jueves, 12 de noviembre de 2015

DE LA MÍSTICA AL CHALANEO


Se me hace duro enfrentarse cada día a una página en blanco con compromiso personal, el de exponer mi opinión sobre aquellos asuntos que considero importantes, por no decir los más importantes. Se me hace duro, porque desde hace días, semanas, el único asunto es el que todo sabemos y, después de darle vueltas a las cusas de lo que está pasando o está a punto de pasar en Cataluña. Desde hace  no hago otra cosa que tratar de entender por qué hemos llegado hasta este punto y de entender, también, las consecuencias de haber llegado a él.
Artur Mas que, no lo olvidemos, es y ha sido el líder del partido de la burguesía catalana, el partido de los empresarios no "españolistas", tampoco el de las multinacionales, creo, aunque no soy capaz de asegurarlo, el líder del partido de Pujol, el del caso Palau, el del tres por ciento, el de las mochilas camino de Andorra, cargadas de billetes de quinientos, el de los sobrecostes y los recortes, según quién pague y quien reciba. Ese ha sido hasta ahora el heredero, el hijo político, de Pujol, el que se reúne con Pujol antes y mientras registran su domicilio, como Fernández Díaz se reunió con Rato. Y, sin embargo, de repente, debió sufrir un traspiés en la subida a Montserrat, porque, como Saulo camino de Damasco, fue presa de una iluminación que le hizo ver que su papel en esta vida no estaba en la prisión de Quatre Caminis sino al frente del "procés" que llevará a Cataluña a la independencia o, quién sabe y como diría Mariano Rajoy, su gran coartada, a la independencia o no.
Sin embargo, ese tampoco era el final, porque el autoproclamado profeta del independentismo sabe, si las circunstancias lo requieren, salir del camino y bordear los obstáculos. Al menos eso cree él que, en apenas unos días ha dejado el camino de la mística, ha puesto los pies en la tierra polvorienta, se ha arremangado el pantalón y se dispone a cruzar las procelosas aguas de lo social, la ciénaga  en la que viven quienes no viven en Pedralbes, en la parte alta de Barcelona, de la mano de tan extraños compañeros de viaje como los anticapitalistas de la CUP.
Difícil camino éste en que, por su mala cabeza, ahora se ver el místico de las cuatro barras, porque poco o nada parece tener que ver con sus nuevos compañeros de viaje. Tan poco que comienza a parecer que de guía, de conductor del proceso, le queda poco y que más bien se ha convertido en una de las ratas del flautista de Hamelin, bailando al son que le tocan los gamberretes de la CUP, a los que les queda poco para pedirle que haga el pino puente, porque a lo que no puede renunciar es a su pasado ni, mucho menos, a su ambición desmedida.
Y en esas estamos, con un Mas humillado, sometido los caprichos de la CUP o, incluso, disfrazando sus carnes tristemente desnudas y sin futuro con un uniforme, el  de socialdemócrata preocupado por la desigualdad, el paro o los desahucios, que le tira de la sisa y que reventará antes o después. Es tal la insistencia de Mas por ganarse el favor de la CUP que llega a resultar humillante y eso, en un político que se precie es mortal.
En apenas unos días, Mas ha pasado de la mística de los grandes proyectos, de la patria como única guía, al chalaneo humillante de quien quiere conservar a toda costa el despacho en el que habita y está dispuesto a comprar al chalán de turno cualquier burra que le venda, chalán que mientras tanto y cuando menos, se lo está pasando bomba.


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miércoles, 11 de noviembre de 2015

LA ESTACA



Hace más de cuarenta años ¡qué barbaridad, como pasan los años! fui de los que aprendieron y cantaban "Al vent", pero, sobre todo, "La estaca" de aquel rebelde tan poeta o poeta tan rebelde, como queráis, que era Lluis Llach. También, como muchos, me esforcé en entender aquellas palabras que tan torpemente cantaba  y aquel estribillo que pasó a ser, aún hoy lo es,  un himno de rebeldía contra el poder que oprime y un himno a la lucha en común contra él.
Hoy las estacas no son las mismas, algunas, como las peores cuñas, son de nuestra misma madera y no es fácil reconocerlas, pero su final es, debe ser el mismo: caer para que nadie nos ate a ellas, para que nadie las use para imponerse e imponer sus intereses, que no siempre son los de la mayoría, a los demás. Hoy las estacas no son las mismas, pero sigue habiendo estacas, sigue habiendo gente atada a ellas y sigue habiendo, también, quienes a ellas les atan.
Por eso me acuerdo tanto estos días  de los versos del estribillo de la canción de Llach. Esos que dicen "Si tiramos fuerte, la haremos caer. Mucho tiempo ya no puede durar. Seguro que cae, cae, cae, bien
podrida debe estar ya" Y es que las estacas se pudren, pero también las ha que se clavan ya podridas en la tierra, estacas que acaban cayendo, a veces, sobre los mismos que las levantan, porque tienen la base carcomida y podrida.
Ese es, en mi opinión, el caso de esta independencia que una minoría muy mayoritaria  o una mayoría minoritaria de catalanes, como queráis, quiere imponer al resto, una independencia precipitada y sin una basé firme sobre la que  asentarse que, antes o después, caerá, una estaca podrida en su base aparente, Convergència, podrida por su pasado de corrupción y de políticas antisociales que Artur Mas quiere borrar de la mente de los catalanes mediante los fuegos de artificio y los malabarismos independentistas con que adorna la "no gestión" de todos estos años en que ha dilapidado, no sólo el patrimonio de los catalanes, sino el de la coalición que le había sostenido hasta el pasado septiembre.
La necesidad de huida de Mas le llevó a buscar aliados contra natura. Las prisas por cambiar un escenario en el que él y muchos de los suyos podrían acabar en el banquillo le han llevado a pactos contra natura, han empujado a sus votantes al contradiós de tener que depender, ellos que siempre han buscado el "orden" que la burguesía catalana en apariencia garantizaba, de las veleidades de una coalición radical que se dice anticapitalista y que debe estar quitando el sueño a más de un dirigente de Convergència que se ve ahora como socio de aquellos a los que ha tenido de adversarios en las fábricas y talleres que dirige y en los barrios en que especula.
Convergència es la base podrida de esta estaca, un socio de conveniencia para Esquerra que, hasta ahora, ha manejado como si fuera un títere tirando de los hilos que atan a Mas. Hay, es verdad, en Junts pel sí otras fuerzas, todas de sensibilidad nacionalista, pero, si les faltase el partido de Mas, por más que esté en plena descomposición, no bastarían para mantener la estaca erguida, ni siquiera con los radicales de la CUP, empreñados como están en empujarla a la izquierda, aun a costa de romperla.
Mas se ha precipitado al pisar el acelerador, pero lo ha hecho por necesidad personal, por egoísmo, aun a sabiendas de que no era el momento, de que esa oportunidad histórica de la que lleva años hablando a los catalanes, en lugar de solucionar los problemas, no había llegad todavía. Mucho me temo que ese tren al que ha pretendido subirse y en creer que se ha subido está a punto de descarrilar con todos a bordo.


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viernes, 6 de noviembre de 2015

SILENCIO, SE RUEDA



A veces, demasiadas veces, basta encender el televisor para deprimirse. A veces, me cuesta creer que quienes aparecen en los telediarios, posando, opinando, declarando, se crean el papel que interpretan, Y eso es lo único que tengo claro: que sólo interpretan su papel. Un papel, el suyo, tan previsible y monótono que parece escrito por el peor de los guionistas. Resultan tan aburridos ante las cámaras que sólo puedo atribuir al efecto hipnótico del barrido electrónico de la pantalla la atracción que me lleva a soportar la penitencia de ver desfilar ante mis ojos las mismas caras, los mismos gestos, las mismas frases hechas una y otra vez, con sus correspondientes prólogos y epílogos.
A veces, como ayer, el posado es tan previsible, tan esperado, que los protagonistas lo repiten una y otra vez, dentro y fuera del escenario y colocados en perfecto orden de estaturas, una vez aprendida la lección de aquella foto de las Azores en la que Aznar tuvo que corregirlo para no hacer evidente la cortedad de su corta estatura, entre Blair y Bush, estatura física, claro, que la moral, como han dejado claro después, la tenían pareja.
A veces me pregunto cuál es el papel de la prensa en este circo. Sobre todo últimamente, viendo como estoy viendo en qué manera se trata un asunto tan serio como lo es el de la hipotética secesión de Cataluña. Y me lo pregunto, porque cada vez tengo más claro que unos y otros hacen y dicen lo que dicen y hacen pensando sólo en el telediario más inmediato. Qué fue si no, el pasado miércoles, la excursión al Constitucional de los líderes no independentistas del Parlament de Catalunya. ¿Acaso ignoraban el resultado del viaje? ¿Acaso nadie de su entorno les dijo en que iba a acabar su recurso?
Evidentemente, lo sabían. Sabían que no hay tribunal sobre la tierra capaz de impedir que se reúna un parlamento democrático en un país que se dice democrático. Es cierto que el asalto al parlamento catalán emprendido por los independentista resulta más que sospechoso y que, como los carteristas, rápidamente se pasan el botín de unos a otros, para que el primo sea incapaz de reacciona cuando se da cuenta de que le han "levantado" la cartera. Es cierto que, como los trileros, Forcadell y quienes la controlan van dando pasos hacia adelante, cada vez más deprisa, con la esperanza de dejar atrás a sus adversarios y que lo que a estos les pide el cuerpo es gesticular, fritar "al ladrón" y presentarse como víctimas honradas, pero también lo es que pillan a la gente muy  cansada, harta más bien, de tanto aspaviento como han visto.
Cada día, unos y otros anuncian el final, lo irremediable y, al mismo tiempo, nos hacen creer que tienen la solución, que nada puede pasar, aunque, para decírnoslo, compongan su cara y su tono más apocalípticos. Pero lo único que consiguen, en el mejor de los casos, es aburrirnos, hacernos sentir a los de aquí y los de allá el hastío y el resquemor que hasta ahora, al menos to, no sentíamos. Estoy ya cansado de víctimas y verdugos, estoy cansado de ceremonias estériles, de gestos y reuniones que no conducen a nada o, al menos, a nada bueno.
¿Para qué ese desfile por La Moncloa de los líderes políticos de este país? ¿Para qué, si quienes más tienen que decir, los nacionalistas catalanes y vascos, no han pasado por el sillón de la cordialidad?
Nada se ha hecho o dicho, salvo dejar abierta la amenaza de un frente sin pies ni cabeza, que es lo último y lo peor que le puede pasar a este país.
Menos mal que aún queda algo de sentido común y olfato político, aunque, desgraciadamente, no entre los políticos que más debieran tenerlo, sino en los tribunales. Ayer, el Constitucional lo dejó claro, privando a Junts pel sí y la CUP de una nueva oportunidad de lucir sus heridas bajo los focos.
Mientras tanto, silencio, se rueda.


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jueves, 5 de noviembre de 2015

EL GENERAL DE PODEMOS


Vengo de un tiempo distinto, muy distinto, al actual. Vengo de un tiempo de miedos sin libertades, especialmente la de expresión, sin justicia, sin garantías de nada. De un tiempo en el que, cuando, de mañana, cuando salías de casa hacia tus clases, o tus asambleas, en la universidad, tus padres, que te despedían con un "no te metas en líos", no estaban seguros nosotros tampoco, de que fueses a volver por la tarde. Vengo de un tiempo en el que los españoles no éramos iguales. Tampoco ahora, me diréis, pero entonces más, mucho más.
Vengo de un tiempo en el que había que dar explicaciones por llevar el pelo largo o por la ropa que vestíamos. Un tiempo en el que, delante de un uniforme, temblábamos. Un tiempo, aquel, en el que evitábamos las comisarías y los cuarteles. Un tiempo de rebeldía contenida, en el que, llevados por el cine, nuestros ídolos del rock y los ecos de las revueltas de París, Berlín  o California, vestíamos y llevábamos las guerreras, las camisas, los macutos y las prendas de esos militares que tanto temíamos y odiábamos tanto, quizá para, sin saberlo, exorcizarlas.
Vengo de un tiempo en el que ser joven, como siempre, era cuestión difícil. De un tiempo en el que, si, además de ser joven, estabas en edad militar, tenías recortados tus derechos, pero aún más si cabe, un tiempo en el que, para salir de España necesitabas SIEMPRE el pasaporte y, si estabas apunto de hacer el servicio militar, lo estabas cumpliendo o hacía poco tiempo que lo habías terminado, podías despedirte de ese viaja, salvo que estuvieses dispuesto a enfrentarte a la penosa burocracia militar, mucho más penosa que otra cualquiera.
Vengo de un tiempo de cine fórum, teatro independiente, libros prohibidos, revistas secuestradas y algún que otro canuto, fumado con más miedo que vergüenza por aquello de la desinhibición y la pérdida del control, tan necesario en esos tiempos. De un tiempo en el que quien vestía  un uniforme militar inspiraba miedo, si llevaba galones o estrellas o lástima, si quien lo llevaba era un pobre "turuta".
Porque vengo de ese tiempo, me satisface grandemente el gesto del general rodríguez. Un gesto que, a él  le honra más que beneficia a Podemos, por más que, en cierto modo, desactive el fichaje que el PSOE hizo de la comandante Zaida Cantero. Y le honra, porque, si  en el ejército al soldado, el valor se le supone, a los mandos, los prejuicios nos llevan a presuponer un cierto escoramiento a la derecha aunque no llegue al del facha general Monzón, animal de conspiraciones y tertulias, que se permitió retar a Pablo Iglesias a un duelo a muerte, en una tertulia marginal y tabernaria, jaleado, caro, por los personajillos que con él compartían micrófono.
El general Rodríguez, pese a lo que piensen sus todavía compañeros de armas, con su gesto de fichar por Podemos, un partido al margen, en principio, do lo establecido, ha hecho más por la imagen de las fuerzas armadas  que tosas las campañas, folletos, desfiles, himnos y arengas que seamos capaces de imaginar, porque José Julio Rodríguez, que llegó a lo más alto a que puede aspirar un militar, ha conseguido, al convertirse en "el general de Podemos", dejarnos creer que los ejércitos son de todos y para todos.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

CUERVOS EN EL VATICANO

Tienen los hombres de iglesia un arte especial para el lenguaje poético. Así, por ejemplo, llaman cuervo a lo que los mortales llamamos topo, especialmente los que hemos leído o visto en el cine historias de espionaje. Y quizá tengan razón porque el cuervo se eleva en pos de sus presas, mientras que el topo, cegato, las busca entre la tierra húmeda de huertos y jardines. Al hacerlo, demuestran una cierta soberbia, porque, incluso a  sus enemigos, los colocan por encima de muestras cabezas.
Qué sobresalto, enterarse de que la policía vaticana, yo desconocía que la hubiese, había detenido a in sacerdote español por filtrar documentos secretos. Hasta ese momento, pensaba que el papa sólo contaba con una guardia de "buenos mozos", antiguamente de origen suizo, de vistosos uniformes, más para "numeritos" folclóricos y para "hacer bonito" en las ceremonias que para tareas policiales.
Ahora sé que no. Y que, en el Vaticano, como en los viejos tiempos, sigue habiendo calabozo, no mazmorras, como antes, pero sí celdas, ocupadas hasta ahora por religiosos implicados en delitos de carácter sexual.
En este caso no. En este caso, el detenido, tildado de cuervo en la nota del Vaticano que daba cuenta de su detención es un sacerdote español, del Opus Dei, recomendado por Rouco Varela, que llegó a ecónomo de Astorga, diócesis a la que "pringó" en la estafa de AFINSA y que, pese a todo, fue elegido para formar parte de la comisión nombrada por el papa Francisco para sentar las bases de la reforma de la curia y después de haber colaborado en la auditoría de las cuentas de la curia, avalado, curiosamente, por el cardenal Rouco, rival del papa, con el que colaboró en la organización de las Jornadas de la Juventud Católica que se celebraron, a mayor gloria de Benedicto XVI, en medio del boato y todo tipo de dispendios para los participantes, en un Madrid acuciado ya por el fantasma de la crisis.
Al margen de antecedentes y filias, lo cierto es que, de confirmarse, la deslealtad de Lucio Ángel Vallejo, que así se llama el cura, consistiría en haber puesto en manos de dos periodistas, autores de sendos libros a punto de ver la luz, documentación secreta sobre las finanzas vaticanas y algunas grabaciones del papa Francisco a propósito de ellas, algo tan habitual en el mundo real que produce sonrojo conocer sus consecuencias en la monarquía más absoluta y antigua de Occidente.
Dicen que, gracias a esas filtraciones, en los libros a punto de aparecer, se cuenta como el dinero obtenido de la caridad de los fieles, las limosnas, acaba en cuentas fuera del Vaticano o invertido en empresas ajenas a la iglesia y que  sólo una ínfima parte del producto de la caridad de los fieles va  aparar a su verdadero fin, ya que la mayor parte se destina al uso y disfrute de la curia, por ejemplo a la compra de lujosos apartamentos en Roma. 
Eso es algo que todos sospechábamos, pero que no habíamos podremos  ver negro sobre blanco, como ahora, pese a que hace ya tiempo que sabíamos de lo oscuro de las finanzas vaticanas, especialmente desde que, en 1982, Roberto Calvi, el banquero de dios, apareciese colgado de un puente de Roma, en lo que todo el mundo consideró un asesinato maquillado. Lo que no acabo de entender es a quién beneficia este segundo "Vaticano leaks" El primero, recordemos, que revelaba la existencia, de una "mafia rosa" en la curia, le estalló a Benedicto XVI en las manos y hay quien ve en él el origen de su renuncia al papado.
No sé a quién beneficia, porque lo que se revelaría en los documentos filtrados, es, precisamente, todo aquello contra lo que estaría luchando Francisco. Sin embargo, Vallejo sería un hombre de su rival Rouco, infiltrado entre sus colaboradores y salvo que muestren en las grabaciones una imagen del todo distinta a la que tenemos del papa, las revelaciones actuarían a su favor.
Pero ya se sabe la costumbre que tiene dios de escribir en renglones torcidos. Quizá el escándalo creado sólo pretenda crear expectación sobre el contenido de las filtraciones y ayudar al actual papa en su lucha contra la corrupción y el lujo desmedido que, al parecer, aquejan al Vaticano. Lo cierto es que el cuervo, como le llaman las autoridades vaticanas en su nota, llevaba en su pico el barro y la basura que se esconde entre los tesoros de la iglesia.


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martes, 3 de noviembre de 2015

POR COJONES



Cuando hace casi cuatro años los españoles que ya comenzaban a sentir en sus carnes y las de sus familias las dentelladas de la crisis, no dudaron en dar su voto al PP, hasta el punto de entregarle todas las lleves del país para que hiciera y deshiciera a su gusto. Fue entonces cuando se resucitó entre nosotros el "porcojonismo", esa manera de comportarse de los españoles cuando se saben con poder, aunque no con razón, esa manera tan castiza de tomar decisiones, inmortalizada en el cine de gánsteres y tiranos y, por desgracia, más habitual de lo deseable en la vida real.
Quién no ha escuchado alguna vez, no ya a un sargento de esos "de raza" ordenar a los soldaditos que hagan algo, lo que sea, "por sus cojones", sino, más cerca y más reciente, a un superior en su trabajo, ordenar, dando un puñetazo en la mesa, que algo se haga "por cojones". Yo, por ejemplo, sé de alguna de esas órdenes, finalmente incumplida, que supuso importantes pérdidas en la empresa en la que trabajaba.
El "por cojones" que suele acompañarse de una mirada "de esas", con los ojos inyectados en sangre, la carótida a reventar y un portazo. Es el último bastión que defiende quien se sabe con poder, aunque sin razón. Es una demostración de autoritarismo del que comprueba que ha perdido autoridad o que nunca la ha tenido, una especie de rugido, o bufido, depende del tamaño del felino, seguido de uno de esos silencios que llamamos mortales, que parecen respetuosos, pero que encierran los pensamientos y deseos más aviesos de quienes se ven obligados a acatar, pero nunca respetarán las decisiones así tomadas.
La expresión da a entender que las gónadas de quien la dice, generalmente la grita, son mayores que las de aquellos a quienes va dirigida y que se las juega en el envite. Lo malo es que la frase correcta en realidad debería ir seguida, las más de las veces por la aclaración de que, en realidad, los cojones en juego son los del subordinado, el accionista o el contribuyente.
Cuántas cosas se han hecho en este país por eso, por cojones. Cuántos atentados al sentido común y a la estética, cuantas operaciones suicidas, cuántos "atracos a mano armada" a las instituciones públicas, cuántos despidos, cuantas contrataciones, cuántas carreteras por donde no hacían falta o no debían, cuántas urbanizaciones, cuantas compras inútiles, cuánto lujo innecesario, si es que alguna vez el lujo es necesario, cuántas arbitrariedades, en fin, se comenten en nombre de atributos tan poco agraciados.
Por cojones, de los que luego demostró no ir sobrado, el capitán del Costa Concordia arrimó el crucero que se le había encomendado al toro de la escollera, porque, ver cómo a los pasajeros se les subían los suyos al cuello debía ser muy gratificante. Por cojones el abuelo Fabra le hizo a su nieto un aeropuerto sin aviones en Castellón. Por cojones la Comunidad de Madrid retiró a las universidades madrileñas las subvenciones comprometidas que, ahora, con los correspondientes intereses y por orden del Supremo tendremos que pagar todos los madrileños, como, también por cojones, la misma comunidad, en concreto su mentiroso y faltón consejero de Sanidad, Javier Rodríguez, obligó a jubilarse al jefe de pediatría del Hospital Infantil del Niño Jesús, Marciano Sábchez Bayle, que se había destacado en la defensa de la sanidad pública que él no quiso defender. Ahora, por cojones y por una sentencia de la justicia madrileña que anula la jubilación forzada, todos los madrileños tendremos que pagar al doctor Sánchez Bayle la diferencia entre los salarios dejados de percibir por el presidente de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Públicay la jubilación percibida.
Qué bueno sería que toso estos machotes que ponen sus cojones por delante a la hora de tomar decisiones, pusiesen en su lugar su patrimonio. De sobra saben que nadie les va a castrar, pero hacerles pagar el daño causado ya sería otra cosa. Y es que acostumbran a hacer las cosas por cojones, porque saben que esos cojones nunca seránn los suyos.


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lunes, 2 de noviembre de 2015

PARA ACABAR CON LA CORRUPCIÓN

Escucho los resultados de una encuesta, otra más, sobre la intención de voto de los ciudadanos de cara a las próximas elecciones generales y me sorprendo al comprobar que la mayoría de los votantes del PP. hoy en fuga, justifican su "deserción" en la corrupción. Qué curioso, cómo si la peor de las enfermedades democráticas fuese algo de unos pocos años o, incluso, meses. Como si no hubiese habido un Naseiro, un Camps o una Aguirre, con o sin mariachis. Y eso por no mirar a otros partidos.
A qué jugamos, por qué no nos decimos la verdad, por qué no confesamos que hemos votado al PP y al PSOE, con más cosas en común hoy que diferencias, como mal menor y por la misma razón que nos decimos "del Madrid" o "del Barça", por no esforzarnos en seguir a esos otros equipos más pequeños, con menos dinero, que no siempre ganan, pero que, de vez en cuando, nos dan una alegría.
No nos gusta lo que hacen, pero nos ponemos en sus manos y nos esforzamos en creer que jamás amarían una concesión o el presupuesto de una obra, como tampoco queremos creer que, en el fútbol, compran penaltis, fueras de  juego o expulsiones. Nos esforzamos, pero sabemos que es así, que lo hacen y que nos entregamos a sus tiranías y sus trampas.
No nos engañemos. Si  el PP está ya en su sótano electoral no es porque, de repente, una parte de sus votantes haya llegado a la conclusión de que su partido "de toda la vida" se mueve en la corrupción, no. Si todos esos votantes huyen es porque han encontrado un refugio justo al lado, sin alejarse del territorio de la derecha. Si hoy el PP está perdiendo pie es porque existe ciudadanos, del mismo modo que, si el PSOE, que sigue más pendiente de los departamentos de estudios de los bancos que de las verdaderas necesidades de los ciudadanos a quienes pide el voto, está pasando sus horas más bajas, es porque, pese al instinto suicida de la izquierda, muchos de sus votantes hemos descubierto que hay vida más allá de Ferraz.
Esa es la única esperanza de acabar con la corrupción, que Ciudadanos, Podemos y Ahora en común o como quiera que acabe llamándose la deseada coalición de izquierda decente entren con fuerza en el Congreso, que cualquier decisión que haya que tomar en el parlamento o en el más pequeño de los ayuntamientos se discuta entre más de dos partidos y un tránsfuga o un nacionalista, a veces tanto o más corrupto que sus socios de conveniencia.
Creo que lo único que debemos exigir a quienes se presentan a las próximas elecciones es, no ya un compromiso de lucha contra la corrupción, sino un plan firme y un calendario preciso para modificar cuantas leyes hagan falta de modo que corromper y corromperse no sea ya, más que una costumbre, una "casi obligación" para quienes ostentan el poder. Un compromiso explícito, claramente recogido en sus programas o en los indispensables acuerdos de gobierno que tendrán que firmar, no ya para fiar al futuro la puesta en marcha de medidas como las prometidas hasta la saciedad por uno y otro, sino para que funcionen desde ya.
No la creación de oficinas y organismos que se abren para  inaugurarlas y se cierran y se apagan cuando se han ido las cámaras, sino dando recursos y personal a jueces, policías e inspectores, para que los hilos de las tramas corruptas lleven a las cabezas que haya que cortar. No es cuestión de abrir oficinas ni de construir cárceles que solo por casualidad y por el celo de la justicia que, contra viento y marea, consigue que Francisco Granados dé con sus huesos en la misma prisión que años antes inauguró .
La democracia española está a punto de cumplir cuarenta años y ya va siendo hora de que de la espalda la corrupción, con esas medidas que apunto, pero, sobre todo, con el voto responsable de los ciudadanos que, a diferencia de lo hecho hasta ahora, debe ser implacable con los corruptos. De momento esa es nuestra mejor arma para acabar con la corrupción.


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