miércoles, 9 de abril de 2014

EN LA ACERA DEL DOLOR


Escucho en la radio que un hospital madrileño, el "12 de octubre", que en tiempos se llamó "Primero de octubre", en conmemoración de la fecha en que, en 1936, fue entronizado en Burgos el tirano Franco como jefe absoluto de los rebeldes alzados en armas contra la II República Española, ha denegado costear a una paciente un medicamento que ayuda a recuperar movilidad a enfermos de esclerosis múltiple porque los resultados no compensan su  elevado coste económico.
Es difícil decidir -y mucho más difícil asumirlo como enfermo- que un beneficio en la salud compensa o no lo que se paga por el remedio, pero ha ocurrido en Madrid. Y no sólo eso, sino que la decisión ha sido tomada por este hospital, mientras que en otros centros se dispensa el medicamento a los enfermos que lo precisan. Es absurdo y es cruel, pero, sobre todo, es revelador de lo injusto de un sistema que un día fue universal y cada vez lo es menos.
No estamos hablando en este caso de "turismo sanitario". Tampoco estamos hablando de haciendas distintas en territorios distintos, porque, que yo sepa, en Madrid se pagan los mismos impuestos en Orcasitas que en la Alameda de Osuna. Estamos hablando de una gestión diferenciada de distintos centros que acaba por generar situaciones como ésta: que un paciente tenga derecho a la esperanza o, simplemente, a tener que soportar un poco menos de dolor, en función de la calle en la que viva y de que esta calle haya quedado  a uno u otro lado de la línea que se haya trazado en algún despacho a la hora de adjudicar los hospitales de referencia a los vecinos.
A veces esa diferencia es tan sutil como para que esa adscripción dependa de en qué lado de una calle vives, sin atender a razones de accesibilidad o a las necesidades de los vecinos. Y parece mentira que una diferencia  tan sólo burocrática e inapreciable en la práctica conduzca a discriminaciones como ésta.
Harían muy bien las autoridades sanitarias madrileñas en preocuparse por pensar más en sus pacientes y menos en el negocio de sus amiguetes, porque este "sindiós" es tan absurdo como doloroso. Y más cuando estamos asistiendo a un baile especulativo en el que las empresas adjudicatarias de los centros sanitarios de nueva construcción, los que tantos votos dieron a Esperanza Aguirre bajo la falsa promesa de que no nos iban a costar un céntimo, están acabando en manos de oscuros fondos de inversión, como si nuestra salud fuese equiparable a los oscuros "fondos basura".
Rosa, la paciente discriminada, tiene la doble desgracia de, por un lado, padecer una esclerosis múltiple que la incapacita al setenta y cinco por ciento y, por otro,  vivir en una calle cuyos vecinos tienen como hospital de referencia el "12 de octubre", aquel que un día, de esos que antes se llamaban triunfales, se inauguró en un descampado al sur de Madrid, junto a la carretera de Andalucía. Tiene la desgracia de vivir en la acera del dolor, a una calle de la esperanza.


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martes, 8 de abril de 2014

ES LA CONSTITUCIÓIN, ESTÚPIDOS



¡Qué lástima! Porque es una verdadera lástima que, precisamente cuando más necesidad tienen de ellos, los españoles no puedan contar con sus políticos. Venimos de casi cuarenta años de democracia,  casi los que vivimos en dictadora y todos estos años no han servido para dar una solución permanente a los problemas que, de siempre, ha tenido este país.
Esta tarde entra en el Congreso de los Diputados el debate sobre el referéndum que debería decidir el futuro de Cataluña y entra, como quien dice, muerto. Sin embargo, a veces, los muertos dan más problemas que los vivos. Y este asunto es de esos, porque, si hemos llegado hasta aquí desde posturas aparentemente tan irreconciliables, ha sido porque nos ha tocado convivir -padecer, visto en perspectiva- no una generación sino varias generaciones de políticos procrastinadores que, en lugar de resolver los problemas, los han ido aparcando, uno detrás de otro, de tal manera que, como los coches dejados en doble fila, unos impiden dar solución a otros.
El estado de las autonomías, con su "café para todos" fue un enorme parche que, seamos sinceros, ha dado tantos o más problemas de los que ha solucionado. La corrupción, el gasto exagerado, la duplicidad en las administraciones, el "los unos por los otros, la casa sin barrer", el "culo veo, culo quiero" en los que hemos vivido todos estos años no dejan de ser hijos de un afán compensatorio para el resto del territorio de lo que fue la restitución del estatus que históricamente alcanzaron Cataluña, Euskadi y, en cierta manera, Galicia y Andalucía.
De entonces a ahora han cambiado muchas cosas. Ha cambiado, por ejemplo, la percepción que tienen los ciudadanos, en especial las nuevas generaciones, y no me refiero a las del PP, de la monarquía, algo a lo que la familia real misma ha contribuido sobremanera. Ha cambiado esta percepción y, con ese cambio, cada vez se hace más evidente la necesidad de cambiar la forma de Estado que ya no tiene el prestigio que tuvo entre la ciudadanía. Ha cambiado y, sin embargo, nadie tiene le coraje o, mejor dicho, el sentido común para, como dijo en su día Adolfo Suárez, "elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es plenamente normal".
Ni siquiera se ha abordado la posible abdicación del jefe del Estado, como si creyeran en la inmortalidad del rey, algo que, como hemos visto, estaba previsto hasta en El Vaticano. Aquí, como diría un castizo, los políticos, y no sólo Mariano Rajoy, son más de postergar, de dejar que los problemas reposen, se asienten, a veces hasta el hastío, para que las soluciones acaben por ponerse solas en pie. 
Eso es lo que ha venido ocurriendo con las aspiraciones de los catalanes. Ha faltado coraje para abordar el asunto en profundidad y ahora, después de unos años terribles en los que la crisis y los recortes en el estado de bienestar que les ha tocado vivir a los catalanes, no sólo a ellos, pero también a ellos, el sentimiento de afrenta e injusticia y la sensación de que todo les iría mejor siendo dueños de su destino ha ido creciendo en la misma manera en que la caverna mediática ha ido creciendo en agresividad hacia todo lo catalán, al igual que el chantaje ideológico al que someten al partido y los gobiernos que les dieron el poder que tienen.
Me asombra que no se abra paso con la fuerza que, a mi juicio, debiera hacerlo la idea de que la vieja Constitución, casi cuatro décadas son mucho tiempo para un pacto que nació en un momento tan crítico y tan determinado y "la ley de leyes" que nació de ese pacto es hoy un corsé demasiado rígido que, en lugar de ayudar a encontrar soluciones, dificulta encontrarlas.
Quizá, para encontrar una salida digna y duradera a las lógicas aspiraciones de la inmensa mayoría de los catalanes, no haya otra solución que la reforma constitucional y la transformación del actual Estado de las Autonomías en un Estado Federal. Quizá haya que apartar, de paso, todos esos muebles amontonados detrás de la puerta del desván en que se ha convertido la Constitución. Quizá ese paso precise de políticos generosos dispuestos a inmolarse en el tránsito. Pero la solución es y está, en la Constitución, estúpidos. Hoy por hoy, no veo otro camino porque esto no es Ucrania, aunque podría llegar a serlo, basta con que alguien se empeñe en ello.


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lunes, 7 de abril de 2014

COBARDÍA MORAL


Siempre he pensado que los españoles nos quejamos mucho, pero reclamamos poco. Lo digo porque llevo toda una vida comprobando como mis conciudadanos -y ya sé que generalizar es malo- son perfectamente conscientes de los abusas que se cometen con ellos, en el trabajo, en los comercios, en la calle, con sus impuestos, y, sin embargo, se conforman, refunfuñan, comentan, pero tragan. Y está claro que tragando es poco lo que se cambia, es poco lo que se arregla.
Ayer, antes de salir para mi visita semanal a ese revoltijo organizado de cosas y de gentes que es el Rastro, y mientras escuchaba en la radio una interesante conversación entre personas que no habían callado, que se habían atrevido a denunciar los abusos y las injusticias que habían conocido, la mayoría relacionadas con la corrupción, pero no sólo con ellas, escuché, creo que a la arquitecta Itziar González, una término que define a la perfección esa actitud, ese mal que, como os decía, aqueja a los españoles. La ex concejal barcelonesa, abandonada, perseguida y amenazada por haberse atrevido a denunciar ciertas formas de corrupción con las que se topó durante sus años como responsable de su barrio, Ciutat Vella, hablo de la "cobardía moral" de quienes siendo conscientes de lo mismo que ella denunció, sin embargo callaron, quizá para no tener que verse en las mismas que ella.
De eso se valen los que abusan siempre de nosotros o de los nuestro. Saben que su fuerza está en nuestro miedo, incluso en nuestra comodidad. Lo saben y cultivan ese miedo yendo a por los que se atreven, porque saben que no son muchos y que, cultivando su miedo o su desgracia, atemorizándoles, haciéndoles difícil el día a día, acrecientan el de los demás y consiguen lo que más fuertes les hace, nuestro silencio, ese silencio que, tópicamente, hemos dado en llamar "el silencio de los corderos".
La cobardía moral es esa que lleva a quien es consciente de lo que está bien y lo que está mal, de quién es el que abusa y quién es la víctima, a callar y, con ese silencio, a otorgar al verdugo, al abusador, al corrupto, la licencia para seguir en ello. Esa cobardía moral es la que lleva a los usuarios del metro madrileño a callar, a no reclamar un servicio acorde con el precio del billete que paga, para encontrarse con convoyes detenidos por avería, a soportar temperaturas de sauna, encerrados en vagones herméticos y sin aire acondicionado, a tener que apostar por una u otra salida al abandonar el andén, para no encontrarse con escaleras mecánicas averiadas o, simplemente, fuera de servicio. 
También, cuarenta y ocho horas después de la tocata y fuga de Esperanza Aguirre que no se encontró por esa vez con la cobardía moral de unos agentes que, pese a saber muy bien "con quién estaban hablando", en lugar de dejar ir sin más a la condesa de Bornos, la siguieron hasta su palacio tratando de cumplir la ley con ella, como con cualquier ciudadano, me di de bruces con la cruz de la moneda en la actitud soberbia y abusiva de dos patrulleros de la policía municipal madrileña que mantuvieron parado a pleno sol en medio de una de las salidas de la M-30, porque, en su opinión que no era la misma de quienes íbamos a bordo y estuvimos "secuestrados" en el bus por más de un cuarto, el joven conductor de la EMT no se había apartado con la suficiente diligencia para dar paso a su coche.
Lo más curioso del incidente fue que toda la prisa de los patrulleros se esfumó de repente para permitirles castigar al conductor del autobús. Pese a que la mayoría de los viajeros estábamos siendo testigos del flagrante abuso de autoridad de los policías, dispuestos a mantenernos allí secuestrados hasta que llegase otro autobús para hacer el trasvase de viajeros en plena curva de una vía rápida, y pese a que todo el pasaje estaba hablando indignados, solamente uno o dos pasajeros y yo mismo nos ofrecimos para testificar en favor del conductor ante la posible sanción.
Se había manifestado de nuevo el monstruo de la cobardía moral. Pero he de deciros que después de saber que el conductor contaba con testigos y, tras unos cuantos minutos de consultar con sus jefes, después, eso sí, de formular la denuncia, sus aires de grandeza eran otros y dejaron proseguir su ruta al autobús, después de haberle retenido veinte minutos por "dificultarle" el paso, mientras acudía a atender un servicio urgente. Aún estoy dándole vueltas a la cabeza, pensando en qué hubiera sido del conductor, si la cobardía moral del pasaje hubiese sido unánime.


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sábado, 5 de abril de 2014

ANOCHE SOÑÉ


Anoche soñé, qué absurdo, que se venía abajo una mujer altiva. Soñé que Esperanza Aguirre se marchaba, que quien presidió el gobierno de la Comunidad de Madrid hasta hace bien poco desaparecía de la vida pública. Soñé que esa mujer, que ha estado y está en el centro de los peores charcos, esa mujer que ha chapoteado en el barro de todos ellos sin aparente mancharse, ponía sin pretenderlo, el punto y final a su carrera por un más cálculo, un exceso de confianza o por seguir los malos consejos de la soberbia.
El sueño era absurdo, tan absurdo como este país en el que vivo, en el que dos ciudades fueron capaces de echarse a la calle para que dos de sus equipos de fútbol, tramposos e incumplidores con lo que era de sus jugadores y de todos, no descendiesen de categoría. El sueño era absurdo porque la protagonista, que llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid en medio de una turbia maniobra que, de no haber significado lo que acabó significando para los madrileños, hubiese sido un sainete con malos, buenos, listos, tontos y delincuentes, no sólo había sobrevivido a la no probada, pero evidente, compra de dos diputados de las filas rivales, sino que revalidó el mandato conseguido tan turbiamente.
Era tan absurdo como para que quien sobrevivió a un accidente de helicóptero causado por la torpeza y el exceso de confianza y al asalto a su hotel en Bombay, del que escapó entre los lamentos de los heridos y pisando charcos de sangre, dejando tirada a su gente en la india, quien curó milagrosamente de un cáncer exhibido entre lágrimas, con pucheros, voz quebrada y sin el menor pudor, poco antes, eso sí, de concurrir a unas elecciones, que, naturalmente, ganó, se dejase llevar por los nervios en una situación tan habitual como la de ser multada por un mal aparcamiento más o menos descarado.
Tan absurdo como para que quien, sin "aparentemente" darse cuenta de nada vio crecer a su alrededor la más descarada y mafiosa red de corrupción política, en beneficio de su partido, una red urdida en torno a su hombre de confianza, al que dejó caer como una colilla, aunque sin apagarla ni sacarla del salón de plenos, supongo que "por si las moscas", dejase ver su lado más oscuro en el centro de Madrid y  a plena luz del día.
Un sueño tan absurdo como para que quien acabó con el prestigio y la audiencia de Telemadrid a base de convertirla en su finca particular, de ponerla al servicio de sus caprichos y sus intereses, quien provocó su hundimiento y posterior cierre cuando dejó de servirle porque ya había repartido los juguetes digitales entre sus socios del TDT Party, se haya pasado veinticuatro horas escupiendo al cielo en todas las televisiones y radios habidas y por haber, tratando de justificar lo que no tiene justificación.
Tan absurdo como para que quien apostó el prestigio de Madrid y de España entera vendiendo una y otra a los intereses de un mafioso del juego con la vaga promesa de unos increíbles cientos de miles de puestos de trabajo y la vista puesta en la especulación de los terrenos presuntamente afectados, comprados baratos con la Esperanza (no es un error) de que, como los que acabaron junto a -perdón, creo que fue al revés- la estación del AVE en Guadalajara, sin ser investigada por ello, se juegue su castizo prestigio y su falsa imagen de mujer de orden, huyendo de los agentes que regulan el tráfico en la ciudad de la que, al parecer quiere ser alcaldesa, como huyó de la Puerta del Sol cuando supo que el caramelo de Eurovegas se convertía en humo.
Un sueño tan absurdo como para que una mujer que, para lo más turbio se rodea siempre de hombres Lamela, Güemes, Granados, López Viejo, Ignacio González y compañía -me encuentro con la excepción de Lucía Figar- y otros, acabe acusando de machismo a quienes sólo cumplían con su deber.
Un sueño tan absurdo como para que, en él, los ciudadanos de Madrid que llevan años tragándose todos los sapos de la condesa no le perdonasen esta salida de madre, más propia de un loco furioso e irreflexivo que de quien pretende hacernos creer que es la persona de orden que este país necesita.
LO malo es que me temo que, al final, todo quedará en eso, en un sueño.

¡Ojalá me equivoque! 


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viernes, 4 de abril de 2014

LA CONDESA AGUIRRE Y LOS DE A PIE



Quién me iba a decir hace sólo setenta y dos horas, cuando andaba yo criticando los excesos policiales en las marchas ciudadanas por la dignidad y Esperanza Aguirre andaba precisamente en todo lo contrario, defendiendo a la Policía frente al alas protestas ciudadanas, que hoy el destino iba a barajar de manera tan grotesca nuestras posiciones.
Poco queda ya que decir sobre las circunstancias de un incidente que se produjo ante los ojos, imagino que atónitos de las decenas de ciudadanos que saliendo de su trabajo o de vuelta a él, transitaban por la Gran Vía poco después de la hora de comer. Sí hay, y hay mucho, que decir sobre el porqué de lo ocurrido, que no hay que buscar sino en la soberbia y la arrogancia de quien, ya desde la cuna, ha mirado por encima del hombro al resto de la Humanidad, poniéndose, eso sí, cualquier derecho ajeno, cualquier legalidad, por montera.
Esta "señora" lleva años en una borrachera de poder, altiva y soberbia, levantando su voz chulesca a todo aquel que se le pone por delante y no digamos a quien no tiene otro remedio que trabajar para ella o le falta el valor para no hacerlo. Lleva años haciéndolo y lleva años dando prebendas y canales digitales a todo un corral de estómagos agradecidos, dispuestos a reír sus gracias, sus medias verdades e, incluso, sus mentiras descaradas. Lleva años sin que nadie se atreva a toserle ni, mucho menos, desobedecerla. Lleva también años levantando el teléfono a cualquier hora, para irrumpir en "sus" tertulias o en las ajenas para contaminar con sus chascarrillos e insinuaciones cualquier asunto que en ellas se trate.
Esta "señora" siempre ha creído que es mejor ser leyenda que ejemplo y, por eso, siempre ha hecho su santo antojo, a sabiendas de que, contando con esa legión de medios amigos, o a veces esclavos, siempre podrá construirse una falsa realidad a su medida. Quizá por eso, como ya hiciera su ídolo y mentor José María Aznar el once de marzo de 2003, se pasó toda la tarde noche de ayer y parte de la mañana de hoy desmintiendo algo tan serio como un atestado policial, mintiendo e insultando a los agentes, como lo haría cualquier zoquete en la barra de un bar, con una copa de coñac barato en la mano.
Esta "señora", en su delirio habla de conspiraciones para "sacarle la foto" que acabaría en Al Yazira o en el New York Times, como si al New York Times o al canal árabe le importasen las infracciones de tráfico de la condesa. Y no es eso lo peor, lo peor es que en su colérica actitud de gato panza arriba lanza zarpazos contra unos agentes que no hicieron más que cumplir con su deber, acusándoles de machistas, de retenerla intencionadamente, cuando no demuestra el desprecio que siente lo peor de la nobleza ante sus lacayos.
Lo que esta "señora", acostumbrada a tener a la gente de uniforme a su servicio, no entiende es que la gente de uniforme está al servicio de todos los ciudadanos y de todos por igual. Lo que no entiende esta "señora" es que las leyes, que, acertadas o desacertadas, también ella ha contribuido a crear, están para cumplirlas y no para saltárselas o cambiarlas a voluntad.
Lo que ocurrió ayer con esta señora no es más que la consecuencia de ser quien es, un horrible personaje que, durante años, ha obtenido el favor de los votantes que, por candidez o miseria, que de todo hay, han confiado en quien nada tiene que ver con ellos, porque, abandonad toda esperanza, la condesa Aguirre nada tiene que ver con la gente de a pie. 
Sólo espero que el largo brazo de esta "señora" no alcance a los agentes de movilidad o  a los municipales que no hicieron más que cumplir con su deber, no como sus escoltas de la Guardia Civil que, al intentar mediar con ellos, como al parecer hicieron, se comportaron más como los porteros del palacio de la condesa que como servidores públicos. 


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jueves, 3 de abril de 2014

MI TEORÍA SOBRE GÜRTEL


No sé si a vosotros os ocurre lo que a mí. El caso es que ayer, al leer los titulares atribuyendo al juez Ruz, el que instruye el sumario por los  papeles de Bárcenas, el convencimiento de que el extesorero metía la mano en la Caja B del PP, me sentí un poco gilipollas. 
¿Estamos hablando del mismo asunto? ¿Estamos hablando de un señor al que s ele han encontrado cuentas millonarias en varios países, cuantas a las que también accedían otros señores que ¡oh casualidad! ocuparon el mismo cargo que él ocupaba en el partido cuando le pillaron? ¿Estamos hablando de un señor al que el PP mantuvo, primero en el Senado y luego con un sueldo de ministro en el propio PP, mientras comenzaban a soltar pestes de él? ¿Estamos hablando de quien tiene a buen recaudo los papeles que pondrían boca arriba la sucia trama de financiación ilegal del partido? ¿Estamos hablando de que tiene todo el tiempo del mundo y de que puede llegar a tener mucho más para, desde su celda, reclamar la compañía en Soto del Real de muchos de sus excompañeros en la dirección del PP?
Somos las ruinas de un país en el que las elecciones de los últimos años se han ganado a golpe de talonario y promesa de obras públicas y en el que los talonarios se recargaban con los sobrecostes y las comisiones por la adjudicación de todas esas obras públicas.  Un país en el que los partidos de gobierno, a nivel nacional y autonómico, se han corrompido, enredados en la maquinaria de financiación ilegal que ellos mismos habían  creado para hacer frente a sus costosas campañas electorales. 
O es que acaso pensábamos que los polideportivos y las plazas de toros se llenaban gratis, que las comidas con la militancia, que los autobuses que llevaban a la militancia son gratis, que las banderitas son gratis, que las pancartas y los escenarios para los mítines, con atriles, forillos, tarimas y demás, los regalaban. Claro que no, aunque en el caso del Partido Popular había una especie de Papá Noel que, con sus enanos bigotudos, lo dejaba todo a mejor precio,  además de traer en el saco algún bolso, algún traje o algún peluco para las figuras.
Lo curioso es que el juez haga conjeturas sobre lo que el extesorero haya podido distraer de la caja B del Partido Popular y nadie haya abierto una causa contra el PP por llevar una doble contabilidad. Tendrían que explicármelo, porque yo solo no soy capaz de entenderlo ¿Cómo es eso? Tan incomprensible como sería acusar a alguien de robar de un cadáver el cuchillo con que lo apuñalaron sin preocuparse de quién ni por qué lo apuñalo. Da la impresión de que los jueces, y a la vista de lo que les pasa a algunos de ellos parece claro, siguen la consigna de las madres antiguas que decían aquello de "hijo mío, tú no te signifiques".
Parece que nadie quiere ver lo que resulta evidente que no es otra cosa que la de que los partidos políticos, ellos sí, han vivido por encima de sus posibilidades, manteniendo unas estructuras dignas de un ministerio, con centenares de empleados, pagando y pagándose unos sueldos de "las mil y una noches", costeando viajes y regalos para la prensa, manteniendo asimismo toda una cuadra de opinadores incondicionales... en fin. Y ya se sabe que cuando el dinero es vergonzante, cuando nadie puede reclamarlo, porque es ilícito, se convierte en vulnerable, Porque quien corta un traje saca también para un chaleco y quien organiza los viajes de toda una campaña, se las apaña para sacar un crucero o unas vacaciones en el Caribe o donde sea, para sí o para un amigo.
Lo malo es quien hizo todo eso tuvo y tiene poder como para andar tocándoles las narices a los policías de encargados de investigarlo. En fin señor Ruz. Lo que quiero decirle es que si es relevante y tiene indicios para probarlo, más relevante es para este país que existe esa caja B y que lo importante es que se proceda de una vez contra quienes sean responsables de que exista. Es mi teoría sobre Gürtel, una teoría que me lleva al borde de la depresión, porque no me cabe en la cabeza que lo que yo veo no lo vean los demás. Sobre todo, que no lo vea un PSOE tan necesitado de revulsivos. Pero, claro, a lo peor no se mueve porque también tiene mucho que callar. 


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martes, 1 de abril de 2014

DÓNDE ESTUVO LA MEMORIA DE SUÁREZ


Dice con mucho sentido mi querido Fernando Delgado que hay gente que está deseando que se le mueran los amigos para (en la necrológica) hablar bien de sí mismos. Yo extendería la reflexión de mi amigo a las homilías de los funerales y a hablar mal de los enemigos o, con perdón, adversarios. 
Si escribo lo anterior, es porque pareciera que en el funeral celebrado ayer en la Catedral de la Almudena en recuerdo del presidente Suárez hubo de lo uno y de lo otro, porque, después de toda una semana de elogios boomerang elogios de ida y vuelta, al fallecido, faltaba la tétrica aparición del sanguinario Obiang, con tratamiento de indeseable y apestado, pero de presencia conveniente vete tú a saber para qué o para quién, responde a la necesidad del tirano de homologarse con los mandatarios de la metrópoli, el que quiso derribar a cañonazos el avión en el que Suárez viajaba a Malabo para mediar en la salida de la anterior dictadura.
Se habla, para justificar esa presencia, de la diplomacia, diplomacia fatalista me atrevería a decir yo, que impide que cada país designe a su representante en los actos a los que es invitado. Se dice eso y se olvida cómo el aún príncipe Juan Carlos acompañó al aeropuerto de Barajas, hoy Adolfo Suárez, al no menos sanguinario Augusto Pinochet, para que, una vez celebrado el funeral por el dictador Franco, su presencia no contaminase el acto de su coronación, en una misa también, por cierto.
Y, de misa a misa, no puedo dejar de subrayar cuán distintos eran los oficiantes de uno y otro funeral y, especialmente, aquella misa que no fue de coronación sino de entronización, el tenebroso y reptilineo (y no hay errata), cardenal arzobispo Rouco Varela, y aquel otro cardenal arzobispo Enrique y Tarancón, porque donde uno aplicaba bálsamo, mirando hacia adelante, el otro echa sal sobre la herida, mirando, muy al contrario, hacia el más oscuro de los pasados, un pasado que nos lleva a aquella dictadura terrible surgida de una guerra de más de tres años, que dejó centenares de miles de muertos, heridos y represaliados, algunos hasta la misma muerte del dictador.
Qué distinto aquel Enrique y Tarancón llenándonos de esperanza incluso a los no creyentes y no monárquicos, frente a este Rouco Varela, amargado, sectario y revanchista que nunca ha entendido que las cosas del césar son del césar y, de dios, sólo las de dios. Una vez más, el dictador Obiang y el cardenal Rouco, con sus protagonismos, casi clandestino uno y revestido de solemnidad el otro, consiguieron que olvidásemos para que estaban allí, que era no para otra cosa que no fuese despedir en el ámbito de su iglesia a quien nunca ocultó sus creencias.
Y todo lo anterior, todas esas vergonzosas contradicciones, por no hablar de un aspecto, no menos terrible, de lo que significó la ceremonia de ayer, como lo es el hecho de que, tanto éste como otros asuntos del protocolo del Estado, se resuelvan con una misa de rito católico, con una pompa, una mística y unas maneras que, no sólo nos recuerdan lo que a veces ignoramos, la enorme presión que aún ejerce la iglesia sobre la sociedad civil, sino que son aprovechados por el cardenal de turno para, cual Mourinho sotana, meter el dedo en el ojo del adversario.

No puedo verlo de otra manera y no puedo sino preguntarme dónde estuvo la memoria de Suárez.


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