domingo, 13 de abril de 2014

EL QUE PARTE Y REPARTE...


Desde que tengo uso de razón vengo escuchando una sentencia, muy machista por cierto, que asegura que la mujer del cesar -del césar no dice nada, de ahí su machismo- no sólo de be ser honrada, sino, además, parecerlo. Está claro que pese a ser madrileña como yo, Lucía Figar, la consejera de Educación del gobierno de Madrid, la que más lloró la primera fuga de Esperanza Aguirre, la que hizo sin prisas y con cámaras del gobierno cuando se olió la tostada del fracaso en Eurovegas, Lucia Figar, no parece haber oído nunca el dicho, porque acaba de adjudicarse, para escolarizar a su hija pequeña, un cheque guardería de mil cien euros.
Adjudicar, adjudicarse, mil cien euros, ella que con su marido ingresa al año más de ciento veinticinco mil euros, para que matricular a su niña en una guardería de élite, mientras en Madrid se han suprimido las becas de comedor, es están cerrando centros y son muchísimas las familias que necesitan, quizá más que ella, escuelas infantiles para cuidar de sus hijos mientras trabaja la pareja, no es sólo una afrenta, y más si es ella quien preside la consejería que diseñó el cheque y los adjudica, sin que es un verdadero insulto para los que, si quieren trabajar para comer y pagar las deudas, deben andar repartiendo bebés por las casas de los abuelos, los amigos o los vecinos.
Lo que más escuece no es el descaro con que l consejera y su marido, el neoliberal Carlos Aragonés, director que fuera del gabinete de Aznar en La Moncloa, ni siquiera que resulte evidente que, para ellos, mil cien euros al año son el chocolate del loro. Lo que me cabrea y cabrea a la gente a la que le queda una pizca de sentido de la justicia es que no es sólo una torpeza de gobernante déspota, lo más cabreante es que lo que acaba de saberse es el paradigma de lo que no es sino una manera de entender la vida y el uso que debe hacerse de los recursos públicos, una visión neoliberal del mundo que entiende que son iguales el bebé de una mujer que lleva comida a casa limpiando oficinas y el hijo de la consejera y el diputado.
Diréis que, en efecto, son iguales, pero nada más lejos de la realidad, porque deberían ser iguales, pero en absoluto lo son. Y la tragedia es que la política educativa que viene haciendo los populares en el gobierno de la Comunidad de Madrid es esa:: desviar los fondos que deberían estar destinados a la escuela pública a los centros privados que siempre acaban por discriminar a sus alumnos para reconducirlos a las "reservas" de los colegios para pobres, mal dotados, a duras penas gestionados por profesores cada vez peor pagados, cada vez más agobiados, con lo cual "la clientela", los niños, acaban matriculados en colegios concertados que, también con fondos públicos, van alejando la enseñanza del sueño de ser obligatoria, sí, gratuita, también, pero en absoluto de calidad, porque, si lo es, lo es por el esfuerzo del profesorado, en absoluto porque esa sea la intención del gobierno.
Madrid está cerrando institutos de barrios obreros, barrios que, salvo excepciones, también votan para su y nuestra desgracia, al PP. Los está transformando, los quiere transformar en centros para la  Formación Profesional, como queriendo reafirmar la teoría de Rajoy de "la estirpe buena", para que, ya desde la cuna, quede claro en que van acabar unos y en qué van a acabar otros. Lo hacen estos neocon y han contribuido a hacerlo, no sé si por razones ideológicas, porque ya dudo de todo, o por razones económicas, también  los socialistas que, durante años, han ido abriendo las puertas por las que, luego, los populares han entrado a caballo.
Creo que, en el fondo, las cosas son así. Pero aunque no lo fuesen, el mero hecho de dar la razón a esa oras sentencia que reza que "el que parte y reparte se queda con la mejor parte" ya es lo suficientemente escandaloso como para que la consejera renuncie a tan escandaloso abuso.


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viernes, 11 de abril de 2014

VERGÜENZA NACIONAL



El de ayer fue un día intenso en la Audiencia Nacional, que, al menos para los telediarios, estrenaba sede en San Fernando de Henares. Y si fue intenso y hubo tanta expectación fue porque en ella se esperaba visita. Nada menos que la del que lo fue todo en las cuentas del PP y lo fue durante cerca de veinte años,  pese a que, ahora, el que fuera su partido, el que le confió sus cuentas, las que se enseñan y las que se escriban a la luz de una vela, el que en su dúa le llevó al Senado como quien, con el aforamiento consiguiente, suscribe a su nombre un seguro de, si no mejor procesamiento, sí más lento y mastodóntico, que, ahora, pillado con las manos en la masa, ha decidido contar lo que vio, lo que hizo, a quién vio y que hacían en torno a las cuentas del partido que gobernó durante casi ocho años España y la gobierna con las tijeras y el garrote en las manos desde hace dos.
Resulta curioso que apenas nos sorprende ya nada de lo que pueda contar quien se bajó de los coches de partido, para subirse después a los taxis y acabar viajando en coche oficial, aunque nada cómodo y pintado de verde y blanco. Y si no nos sorprende es porque cualquiera que tenga dos dedos de frente, un poco de sentido crítico y nada que ocultar lleva ya tiempo dibujando en su pensamiento la infraestructura que permitía al PP hacer las mejores campañas electorales, dignas de las presidenciales americanas, con los mejores carteles, los hoteles y medios de transporte más cómodos, para sus candidatos y la prensa, y con escenarios dignos de la gala de los óscar.
Resulta creíble lo que viene contando Bárcenas, al juez y a quien quiera escucharle, sobre las "mordidas" que aplicaba su partido a todo aquel que pretendiera contratar con la administración, con cualquiera de las administraciones bajo su control, para, con ese dinero que circulaba en sobres y maletines, de espaldas a la hacienda pública y a cualquier fiscalización, pagar trajes, comidas, hoteles, campañas, reformas de sus sedes, desde la nacional a las provinciales, en un frenesí consumista difícil de justificar económica, moral y, sobre todo, éticamente.
Resulta tan creíble como increíble es que hasta ahora nadie, ni partidos rivales, ni periodistas, ni el Tribunal de Cuentas, hayan caído en la cuenta de que el tren de vida del PP era tan inexplicable como el de "la chica del 17", de la que en el cuplé se pregunta, porque se duda, "de dónde saca pa' tanto como destaca". Algo turbio se intuía en la vida de la chica del 17 y algo turbio debería haberse intuido en el tren de vida del PP.
Ese trajinar de personas, sobres, cuentas bancarias, llaves y cajas, digno de una palícula de Berlanga, debería haber despertado el celo, tanto de la prensa, como de la oposición y puedo permitirme pensar que, si no lo ha hecho, ha sido porque unos y otros tenían también mucho que callar.
En mi opinión toda la penitencia que los españoles venimos padeciendo, todo este pus oculto en la estructura de los “partidos de gobierno", de la nación y de las comunidades autónomas, un pus que afloró en la semana santa de 1990, con el caso Naseiro, casi por casualidad, pero que gracias a su ingeniería jurídica consiguió cicatrizar, aunque en falso porque la infección siguió creciendo soterradamente, toda esa gangrena moral, provienen de esa actitud de los poderosos que fuerzan la máquina en el pelotón para dejar descolgados a sus rivales, fuera del club de los "partidos de gobierno", desterrando cualquier alternativa o cualquier reequilibrio de poder que permitiese, por ejemplo, cambiar la ley electoral o el sistema de financiación de partidos.
En resumen, lo que contó ayer Bárcenas, más que sorprendernos debería avergonzarnos, deberíamos sentir verdadera "vergüenza nacional", porque hemos tenido delante de nuestras narices, de las de nuestra prensa o de las de nuestros representantes tanta mierda, sin que ninguno de los colectivos citados haya sentido el hedor de tanta podredumbre que, al final, pagamos sin que sirva para garantizar que se van a oír nuestras voces. Nos han engañado haciéndonos creer que los partidos deben ser baratos en una especie de "timo de la estampita", privándonos del derecho a conocer todas las opciones en igualdad de condiciones para poder elegir entre todas las alternativas con todas las consecuencias.


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jueves, 10 de abril de 2014

SUBCONTRATAS


Hay días en que uno se avergüenza de vivir en un país en el que, mientras algunos compatriotas se juegan la vida llevando la salud y el progreso a países tan inhóspitos como necesitados, aquí, a cinco paradas de Metro de casa, se dejó morir a una mujer porque no se quiso ver, qué complicación, que aquello que le causaba la fiebre y tan fuertes dolores de cabeza era meningitis.
Se llamaba Samba Martine y llevaba un mes encerrada en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche, en Madrid. Desde que la encerraron allí no hizo otra cosa que quejarse y reclamar la atención de los médicos porque se encontraba mal. Fue visitada por estos hasta diez veces y no recibió otra cosa que cuidados paliativos, supongo que paracetamol o algo parecido, hasta que el 19 de diciembre de 2011, a sólo unos días de esas fiestas de la solidaridad y el amor, fue ingresada en un hospital, donde, a las seis horas, con sólo  treinta y cuatro años y a miles de kilómetros de los suyos, falleció.
Fue tan injusta esa muerte y fue tan evidente que podía haberse evitado que, de inmediato y movido por las ONG que asisten a estos inmigrantes, el asunto llegó a los tribunales, donde inexplicablemente se archivó. Hace unos días la Audiencia Provincial resolvió el recurso contra esa decisión y reabrió el caso, imputando a los responsables médicos del centro, empleados de una empresa privada subcontratada, por lo que el instructor considera una actuación negligente ya que, de haber actuado de otro modo, la muerte de Samba podría haberse evitado.
La inmigrante congoleña que reclamó asilo en Melilla, donde, tras llegar con ocho euros y un teléfono, móvil se presentó a la Policía, estaba diagnosticada de VIH y cuando fue ingresada en el hospital madrileño se pensó en principio que estaba aquejada de meningitis o neumonía, aunque, cuando ya no tenía remedio, se acabó por diagnosticarle una infección múltiple asociada al VIH.
Es una historia terrible por sus consecuencias dramáticas, por la intención, detectada por el juez, de ocultación de la verdad, por las condiciones infrahumanas en que viven estos hombres y mujeres hacinados en peores condiciones que las que tendrían en una prisión o que las que le Unión Europea exige para el ganado, desatendidos y encerrados en un limbo legal en el que no son considerados presos, pero tampoco hombres y mujeres libres, a la espera de cargarlos en un avión para devolverles a países que en ocasiones ni siquiera son los suyos y  a los que, sin duda, no quieren volver.
Lo peor de todo es que esos centros están en gestionados total o parcialmente por empresas privadas subcontratadas y ya se sabe que el fin primordial de éstas es el lucro. Una filosofía que acaba por calar en sus trabajadores hasta el punto de que a veces, afortunadamente no siempre, mal pagados, desincentivados y sin medios, acaban olvidando su verdadera vocación, considerando a los enfermos como problemas y eludiendo esos problemas.
No sé cómo el gobierno puede descuidar de esa manera la atención sanitaria en estos centros, verdaderos lazaretos de este siglo, a los que van a parar seres humanos que, en la mayoría de los casos, han estado expuestos a todo tipo de miserias y enfermedades que o no hemos conocido o tenemos ya olvidadas. Quizá por eso, por esa visión que de la sociedad tiene el Gobierno, como algo a gestionar, como las basuras o el alcantarillado. Quizá por eso, por ese afán de subcontratar y gastar lo menos posible, en nuestro país han reaparecido enfermedades ya desterradas como la tuberculosis y están repuntando los casos de SIDA. 


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miércoles, 9 de abril de 2014

EN LA ACERA DEL DOLOR


Escucho en la radio que un hospital madrileño, el "12 de octubre", que en tiempos se llamó "Primero de octubre", en conmemoración de la fecha en que, en 1936, fue entronizado en Burgos el tirano Franco como jefe absoluto de los rebeldes alzados en armas contra la II República Española, ha denegado costear a una paciente un medicamento que ayuda a recuperar movilidad a enfermos de esclerosis múltiple porque los resultados no compensan su  elevado coste económico.
Es difícil decidir -y mucho más difícil asumirlo como enfermo- que un beneficio en la salud compensa o no lo que se paga por el remedio, pero ha ocurrido en Madrid. Y no sólo eso, sino que la decisión ha sido tomada por este hospital, mientras que en otros centros se dispensa el medicamento a los enfermos que lo precisan. Es absurdo y es cruel, pero, sobre todo, es revelador de lo injusto de un sistema que un día fue universal y cada vez lo es menos.
No estamos hablando en este caso de "turismo sanitario". Tampoco estamos hablando de haciendas distintas en territorios distintos, porque, que yo sepa, en Madrid se pagan los mismos impuestos en Orcasitas que en la Alameda de Osuna. Estamos hablando de una gestión diferenciada de distintos centros que acaba por generar situaciones como ésta: que un paciente tenga derecho a la esperanza o, simplemente, a tener que soportar un poco menos de dolor, en función de la calle en la que viva y de que esta calle haya quedado  a uno u otro lado de la línea que se haya trazado en algún despacho a la hora de adjudicar los hospitales de referencia a los vecinos.
A veces esa diferencia es tan sutil como para que esa adscripción dependa de en qué lado de una calle vives, sin atender a razones de accesibilidad o a las necesidades de los vecinos. Y parece mentira que una diferencia  tan sólo burocrática e inapreciable en la práctica conduzca a discriminaciones como ésta.
Harían muy bien las autoridades sanitarias madrileñas en preocuparse por pensar más en sus pacientes y menos en el negocio de sus amiguetes, porque este "sindiós" es tan absurdo como doloroso. Y más cuando estamos asistiendo a un baile especulativo en el que las empresas adjudicatarias de los centros sanitarios de nueva construcción, los que tantos votos dieron a Esperanza Aguirre bajo la falsa promesa de que no nos iban a costar un céntimo, están acabando en manos de oscuros fondos de inversión, como si nuestra salud fuese equiparable a los oscuros "fondos basura".
Rosa, la paciente discriminada, tiene la doble desgracia de, por un lado, padecer una esclerosis múltiple que la incapacita al setenta y cinco por ciento y, por otro,  vivir en una calle cuyos vecinos tienen como hospital de referencia el "12 de octubre", aquel que un día, de esos que antes se llamaban triunfales, se inauguró en un descampado al sur de Madrid, junto a la carretera de Andalucía. Tiene la desgracia de vivir en la acera del dolor, a una calle de la esperanza.


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martes, 8 de abril de 2014

ES LA CONSTITUCIÓIN, ESTÚPIDOS



¡Qué lástima! Porque es una verdadera lástima que, precisamente cuando más necesidad tienen de ellos, los españoles no puedan contar con sus políticos. Venimos de casi cuarenta años de democracia,  casi los que vivimos en dictadora y todos estos años no han servido para dar una solución permanente a los problemas que, de siempre, ha tenido este país.
Esta tarde entra en el Congreso de los Diputados el debate sobre el referéndum que debería decidir el futuro de Cataluña y entra, como quien dice, muerto. Sin embargo, a veces, los muertos dan más problemas que los vivos. Y este asunto es de esos, porque, si hemos llegado hasta aquí desde posturas aparentemente tan irreconciliables, ha sido porque nos ha tocado convivir -padecer, visto en perspectiva- no una generación sino varias generaciones de políticos procrastinadores que, en lugar de resolver los problemas, los han ido aparcando, uno detrás de otro, de tal manera que, como los coches dejados en doble fila, unos impiden dar solución a otros.
El estado de las autonomías, con su "café para todos" fue un enorme parche que, seamos sinceros, ha dado tantos o más problemas de los que ha solucionado. La corrupción, el gasto exagerado, la duplicidad en las administraciones, el "los unos por los otros, la casa sin barrer", el "culo veo, culo quiero" en los que hemos vivido todos estos años no dejan de ser hijos de un afán compensatorio para el resto del territorio de lo que fue la restitución del estatus que históricamente alcanzaron Cataluña, Euskadi y, en cierta manera, Galicia y Andalucía.
De entonces a ahora han cambiado muchas cosas. Ha cambiado, por ejemplo, la percepción que tienen los ciudadanos, en especial las nuevas generaciones, y no me refiero a las del PP, de la monarquía, algo a lo que la familia real misma ha contribuido sobremanera. Ha cambiado esta percepción y, con ese cambio, cada vez se hace más evidente la necesidad de cambiar la forma de Estado que ya no tiene el prestigio que tuvo entre la ciudadanía. Ha cambiado y, sin embargo, nadie tiene le coraje o, mejor dicho, el sentido común para, como dijo en su día Adolfo Suárez, "elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es plenamente normal".
Ni siquiera se ha abordado la posible abdicación del jefe del Estado, como si creyeran en la inmortalidad del rey, algo que, como hemos visto, estaba previsto hasta en El Vaticano. Aquí, como diría un castizo, los políticos, y no sólo Mariano Rajoy, son más de postergar, de dejar que los problemas reposen, se asienten, a veces hasta el hastío, para que las soluciones acaben por ponerse solas en pie. 
Eso es lo que ha venido ocurriendo con las aspiraciones de los catalanes. Ha faltado coraje para abordar el asunto en profundidad y ahora, después de unos años terribles en los que la crisis y los recortes en el estado de bienestar que les ha tocado vivir a los catalanes, no sólo a ellos, pero también a ellos, el sentimiento de afrenta e injusticia y la sensación de que todo les iría mejor siendo dueños de su destino ha ido creciendo en la misma manera en que la caverna mediática ha ido creciendo en agresividad hacia todo lo catalán, al igual que el chantaje ideológico al que someten al partido y los gobiernos que les dieron el poder que tienen.
Me asombra que no se abra paso con la fuerza que, a mi juicio, debiera hacerlo la idea de que la vieja Constitución, casi cuatro décadas son mucho tiempo para un pacto que nació en un momento tan crítico y tan determinado y "la ley de leyes" que nació de ese pacto es hoy un corsé demasiado rígido que, en lugar de ayudar a encontrar soluciones, dificulta encontrarlas.
Quizá, para encontrar una salida digna y duradera a las lógicas aspiraciones de la inmensa mayoría de los catalanes, no haya otra solución que la reforma constitucional y la transformación del actual Estado de las Autonomías en un Estado Federal. Quizá haya que apartar, de paso, todos esos muebles amontonados detrás de la puerta del desván en que se ha convertido la Constitución. Quizá ese paso precise de políticos generosos dispuestos a inmolarse en el tránsito. Pero la solución es y está, en la Constitución, estúpidos. Hoy por hoy, no veo otro camino porque esto no es Ucrania, aunque podría llegar a serlo, basta con que alguien se empeñe en ello.


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lunes, 7 de abril de 2014

COBARDÍA MORAL


Siempre he pensado que los españoles nos quejamos mucho, pero reclamamos poco. Lo digo porque llevo toda una vida comprobando como mis conciudadanos -y ya sé que generalizar es malo- son perfectamente conscientes de los abusas que se cometen con ellos, en el trabajo, en los comercios, en la calle, con sus impuestos, y, sin embargo, se conforman, refunfuñan, comentan, pero tragan. Y está claro que tragando es poco lo que se cambia, es poco lo que se arregla.
Ayer, antes de salir para mi visita semanal a ese revoltijo organizado de cosas y de gentes que es el Rastro, y mientras escuchaba en la radio una interesante conversación entre personas que no habían callado, que se habían atrevido a denunciar los abusos y las injusticias que habían conocido, la mayoría relacionadas con la corrupción, pero no sólo con ellas, escuché, creo que a la arquitecta Itziar González, una término que define a la perfección esa actitud, ese mal que, como os decía, aqueja a los españoles. La ex concejal barcelonesa, abandonada, perseguida y amenazada por haberse atrevido a denunciar ciertas formas de corrupción con las que se topó durante sus años como responsable de su barrio, Ciutat Vella, hablo de la "cobardía moral" de quienes siendo conscientes de lo mismo que ella denunció, sin embargo callaron, quizá para no tener que verse en las mismas que ella.
De eso se valen los que abusan siempre de nosotros o de los nuestro. Saben que su fuerza está en nuestro miedo, incluso en nuestra comodidad. Lo saben y cultivan ese miedo yendo a por los que se atreven, porque saben que no son muchos y que, cultivando su miedo o su desgracia, atemorizándoles, haciéndoles difícil el día a día, acrecientan el de los demás y consiguen lo que más fuertes les hace, nuestro silencio, ese silencio que, tópicamente, hemos dado en llamar "el silencio de los corderos".
La cobardía moral es esa que lleva a quien es consciente de lo que está bien y lo que está mal, de quién es el que abusa y quién es la víctima, a callar y, con ese silencio, a otorgar al verdugo, al abusador, al corrupto, la licencia para seguir en ello. Esa cobardía moral es la que lleva a los usuarios del metro madrileño a callar, a no reclamar un servicio acorde con el precio del billete que paga, para encontrarse con convoyes detenidos por avería, a soportar temperaturas de sauna, encerrados en vagones herméticos y sin aire acondicionado, a tener que apostar por una u otra salida al abandonar el andén, para no encontrarse con escaleras mecánicas averiadas o, simplemente, fuera de servicio. 
También, cuarenta y ocho horas después de la tocata y fuga de Esperanza Aguirre que no se encontró por esa vez con la cobardía moral de unos agentes que, pese a saber muy bien "con quién estaban hablando", en lugar de dejar ir sin más a la condesa de Bornos, la siguieron hasta su palacio tratando de cumplir la ley con ella, como con cualquier ciudadano, me di de bruces con la cruz de la moneda en la actitud soberbia y abusiva de dos patrulleros de la policía municipal madrileña que mantuvieron parado a pleno sol en medio de una de las salidas de la M-30, porque, en su opinión que no era la misma de quienes íbamos a bordo y estuvimos "secuestrados" en el bus por más de un cuarto, el joven conductor de la EMT no se había apartado con la suficiente diligencia para dar paso a su coche.
Lo más curioso del incidente fue que toda la prisa de los patrulleros se esfumó de repente para permitirles castigar al conductor del autobús. Pese a que la mayoría de los viajeros estábamos siendo testigos del flagrante abuso de autoridad de los policías, dispuestos a mantenernos allí secuestrados hasta que llegase otro autobús para hacer el trasvase de viajeros en plena curva de una vía rápida, y pese a que todo el pasaje estaba hablando indignados, solamente uno o dos pasajeros y yo mismo nos ofrecimos para testificar en favor del conductor ante la posible sanción.
Se había manifestado de nuevo el monstruo de la cobardía moral. Pero he de deciros que después de saber que el conductor contaba con testigos y, tras unos cuantos minutos de consultar con sus jefes, después, eso sí, de formular la denuncia, sus aires de grandeza eran otros y dejaron proseguir su ruta al autobús, después de haberle retenido veinte minutos por "dificultarle" el paso, mientras acudía a atender un servicio urgente. Aún estoy dándole vueltas a la cabeza, pensando en qué hubiera sido del conductor, si la cobardía moral del pasaje hubiese sido unánime.


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sábado, 5 de abril de 2014

ANOCHE SOÑÉ


Anoche soñé, qué absurdo, que se venía abajo una mujer altiva. Soñé que Esperanza Aguirre se marchaba, que quien presidió el gobierno de la Comunidad de Madrid hasta hace bien poco desaparecía de la vida pública. Soñé que esa mujer, que ha estado y está en el centro de los peores charcos, esa mujer que ha chapoteado en el barro de todos ellos sin aparente mancharse, ponía sin pretenderlo, el punto y final a su carrera por un más cálculo, un exceso de confianza o por seguir los malos consejos de la soberbia.
El sueño era absurdo, tan absurdo como este país en el que vivo, en el que dos ciudades fueron capaces de echarse a la calle para que dos de sus equipos de fútbol, tramposos e incumplidores con lo que era de sus jugadores y de todos, no descendiesen de categoría. El sueño era absurdo porque la protagonista, que llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid en medio de una turbia maniobra que, de no haber significado lo que acabó significando para los madrileños, hubiese sido un sainete con malos, buenos, listos, tontos y delincuentes, no sólo había sobrevivido a la no probada, pero evidente, compra de dos diputados de las filas rivales, sino que revalidó el mandato conseguido tan turbiamente.
Era tan absurdo como para que quien sobrevivió a un accidente de helicóptero causado por la torpeza y el exceso de confianza y al asalto a su hotel en Bombay, del que escapó entre los lamentos de los heridos y pisando charcos de sangre, dejando tirada a su gente en la india, quien curó milagrosamente de un cáncer exhibido entre lágrimas, con pucheros, voz quebrada y sin el menor pudor, poco antes, eso sí, de concurrir a unas elecciones, que, naturalmente, ganó, se dejase llevar por los nervios en una situación tan habitual como la de ser multada por un mal aparcamiento más o menos descarado.
Tan absurdo como para que quien, sin "aparentemente" darse cuenta de nada vio crecer a su alrededor la más descarada y mafiosa red de corrupción política, en beneficio de su partido, una red urdida en torno a su hombre de confianza, al que dejó caer como una colilla, aunque sin apagarla ni sacarla del salón de plenos, supongo que "por si las moscas", dejase ver su lado más oscuro en el centro de Madrid y  a plena luz del día.
Un sueño tan absurdo como para que quien acabó con el prestigio y la audiencia de Telemadrid a base de convertirla en su finca particular, de ponerla al servicio de sus caprichos y sus intereses, quien provocó su hundimiento y posterior cierre cuando dejó de servirle porque ya había repartido los juguetes digitales entre sus socios del TDT Party, se haya pasado veinticuatro horas escupiendo al cielo en todas las televisiones y radios habidas y por haber, tratando de justificar lo que no tiene justificación.
Tan absurdo como para que quien apostó el prestigio de Madrid y de España entera vendiendo una y otra a los intereses de un mafioso del juego con la vaga promesa de unos increíbles cientos de miles de puestos de trabajo y la vista puesta en la especulación de los terrenos presuntamente afectados, comprados baratos con la Esperanza (no es un error) de que, como los que acabaron junto a -perdón, creo que fue al revés- la estación del AVE en Guadalajara, sin ser investigada por ello, se juegue su castizo prestigio y su falsa imagen de mujer de orden, huyendo de los agentes que regulan el tráfico en la ciudad de la que, al parecer quiere ser alcaldesa, como huyó de la Puerta del Sol cuando supo que el caramelo de Eurovegas se convertía en humo.
Un sueño tan absurdo como para que una mujer que, para lo más turbio se rodea siempre de hombres Lamela, Güemes, Granados, López Viejo, Ignacio González y compañía -me encuentro con la excepción de Lucía Figar- y otros, acabe acusando de machismo a quienes sólo cumplían con su deber.
Un sueño tan absurdo como para que, en él, los ciudadanos de Madrid que llevan años tragándose todos los sapos de la condesa no le perdonasen esta salida de madre, más propia de un loco furioso e irreflexivo que de quien pretende hacernos creer que es la persona de orden que este país necesita.
LO malo es que me temo que, al final, todo quedará en eso, en un sueño.

¡Ojalá me equivoque! 


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