaña y se engaña Felipe si piensa que sólo por eso vamos a volver a votar a ese partido que tan obscenamente se restregó con Ciudadanos, el partido de quien no ve tan mal la paz y el orden de las dictaduras. Se engaña si pretende obtener sus objetivos, los de quienes le pagan y coleccionan los jarrones chinos de su partido. Tenemos muy claro que formar una gran coalición como la que hasta ayer proponía es la única manera de conseguirlo. Soy, somos conscientes de que abstenerse para que gobierne un Rajoy, o quien sea, en minoría es su plan B y tenemos que vacunarnos contra él. Y la mejor manera de hacerlo es convencer a quienes se creen de izquierdas y votan al PSOE de que, al menos ahora, no son de fiar,
Puede ser que Felipe se haya caído del caballo camino de Damasco. Lo malo, para él, es que nosotros también.

jueves, 2 de junio de 2016

PASABAN POR ALLÍ


Cuentan de António Oliveira Salazar, fundador del Estado Novo y dictador durante treinta y seis años en nuestra vecina Portugal, que no se enriqueció desde el poder y que vivió discretamente como un ciudadano más en Lisboa, en cuyas calles no era difícil encontrarle. También se dice que este hombre religioso, sencillo y solitario, nunca acepto regalos que no fuesen libros o flores. Quizá eso sea la verdad, pero, en todo caso, esa es sólo una parte de la verdad, porque, durante los largos años en que ejerció el poder, Portugal conoció sus años más negros del pasado siglo, con centenares, miles, de muertes, encarcelamientos, y destierros, amén de una larga y dolorosa guerra colonial que acabó por provocar, cuatro años después de su muerte, ya el 25 de abril de 1974, el levantamiento militar que hoy conocemos como "Revolución de los claveles", con el desalojo del poder de su sucesor, Marcelo Caetano, con el que se puso fin a la dictadura salazarista.
Probablemente, si el golpe de los capitanes no hubiese acabado con ellos, si hubiese sido un juicio el que pusiese fin a los desmanes de aquel régimen, habría todo un coro de voces que destacaría eso, su discreción y la ausencia de avaricia en su comportamiento, un coro de voces que, quizá, destacase la ausencia de sangre en las manos del dictador, un coro de voces que quizá le recordase paseando sin escolta por las calles de O Chiado, rebuscando en las mesas y estanterías libros con los que mitigar su legendaria soledad.
Seguro que los habría, pero toda esa aparente bonhomía, ese desapego de lo material no conseguirán compensar nunca en la memoria de los portugueses toda la sangre, el dolor, la injusticia ni la miseria que acosó a Portugal durante sus años en el poder, porque, si no hizo, fue porque otros hacían por él y porque, si no vio, fue porque no quiso ver. Por eso la Historia da su nombre a los horribles años que vivió Portugal, incluso más allá de su muerte, discreta, como dicen que fue su vida, en 1970.
Esta mañana, en que escucho la catarata de voces que defienden la honradez y la honestidad de los ex presidentes de Andalucía y el PSOE, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, procesados y camino muy probablemente del banquillo por el asunto de los ERE en Andalucía, me acuerdo de la apacible figura del dictador portugués que , aparentemente, no hizo nada reprochable, pero bajo sus mandatos, sin embargo, Portugal se convirtió en una finca de la oligarquía y en una cárcel de la que salieron camino del exilio político o económico centenares de miles de ciudadanos portugueses.
No hay que buscar el mal para causarlo. Basta con consentirlo o con rodearse de quienes lo buscan o lo consienten. Por eso, al menos moralmente, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, como también sus consejeros, alguna responsabilidad han de tener en aquel desmadre de cuentas que durante diez años se sostuvo con las ayudas públicas de la Junta de Andalucía. Alguna responsabilidad o algún atisbo de responsabilidad, al menos moral, se habrán encontrado ellos mismos, cuando hace ya meses que dimitieron de sus escaños y cuando hace unos días se dieron de baja del partido que el propio Chaves ayudó a refundar.
Alguna responsabilidad hay, sin duda, y hace mal Felipe González en dar la cara por ellos con tanta energía, soberbia diría yo, porque, hoy, González no es ya, precisamente, un ejemplo de virtud y la encendida defensa de quien también defendió, ante el dictador de Sudán del Norte, la "honradez" del amigo que comparte con Juan Luis Cebrián, un generoso petrolero iraní interesado en operar en el territorio del tirano.
La mejor defensa de Chaves y Griñán será su presencia en el banquillo para aclarar todas las dudas existentes en torno a su gestión, Una presencia que, en cualquier caso, llegará tarde por su empeño en conservar a toda costa un aforamiento, cualquiera, que les pusiese fuera del alcance de la juez Alaya.
Hace mal González en defender incondicionalmente a sus amigos, como hace mal el PSOE en hacer otro tanto con sus ex militantes, porque haciéndolo adquiere una hipoteca que les va a perseguir y se va a hacer presente cada vez que pretendan exigir responsabilidad a personajes como Jordi Pujol, Esperanza Aguirre o Francisco Camps que, a partir de ahora, siempre podrán decir que como Chaves y Griñán, nada se llevaron o que simplemente pasaban por allí.

miércoles, 1 de junio de 2016

NO, SEÑORA, NO


Hace unos días, supongo que el día del Corpus Christi, uno de esos jueves que relucen más que el sol, mientras esperaba el siempre demorado autobús de la línea 35, se me acercó una señora con la hucha con la que pedía para Caritas. No sé si yo tenía cara de pocos amigos o si la buena señora calculó que iba a tener poco éxito conmigo, lo cierto es que, de la media docena de viajeros que esperábamos la llegada del  bus tardón, fui el último en ser abordado y lo fui, debo aclararlo, tímidamente además.
Y acertó de pleno, porque, cuando la señora, sobrepasados ya los sesenta puso delante de mí la hucha, en la que los demás ya habían dejado sus monedas, decliné la invitación con un sonoro, incluso algo altivo, "no, señora, no".
Mi actitud puede parecer gratuita, incluso cruel. Muchos pensaréis que la señora, al fin y al cabo, no hizo otra cosa que pedirme amablemente unas monedas. Y quizá tengáis razón, porque ella nada me había hecho. Y, efectivamente, ella nada me hizo, pero la iglesia, a la que representaba y en nombre de la que pedía, lleva todos los años de mi vida entrometiéndose en mis asuntos, tratando de interferir en mis derechos, en la educación de mis hijos, en la política, en la cultura y hasta en mis momentos más íntimos.
Aún recuerdo aquellas huchas de barro, con la cara de un "chinito", un "indiecitoo", un "negrito" y no sé si un "morito" o un comunista", con las que los niños  de los colegios "de curas" y las niñas de los "de monjas", niños y niñas separados con curas o con monjas, se echaban a las calles, solos o de dos en dos, con sus pegatinas, al asalto de los pobres viandantes que, llenos de entusiasmo unos y más que coaccionados otros, hurgaban en bolsillos y monederos, para ser recompensados, clasismo aquí también, con una etiqueta dorada o plateada, según el importe de la limosna.
Las huchas, como cabezas de niños por convertir, a las que la fe les entraba en forma de monedas por la ranura, las he visto a la venta en alguna almoneda del Rastro. También alineadas como trofeos en un mueble, en casa de un amigo de pensamiento recto, buena familia y mejor posición, alumno, como no, del colegio del Pilar. Un recuerdo de quienes se creían misioneros por un día, viviendo su propia aventura por las calles de Madrid.
Ahora, al no ser festivo ese jueves reluciente y no sólo  por eso, la legión de niños pedigüeños, tiene que ser suplida por estas otras señoras de parroquia que dejan la comida preparada para el marido y los hijos, quién sabe si los nietos, para ganarse el cielo por las calles de su barrio, corriendo el riesgo de toparse con personas tan secas y desagradables como yo. Pobres, no se dan cuenta, o sí, de que, en realidad, para quien piden es para personajes como el odioso arzobispo de Valencia, el cardenal Cañizares que apenas asoma de entre sus ropajes y ornamentos, pero que, cuando lo hace es para destilar ese odio enfermizo, ese pánico que él y la iglesia a la que representa siente por cualquier atisbo de justicia, libertad o, incluso, de felicidad.
No me dio tiempo a explicárselo, pero, si me hubiese dejado, le explicaría a esa señora que apenas quedan ya misiones y que, si las hay, tienen más que ver con las ONG que con la propia iglesia y que lo que menos importa de los hombres y mujeres que hoy se van a África es el hábito, porque, bien lo saben, los que van, lo importante no es luchar por la "fe·", sino hacerlos por la justicia, el desarrollo y contra la enfermedad.
Le hubiese explicado que creo en Cáritas, pero que prefiero que se financie a través de los impuestos que "religiosamente" pago todos Le hubiese explicado que no me gustaría que mi dinero acabase al lado del que sostiene a un personaje tan despreciable, sí, despreciable como el cardenal Cañizares, un tipo de mente enfermiza, que se permite invitar a sus "fieles" a desobedecer las leyes de un estado democrático, porque ni las entiende, ni las entenderá, mientras pone "el cazo" para que ese mismo estado que desprecia le pague rezos, lujos y oropeles.
Tampoco quiero que mi dinero acabe junto al que sostiene organizaciones como una presunta asociación de abogados cristianos que se esfuerza en buscar los traspiés legales a quienes sólo pretenden ayudar a que las mujeres decidan su maternidad, para que el ministro del Unterior, el que condecora imágenes de escayola, las deslegalice, mientras apoyan con entusiasmo a las de signo contrario.
No quiero, señora, que mi dinero quede al alcance de quienes financian autobuses para  llenar las plazas de gente que no quiere que los demás sean libres y felices. No, señora, no