jueves, 14 de enero de 2016

SONRISAS Y LÁGRIMAS


Quizá sólo sea un resabio de quien toda su vida se ha dedicado a esto, pero a veces me cuesta poner toda mi fe en lo que se pone ante mis ojos y, debo reconocerlo, de lo que me llegó ayer de la sesión de constitución del Congreso, hay demasiadas escenas que, más que reales, parecían deformadas por algún filtro de Instagram, exageradas en su contraste, llamativas, pero lejos de la realidad que, se supone, quieren representar.
Lo de ayer, y lo aclaro ya, me refiero a la puesta de escena de Podemos, fue como un happening, algo parecido a esa última noche en la mansión de los ricachones, con que los amigos premiasen al hippy que va de soldado a Vietnam y que tan magistralmente describió Milos Forman en la versión para el cine de la comedia musical de "Hair".
No era sólo espontaneidad. No se trataba sólo de la sorpresa ante un nuevo escenario. Se trataba de algo más. Parecía como si los diputados de Podemos se hubiesen conjurado para aprovechar todos y cada uno de los salientes que les brindaba el anquilosado reglamento de la cámara y del sistema, para apoyarse e tomar impulso en ellos hasta alcanzar la cima perseguida de convertirse en protagonistas de la fiesta.
Y doy fe de que lo consiguieron, porque de un modo u otro, incluso en este blog desde el que estoy hablando de ellos, se han llevado los focos y las cámaras, a veces. como Pablo Iglesias, hasta la puerta del mismísimo cuarto de baño. Lo consiguieron, porque el pleno de constitución no fuera el de Patxi López, un socialista de raza, que no de casta, que pronunció un discurso no sólo adecuado, sino necesario, que, desgraciadamente quedó en un segundo plano, perdido entre el ruido de tanto gesto.
También nos privó todo ese ruido del infinito placer de ver a un Mariano Rajoy descolocado, fuera de la que ha sido hasta ahora su posición privilegiada. Nos privó de ver enmarcado en siniestro negro o en rojo de vergüenza el momento en el que el diputado Gómez de la Serna, elegido en la lista del PP por Segovia, investigado sin futuro por la Audiencia Nacional, que no ha podido practicar registros en sus viviendas y tendrá que enviar el caso al Supremo, porque el PP bendijo a Gómez de la Serna con la extensión de su fuero hasta ayer, al incorporarle a la Diputación Permanente del Congreso.
Hay que reconocer que los diputados de Podemos o quien quiera que diseñase la coreografía de ese primer día lo hicieron bien. La procesión de bicicletas acompañando al ecologista López de Uralde montado en la suya, la batucada que acompañó a los diputados de Compromis, los anoraks de Iglesias y sus compañeros, colocados en los carísimos sillones de sus señorías, como banderas ondeando en territorio conquistado, pese a la presencia de cómodos percheros en los accesos al hemiciclo, el bebé de Carolina Bescansa, pasando de los brazos de un compañero de su mamá a los de otro, convertido  supongo que a su pesar, en protagonista de un pleno en el que estuvo durante cinco horas.
A Podemos no le bastó con el vistoso desfile multicolor de sus diputados, una bocanada de aire fresco en un lugar que hace años que no se ventilaba. Tuvo que subrayar lo evidente, lo obvio, y, a veces, subrayar lo obvio es desvirtuar la realidad. Demasiado ruido, entendido como interferencia, en lo que realmente debería interesarnos, porque, hasta su propia proposición de ley contra el desahucio y a favor de proporcionar un techo a quienes se encuentren en situación de emergencia social, haya quedado apagada por tanto gesto y tanto espectáculo.
Hubo, como en ese encuentro a la salida del Pleno, entre Podemos y sus bases, sonrisas y lágrimas a la luz de los focos, sonrisas y lágrimas que también vinieron a mí, al contemplar un espectáculo que, siento decirlo, me pareció desmedido e innecesario.

miércoles, 13 de enero de 2016

UNA DE CATORCE


Soy de esos que cree que una quiniela o una "primitiva" me pueden cambiar la vida. Creo que por eso juego sin falta cada semana, porque, aunque soy consciente de que, guardando en una hucha todo lo jugado a lo largo de estos años, tendría para darme un capricho, un capricho importante, conservo la esperanza de jugar la combinación única y difícil que me dé, no para un capricho, sino para una vida de caprichos. que, ojo, no tienen por qué ser egoístas ni insolidarios.
Por desgracia, la única vez que acerté los catorce resultados de una quiniela, el resultado fue tan lógico que fueron muchos, demasiados, los que, como yo, dieron con los catorce, con lo que el sueño duró poco, apenas hasta que se hizo público el escrutinio y comprobé que la diosa fortuna apenas me había sonreído unas horas y lo justo para darme el capricho de comprarme un equipo de alta fidelidad y no precisamente de los caros.
Con el tiempo y tras unos días de frustración feliz, comprendí que aquel premio que llegué a imaginar fabuloso y exclusivo para mí había hecho felices, aunque sólo fuese un poco felices, a muchos otros, a todos los que, como yo dieron con la clave afortunada. También que, si a mí me sirvió para darme aquel capricho, a otros les solucionaron verdaderas necesidades, de esas de las que sólo tomamos conciencia cuando están en nuestra casa.
Dicho esto, os preguntaréis qué hago yo contándoos todo esto ahora, con la que está cayendo aquí al lado, en la Carrera de San Jerónimo o en el Parque de la Ciudadela, en el Congreso o el Parlament de Catalunya. La respuesta no es otra que subrayar que, en política, como en los juegos de azar. a veces, acertar los catorce o tener el boleto ganador no supone hacerse con todo el botín del premio, porque, a veces, la suerte se empeña en repartir el premio.
Lo acabamos de ver en Catalunya, en donde los ganadores se han visto obligados, con gran disgusto y sin disimularlo, a compartir el premio con "los palestinos" de la CUP, sin que, de momento, está claro cuánto han cedido a la "ultra izquierda" en aras del proceso hacia la independencia ni cuál va a ser la firmeza de esos diez diputados para exigirles esos programas sociales tan disonantes con la que, hasta ahora, ha sido la trayectoria de la CDC de Mas, que comparte con Esquerra y algunos independientes la formación ganadora de las elecciones.
Más repartido está el premio en lo que los nacionalistas llaman "Madrid", donde izquierda y derecha han obtenido resultados parejos. Tanto, que, hoy por hoy, parece imposible un acuerdo que permita unir las fuerzas de unos y otros para hacerse con el premio de una mayoría absoluta. Tan repartido y entre gente tan dispar - por eso fueron a las urnas por separado- que nunca el acuerdo ha estado tan lejos de hacerse realidad.
De momento, el PSOE y Ciudadanos, poniendo en común su saldo de escaños, frente al cabreo de Podemos y la aquiescencia forzosa -y recompensada- del PP, el PSOE ha conseguido colocar a Patxi López, el hijo del sindicalista Lalo, al frente del Congreso, en tanto que los de Pablo Iglesias, se ha quedado sin pareja en la fiesta y sin los cuatro grupos parlamentarios que se prometían. Mal asunto éste de que la composición del baile haya propiciado parejas tan diversas y mal augurio para lo que ha de venir, una legislatura tan difícil que, de momento, pinta como breve.
En fin, lo que ha ocurrido -y en absoluto es malo- es que los premios han sido muy repartidos y eso, que hará infelices a muchos, permitirá a otros poner uno a uno los peldaños para lograr sus sueños.


martes, 12 de enero de 2016

LA CABEZA DE MAS


De que la cabeza de Mas "el israelita" vale más que las de diez palestinos nos enteramos ayer por boca de Anna Gabriel, la diputada de las CUP, tan discreta ella que, aun admitiendo el pecado de uno de los negociadores de Junts pel Sí, no fue capaz de poner nombre y cara al pecador. Curiosa actitud la de la portavoz en esta ocasión de las CUP, una organización que dice haber llegado para subvertir las estructuras del poder, romper las reglas con sus métodos y que, sin embargo, respeta el silencio cobarde de quien, una vez conocida tan despreciable comparación, no ha sido capaz de asumir su autoría. Viejos tics, viejas formas, en quien nos ha querido hacer creer que traía una bocanada de aire fresco a la política catalana. Curiosa actitud la de una organización que se dice de izquierdas y permanece sentada en la mesa de negociación después de escuchar tan deleznable frase. 
No es de recibo haber dejado pasar lo que se dijo en las negociaciones, haberlo escondido, como no es de recibo haber accedido a la imposición de Junts pel Sí, que se negó a que las reuniones fuesen grabadas para dejar constancia de lo que en ellas se dijo. Ahora, denuncien o no la salvajada dicha por el interlocutor de la coalición independentista, va a ser imposible precisar los términos y, de paso, el contexto, porque sería bueno conocer si el ambiente de la negociación era similar al que rige en el conflicto entre israelíes o palestinos. También sería bueno saber si Mas y quienes defendieron sus intereses se identifican con el agresivo estado israelí, opresor de la población palestina, dispuesto siempre a expandir sus asentamientos y su poder a costa del bienestar de los palestinos.
Sería bueno, también, saber si, cuando el negociador, usaba el término palestino, lo asimilaba a rojo, charnego o esa otra palabra, invasor, usada por el hoy presidente, el tapado designado por Mas, en un acto de la Asamblea Nacional de Cataluña y por la que ha tenido que dar demasiadas explicaciones como para haber sido acertada.
Pero volvamos a la cabeza de Mas que, es cierto, debe ser muy valiosa. Tanto como para después de haber dinamitado el estado de bienestar de los catalanes, después de haber llevado la desigualdad de los catalanes hasta límites inimaginables, después de haber saqueado las arcas de la Generalitat y alguno de los ayuntamientos que gobernaba su partido, después de todo eso, encontró, en la bandera estelada y en un soberanismo del que nunca había participado, la salida a su inevitable caída. 
Mucho debe valer esa cabeza, muchos secretos debe guardar y muchas llaves debe esconder, llaves que abren otras tantas cloacas, para que sus defensores hayan tardado tanto en forzarle a tirar la toalla, estando como estaba tan claro que se había convertido en una purga intragable para las CUP.
Mucho debe valer esa cabeza como para atreverse a admitir que ha conseguido para su coalición lo que no le habían dado las urnas, mucho como para haber colocado en su despacho, al frente de la Generalitat, a su propio "Mini yo", dispuesto a ejecutar sin inmutarse el plan trazado por Mas, con la aquiescencia de quienes se avinieron a perder sus diez cabezas con tal de mandar la de Mas a "la papelera de la Historia".

lunes, 11 de enero de 2016

PÁNICO A LAS URNAS


Desde que la CUP se avino a negociar con Junts pel sí la investidura de Mas, porque durante todo el proceso, no lo olvidemos, Mas ha sido el candidato, me he preguntado que podían tener en común las CUP (Candidaturas de Unidad Popular), constituidas desde las bases, transformadoras y enfrentadas siempre al poder establecido, con el partido que encarna a la burguesía catalana, el mismo partido autoritario que ordenó el desalojo salvaje de la Plaza de Cataluña  en el 15-M, envuelto en hediondos casos de corrupción,  responsable de las primera y más graves privatización de la Sanidad en España y responsable, asimismo, de los primeros y más graves recortes del estado de bienestar en este país del que una minoría mayoritaria de sus ciudadanos quiere o cree que quiere separarse.
Me lo preguntaba y desde la noche del sábado creo tener la respuesta y no es otra que la de que lo único que tienen en común unos y otros es el pánico a las urnas, el miedo a que los ciudadanos vuelvan  a enfrentarse en solitario y "armados" de una única papeleta a la grave decisión de elegir quiénes y para qué formen el parlamento que apruebe las leyes y controle al gobierno que salga de él para los cuatro años que vienen, unas elecciones en las que, como en los juego de naipes tras los descartes, estaría mucho más claro quién es quien y sus verdaderas intenciones, unas elecciones a las que Mas acudiría como un náufrago desesperado a punto de ahogarse en corrupción y las CUP como una hidra de mil cabezas, contradictorias, incoherentes e inconstantes no sólo como organización, sino, en más de una ocasión individualmente.
Qué puede esperarse de una organización que hizo suya la voz de Antonio Baños, que tras semanas de "torear" a Mas con su "NO tranquilo" y al ver que las bases de la misma optaban por un NO claro, anunció su abandono del escaño, cansado de defender aquello en lo que no creía, para, ayer, volver a sentarse en el mismo para dar su SÍ a Carles Puigdemont, tan heredero del Mas al que decían repudiar como el mismo Mas lo ha sido del corrupto Pujol. Inconstancia e incoherencia por parte de quien tenía claro que, de haber unas nuevas elecciones, por las propias normas internas de las CUP no podría volver a ser candidato, perdiendo toda la proyección pública que jamás pensó alcanzar.
Ha sido tan bochornoso el espectáculo dado por unos y otros, la subasta que del gobierno y el bienestar de los catalanes que han hecho unos y otros que, en las encuestas, sólo se salve ERC, más coherente y discreta que Convergencia y las CUP que, dicen, unos y otros se estaban hundiendo en los sondeos. Quizá por eso este acuerdo de última hora, sin luz ni taquígrafos, de espaldas a unas bases cansadas, en el que el presidente investido no es un independiente ni siquiera un republicano, como las CUP parecían dispuestas a aceptar, sino el señalado por el dedo del repudiado Artur Mas.
A ver cuánto dura la componenda, porque la condición que dice haber impuesto tan pintoresca organización de izquierdas equivaldría a poner a la zorra, CDC, a cuidar de las gallinas a las que durante tantos años ha venido esquilmando. Soy tan incapaz de creer que el heredero de Mas vaya a ejecutar un programa social de emergencia, como de que el PSOE de libertad, pero libertad total y sincera, a Pedro Sánchez para que explore las posibilidades de un pacto progresista que le lleve a La Moncloa.
Acabaremos, si no al tiempo, con un gobierno de componendas, de gran coalición, como hoy pide Cebrián, el gran liquidador, mediante el que nuestro país, que aún sigue siendo y por mucho tiempo el de los catalanes, evite esas elecciones a las que tantos que andan diciéndose demócratas, parecen temer tanto.




viernes, 8 de enero de 2016

TENDRÁN QUE EXPLICARLO



Traigo esta foto a la entrada porque es muy explícita. Es, nada menos, que una "foto de unidad", una de esas fotos de esas que se hacen los dirigentes de los partidos, preferentemente en patios o azoteas, para dejar claro -en realidad, para hacernos creer- que están unidos, una foto más o menos reciente, el vientre de Susana Díaz lo deja claro, que, sin embargo, hoy queda muy lejana.
Creo que fija el momento en el que los barones del PSOE "cerraron filas" en torno a Pedro Sánchez, el momento en que Susana Díaz, o quien le aconseje, llegó a la conclusión de que aún era pronto para asaltar Ferraz y, luego, La Moncloa, una foto en la que no hay navajas a la vista, pero se huele el acero que esconden. Ese es, desde que Felipe González decidió no perder las elecciones y que iba a ser muy cansado volver a la oposición, el destino del PSOE, un triste destino que pagamos todos los que entonces le votamos.
Lo que le ha ocurrido y le ocurre al PSOE es consecuencia, es el efecto secundario, de un liderazgo tan fuerte como el de González, un liderazgo que tejió un aparato fuerte y a la defensiva, a imagen y semejanza de Alfonso Guerra, en el que cualquier intento de destacar, cualquier movimiento por parte de alguno de los barones, conllevaba la decapitación inmediata, "el que se mueve, dijo, no sale en la foto, lo que llevó a la grisura absoluta del partido, a una falta de liderazgo que ha desembocado en dos figuras, Pedro Sánchez y Susana Díaz, incapaces de liderar un partido unido.
No sé qué encuesta, interna o externa, ha llegado a oídos de los barones socialistas encabezados por Susana Díaz, pero, de existir, ha tenido efectos sosegantes en las filas del que, por el momento, sigue siendo el mayor partido. Eso, o es que los barones socialistas se han encerrado en casas y despachos, en modo "mute", para practicar con los juegos de rol que, sin duda, les han traído los reyes.
Evidentemente, Pedro Sánchez, que está probando en sus carnes exactamente la misma medicina que aplico en Madrid a Tomás Gómez y los suyos, no es el "primus inter pares" que necesita su partido. No lo es él y, como diría González, ese líder indiscutible aún está estudiando el COU o lo que sea que se estudie ahora en su lugar. Pero, si quiere llegar, debe darse prisa, porque, al paso que va el PSOE, puede ser que, cuando llegue, no quede ya partido que dirigir.
Pedro Sánchez ja sido un candidato "fabricado" para los carteles, perfectamente consciente de sus limitaciones y empeñado en segar cualquier cosa que crezca a su lado, si tiene la menor sospecha de que pueda hacerle sombra. Lo curioso es que, siendo ese el candidato elegido por el PSOE, sus militantes parezcan empeñados ya, en deshacerse de él, sin darle siquiera la oportunidad de cumplir con la obligación de intentar formar un gobierno alternativo al tan derrotado como él Mariano Rajoy.
Ahora parece que, al menos momentáneamente, la calma ha llegado a las filas del PSOE, Sánchez ha acudido en peregrinación a Portugal, no a Fátima, no sería suficientemente laico, sino a Lisboa, quién pudiera, donde se ha visto con Antonio Costa que, desde su mismo punto de partida, ha conseguido dar a los portugueses un gobierno progresista que, si no responde a los deseos de la banca, Bruselas y so troika, sí refleja con más verosimilitud los deseos de los votantes portugueses. 
El viaje de Sánchez, hay que reconocérselo, ha sido todo un acierto, porque ha dicho a unos y otros que, también en España, es posible formar un gobierno progresista con el que satisfacer a quienes votamos a la izquierda, incluidos los que votaron al PSOE, que no soportarían que el partido de la calle Ferraz franquease el paso al PP en su regreso a La Moncloa.
Sin embargo, ya hay quien desde el propio PSOE se empeña en decir que en Portugal no existe "el problema soberanista" y vuelve a empuñar las malditas líneas rojas contra su secretario general. El PSOE tiene que intentar formar ese gobierno y, si no lo consigue, especialmente si no lo consigue por el acoso de sus barones tendrá que explicárselo a los españoles, a los que habrían dejado con la miel del cambio imprescindible demasiado cerca de los labios, como para no poder probarlo.

jueves, 7 de enero de 2016

MORRALLA


Después de muchos años de profesión y de haber tratado con muchos de ellos, he llegado a la terrible conclusión de que el mayor defecto, el mayor pecado, de los políticos, al menos en España, no es, en contra de lo que podamos pensar, no es el de la codicia, ni siquiera el de la mentira, porque el mayor de sus pecados es, no me cabe duda, el de la soberbia.
Y no es pequeño ese pecado, sobre todo entre quienes tienen por vocación, al menos en teoría o al menos eso dicen,  la consecución del bien común y el buen gobierno de lo público. Bien es verdad que demasiadas veces el bien común "se les importa una higa" y que el buen gobierno que de ellos se espera se queda en uno nefasto, en el que lo único importante parece ser llenar a rebosar los bolillos propios, los de los amigos y los de gente a la que desprecian, pero a la que necesitan para trampear en la financiación de sus campañas para las elecciones, ese examen que han de pasar cada cuatro años, para seguir contando con el favor de los ciudadanos, no durante otros cuatro años, sino ese día crucial en que estos introduzcan un papel, con su nombre o cualquier otro, en una urna.
No es un pecado pequeño, porque la soberbia es esa ceguera con que los dioses castigan a quienes se empeñan en ser como ellos. Una ceguera que les impide, no sé si ver, pero sí reconocer sus defectos y limitaciones y que, cuando pierden el favor de los votantes, les lleva a pensar que son estos y no ellos mismos los equivocados. Un pecado, la soberbia, que les lleva a cortar cualquier con la realidad y a alejar de su lado a quienes acercan a sus oídos el incómodo mensaje de la verdad. Sólo así puede entenderse la deriva del, todavía presidente en funciones del gobierno de Cataluña.
Hemos de tener absolutamente claro que Artur Mas necesita tanto como respirar alcanzar de nuevo la presidencia de la Generalitat. Y dice que lo suyo es el afán de culminar "el proceso", el afán de que sea su nombre y no otro el que figure como el del primer presidente de una todavía lejana república catalana independiente. Pero, ante la insistencia del president, yo soy más dado a pensar que las cosas son tan simples como parecen t que Mas no es más que un tipo tan hábil y ambicioso como tramposo, al frente de un partido tan tramposo como el mismo, enterrado en el cieno de la corrupción después de décadas de un gobierno despótico que contó con la aquiescencia de una prensa servil y la soberbia, otra vez la soberbia, de una ciudadanía que prefirió siempre atender a los elogios interesados de lo que, ahora y con indisimulada hostilidad, llaman Madrid y las apelaciones al "seny", antes de mirar lo que estaba pasando a su alrededor.
Mas se sabe en la senda, si no de la prisión, sí del banquillo, porque nadie con dos dedos de frente puede pensar que alguien permanezca virgen e impoluto después de décadas en la cima de un partido y un gobierno que se han demostrado corruptos y que, en menos de tres semanas, tendrá que empezar a rendir cuentas en la Audiencia Nacional, en la figura del hasta hace bien poco muy honorable e intocable Jordi Pujol.
Pujol, el mismo ensoberbecido antecesor de Mas al frente del partido y, con un breve interludio a cargo del socialista Montilla, de la Generalitat. El mismo personaje malencarado y faltón que se permitía callar las bocas de periodistas díscolos o poco avisados, jefe o sólo jefe consorte de un clan familiar que, para sí o como intermediario del partido -una vez que se mete la mano en la caja resulta difícil parar- saqueó las arcas de ayuntamientos y consejerías, a base de "mordidas" a todo aquel que pretendía trabajar con la Generalitat o con los ayuntamientos gobernados por el partido. Un tipo más que vulgar, cuya imagen encaja más con lo que ahora sabemos de él que con su anterior honorabilidad.
A Pujol le perdió la soberbia, esa soberbia que le impidió poner límite al saqueo y tomar conciencia de que tanto descaro en el saqueo iba a tener consecuencias y no podía durar. Pues bien, a Mas, fiel mano derecha en su desgobernado gobierno también le ha perdido la soberbia, ese creerse la quimera de la independencia para ya, una independencia que necesitaba para sobrevivir y por la que, una vez conocido su fracaso electoral, estuvo dispuesto a darlo todo, lo que tenía y lo que no.
Demasiada necesidad y demasiada soberbia. Tanta como para no ver que, pese a lo que llegó a creer, no era más que el tonto útil, el instrumento capaz de acometer y firmar cuando fue preciso cada uno de los pasos marcados en la famosa "hoja de ruta", la misma soberbia que el impidió ver que, al final, las bases de un partido "revolucionario", con el que, ahora, dice que no iría ni a la esquina, le negaría los votos necesarios para su coartada.
Más, como todos los soberbios, cuando se ha visto con la partida perdida, ha perdido las formas y parece empeñado en parecerse a su mentor Pujol, volviéndose faltón y sin cintura, sin ser consciente, otra vez la soberbia, de que, sin la púrpura del poder, poco o nada le queda de vida política.
En su delirio soberbio, Mas ha llegado a comparar la negociación, en la que tanto y durante tanto tiempo se ha dejado humillar, con una subasta de pescado. Sin darse cuenta de que lo suyo no era más que morralla y la morralla, pescado deteriorado y de poco valor, y, ya se sabe, la morralla difícilmente se vende.

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lunes, 4 de enero de 2016

EL RIDÍCULO ES DE MAS


Al final y, aunque a punto estuvo de naufragar, la democracia ha triunfado en Cataluña. Y no es, como dirán algunos, un triunfo del radicalismo, ni una victoria de las fuerzas sensatas sobre las alocadas bases de las CUP, a las que han sabido combatir con su firmeza en la defensa de la candidatura del equilibrista president en funciones de la Generalitat.
A punto han estado de conseguirlo, porque estoy seguro de que todo lo que Junts p'el sí ha cedido a las claras para conseguir los votos de los diputados de tan alocada candidatura se queda en nada ante las ofertas y los halagos que, sin duda y en secreto, habrán recibido algunos de sus dirigentes, a cambio de permitir que el más nefasto e inoperante de los presidentes que ha tenido Cataluña en la reciente democracia siguiese en su puesto como si nada hubiera pasado.
Lo cierto es que las CUP, un contradiós en el que se mezclan nacionalismo e izquierda radical y asamblearia, se ha dejado muchos pelos en la gatera, demasiados, porque las diferencias entre sus líderes han quedado en evidencia que difícilmente la coalición, o lo que sea, podrá mantenerse como hasta ahora. No hay más que reparar en el paso atrás dado por Antonio Baños a la hora de anunciar que todo el tiempo empleado en tratar de torcer el programa con que las CUP se presentaron a las elecciones no ha servido para nada.
Al final ha podido más la necesidad de ajustar cuentas con quien, envuelto en una bandera que nunca había sido la suya, trataba y trata de salvar el pellejo y el cargo, después de cuatro años de recortes, apenas ningún avance social y tres convocatorias electorales. Al final el castillo de naipes orquestado por el president y sus socios ha saltado por los aires en cuanto ha tenido que enfrentarse a unas bases, las de las CUP, dispuestas a practicar la democracia y a exigir a sus dirigentes que la respeten.
Artur Mas ha encontrado la horma de su zapato, se ha enredado en una maquinaria tan compleja, la de las CUP, compleja y parsimoniosa, como la suya, para acabar estrellándose frente a una realidad, la del rechazo a su persona por parte de quienes nunca han tenido ni han querido tener nada que ver con él. 
Admito que estoy entre los que llegaron a creer que modificar la voluntad de las CUP era posible. Y es que la presión fue mucha, como fue mucha la miel puesta en los labios de quienes llegaron a creer que una república catalana era posible ya. Admito que era difícil creer en la honestidad de la mayoría, cuando la tentación vive arriba, enredando en la voluntad de los dirigentes. Lo admito y reconozco con alivio que, en esta sociedad en la que partidos y coaliciones tienen su flanco más débil en sus cúpulas endiosadas y corruptibles, comprobar la tenacidad de algunos, insobornables ante halagos y transacciones, que han sido capaces de echarse a la espalda la frustración de quienes querían la independencia para ya y el rechazo de todos esos burgueses que durante tantos años han parasitado el poder en Cataluña, para defender una condición irrenunciable, que a punto estivo de dejar de serlo.
Pero la estructura de la CUP ha resultado tan premiosa como resistente a la hora de respetar y hacer respetar sus principios y, ahora, el que ha quedado en evidencia, el que ha hecho el ridículo, es Mas, que se ve solo y al final de su carrera, con la única esperanza de que, en unas nuevas elecciones, los catalanes le den el apoyo que le negaron en septiembre.